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domingo, 20 de octubre de 2024

El mensaje de la espada

En tiempos de guerras entre reyes moros, corrió de boca en boca la leyenda de que quien se apoderara de la espada Asharaf, sería el vencedor y ejercería un dominio absoluto sobre todas las tierras del Islam.
Apoderarse de la espada no era empresa fácil. Había que descubrir primero dónde estaba, llegar hasta el lugar y hacerse con ella en lucha a muerte, ya que todos anhelaban poseerla. Nadie escatimaba fuerza ni ingenio para llegar a poseer la espada triunfadora.
Tras muchas peripecias, uno de los reyes logró hacerse con ella. Se aseguró de que era la auténtica espada Asharaf e inmediatamente se lanzó al campo de batalla para someter a los demás reyes. Se sabía invencible, y estaba impaciente por ejercitar el poder que le concedía la espada.
Sin embargo, no le salieron las cosas como esperaba. En la primera y apresurada batalla a que se lanzó en cuanto tuvo la espada, fue derrotado, y él mismo murió en la lucha, atravesado por la propia espada que él estaba seguro le daría la victoria. Murió con la mueca de sorpresa en los labios, cual si preguntase cómo podía haber sucedido aquello. Si esa era la única espada Asharaf, ¿cómo le había traicionado en su primer encuentro?
La misma sorpresa se dibujaba en el rostro de los vencedores, que sacaron con cuidado la ensangrentada espada y la examinaron con precaución. No fue difícil explicar el enigma. Una vez limpia de sangre, la espada reveló que en su hoja, de arriba a abajo, en filigrana vertical, estaba grabada una inscripción clara que cualquier árabe podía leer al instante. La inscripción decía: "No luches nunca con la espada. En paz y concordia se unirán tus hermanos a ti".
Ese era el mensaje de la espada Asharaf. Su nuevo dueño lo entendió, renunció a la lucha, emprendió el camino de la paz y los demás reinos se unieron a él en unidad hermana.

viernes, 31 de mayo de 2024

El profeta y el fugitivo

Un hombre que huía perseguido por otros hombres poseídos por la violencia pasó junto al Profeta y le pidió ayuda.
- Estos hombres quieren mi sangre. ¡Protégeme!
El profeta permaneció tranquilo y le dijo:
- Sigue huyendo en línea recta. Yo me ocuparé de tus perseguidores.
En cuanto el hombre se hubo alejado, el profeta se levantó y cambió de sitio. Se sentó en la dirección de otro punto cardinal. Los hombres violentos llegaron y, sabiendo que el Profeta sólo podía decir la verdad, le describieron al hombre que perseguían y le preguntaron si le había visto pasar.
El profeta se concentró un instante y respondió:
- Hablo en el nombre de Aquel que tiene en la palma de Su mano mi alma carnal: desde que estoy aquí sentado no he visto pasar a nadie.
Los perseguidores se fueron corriendo por otro camino, y el fugitivo salvó su vida.

lunes, 15 de abril de 2024

El palacio, refugio de caravanas

Un sufí de impresionante aspecto llegó a las puertas del palacio, y nadie se atrevió a detenerle mientras se dirigía resueltamente hacia el trono, sobre el que se sentaba el santo Ibrahim Ben Adam.
- ¿Qué es lo que deseas?, le preguntó el rey.
- Un lugar donde dormir en este refugio de caravanas.
- Esto no es un refugio de caravanas. ¡Es mi palacio!
- ¿Puedo saber quién lo ocupó antes que tú?
- Mi padre, que en paz descanse.
- ¿Y antes de él?
- Mi abuelo, también fallecido.
- Y un lugar como éste, donde la gente se hospeda por un tiempo y luego se marcha ¿dices que no es un refugio de caravanas?

¡Todos estamos en la sala de espera!

sábado, 13 de enero de 2024

El contrabandista

Todos sabían que era indiscutiblemente un contrabandista. Era incluso célebre por ello. Pero nadie había logrado jamás descubrirlo y mucho menos demostrarlo. Con frecuencia, cruzaba de la India a Pakistán a lomos de su burro, y los guardias, aun sospechando que hacía contrabando, no lograban obtener ninguna prueba de ello.
Transcurrieron los años y el contrabandista, ya entrado en edad, se retiró a vivir apaciblemente a un pueblo de la India. Un día, uno de los guardias que acertó a pasar por allí se lo encontró y le dijo:
-- Yo he dejado de ser guardia y tú de ser contrabandista. Quiero pedirte un favor. Dime, amigo, con qué hacías contrabando.
Y el hombre repuso:
-- Burros.

sábado, 16 de diciembre de 2023

El falso maestro

Era un renombrado maestro; uno de esos maestros que corren tras la fama y les gusta tener más y más discípulos. En una gran carpa, reunió a varios cientos de discípulos y seguidores. Se irguió sobre sí mismo, impostó la voz y dijo:
-- Amados míos, escuchad la voz del que sabe.
Se hizo un gran silencio. Hubiera podido escucharse el vuelo de un mosquito.
-- Nunca debéis relacionaros con la mujer de otro; nunca. Tampoco debéis beber alcohol, ni alimentaros con carne.
Uno de los asistentes se atrevió a preguntar:
-- El otro día, ¿no eras tú el que estabas abrazado a la esposa de Jai?
-- Sí, yo era -repuso el maestro.
Entonces, otro oyente preguntó:
-- ¿No te vi a ti el otro anochecer bebiendo en la taberna?
-- Ése era yo -contestó el maestro.
Un tercer hombre interrogó al maestro:
-- ¿No eras tú el que el otro día comías carne en el mercado?
-- Efectivamente -afirmó el maestro. En ese momento todos los asistentes se sintieron indignados y comenzaron a protestar.
-- Entonces, ¿por qué nos pides a nosotros que no hagamos lo que tú haces?
Y el falso maestro repuso:
-- Porque yo enseño, pero no practico lo que digo.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Los brazaletes de oro

Había una mujer que, a fuerza de una actitud recta y perseverante, había obtenido grandes logros espirituales. Aunque desposada, siempre hallaba tiempo para conectar con la Divinidad. Desde niña, había lucido en las muñecas brazaletes de cristal.
La vida se le iba consumiendo, como el rocío se derrite cuando brotan los primeros rayos del sol. Ya no era joven, y las arrugas dejaban sus huellas indelebles en su rostro.
Un día, su amado esposo fue tocado por la dama de la muerte y su cuerpo quedó tan frío como los cantos rodados del riachuelo en el que se refrescaba en la estación del calor. Cuando el cadáver fue incinerado, la mujer se despojó de los brazaletes de cristal y se colocó unos de oro.
La gente del pueblo no pudo por menos que sorprenderse. ¿A qué venía ahora ese cambio? ¿Por qué en tan dolorosos momentos abandonaba los brazaletes de cristal y se ponía los de oro?
Algunas personas fueron hasta su casa y le preguntaron la razón de ese proceder.
La mujer hizo pasar a los visitantes. Parsimoniosamente, con la paz propia de aquel que comprende y acepta el devenir de los acontecimientos, preparó un sabroso té especiado.
Mientras los invitados saboreaban el líquido humeante, la mujer dijo:
-- ¿Por qué os sorprendéis? Antes, mi marido era tan frágil como los brazaletes de cristal, pero ahora él es fuerte y permanente como estos brazaletes de oro.

sábado, 25 de noviembre de 2023

Una caña de bambú para el más tonto del reino

Existía un próspero reino en el norte de la India. Su monarca tenía ya una edad avanzada. Un día hizo llamar a un yogui que vivía dedicado a la meditación profunda en el bosque y dijo:
-- Hombre piadoso, tu rey quiere que tomes esta caña de bambú y que recorras todo el reino con ella. Te diré lo que debes hacer. Viajarás de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de aldea en aldea. Cuando encuentres a una persona que consideres la más tonta, le entregaras esta caña.
-- Aunque no reconozca otro rey que, a la Divinidad, señor, haré lo que me dices por complacerte. Me pondré en camino enseguida. El yogui cogió la caña que le había dado el monarca y partió raudo. Viajó sin descanso, recorriendo todos los caminos de la India. Pasó por muchos lugares y conoció muchas personas, pero no halló ningún ser humano al que considerase el más tonto. Transcurrieron algunos meses y volvió hasta el palacio del rey. Tuvo noticias de que el monarca había enfermado de gravedad y corrió hasta sus aposentos. Los médicos le explicaron al yogui que el rey estaba en la antesala de la muerte y se esperaba un fatal desenlace en minutos. El yogui se aproximó al lecho del moribundo.
Con voz quebrada pero audible, el monarca se lamentaba:
-- ¡Qué desafortunado soy, qué desafortunado! Toda mi vida acumulando enormes riquezas y, ¿qué haré ahora para llevarlas conmigo? ¡No quiero dejarlas, no quiero dejarlas!
En aquel momento, al oír al rey, el yogui entregó la caña de bambú al rey.

Puedes ser un monarca, pero de nada sirve si tu actitud es la de un mendigo. Sólo aquello que acumulas dentro de ti mismo te pertenece. No hay otro tesoro que el amor.

jueves, 23 de noviembre de 2023

El pez y la tortuga

Amanecía. Los primeros rayos del sol se reflejaban en las aguas azules del mar de Arabia. Una tortuga salía de su sueño profundo y se desperezaba en la playa. Abrió los ojillos y, de repente, vio un pez que sacaba la cabeza del agua. Cuando el pez se percató de la presencia de la tortuga, le preguntó:
-- Amiga tortuga, presiento que hay sabiduría en tu corazón y quiero hacerte una pregunta: ¿qué es el agua?
La tortuga no dijo nada. No podía creer lo que le preguntaba aquel pez que estaba cerca de ella. Cuando se dio cuenta de que no seguía durmiendo y el suceso no era parte de un sueño, repuso:
-- Amigo pez, has nacido en el agua, en el agua estás viviendo y en el agua hallarás la muerte. Alrededor de tu cuerpo hay agua y agua hay dentro de tu cuerpo. Te alimentas de lo que en el agua encuentras y en el agua te reproduces. ¡Y tú, pez necio, me preguntas qué es el agua!

martes, 21 de noviembre de 2023

La madera de sándalo

Era un hombre que había oído hablar mucho de la preciosa y aromática madera de sándalo, pero nunca había tenido ocasión de verla.
Había surgido en él un fuerte deseo por conocer la apreciada madera de sándalo.
Para satisfacer su propósito, decidió escribir a todos sus amigos y solicitarles un trozo de madera de sándalo. Pensó que alguno tendría la bondad de enviársela.
Así, comenzó a escribir cartas y cartas, durante varios días, siempre con el mismo ruego: "Por favor, enviadme madera de sándalo".
De pronto un día mientras estaba ante el papel, pensativo, mordisqueó el lápiz -como hacen los niños- con el que tantas cartas escribiera, y de repente olió la madera del lápiz y descubrió que era de sándalo.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Los monos

Era un aspirante espiritual con mucha motivación, pero tenía una mente muy dispersa. Tuvo noticias de un sabio y no dudó en desplazarse hasta donde vivía y decirle:
-- Respetado maestro, perdona que te moleste, pero mi gratitud sería enorme si pudieras proporcionarme un tema de meditación, puesto que tengo decidido retirarme al bosque durante unas semanas para meditar sin descanso.
-- Me complace tu decisión. Ve al bosque y estate contigo mismo. Puedes meditar en todo aquello que quieras, excepto en monos. Trae lo que quieras a tu mente, pero no pienses en monos.
El discípulo se sintió muy contento, diciendo: ¡Qué fácil es el tema que me ha proporcionado el maestro!; sí, realmente sencillo! Se retiró a un frondoso bosque y preparó una cabaña para la meditación. Transcurrieron las semanas y el aspirante término el retiro. Regresó junto al sabio, y éste, nada más verlo, preguntó:
-- ¿Qué tal te ha ido?
Apesadumbrado, el aspirante repuso:
-- Ha sido agotador. Traté incansablemente de pensar en algo que no fuesen monos, pero los monos iban y venían por mi mente sin poderlo evitar. En realidad, llegó un momento en que sólo pensaba en monos.

Moraleja: La mente es amiga y enemiga; es una mala dueña, pero una buena aliada. Por eso es necesario aprender a contener el pensamiento y poner la mente bajo el yugo de la voluntad.

miércoles, 15 de noviembre de 2023

La verdad... ¿es la verdad?

El rey durante los últimos días estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que vivía en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, teniendo fama de sabio y objetivo.
Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.
-- Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.
-- He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.
-- La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.
-- A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el rey-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?
-- Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar otras actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la Verdad, que tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria
El rey se quedó pensativo. Luego reaccionó para replicar:
-- De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.
El eremita sonrió levemente, pero no dijo nada. Guardó silencio.
El rey mandó colocar un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Unos soldados a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad.
El rey hizo público lo siguiente: "Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada".
Amanecía. El ermitaño, tras pasar toda la noche en meditación, marchó a la ciudad. Su bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:
-- ¿Adónde vas?
-- Voy camino del patíbulo para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.
-- No lo creo -aseveró el capitán.
-- Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.
-- Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.
-- Así es -afirmó el ermitaño-. Ahora ya sabes lo que es la verdad... ¡tu verdad!

El Maestro dice: El aferrarse a puntos de vista es una dificultad mental y un fuerte obstáculo en el viaje interior.

viernes, 27 de octubre de 2023

El perro aterrado por los espejos

Se trataba de un perro callejero. Le gustaba curiosear todos los rincones e ir de aquí para allá. Siempre había sido un vagabundo y disfrutaba mucho con su forma de vida.
En cierta ocasión entró en un palacio cuyas paredes estaban recubiertas de espejos. El perro entró corriendo en una de sus acristaladas estancias y al instante vio que innumerables perros corrían hacia él en dirección opuesta a la suya.
Aterrado, se volvió hacia la derecha para tratar de huir, pero entonces comprobó que también había gran número de perros en esa dirección.
Se volvió hacia la izquierda y comenzó a ladrar despavorido. Decenas de perros, por la izquierda, le ladraban amenazantes. Sintió que estaba rodeado de furiosos perros y que no tenía escapatoria.
Miró en todas las direcciones y en todas contempló perros enemigos que no dejaban de ladrarle. En ese momento el terror paralizó su corazón y murió víctima de la angustia.

Moraleja: La percepción errónea conduce a la muerte espiritual. Sólo la sensatez y la serenidad abren una vía hacia la realidad de las cosas y situaciones.

miércoles, 25 de octubre de 2023

El brahmín astuto

Era en el norte de la India, allí donde las montañas son tan elevadas que parece como si quisieran acariciar las nubes con sus picos. En un pueblecillo perdido en la inmensidad del Himalaya se reunieron un asceta, un peregrino y un sabio brahmín. Comenzaron a comentar cuánto dedicaban a Dios cada uno de ellos de aquellas limosnas que recibían de los fieles. El asceta dijo:
-- Mirad, yo lo que acostumbro a hacer es trazar un círculo en el suelo y lanzar las monedas al aire. Las que caen dentro del círculo me las quedo para mis necesidades y las que caen fuera del círculo se las ofrendo al Divino.
Entonces intervino el peregrino para explicar:
-- Sí, también yo hago un círculo en el suelo y procedo de la misma manera, pero, por el contrario, me quedo para mis necesidades con las monedas que caen fuera del círculo y doy al Divino las que caen dentro del mismo.
Por último habló el 
sabio brahmín para expresarse de la siguiente forma:
-- También yo, queridos compañeros, dibujo un círculo en el suelo y lanzo las monedas al aire. Las que no caen, son para Dios y las que caen las guardo para mis necesidades.

Moraleja: Así proceden muchas personas que se dicen religiosas. Tienen dos rostros y uno es todavía más falso que el otro.

martes, 17 de octubre de 2023

Un preso singular

Era un hombre que había sido encarcelado. A través de un ventanuco enrejado que había en su celda le gustaba mirar al exterior. Todos los días se asomaba al ventanuco, y, cada vez que veía pasar a alguien al otro lado de las rejas, estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Un día ya no pudo por menos que preguntar al preso:
-- Oye, hombre, ¿a qué vienen todas esas risotadas día tras día?
-- ¿Cómo que de qué me río?, contestó el preso, ¡Pero no te das cuenta! Me río de todos esos que hay ahí. ¿No ves que están presos detrás de estas rejas?

Moraleja: Por falta de visión, no sólo estás en cautiverio, sino que ni siquiera llegas a darte cuenta de que lo estás.

martes, 10 de octubre de 2023

Una insensata búsqueda

Una mujer estaba buscando afanosamente algo alrededor de una farola. Un transeúnte pasó junto a ella y se detuvo a contemplarla. No pudo por menos que preguntar:
-- Buena mujer, ¿qué se te ha perdido?, ¿qué buscas?
Sin poder dejar de gemir, la mujer, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:
-- Busco una aguja que he perdido
El transeúnte se puso a buscar la aguja perdida sin llegar a encontrarla. Entonces dijo a la mujer:
-- Pero, ¿dónde se ha perdido la aguja? ¿Estás segura que ha sido aquí?
-- No, dijo la mujer, la he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz, he venido a buscarla junto a esta farola.

*El Maestro dice: No quieras encontrar fuera de ti mismo lo que sólo dentro de ti puede ser hallado.

viernes, 21 de julio de 2023

Pataleando (don de Fortaleza)

 Mamerto Menapace



Una ranita salió con una amiga a recorrer la ciudad, aprovechando los charcos que dejara una gran lluvia.
Ustedes saben que las ranitas sienten una especial alegría después de los grandes chaparrones, y que esta alegría las induce a salir de sus refugios para recorrer mundo.
Su paseo las llevó más allá de la laguna donde vivían. Al pasar frente a una charca en las afueras, se encontraron con un gran edificio que tenía las puertas abiertas. Llenas de curiosidad se animaron mutuamente a entrar.
Era una quesería. En el centro de la gran sala había una enorme olla de leche. Un tablón permitió a ambas ranitas trepar hasta la gran olla, en su afán de ver cómo era la leche.
Pero, calcularon mal el último salto, se fueron las dos de cabeza dentro de la tina, zambulléndose en la leche.
Y pasó lo que suele pasar: caer fue una cosa fácil; salir era el problema. Porque, desde la superficie de la leche hasta el borde del recipiente, había como dos palmos de diferencia. Y allí era imposible ponerse en vertical. El líquido no ofrecía apoyo ni para erguirse ni para saltar.
Comenzó el pataleo. Pero, después de un rato, la amiga se dio por vencida. Vio que todos sus esfuerzos eran inútiles y se dejó llevar hasta el fondo. Lo último que se le escuchó fue: «Glu-glu-glu», que es lo que suelen decir los que se dan por vencidos.
La otra ranita, en cambio no se rindió. Se dijo que, mientras viviera, seguiría luchando. Y pataleó, pataleó y pataleó. Tanta energía y constancia puso en su esfuerzo, que finalmente logró solidificar la nata que había en la leche y, poniéndose sobre la mantequilla, hizo pie y saltó afuera.


jueves, 20 de julio de 2023

Un asunto de monos

Anthony de Melo

El señor Robinson llegó a casa fatigado llevando un gran mono cómodamente sentado en sus hombros. La señora Robinson se sintió muy preocupada al ver a su marido en semejante estado:
-¿Qué te pasa querido?- le preguntó afectuosamente -¿Por qué tienes ese aspecto tan cansado y deprimido.
- A decir verdad- repuso él -tu madre tiene tanta culpa como cualquiera. Apenas fui a verla, prorrumpió a hablar contra mí sin parar. Ella y el resto de la familia. Santiago y Dora son por el estilo. Siempre están encima de mí. Dicen que no deberías haberte casado nunca conmigo. Tu madre decía que ella y tu padre sospechaban lo que iba a suceder…
- Tonterías querido, le interrumpió su esposa, tranquilizándole -Tú eres el mejor de los maridos del mundo. No les hagas caso. Yo les diré unas palabras la próxima vez que vaya a verlos. Lo arreglaré todo, no te preocupes. Ahora siéntate aquí y serénate. Ea, deja que te quite ese enorme mono de tus hombros.
Inmediatamente le quitó el mono y lo colocó sobre sus propios hombros. Ello hizo que el señor Robinson se sintiera muy aliviado. Serenado y de nuevo feliz, decidió ir a ver a algunos amigos del club de bolos y marchar con ellos a un pub.
Al poco rato, llegó del colegio el joven Frank. Traía un pequeño mono posado en sus hombros.
- Querido, exclamó su madre con ansiedad, qué ha ocurrido en la escuela hoy?
- Estoy harto, mamá. La profesora me ha reñido por algo que no he hecho. Dijo que era un descarado y marrullero y que daba mal ejemplo a toda la clase.
- ¡Cómo se ha atrevido a decirte cosas así! Déjamela a mi cuenta. Iré a verla mañana por la mañana a primera hora. Olvídala de momento. Sal a jugar con tus amigos, y yo te llamaré cuando esté lista la cena.
En cuanto la señora Robinson le quitó el pequeño mono de los hombros, Frank olvidó inmediatamente lo ocurrido en la escuela y se fue contento a jugar.
Poco después llegó Ángela a casa. Había estado en la fiesta de cumpleaños de una amiga, pero ciertamente su aspecto no era el de haberlo pasado bien. También ella traía un pequeño mono sobre los hombros, y su madre sospechó que había estado llorando.
- ¿Qué te ocurre, querida? ¿No fue bonita la fiesta?
- Ha sido horrible, mamá. Algunas chicas me han estado insultando. Dijeron que era una niña muy mimada. ¡Las odio!
- No hagas caso, querida. Dime quiénes fueron esas antipáticas y yo informaré a sus padres de lo ocurrido. Ahora cámbiate y vete a jugar. Yo te llamaré tan pronto como esté preparado la cena. Ea, deja que te quite ese mono de tus hombros.
Así era la señora Robinson. Una mujer muy amable y muy querida; tenía numerosas amistades, que a menudo iban a verla durante el día. Ella escuchaba pacientemente sus problemas y se mostraba preocupada al ver monos sobre sus hombros.
No obstante, según pasaban los días, la señora Robinson comenzó a sentirse también cansada. Evidentemente, no era la que solía ser y parecía preocupada por algo. Perdió el gusto por la vida, y parecía incapaz de hacer frente a sus deberes de esposa y madre. Con frecuencia ahora se lamentaba y gruñía de una manera muy extraña, comenzando a preocupar a la familia y a las amistades.
Un día, una buena amiga le habló sin rodeos:
-Escucha, Sandra; vengo dándome cuenta últimamente de lo deprimida que pareces estar. Evidentemente, sabes de qué se trata, ¿verdad?
- Bueno, en realidad no estoy segura, Gladys. Verdaderamente, no me he sentido nunca como ahora. Supongo que estoy algo cansada. Me siento abrumada últimamente, ya sabes.
 Ciertamente lo estás. El verdadero problema son todos esos monos que tienes encima de tus hombros. Y tú eres la única que puede hacer algo al respecto. El remedio está en tus manos. Manda de paseo esos monos. No son tuyos; ¿por qué has de llevarlos encima? Deshazte de ellos.
- ¿Lo crees así?- dijo pensativa la señora Robinson. Si, supongo que debo dejarlos. Después de todo, tienes razón. Realmente no me pertenecen; me parece, pues, que voy a dejarlos y que vuelvan a subirse a los hombros de las personas a las que realmente pertenecen.
En cuestión de días, la señora Robinson volvió a ser ella misma. Los monos habían vuelto a quienes pertenecían y ella sintió nuevas energías. Entonces se encontró de nuevo deseosa y capaz de ayudar a su familia y a sus amistades

lunes, 6 de marzo de 2023

Soy tú

Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento. Un anochecer, cuando las chicharras rompían el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un sabio y llamó a la puerta.
-- ¿Quién es? -preguntó el sabio.
-- Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.
-- No estás lo suficientemente maduro -replicó el sabio sin abrir la puerta-. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso.
Después regresa y te daré instrucción. Al principio, el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al sabio.
Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser.
Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro. Llamó a la puerta.
-- ¿Quién es? -preguntó el sabio.
-- Soy tú -repuso el discípulo.
-- Si es así -dijo el sabio -, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.

El Maestro dice: Más allá de la mente y el pensamiento está la Sabiduría.

lunes, 18 de abril de 2022

El amuleto

          Ramiro A. Calle 

Era un hombre que siempre había gozado de buena fortuna, pero su suerte cambio y comenzó a ser castigado por las adversidades de la vida. Fue a su mentor y le dijo:
– Venerable maestro, estoy desesperado. Desde hace un tiempo todo me sale mal. Mi mujer ha enfermado, mis negocios funcionan mal y mi ánimo esta siempre abatido.
– Así son las cosas –repuso con máxima ecuanimidad el maestro– las cosas vienen, las cosas se van. La ola asciende, la ola desciende. Una estación sigue a otra. Hay vicisitudes, sí. Vienen pero también se van.
– No, no, no creo que sea cosa de los acontecimientos o del azar. Algún conjuro han realizado contra mí, te lo aseguro -respetado maestro.
El hombre estaba obsesionado, pensando que habían conjurado maléficamente contra él, y de ahí todos los acontecimientos le fueron desfavorables y adversos. El maestro por mucho que trató de razonarle, no pudo convencerle ¿Qué hacer entonces? El maestro le dijo:
– Menos mal que todavía tengo el amuleto que mi gran maestro, de una remota gruta del Himalaya, me dejó. Es infalible para todos estos casos:
– ¿Estás seguro?
– Nunca ha fallado. No hay conjuro que no sea neutralizado por su fuerza. Pero hay que llevarlo un mes atado al cuello y dedicarle una plegaria todos los días. Es un amuleto muy poderoso. No vayas a perderlo.
Se lo entregó al hombre y se lo colgó al cuello. Era una piedra de río.
– Está bendecido por mi maestro, y también su maestro lo bendijo, y el maestro de su maestro.
– No sabes cuánto te lo agradezco, gran maestro.
El hombre se marchó aliviado. Todos los días hacía unas plegarias al amuleto. Su ánimo comenzó a reestablecerse; sus negocios empezaron a ir mejor y su mujer comenzó a recuperarse. Pasado un mes volvió ante el maestro, le rindió pleitesía y le dijo:
– ¿Qué gran reliquia! Aquí la tienes señor, es muy valiosa.
– ¡Tírala! –ordenó el maestro– es una simple piedra.
– ¿Por qué has hecho esto?
– Porque estabas tan obsesionado que he tenido que utilizar tu imaginación constructiva para refrenar tu imaginación destructiva. Es como cuando un hombre sueña que le ataca un león, pero encuentra un revólver y lo mata; o sea, que con un revólver ilusorio ha matado un león ilusorio.
Y el maestro estalló en carcajadas.

martes, 5 de octubre de 2021

El hombre y la mujer perfectos

Nasrudin se encontró un día con un amigo y éste le dijo:
- Estoy a punto de casarme. Soy muy feliz. ¿Y tú has pensado en casarte?
- Cuando era joven solía pensarlo y lo deseaba ardientemente, pero decidí esperar hasta encontrar la mujer perfecta. Así que viajé a Damasco y allí encontré una mujer muy hermosa, amable y espiritual, pero estaba desconectada de las cosas del mundo. 
Viajé a Alejandría y encontré una joven que era espiritual y conocedora de los asuntos del mundo, pero no logramos comunicarnos bien. 
Finalmente fui a El Cairo y allí encontré la mujer perfecta.
- ¿Y te casaste?, le preguntó el amigo.
- Desgraciadamente no. Ella también buscaba al hombre perfecto.