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miércoles, 5 de agosto de 2026

Las dos ranas

Sucedió una vez que dos ranitas salieron a dar un paseo. Como hacían a menudo, recorrían los prados que rodeaban su charca saltando alegremente. Hasta que un día sucedió algo inesperado: tras un salto largo cayeron dentro de un balde que el vaquero había olvidado cerca del establo y que aún guardaba bastante leche.
Al principio las ranitas no comprendían qué había sucedido, incluso encontraban divertida la situación. Pero pronto se dieron cuenta que aquello se estaba convirtiendo en una trampa: por mucho que se esforzaban por salir del cubo, las paredes metálicas eran demasiado lisas y el borde quedaba demasiado alto. Y así lo único que podían hacer era nadar y nadar para no ahogarse en la leche.
Pero el tiempo pasaba y el cansancio se apoderaba de ellas.
— ¿Te has dado cuenta de que nunca vamos a salir de aquí?, le dijo la ranita mayor a la más joven. Nuestras patas no podrán soportarlo mucho tiempo y nunca saldremos de ésta. Moriremos aquí.
— No importa, respondió la otra ranita. No podemos hacer otra cosa que nadar. Nada y no te lamentes. Conserva tus fuerzas.
Y las ranitas siguieron nadando y nadando y nadando sin descanso. Al cabo de un buen rato, la ranita mayor volvió a quejarse:
— Nunca saldremos de aquí, éste será nuestro final. Me duelen las ancas y ya casi me es imposible seguir nadando. En verdad ha llegado nuestro fin.
A lo que la ranita pequeña respondió:
— Nada y calla; no pierdas la esperanza. Simplemente confía y sigue luchando.
Y así siguieron, nadando y nadando; pero el tiempo pasaba y sus fuerzas menguaban, pues no paraban de dar vueltas, una detrás de la otra, concentradas en el movimiento de sus patitas y en mantener la cabeza fuera del líquido.
— No puedo más, volvió a quejarse la ranita mayor, De verdad te digo que ya no puedo más. Ya no siento las ancas, ya no sé si las muevo o no. No veo bien y no sé hacia dónde me muevo. Ya no sé nada.
— Continúa nadando, replicó la otra ranita. No importa cómo te sientas, no pienses siquiera en ello. Sigue adelante, continúa.
Sacaron fuerza de flaqueza y siguieron nadando y nadando. Por poco tiempo, pues la rana mayor pronto cejó en el empeño y con apenas un aliento de voz susurró:
— Es inútil. No tiene ningún sentido seguir luchando. No entiendo qué estamos haciendo, por qué he de seguir nadando. Nunca podremos escapar.
— ¡Sigue nadando! ¡No te rindas!
Y aún reunieron fuerzas para nadar unos instantes más, hasta que la ranita mayor, extenuada, abandonó y murió ahogada. Y también la ranita más joven sintió la tentación de abandonar la lucha, de dejarse vencer y acabar con aquello, pero siguió nadando y nadando mientras se repetía a sí misma: Nada, nada. Un poco más, sólo un poco más. Continúa nadando. ¡Nada! ¡Nada!
Pero el tiempo pasaba y la ranita se sentía cada vez más débil. Le dolían las ancas, todo el cuerpo le dolía, pero ella seguía nadando, nadando, moviendo sin cesar sus pequeñas extremidades.
Y de pronto sucedió algo sorprendente. Bajo sus patitas empezó a notar algo sólido, así que reunió las últimas fuerzas que le quedaban, se apoyó en aquella masa y saltó… justo por encima del borde del balde, para ir a parar a la seguridad del prado.
¡Con el movimiento continuo de sus patas la leche había empezado a convertirse en mantequilla! Y la consistencia de la mantequilla le había ofrecido un punto de apoyo desde el que saltar.

Gracias a la perseverancia en su esfuerzo y a que no se había dejado derrotar por el cansancio o el sin sentido, había sido capaz de transformar una situación terrible en una ocasión de liberación. En los momentos más difíciles lo único que no podemos perder es la esperanza. Si pones tu corazón en tu propósito, ningún esfuerzo te parecerá difícil.

viernes, 31 de julio de 2026

El árbol de los problemas

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su sierra eléctrica se estropeó y le hizo perder una hora de trabajo y ahora su viejo camión se negó a arrancar.
Mientras le llevaba a su casa, se sentó en silencio. Cuando llegamos, me invitó a conocer a su familia.
Mientras nos dirigíamos a la puerta de su casa, se detuvo brevemente frente a un árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, el rostro de aquel hombre se transformó, sonrió, abrazó a sus dos hijos pequeños y le dio un beso a su esposa. Luego me acompañó hasta el coche.
Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté por lo que había hecho un rato antes.
— "Oh, ese es mi árbol de problemas, contestó. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego, a la mañana siguiente, los recojo otra vez. Lo bueno es -concluyó sonriendo- que cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".

lunes, 27 de julio de 2026

De una en una

Cierto día, caminando por la playa me fijé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez.
Cuando me aproximé, observé que lo que agarraba eran estrellas de mar que las olas dejaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar. Le pregunté por qué lo hacía, y me respondió:
— "Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves, la marea está baja y estas estrellas han quedado en la orilla. Si no las devuelvo morirán aquí por falta de oxígeno."
— "Entiendo -le dije-, pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa, no puedes lanzarlas todas. Son demasiadas, quizás no te des cuenta que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?"
El hombre sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:
— "¡Para ésta sí lo ha tenido!"

domingo, 19 de julio de 2026

Himno de Laudes

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.
Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra;
tú pronuncias el mar como sentencia.
Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.
Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas;
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.
¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.

Regalos de Dios

Se cuenta que en la plaza del pueblo habían abierto una nueva tienda con un rótulo: ‘Regalos de Dios’.
Un ángel atendía a los clientes.
- ¿Qué es lo que vendes, ángel del Señor? pregunté.
- Vendo todos los dones de Dios.
- ¿Son muy caros?
- No, los dones de Dios son todos gratis.
Las estanterías estaban llenas de ánforas de amor, frascos de fe, cajas de salvación y muchas cosas más.
Yo tenía gran necesidad de todas esas cosas. Me armé de valor y le dije al ángel:
- Dame, por favor, bastante amor de Dios, dame perdón de Dios, una bolsa de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación.
Todo lo que había pedido me fue servido en una cajita diminuta. Sorprendido, le pregunté:
- ¿Está todo ahí?
El ángel me explicó:
- Ahí está todo. Dios no da nunca frutos maduros. Él sólo da semillas que cada cual tiene la obligación de cultivar y hacer crecer.

jueves, 28 de mayo de 2026

Himno a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote

Cantan tu gloria, Cristo Sacerdote,
los cielos y la tierra:
a ti que por amor te hiciste hombre
y al Padre como víctima te ofrendas.
Tu sacrificio nos abrió las puertas,
de par en par, del cielo;
ante el trono de Dios, es elocuente
tu holocausto en la cruz y tu silencio.
Todos los sacrificios de los hombres
quedaron abolidos:
todos eran figuras que anunciaban
al Sacerdote eterno, Jesucristo.
No te basta el morir, que quieres darnos
alimento de vida:
quedarte con nosotros y ofrecerte
sobre el altar: hacerte eucaristía.
Clavado en cruz nos miras, te miramos,
crece el amor, la entrega.
Al Padre, en el Espíritu, contigo,
eleva nuestro canto y nuestra ofrenda. Amén

domingo, 17 de mayo de 2026

Ascensión de Jesús al cielo

              Florentino Ulibarri

Haced discípulos míos, no maestros; haced personas, no esclavos;
haced caminantes, no gente asentada; haced servidores, no jefes.
Haced hermanos.
Haced creyentes, no gente creída;
haced buscadores de verdad, no amos de certezas;
haced creadores, no copiadores; haced ciudadanos, no extranjeros.
Haced hermanos.
Haced poetas, no pragmáticos;
haced gente de sueños y memoria, no de títulos, arcas y mapas;
haced personas arriesgadas, no espectadores.
Haced hermanos.
Haced profetas, no cortesanos; haced gente inquieta, no satisfecha;
haced personas libres, no leguleyas; haced gente evangélica, no agorera.
Haced hermanos.
Haced sembradores, no coleccionistas; haced artistas, no soldados;
haced testigos, no inquisidores; haced amigos de camino, no enemigos.
Haced hermanos.
Haced personas de encuentro, con entrañas y ternura,
con promesas y esperanzas, con presencia y paciencia,
con misión y envío.
Haced hermanos.
Haced discípulos míos; dadles todo lo que os he dado;
descargad vuestras espaldas y sentíos hermanos.

domingo, 3 de mayo de 2026

Oración por las madres


Dios bueno y misericordioso,
hoy me presento ante Ti con un corazón lleno de gratitud,
para darte gracias por el regalo más tierno y generoso que has puesto en mi vida: mi madre.
Gracias, Señor, por su presencia constante,
por su mirada que me comprende sin palabras, por su abrazo que cura el alma,
y por su amor que no conoce límites ni condiciones.
Ella ha sido para mí guía en la oscuridad,
refugio en la tormenta, alegría en los días tristes
y fuerza en los momentos de debilidad.
Gracias por sus manos laboriosas,
que han trabajado incansablemente para cuidar de mí,
por sus pies que han caminado tantos caminos por amor,
y por su corazón que siempre ha estado dispuesto a dar sin esperar nada a cambio.
Señor, te doy gracias por cada noche en vela,
por cada lágrima que derramó en silencio,
por cada oración que elevó por mí cuando yo ni siquiera lo sabía.
Gracias porque a través de ella conocí el significado del amor incondicional.
Hoy quiero elevar mi voz y mi alma para decir: gracias, mamá,
por tu entrega, por tu ternura, por tus palabras sabias y por tu paciencia infinita.
Gracias por no rendirte, por animarme a seguir adelante
y por enseñarme con tu ejemplo a vivir con fe, con honestidad y con esperanza.
Señor, bendice a todas las madres del mundo.
Bendice a las que aún están con nosotros y a las que ya están contigo.
Dales salud a las que envejecen con dignidad, fortaleza a las que crían solas,
esperanza a las que sufren, y paz a las que descansan en Ti.
Bendice también a aquellas mujeres que, sin haber dado vida con el cuerpo,
son madres con el corazón: tías, abuelas, madrinas, maestras y amigas
que han cuidado, guiado y amado con verdadera entrega.
Te pido, Señor, que nunca olvide decirle a mi madre cuánto la amo,
que tenga la sabiduría de valorarla cada día
y que la honre con mis palabras, mis decisiones y mi forma de vivir.
Que no espere ocasiones especiales para demostrarle mi gratitud,
sino que cada día sea una oportunidad para hacerla sentir querida y acompañada.
Señor, si mi madre ya no está en este mundo,
te doy gracias por todo lo que sembró en mí.
Gracias por su memoria que vive en mi corazón,
por sus enseñanzas que siguen guiando mis pasos,
y por el amor que dejó en mi alma, un amor que la muerte no puede borrar.
Te pido que la tengas en Tu paz eterna
y que algún día pueda abrazarla nuevamente en tu Reino.
Gracias, Dios de la vida, por el regalo inmenso de mi madre.
Gracias por su amor que me revela tu amor,
por su entrega que me muestra tu bondad,
y por su vida que ha sido luz en mi camino.
Que ella siempre sienta cuánto la valoro y la amo.
Hoy y todos los días, te doy gracias por ella. Amén.

domingo, 22 de marzo de 2026

Tú eres vida para nuestras muertes

Tú también lloras la muerte de un amigo,
también te duelen las dificultades de la vida.
Tú sabes mucho de malos momentos
y de la fuerza del cariño para suavizarlos.
Y sabes también cómo nos venimos abajo
ante las contrariedades
y ante las situaciones que no entendemos.
Dices que si tuviéramos fe nada nos sería imposible,
pero la muerte no la podemos entender,
nos sobrepasa, nos separa de los nuestros.
Queremos creer que detrás de toda situación dolorosa hay vida,
que nos encontraremos después, en la casa del Padre,
que somos finitos y, por tanto,
debemos ir separándonos unos de otros
y que Tú nos ayudarás a superar el dolor de la distancia.
Contigo la vida es mucho más llevadera.
Tú cercanía saca lo mejor de unos y otros,
pone en circulación el cariño que nos facilita la vida,
que nos hace poder con lo casi imposible.
Pon palabras en nuestra boca para compartir alegrías y penas,
para expresar el amor contigo y como Tú.

¿Qué hay al otro lado?

Antes de salir de la habitación, un paciente le preguntó al médico:
- “Doctor, tengo miedo a morir. Dígame qué hay al otro lado”.
El médico le dijo que no lo sabía.
- Usted, un hombre cristiano, ¿no sabe lo que hay al otro lado?
El médico tenía el pomo de la puerta en la mano, al otro lado de la puerta se oían los gemidos y patadas de un perro. Cuando abrió la puerta de un salto se plantó en medio de la habitación dando brincos de alegría al ver al doctor.
Éste se dirigió al paciente y le dijo:
- ¿Ha observado a mi perro? Nunca ha estado en esta consulta. Lo único que sabía era que su dueño estaba dentro y cuando la puerta se abrió entró sin miedo.
Yo no sé qué hay al otro lado de la muerte, sí sé una cosa. Sé que mi dueño está ahí, al otro lado de la puerta, y eso me basta.

domingo, 15 de marzo de 2026

Quiero ver, Señor

Quiero ver, Señor
para sentirte cerca y nunca abandonarte,
porque me pierdo y camino confundido.
Quiero ver, Señor
para verte y nunca perderte
porque, sin Ti, no soy tan feliz como creo ser.
Quiero ver, Señor
para vivir alegre y abierto a los demás,
agradecer lo mucho que haces por mí,
defenderte cuando algunos te ignoren,
no tropezarme cuando surjan dificultades.
Quiero ver, Señor
para que nadie me confunda con falsas luces,
para que nada me aleje de tu amistad.
Quiero ver, Señor
con ojos agradecidos hacia el cielo.
Quiero ver, Señor
para reconocer lo que eres: ¡Mi Señor y mi Dios!
Quiero ver, Señor
con mirada limpia de egoísmo y apariencias.
Quiero ver, Señor
para descubrir tu amor cada día en mi vida.

Todo lo que hace Dios es para nuestro bien

Un viejo fraile salió de viaje llevando consigo un asno, un gallo y una lámpara. Al llegar a una aldea bien entrada la noche, no halló posada y los vecinos le negaron albergue. Él se consoló diciendo:
— Todo lo que hace Dios es para nuestro bien.
Decidió pasar la noche al raso en el bosque. Encendió la lámpara para alumbrarse, pero el viento la apagó al momento.
— Todo lo que hace Dios es para nuestro bien -dijo resignadamente.
Durante la noche, las bestias salvajes devoraron al asno y al gallo. El fraile volvió a repetir:
— Todo lo que hace Dios es para nuestro bien.
A la mañana siguiente, un leñador que pasaba por allí le dio al fraile la noticia de que un destacamento de soldados, formado por varias compañías completas, había atacado la aldea y cruzado el bosque esa noche. El fraile comprendió inmediatamente que, si la lámpara hubiera estado encendida o si el asno hubiera rebuznado o el gallo cantado en la madrugada, los soldados se habrían dirigido hacia allí y le habrían matado con toda seguridad. Dios había cuidado de que las cosas salieran como salieron, para bien del buen fraile.
— Todo lo que hace Dios es para nuestro bien, dijo entonces éste una vez más.


lunes, 2 de marzo de 2026

Tu programa y el mío

            Fermín Negre     (Rezandovoy)

Me has ungido, Señor, para amar y servir,
para cantar tu Palabra, para devolver la esperanza,
para sembrar mi vida, para vivir en tu Espíritu.
Me has enviado a coser heridas,
a caminar con tu pueblo en el gozo y el llanto,
a dejarme transformar por tu modo de amar,
a repartirme en humildad a todos,
a liberar cautiverios y abatimientos.
A veces ando atolondrado y estresado,
envuelto en mil tareas religiosas
y entretenimientos pastorales que me despistan
y distraen del centro de tu Buena Noticia.
Me asusta tu desafío:
hacerme presente en las intemperies
de los que sufren descarte y abandono.
Prefiero seguir mi programa al tuyo.
Prefiero lo seguro y conocido a correr riesgos.
Podrías plantearme salir de mi rutina plácida.
Podrías desmontar mis planes y tren de vida.
Podrías pedirme partir del lugar de falsa paz
en que vivo instalado y me he ido construyendo.
Podrías pedirme que dejara de controlarlo todo
y saltar en tus brazos sin más red que la fe.
Tú me lanzas a ser continuador de tu misión:
anunciar la buena noticia a los pobres,
soltar los candados de los cautivos,
compartir tu luz entre las cegueras de este mundo,
libertar a los oprimidos de grilletes de exclusión,
gritar con fuerza y júbilo desmedido
que contigo hay esperanza para todos.
Este es tu proyecto de vida y acción,
con tus prioridades y sueños para quienes te sigan.
Que no me deje seducir por otros proyectos,
que disfrazan justificaciones, coartadas y excusas
para eludir comprometerme hasta el fondo.
Cuenta conmigo, Señor. Envíame.
Deseo hacer carne en mí tu misma misión,
aunque no esté de moda ni se hable casi
de tu opción preferencial por los pobres.

sábado, 28 de febrero de 2026

Casa abierta de par en par

Que nuestra casa no huela a cerrado, siempre abierta y en uso, con calor,
dispuesta para el servicio y no replegada sobre sí misma.
Un hogar que enseñe solidaridad y fraternidad,
que no eduque en el egoísmo,
sino en búsqueda responsable de una sociedad más justa.
Queremos que sea nuestra casa, un lugar de creación y no de repetición,
que estimule la sensibilidad y la capacidad de admiración.
Un centro de referencia liberador y no opresor,
donde la alegría sea moneda de cambio,
y la fe y el amor no sean una costumbre, sino algo siempre nuevo,
que nos impulse a vivir la vida y no meramente a soportarla.
Algo, donde se experimente el amor y el quererse,
el encuentro y la relación personal,
el compartir y el vivir en común penas y alegrías.
El descubrir al otro y el ayudarse,
el dialogar y el darse confianza, el pasear con gusto,
y, en definitiva, el vivir la vida con calidad.

domingo, 22 de febrero de 2026

Los tres árboles

Había una vez tres árboles en una colina de un bosque. Hablaban acerca de sus sueños y esperanzas y el primero dijo:
"Algún día seré cofre de tesoros. Estaré lleno de oros, plata y piedras preciosas. Estaré decorado con labrados artísticos y tallados finos, todos verán mi belleza".
El segundo árbol dijo: "Algún día seré una poderosa embarcación. Llevaré a los más grandes reyes y reinas a través de los océanos, e iré a todos los rincones del mundo. Todos se sentirán seguros por mi fortaleza, fuerza y mi poderoso casco".
Finalmente, el tercer árbol dijo: "Yo quiero crecer para ser el más recto y grande de todos los árboles en el bosque. La gente me verá en la cima de la colina, mirará mis poderosas ramas y pensarán en el Dios de los cielos, y cuán cerca estoy de alcanzarlo. Seré el más grande árbol de todos los tiempos y la gente siempre me recordará".
Después de unos años de que los árboles esperaran que sus sueños se convirtieran en realidad, un grupo de leñadores vino donde estaban los árboles.
Cuando uno vio al primer árbol dijo: "Este parece un árbol fuerte, creo que podría vender su madera a un carpintero", y comenzó a cortarlo. El árbol estaba muy feliz debido a que sabía que el carpintero podría convertirlo en cofre para tesoros.
El otro leñador dijo mientras observaba al segundo árbol: "Parece un árbol fuerte, creo que lo podré vender al carpintero del puerto". El segundo árbol se puso muy feliz porque sabía que estaba en camino a convertirse en una poderosa embarcación.
El último leñador se acercó al tercer árbol, este muy asustado, pues sabía que, si lo cortaban, su sueño nunca se volvería realidad. El leñador dijo entonces: "No necesito nada especial del árbol que corte, así que tomaré éste", y cortó el tercer árbol.
Cuando el primer árbol llegó donde el carpintero, fue convertido en un cajón de comida para animales, y fue puesto en un pesebre y llenado con paja. Se sintió muy mal pues eso no era por lo que tanto había orado.
El segundo árbol fue cortado y convertido en una pequeña balsa de pesca, ni siquiera lo suficientemente grande para navegar en el mar, y fue puesto en un lago. Y vio como sus sueños de ser una gran embarcación cargando reyes habían llegado a su final.
El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y dejado en la oscuridad de una bodega.
Años más tarde, los árboles olvidaron sus sueños y esperanzas por las que tanto habían orado. Entonces un día un hombre y una mujer llegaron al pesebre. Ella dio a luz un niño, y lo colocó en la paja que había dentro del cajón en que fue transformado el primer árbol. El hombre deseaba haber podido tener una cuna para su bebé, pero este cajón debería serlo. El árbol sintió la importancia de este acontecimiento y supo que había contenido el más grande tesoro de la historia.
Años más tarde, un grupo de hombres entraron en la balsa en la cual habían convertido al segundo árbol. Uno de ellos estaba cansado y se durmió en la barca. Mientras ellos estaban en el agua una gran tormenta se desató y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar a los hombres. Los hombres despertaron al que dormía, éste se levantó y dijo: "¡Calma! ¡Quédate quieto!" y la tormenta y las olas se detuvieron. En ese momento el segundo árbol se dio cuenta de que había llevado al Rey de Reyes y Señor de Señores.
Finalmente, un tiempo después alguien vino y tomó al tercer árbol convertido en tablas. Fue cargado por las calles al mismo tiempo que la gente escupía, insultaba y golpeaba al Hombre que lo cargaba. Se detuvieron en una pequeña colina y el Hombre fue clavado al árbol y levantado para morir en la cima de la colina. Cuando llegó el domingo, el tercer árbol se dio cuenta que él fue lo suficientemente fuerte para permanecer erguido en la cima de la colina, y estar tan cerca de Dios como nunca, porque Jesús había sido crucificado en él.

viernes, 20 de febrero de 2026

El envío de ropa usada

           Que me quiten lo bailao·

Publiqué un anuncio: regalo ropa para una niña de dos a tres años. Al poco tiempo me escribió una mujer desconocida. Sus palabras eran casi avergonzadas. Me contó que estaba pasando por un momento muy difícil, que su pequeña tenía muy poca ropa, y me preguntó con cuidado si podría enviarla por correo.
Mi primera reacción fue brusca. «¿Y yo? Yo también tengo mis propios problemas.»
Pero enseguida apareció otro pensamiento: «¿Y si está diciendo la verdad?»
Tomé una caja. Coloqué dentro vestidos, medias, una chaqueta abrigada y un pequeño abrigo. Hice fila en la oficina de correos. Pagué cinco euros por el envío. No era una gran cantidad, pero ese día la sentí. Después regresé a mi rutina y con el tiempo olvidé todo.
Pasó un año. Un día recibí un paquete. Una caja ligera con un nombre que me resultaba familiar. La abrí con cuidado. Dentro no había ropa ni regalos caros. Había dibujos infantiles llenos de color, flores silvestres secas y varios frascos de mermelada casera. Encima, una carta.
«No sé si me recuerda. Hace un año envió ropa para mi hija. Fue la primera ayuda que recibí de una persona desconocida. Vivíamos en una casa fría. Cuando llegó su paquete, mi niña se probó cada prenda y reía frente al espejo. Ahora estamos un poco mejor. He encontrado trabajo y mi esposo regresó. Queremos devolverle una parte de la dulzura que nos regaló. Los dibujos son de mi hija. Las flores las recogimos juntas. Y la mermelada… para un día lluvioso, cuando beba té y piense en nosotras.»
Leí esa carta varias veces. Recordé lo cansada que estaba el día que preparé la caja. Lo cerca que estuve de ignorar su mensaje. Y pensé: qué bueno que no lo hice.
Los dibujos estaban llenos de sol. Una casita torcida bajo un cielo enorme. Una niña con vestido verde. Un árbol cubierto de manzanas, coloreadas con tanto cuidado que el lápiz casi perforó el papel.
Solo le escribí: «He recibido el paquete. Gracias.»
Me respondió de inmediato: «¡Qué alegría! Mi hija saltó de felicidad cuando le dije que lo había recibido.»
Y así comenzó todo. De vez en cuando nos escribíamos. Me hablaba de los días difíciles y de pequeñas victorias. Trabajaba en una farmacia. Su esposo era camionero de larga distancia. La niña empezó el jardín de infancia. Nunca se quejaba directamente, pero entre líneas se percibía el cansancio.
Un día descubrí que vivíamos cerca la una de la otra. Le propuse encontrarnos para tomar un café. Aceptó. La puerta de la cafetería se abrió. Una mujer delgada, con el cabello recogido y un bolso algo gastado al hombro. A su lado, una niña con vestido rosa y ojos enormes.
— ¿Eres tú?
— Sí.
Nos abrazamos como si nos conociéramos desde hace años. La pequeña me entregó un peluche.
— Es para ti.
En ese instante comprendí que existen lazos que nacen de un gesto pequeño y se convierten en algo infinito.
Hasta hoy seguimos en contacto. Intercambiamos libros, mermelada, pensamientos. Y cada vez que miro esas flores secas y los dibujos, recuerdo una cosa: Nunca sabemos qué vida tocamos cuando elegimos la bondad y la generosidad. A veces basta una sola caja con ropa usada para cambiar dos destinos.

domingo, 8 de febrero de 2026

Tiene sólo nuestras manos

 

Jesús, no tienes manos.
Tienes sólo nuestras manos
para construir un mundo donde reine la justicia.
Jesús, no tienes pies.
Tienes sólo nuestros pies
para poner en marcha la libertad y el amor.
Jesús, no tienes labios.
Tienes sólo nuestros labios
para anunciar al mundo la Buena Noticia de los pobres.
Jesús, no tienes medios.
Tienes sólo nuestra acción
para lograr que todos seamos hermanos.
Jesús, nosotros somos tu Evangelio,
el único Evangelio que la gente puede leer,
si nuestras vidas son obras y palabras eficaces.
Jesús, danos tu amor y tu fuerza
para proseguir tu causa
y darte a conocer a todos cuantos podamos.

jueves, 5 de febrero de 2026

Bienaventurados

        Álvaro Lobo, sj

Bienaventurados los jóvenes
porque pueden imaginar un futuro mejor.
Bienaventurados los novios,
Porque puedan vivir desde el amor.
Bienaventurados los padres,
porque pueden cuidar al estilo de Dios.
Bienaventurados los que entregan la vida por otros,
Porque Dios se lo paga a su manera.
Bienaventurados los que sufren,
Porque Dios les sostiene en sus manos.
Bienaventurados los atrapados por la rutina,
Porque algún día encontrarán sentido.
Bienaventurados los que encuentran su vocación,
Porque Dios les guiará desde lo escondido.
Bienaventurados los que sufren hambre, violencia e injusticias,
Porque son, sencillamente, los preferidos de Dios
.

domingo, 1 de febrero de 2026

Felices

              Fructuoso Mangas

Feliz el que sabe que Dios es su riqueza, porque ha descubierto lo mejor del mundo.
Feliz el que vive la vida con fortaleza, porque un día lo tendrá todo.
Feliz el que desea con ansia “otra cosa”, porque un día se cumplirá su esperanza.
Feliz el que tiene hambre y sed, porque un día comerá en la mesa del Rey.
Feliz el que tiene un corazón grande, porque el Padre un día lo abrazará en su Reino.
Feliz el que vive sin mal o sin mentira, porque un día podrá ver la sonrisa de Dios.
Feliz el que trabaja y vive por la paz, porque Dios mismo vive y trabaja con él.
Feliz el que corre el riesgo y sigue este Camino, porque un día alcanzará la corona de la Vida.

jueves, 29 de enero de 2026

Viniste, Señor, como haces siempre

                 Jaime Foces (Rezando voy)

Viniste, Señor, como haces siempre, a llamar a mi casa.
Un día era el trabajo y me dije «Mañana abro».
Otro, el cansancio, y no te oí.
Un tercero la prisa, y me olvidé de ti.
Y de nuevo llegaste, con tu Luz, a encender mi sombra.
Te creí en el relámpago; mas no estabas allí.
Quise verte en los luceros;
pero solo eran fantasías de mis ojos.
Me sedujeron los fuegos de artificio;
sin embargo, tampoco allí morabas.
Y te encontré en el hermano,
y en la riqueza de darse entero,
y en el sabor de unas lágrimas,
y en la risa cristalina de una niña,
y en la llama temblorosa y amable de un candil.
Y, entonces, te supe, te abrí mi puerta
y me dejé llenar por tu Palabra.