jueves, 13 de noviembre de 2025

El Padre Nuestro desde el otro lado

            José Mª R. Olaizola

Hijo mío, que estás en la tierra
haz que tu vida sea el mejor reflejo de mi nombre.
Adéntrate en mi Reino en cada paso que des,
en cada decisión que tomes,
en cada caricia y en cada gesto.
Constrúyelo tú por mí, y conmigo.
Esa es mi voluntad en la tierra como en el Cielo.
Toma el pan de cada día
consciente de que es un privilegio y un milagro.
Perdono tus errores, tus caídas, tus abandonos,
pero haz tú lo mismo con la fragilidad de tus hermanos.
Lucha por seguir el camino correcto en la vida
que yo estaré a tu lado, y no tengas miedo
que el mal no ha de tener en tu vida
la última palabra. Amén

El barbero y el Papa León XIV (y no es un cuento)

A pocos pasos del Vaticano, en una pequeña barbería de Roma, trabaja Mario Reyes, un peruano de 37 años originario de Ica. Hasta hace poco, su historia parecía la de cualquier migrante que busca oportunidades en Europa. Pero una entrevista publicada por el diario La Stampa reveló que entre sus clientes habituales está nada menos que el Papa León XIV.
Según relata Reyes al medio italiano, su primer encuentro con el entonces cardenal Robert Prevost fue hace año y medio. En su primera visita, Reyes notó que el cardenal hablaba con un acento peculiar, no del todo italiano, no completamente español. Al preguntarle de dónde era, Prevost respondió que era estadounidense, pero que había vivido muchos años en Perú. “¡Qué coincidencia, yo soy peruano!”, le dijo Mario.
Así nació una amistad marcada por conversaciones espontáneas en español sobre gastronomía, política, fútbol y, especialmente, recuerdos de Chiclayo, la ciudad donde el hoy Papa fue obispo.
Con el tiempo, las visitas mensuales del entonces cardenal se volvieron rutina. Prevost llegaba con la barba ya hecha y pedía solo un recorte de cabello. La última vez que fue a la barbería fue en Semana Santa, poco antes del fallecimiento del Papa Francisco, según recuerda Reyes.
Todo cambió tras la elección papal. Mario narra que, al terminar una jornada laboral, vio el video de la proclamación del nuevo Papa. Estaba distraído, pero al oír el apellido “Prevost”, sintió un vuelco en el corazón. “Grité a mi compañero: ¡es nuestro cliente estadounidense!”, contó a La Stampa.
La sorpresa se transformó en nostalgia. Reyes pensó que no volvería a ver al nuevo Papa, pues “un protocolo tan complejo como el del Vaticano no permitiría algo tan ordinario como salir a cortarse el pelo”. Pero dos semanas después recibió una llamada inesperada:
“Contesto al teléfono fijo y escucho una voz familiar: ‘Buenos días, necesitaría un corte para mañana en mi casa’. Me quedo sorprendido: ‘No damos servicio a domicilio’. Sospecho que se trata de una broma, porque tenemos muchos amigos entre los clientes. Así que pregunto: ‘Pero ¿tú quién eres?’ Y él, tranquilo: ‘Robert Prevost’. No dijo El Papa, y seguido responde: ‘Mario, soy yo, ¿cómo estás?’”.
“En español empiezo a felicitarlo, y entonces él se disculpa por no poder venir a la barbería como siempre. Y agrega: ‘Necesitaría que vinieras tú al Vaticano’, y me da todas las indicaciones para llegar a su casa. Le digo que no se preocupe, que a la mañana siguiente estaré allí. Apenas cuelgo, mi colega me ve desorientado y me pregunta quién era al teléfono. ‘León XIV’, dije”.
Aunque no hacen servicios a domicilio, Reyes aceptó. Al llegar al Vaticano, fue recibido con amabilidad y llevado hasta el departamento provisional de León XIV en el Palacio del Santo Oficio. Allí también cortó el pelo al secretario del Papa, el sacerdote peruano Edgard Iván Rimaycuna Inga, de Chiclayo.
Cuando el Papa entró en la sala, lo saludó con un afectuoso “¡Mario!” y lo abrazó. La conversación retomó el tono de siempre: memorias del Perú, de su misión como obispo, de su servicio en la Curia romana y del llamado que recibió del Papa Francisco para ir a Roma. “Jamás pensé que sería elegido Papa. Es una cosa impresionante”, le dijo el Pontífice, según el testimonio de Mario.
Ahora, después de unos días de descanso en Castel Gandolfo, Mario asegura que espera una nueva llamada. “Sé que volverá a comunicarse conmigo personalmente, como siempre lo ha hecho”.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Oración por la Iglesia Diocesana

Oh Dios, que en cada una de las Iglesias que peregrinan por el mundo
manifiestas la Iglesia, una, santa, católica y apostólica,
haz que tu familia se una de tal modo a su pastor que,
congregada en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía,
manifieste la universalidad de tu pueblo
y sea signo e instrumento de la presencia de Cristo en el mundo.
Te rogamos, Señor, que florezcan
con toda su fuerza y perseveren hasta el fin en esta Iglesia tuya
la integridad de la fe, la santidad de las costumbres,
la caridad fraterna y la devoción sincera,
y a la que no dejas de alimentar con tu palabra y con el Cuerpo de tu Hijo,
no ceses tampoco de conducirla bajo tu protección.

Alicia busca a Dios

Un día, una niña llamada Alicia pensó: «Quisiera conocer a Dios. ¿Dónde lo podré encontrar?».
Dios escuchó su pregunta y a la mañana siguiente le regaló un bello amanecer. Pero Alicia no le dio importancia. En el colegio, le preguntó a la profesora de religión y ella le respondió:
– Dedica todos los días unos minutos a estar en silencio y sentirás a Dios.
Alicia lo intentó, pero no lo consiguió, pues le gustaba mucho hablar.
Dios deseaba que Alicia lo encontrara así que siguió enviándole señales de su presencia. Una tarde, unos pajaritos se posaron en su ventana y comenzaron a piar una bella melodía, pero Alicia estaba tan distraída jugando que no los oyó.
Salió a pasear al parque y entró en una iglesia. Pero allí sólo vio imágenes inmóviles que no hablaban, y se marchó de allí.
Cuando llegó a su casa, su madre se acercó y le dio un beso. Alicia no se dio cuenta; estaba muy ensimismada pensando en cómo podía encontrar a Dios.
Esa misma noche se acostó muy triste porque le parecía que era imposible encontrarse con Dios. Pero mientras dormía, Dios le dijo en sueños:
– Alicia, hoy te he enviado muchas señales: el bello amanecer, los pajaritos, la iglesia y el beso de tu mamá. Todos son regalos para que te puedas encontrar conmigo.
Al día siguiente, Alicia sintió un cambio muy importante en su interior. Al fin lo había encontrado. Sintió que Dios estaba en su corazón, en las personas cercanas y en la naturaleza.