Leonardo Cirbián·
Durante un almuerzo entre amigos, en la casa de uno de ellos, la charla fluía entre risas y anécdotas. Al terminar de comer, uno de los amigos, llamado Andrés, tomó su servilleta y dijo con naturalidad:
— Bueno, voy a lavar los platos.
Uno de los presentes, Ernesto, lo miró sorprendido y soltó una carcajada.
— ¿En serio acabas de decir eso?, preguntó con tono burlón. Dime que fue un chiste…
Andrés lo miró con calma, sin perder la sonrisa.
— No, no es un chiste. Es lo que suelo hacer en casa también.
Ernesto frunció el ceño.
— Pues yo no ayudo a mi mujer. La semana pasada limpié los suelos y ni las gracias me dio. No pienso volver a hacerlo.
Andrés dejó el plato a un lado, se acomodó en la silla y respondió con voz serena:
— Ernesto… yo tampoco “ayudo” a mi esposa.
Los demás amigos enmudecieron por un instante, curiosos por la respuesta.
—Mi esposa no necesita ayuda —continuó Andrés con paciencia—. Lo que necesita es un compañero. Porque somos un equipo. Y en un equipo, las responsabilidades se comparten.
Ernesto lo miraba en silencio.
— No la ayudo a limpiar la casa, agregó Andrés, porque yo también vivo allí. No la ayudo a cocinar, porque yo también como. No la ayudo a lavar los platos, porque yo también los ensucio. No la ayudo con los niños, porque también son mis hijos. No la ayudo a lavar la ropa… porque también es la mía.
Hizo una breve pausa, mirando a los demás con sinceridad.
— No soy un invitado en mi casa. Soy parte de ella. Y no se trata de “ayudar”, como si todo fuera su obligación y yo solo colaborara de vez en cuando. Se trata de compartir la vida, las tareas y el cuidado del hogar. De asumir lo que también me corresponde.
Ernesto se quedó pensativo. Sus palabras le calaron más profundo de lo que esperaba. Los demás amigos también reflexionaron. A veces, las costumbres y las frases que repetimos sin pensar ocultan creencias que necesitan cambiar.
Reflexión:
El verdadero cambio en nuestra sociedad empieza en el hogar. No se trata de “ayudar” a quien comparte la vida con nosotros, sino de comprender que todos tenemos responsabilidades comunes. Porque la casa es un espacio compartido, los hijos son de ambos, el bienestar es un proyecto en equipo, la convivencia se llena de respeto, equidad y amor genuino. El ejemplo que damos en casa será la base para las futuras generaciones. Y en esa base, el compañerismo vale más que mil palabras.
jueves, 3 de julio de 2025
Lavar los platos
sábado, 31 de mayo de 2025
Elige ser feliz
El conferenciante, un hombre de mediana edad con voz clara y presencia amable, tomó el micrófono y saludó con una sonrisa.
— Buenas tardes a todos. Gracias por estar aquí, dispuestos a crecer juntos.
El público respondió con un aplauso cálido. Poco después, el conferenciante se paseó entre las filas y de pronto se detuvo frente a una pareja sentada de la mano en la segunda fila.
— Señorita -dijo con cortesía, mirando a la mujer-, ¿su marido la hace feliz?
El esposo, al oír la pregunta, se acomodó con confianza. Estaba seguro de la respuesta. Ella nunca se quejaba, eran cordiales, llevaban años juntos. Su rostro mostraba serenidad.
La mujer lo miró de reojo… y respondió con calma:
— No…, no me hace feliz.
El salón entero se quedó en silencio. El esposo la miró sorprendido, con un nudo en el pecho que no supo cómo explicar. Pero antes de que alguien pudiera decir algo, ella continuó:
— No me hace feliz…, porque yo soy feliz.
Hubo un murmullo leve en la sala. La mujer, miró al conferenciante y dijo con firmeza:
— Mi felicidad no depende de él. Depende de mí. Yo decido ser feliz cada día, sin importar lo que pase a mi alrededor. Si mi felicidad dependiera de otra persona, o de si me dicen lo que quiero escuchar, o de si el día es soleado o lluvioso, entonces estaría atrapada. Y eso… no es felicidad. Eso es dependencia emocional.
Hizo una pausa, respiró profundamente y añadió:
— He aprendido que la vida está llena de altibajos. Por eso, he decidido aprender a perdonar, a ser paciente, a escuchar sin interrumpir… A sonreír incluso cuando las cosas no salen como quisiera. A no permitir que el clima, el dinero, la rutina o las decepciones apaguen mi paz interior.
El conferenciante la miró con respeto, y con voz reflexiva agregó:
— Muchas veces escuchamos frases como: “No soy feliz porque estoy enfermo…”, o “no puedo ser feliz porque alguien me falló, porque alguien no me ama…” -hizo una pausa y miró a la sala entera- Pero lo cierto es que sí puedes ser feliz, incluso cuando las cosas no estén bien. Porque la felicidad no depende de lo que ocurre fuera… sino de cómo eliges vivir lo que ocurre.
La mujer asintió, y con una sonrisa serena concluyó:
— La vida es como una bicicleta: te caes solo si dejas de pedalear. Y yo he decidido no dejar de avanzar.
El salón entero estalló en aplausos.
Reflexión final:
La felicidad no es un regalo que alguien te entrega. Es una elección que haces todos los días, incluso en medio de la incertidumbre. No pongas tu bienestar en manos ajenas. No le des al mundo el poder de apagar tu luz. Porque la vida seguirá teniendo altibajos, errores, momentos duros… pero si eliges seguir pedaleando, seguir sonriendo, seguir creyendo, entonces descubrirás que la felicidad no está en lo que te pasa, sino en cómo decides responder a ello.
Elige ser feliz. Porque esa decisión… cambia tu mundo.
domingo, 16 de febrero de 2025
Terrible gran confusión
Cuando el hombre llegó y se alojó en el hotel, vio que en la habitación había un Ordenador con conexión a Internet Decidió enviar un e-mail a su mujer, pero se equivocó en una letra y sin darse cuenta lo envió a otra dirección de correo electrónico.
El e-mail lo recibe por error una viuda que acababa de volver del funeral de su esposo, y al leer el correo electrónico se desmayó al instante.
El hijo de la viuda al entrar en la habitación encontró a su madre en el suelo sin conocimiento, a los pies del Ordenador, en cuya pantalla se podía leer:
Querida esposa:
He llegado bien. Probablemente te sorprenda recibir noticias mías por esta vía, pero ahora tienen Ordenador aquí y puedes enviarle mensajes a tus seres queridos
Acabo de llegar y he comprobado que todo está preparado para tu llegada este próximo viernes. Tengo muchas ganas de verte y espero que tu viaje sea tan tranquilo y relajado como ha sido el mío. No traigas mucha ropa. ¡Aquí hace un calor infernal!
viernes, 7 de febrero de 2025
La promesa bajo el roble
En el corazón de un bosque tranquilo, junto al pueblo de Santa Esperanza, había un gran roble al que los vecinos llamaban “El árbol de los votos”. Se decía que los enamorados solían reunirse bajo sus ramas para prometerse amor eterno. Allí, entre la sombra y la brisa suave, un joven llamado Mateo y una muchacha llamada Lucía solían encontrarse. Llevaban juntos tres años y se amaban profundamente.
Una tarde, mientras el sol pintaba de dorado las hojas del roble, Mateo tomó las manos de Lucía y le dijo:
— Lucía, quiero que vivamos juntos. Podemos construir una vida llena de amor y felicidad sin necesidad de ceremonias complicadas.
Lucía sonrió, pero sus ojos mostraban un destello de duda.
— Mateo, yo también quiero compartir mi vida contigo -dijo suavemente-, pero siento que algo faltaría si no recibimos la bendición de Dios en nuestro amor.
Mateo frunció el ceño.
— ¿No es suficiente que nos amemos y estemos juntos? -preguntó-. ¿Por qué necesitamos casarnos por la Iglesia?
Lucía reflexionó un momento antes de responder.
— Mateo, el matrimonio por la Iglesia no es solo una ceremonia bonita o una tradición antigua. Es un sacramento, un regalo de Dios. Nos unimos ante Él y recibimos su gracia para fortalecer nuestro amor y ayudarnos en los momentos difíciles. Es como construir nuestra casa sobre roca firme en lugar de arena.
Mateo miró a Lucía con atención.
— Pero nosotros nos amamos, y eso debería bastar.
Lucía sonrió y le acarició la mejilla.
— Sí, nos amamos, pero nuestro amor necesita la luz de Dios para crecer y ser pleno. Cuando nos casemos por la Iglesia, estaremos invitándolo a ser parte de nuestra unión, a guiarnos y protegernos. Es como plantar un árbol y asegurarnos de que tenga agua y sol para que crezca fuerte.
Mateo guardó silencio, pensando las palabras de Lucía. Esa noche, soñó que estaban nuevamente bajo el gran roble, pero esta vez una luz celestial iluminaba sus manos entrelazadas y una voz suave le susurraba: “Mi amor perfecciona el tuyo”.
Al día siguiente, Mateo buscó al padre Tomás, el sacerdote del pueblo. Quería entender más sobre el sacramento del matrimonio. El padre lo recibió con una sonrisa y le explicó:
— Mateo, el matrimonio es una alianza sagrada. Cuando dos personas se casan por la Iglesia, su amor es un signo del amor de Cristo por su Iglesia. Es una promesa de fidelidad, entrega y apertura a la vida. Dios les da su bendición para que puedan enfrentar juntos los retos de la vida y crecer en santidad.
Mateo sintió que una paz profunda llenaba su corazón.
Días después, Mateo llevó a Lucía bajo el gran roble. Se arrodilló ante ella con un anillo en la mano y, con la voz temblorosa de emoción, le dijo:
— Lucía, ahora entiendo qué significa casarse por la Iglesia. Quiero que nuestro amor esté lleno de la gracia de Dios. ¿Aceptas casarte conmigo y hacer de nuestro amor un signo de su amor eterno?
Lucía, con lágrimas en los ojos, respondió:
— Sí, Mateo. Quiero caminar junto a ti hacia el cielo.
El día de la boda, la pequeña iglesia de Santa Esperanza se llenó de luces y flores. Cuando Mateo y Lucía pronunciaron el Sí ante Dios y la comunidad, una alegría inmensa llenó el corazón de todos los presentes. Bajo el gran roble, la promesa de amor eterno había encontrado su bendición y su plenitud.
lunes, 27 de enero de 2025
Levántate, amor mío
Padre Ángel
- Ya despierta, mi amor, hoy tenemos que llevar a los niños a la escuela.
- No, mi viejito, no quiero levantarme hoy.
- ¿Cómo que no, mi linda nena? Hoy es un día especial, nuestros nietos nos necesitan...
- No, mi viejito, será como los últimos días, levantándonos temprano, preparándoles el desayuno, llevándolos a la escuela y esperando a que nuestros hijos lleguen tarde del trabajo.
- No te preocupes, mi amor. Siempre fuimos dos, tú y yo. Nuestros hijos están construyendo su futuro. Ya les dimos todo el amor que pudimos, ahora es momento de apoyarles.
- Lo sé, mi viejito, pero no deja de doler verlos tan ocupados, este vacío que nos dejan en el alma, este dolor de verlos tan lejos aunque estén cerca.
- Ya no llores, mi viejita. Piénsalo: cuando nuestros hijos eran pequeños, también corríamos de un lado a otro. Les dimos lo que pudimos. Ahora ellos son mayores y tienen sus propias responsabilidades. Debemos estar felices por ellos y por tener la oportunidad de estar con nuestros nietos, aunque no tengamos mucho tiempo para nosotros.
- Pobres de nuestros hijos, tan ocupados con su trabajo, un día más sin poder estar todos juntos. Olvidaron lo que es el tiempo en familia.
- Levántate, mi amor. Vamos a dar gracias a Dios por los años bonitos que vivimos con nuestros hijos y por poder estar presentes en la vida de nuestros nietos. No debemos estar tristes ni llorar por lo que no podemos cambiar. Levántate, mi viejita. Hoy es día de cuidar y amar.
- Sí, mi viejito, me voy a levantar, porque no te quiero dejar solito.
Reflexión: "Ni todo el éxito del mundo puede igualar el amor y el tiempo dedicado a la familia. Disfruta cada momento con ellos, porque el día que ya no estén, esos recuerdos serán tu mayor tesoro."
jueves, 9 de enero de 2025
El verdadero amor, una decisión
– No puedo casarme contigo, le comunicó en una carta a su novio, quedé marcada y muy fea para siempre, búscate a otra joven hermosa como tú te mereces, yo no soy digna de ti.
A los pocos días la muchacha recibió esta respuesta de su novio:
– El verdadero indigno soy yo, tengo que comunicarte que tengo una enfermedad en la vista y el médico me ha dicho que me quedaré ciego... Si aún así estás dispuesta a aceptarme, yo sigo deseando casarme contigo.
Y se casaron, y cuando lo hicieron, el novio estaba ya totalmente ciego. Vivieron 20 años de amor, felicidad y comprensión, ella fue su lazarillo, se convirtió en sus ojos, en su luz, el amor los fue guiando por ese túnel de tinieblas.
Un día ella enfermó gravemente y cuando agonizaba, se lamentaba por dejarlo solo entre esas tinieblas.
El día que ella murió, él abrió sus ojos ante el desconcierto de todos… no estaba ciego - dijo- fingí serlo para que mi mujer no se afligiera al pensar que la veía con el rostro desfigurado, ahora mi amor descansa en ella.
El verdadero amor ve más allá de la belleza física, porque el verdadero amor va con el corazón. Vivimos en un mundo de apariencias, donde se califica a las personas según su aspecto físico, pero el verdadero amor va más allá de lo exterior; la belleza se acaba, pero el amor verdadero vive para siempre.
domingo, 6 de octubre de 2024
El divorcio
El rabino le dijo:
— Joaquín recuerda que celebramos una gran fiesta el día de tu boda, es justo que también celebremos otra gran fiesta para tu divorcio.
Durante la fiesta y siguiendo los consejos del rabino, Rebeca ofreció a su esposo el mejor vino. Y éste mientras bebía le dijo:
— Amor mío, puedes coger lo que más te guste de la casa y llevártelo a la casa de tu padre. Y, como estaba bebido, se quedó dormido.
Rebeca lo acostó en la cama y con la ayuda de los invitados lo llevaron en su cama a casa del padre de Rebeca.
Cuando se despertó al día siguiente, preguntó: — ¿qué estoy haciendo aquí?
Y Rebeca le contestó: — sólo he cumplido tus deseos. Traje a casa de mi padre lo que más me gusta y eso eres tú.
Joaquín la abrazó y se olvidó del divorcio. Semanas más tarde Rebeca quedó embarazada.
sábado, 5 de octubre de 2024
El secreto para un matrimonio sin peleas
El periodista, lleno de curiosidad, pregunta al marido:
— Pero ustedes, ¿nunca han discutido?
— 'No', respondió el marido, nunca.
— ¿Y cómo lo han conseguido?
— Bueno cuando nos casamos mi mujer tenía una yegua a la que apreciaba mucho, era lo que más quería... Era la criatura que ella más mimaba en la vida… El día de nuestra boda fuimos de luna de miel en nuestro Carruaje tirado por la yegua.
En el camino hacia nuestro destino la yegua tropezó. Mi mujer le dijo con voz firme a la yegua: ¡VA UNA! A mitad de nuestro destino la yegua tropezó de nuevo. Mi mujer miró a la yegua y dijo: ¡VAN DOS! Al llegar a nuestro destino nuevamente la yegua se tropezó, y mi mujer bajó y le dijo: ¡VAN TRES! acto seguido sacó la pistola y le pegó dos tiros a la yegua.
'Yo muy sorprendido y molesto le recriminé: ¡Loca, estás loca!, ¿por qué has matado a la yegua, loca? Pero si tú la amabas...!
Mi mujer me miró fijamente y me dijo: ¡¡¡va una!!!
Y desde entonces no hay discusiones entre nosotros.
martes, 1 de octubre de 2024
“Lo mejor es para ti”
Rabindranab Tagore
Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su choza pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba prendado de la belleza de su cabello, negro, largo, como hebras brillantes salidas de su rueca. Él iba cada día al mercado a vender algunas frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes una pipa vacía. No llegaba el dinero para comprar una pizca de tabaco.
Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalar a su marido. Y, además, ¿con qué dinero? Una idea cruzó su mente. Sintió un escalofrío al pensarlo, pero al decidirse, todo su cuerpo se estremeció de gozo: vendería su pelo para comprarle tabaco.
Ya imaginaba a su hombre en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa: aromas de incienso y de jazmín darían al dueño del puestecillo la solemnidad y prestigio de un verdadero comerciante.
Sólo obtuvo por su pelo unas cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco. El perfume de las hojas arrugadas compensaba largamente el sacrificio de su pelo.
Al llegar la tarde regresó el marido. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos peines para su mujer. Los acababa de comprar, tras vender su pipa. Ella lo esperaba a la puerta de casa con un paquetito de tabaco que había comprado para su esposo. Al encontrarse, se rieron y se abrazaron llenos de gozo y de alegría.
jueves, 19 de septiembre de 2024
¿Qué es el amor?
A la maestra le pareció que la niña merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en la hora del recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajeran cosas que invitaran a amar o que despertaran en ellos ese sentimiento. Los pequeños salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:
- Quiero que cada uno muestre lo que ha encontrado.
El primer alumno respondió: -Yo traje esta flor… ¿a que es bonita?
A continuación, otro alumno dijo: - Yo traje este pajarito que encontré en un nido… ¿no es gracioso?
Y así los chicos, uno a uno, fueron mostrando a los demás lo que habían recogido en el patio.
Cuando terminaron, la maestra advirtió que una de las niñas no había traído nada y estaba en silencio mientras sus compañeros hablaban. Se sentía avergonzada por no tener nada que enseñar.
La maestra se dirigió a ella:
- Muy bien, ¿y tú?, ¿no has encontrado nada que puedas amar?
La niña, tímidamente, respondió:
- Lo siento, seño. Vi la flor y sentí su perfume, pensé en arrancarla, pero preferí dejarla para que exhalase su aroma durante más tiempo. Vi también mariposas volando de muchos colores, pero parecían tan felices que no intenté coger ninguna. Vi también al pichoncito en su nido, pero…, al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí dejarlo allí…
Así que traigo conmigo el perfume de la flor, la libertad de las mariposas y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito. ¿Cómo puedo enseñarles lo que he traído?
La maestra le dio las gracias a la alumna y emocionada le dijo que había sido la única en advertir que lo que amamos no es un trofeo y que al amor lo llevamos en el corazón.
El amor es algo que se siente. Hay que tener sensibilidad para vivirlo.
martes, 20 de agosto de 2024
Cierta noche tres amigos ascendían por la pendiente del monte Sinaí, esperando llegar a la cima antes del anochecer. Estaban ansiosos por respirar el mismo aire donde, siglos atrás, habían resonado las voces de Dios y de Moisés.
— Hagamos un alto para reponer fuerzas -propuso el de más edad, al llegar a una planicie del monte.
Encendieron un fuego, repartieron pan y queso de cabra, y llenaron sus copas con vino de Grecia.
— Amigos míos –dijo el más joven-. ¿Sabéis, cómo me imagino el paraíso? Como un lugar con mujeres bellas, banquetes deliciosos y siestas profundas sin sobresaltos.
Al oír esto, el otro joven se entusiasmó y exclamó:
— Para mí, el paraíso es un lugar con una eterna primavera, ríos de agua cristalina y aldeas tranquilas, donde habitan los grandes hombres de la historia, con quienes se puede hablar y compartir la sabiduría, cada vez que a uno le plazca.
Luego le preguntaron al mayor, que había escuchado sonriente y en silencio el relato de sus compañeros de aventura, ¿cómo imaginaba el paraíso?
Con inmensa paz espiritual respondió:
— Yo me lo imagino como una planicie del monte Sinaí, donde tres buenos amigos se detienen, se sientan alrededor del fuego, saborean el pan y el queso, beben vino griego y hablan del Paraíso a la luz de las estrellas.
domingo, 4 de agosto de 2024
Muñecas en lugar de enfados
El esposo ni siquiera llegó a preguntar acerca de la caja misteriosa… pero una vez, cuando su esposa enfermó y estando en el hospital, decidió contarle al viejo su secreto y le pidió que llevara la caja allí.
El anciano fue a casa, tomó la caja y la abrió. Dentro había dos muñecas hechas a mano y también 20.000 € atados con una simple goma.
— Pero… ¿por qué? ¿De qué manera?, preguntó tartamudeando, el sorprendido esposo.
— Antes de que nos casáramos... – comenzó a contar la mujer– mi abuela me contó el secreto para tener un matrimonio feliz y sin peleas. Ella me aconsejó que, si yo me enfadaba contigo, no tenía que gritarte ni pelear, sino callarme y coser una muñeca. Eso me ayudaría a tranquilizarme.
El anciano estaba conmovido. En la caja solamente había dos muñecas cosidas… parece ser que ella se había enfadado con él solamente dos veces durante tantos años de matrimonio.
Él se acercó a ella, la abrazó y la besó y le preguntó a su esposa
— Pero dime, ¿de dónde sacaste tanto dinero?
— Ahhh… ¿tú preguntas sobre eso? -dijo ella con una sonrisa- este es el dinero que gané vendiendo las muñecas.
domingo, 28 de julio de 2024
Recuerdos de toda una vida
Canal Asombroso
Estaban sentados en la pequeña sala de estar, la misma donde habían compartido tantas risas y lágrimas a lo largo de los años. Los rayos del sol de la tarde se colaban a través de las cortinas, iluminando suavemente las arrugas en sus rostros.
Ambos sabían que el tiempo se estaba agotando para uno de ellos, pero en ese momento, solo importaba estar juntos.
— ¿Recuerdas cuando nos conocimos? —preguntó él con una sonrisa débil.
— Claro que sí -respondió ella, acariciando suavemente su mano-. Fue en aquel baile de primavera. Llevabas una chaqueta que te quedaba grande y no sabías bailar.
Ambos rieron al recordar aquellos primeros momentos de torpeza y nerviosismo. Era un recuerdo que habían compartido innumerables veces, pero que siempre traía una calidez especial.
— ¿Y la vez que construimos nuestra primera casa? -continuó él, con los ojos llenos de nostalgia-. No teníamos idea de lo que estábamos haciendo, pero lo logramos juntos.
— Cada ladrillo, cada clavo... -añadió ella-. Fue el hogar que llenamos con amor y con las risas de nuestros hijos.
Hablaron de los viajes que hicieron, de las aventuras que vivieron y de los desafíos que enfrentaron. Recordaron las noches de insomnio con bebés llorando y los días largos de trabajo para mantener a la familia. Recordaron los momentos de alegría simple: los paseos por el parque, las cenas en familia y los abrazos al final de un día difícil.
— Hemos vivido una vida llena de momentos hermosos -dijo él, apretando su mano con un poco más de fuerza-. No cambiaría nada de todo lo que hemos pasado juntos.
— Yo tampoco -respondió ella, con lágrimas en los ojos-. Cada momento contigo ha sido un regalo. Incluso ahora, estar aquí contigo, compartiendo estos últimos instantes, es algo que atesoro.
El silencio que siguió no fue incómodo, sino lleno de paz y amor. Ambos sabían que no necesitaban palabras para expresar lo que sentían. Simplemente estar juntos era suficiente. Finalmente, él susurró:
— Gracias por estar siempre a mi lado. No hubiera podido hacerlo sin ti.
— Y yo sin ti -respondió ella, besando su frente-. Gracias por cada momento, cada recuerdo, cada pedacito de vida que compartimos.
Y así, en los últimos momentos, se aferraron a los recuerdos que habían construido juntos, encontrando consuelo en el amor que siempre habían compartido.
Reflexión: Los recuerdos compartidos de toda una vida son el tesoro más valioso que podemos tener: momentos de amor, de risa y de lucha que nos unen y nos fortalecen. Estar presentes hasta el final, acompañando a nuestros seres queridos en sus últimos días, es un acto de amor que trasciende el tiempo.
Es un recordatorio de que, al final del día, lo que realmente importa son los momentos que compartimos y el amor que damos y recibimos. Son un tesoro lleno de valor, porque en ellos reside la verdadera esencia de nuestras vidas.
viernes, 16 de febrero de 2024
Amar sin medida
Él me cogió de la mano y me dijo: "Mira hijo, en una relación siempre hay alguien que va a perdonar lo imperdonable, aguantar lo inaguantable, aceptar lo inaceptable y lo peor de todo, justificar lo que nunca tendría explicación.
A esa gente le toca amar el doble, y aunque muchos juzgan esa manera de amar que podría carecer de amor propio, es el amor que está más lleno de esperanza. Porque entre cada perdón, cada "voy a aguantar un poco más"… hay una gota de esperanza que dice: "inténtalo una vez más que en esta puede que la persona que tanto quieres cambie". De esto se habla mucho y quizá esto es lo que más vas a ver en la vida: alguien amando por dos.
Y nunca te atrevas a juzgar a esa persona porque ella misma libra una batalla entre amarse así misma o amar al otro. Porque hay algo que es muy difícil de encontrar: alguien que te permita amarlo sin dejar de amarte ".
A lo que yo respondí: "Ahhh, entiendo, pero ¿esa persona nunca se cansa de amar de esa manera tan cruel?,
Recuerdo que él me sonrió y me dijo: "esa es la mejor parte, porque esa persona deja de amar y la otra persona se da cuenta que perdió la demostración de amor más grande que haya podido encontrar. Y créeme que eso es lo peor que le puede pasar a alguien, tener el amor más fiel en frente y distraerse mirando corazones pasajeros.
Me abrazo y me dijo: "ruego a Dios que nunca encuentres a alguien así, y le pidió que nunca seas la que somete a la otra".
viernes, 12 de enero de 2024
¿Rosa o Cactus?
El sabio reflexionó un momento y, en silencio, fue hasta su jardín y volvió trayendo en sus manos dos macetas: una contenía una rosa, y la otra un cactus...
El anciano preguntó entonces:
-- Si yo te ofreciera estas dos macetas, ¿Cuál escogerías?
El hombre, sonriendo, respondió: --Sin dudarlo, me quedaría con la rosa.
El sabio, asintiendo, contestó:
-- A veces, los hombres nos dejarnos llevar sólo por la belleza externa, por lo superficial, y elegimos lo que más brilla y seduce..., pero no es en los placeres donde suele encontrarse al amor. Piensa conmigo: La rosa es, en efecto, una flor muy bella, pero después de extasiarnos unos breves momentos se marchita y muere. El cactus, en cambio, sin importar el tiempo o el clima que haga, seguirá igual... verde y con sus espinas, encerrando en su interior cantidad de agua.
Tu mujer, amigo, conoce todos tus defectos, tus debilidades, tus errores... ha soportado tus gritos, tus malos ratos, tus infidelidades... y sigue allí... contigo.
Por otro lado, está tu amante, que sabe de tu dinero, tus lujos y despilfarros, tus espacios de felicidad y tus sonrisas eventuales... y es sólo por eso por lo que está contigo.
Ahora... dime: ¿Con quién te vas a quedar?"
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Los valores de la fidelidad, la honestidad y el compromiso de los esposos de "amarse y respetarse durante toda la vida" siguen vigentes...