sábado, 20 de diciembre de 2025

Luces de Adviento

                Óscar Cala, sj

En este tiempo de luces,
yo te pido Luz.
Luz para iluminar mis confusiones,
mis líos y ambigüedades.
Luz para enfocar nuevos caminos
y recordar los que ya anduve.
Luz para compartir con otros
que andan apagados o sin norte.
Y Luz para encontrarte,
a Ti que vienes a oscuras,
en la quietud de una noche,
en la ingenuidad de un chiquillo
en las afueras de Belén.

El frasco de arroz y el ratón

               Yaz Reynoso

Un ratón fue puesto en la parte alta de un tarro lleno de granos de arroz, estaba muy contento por haber encontrado tanta comida a su alrededor y ahora es feliz porque no necesita correr a buscar comida.
Mientras disfrutaba de los granos, en unos días, llegó al fondo del frasco. Ahora está atrapado, no puede salir y depende de alguien que le eche más granos para sobrevivir. No tiene opción de elegir, solo recibirá lo que decida su benefactor.
Aquí tienes cuatro lecciones de esta situación:
1ª- Los placeres a corto plazo pueden conducir a un desastre a largo plazo.
2ª- Si las cosas se están volviendo fáciles y estás cómodo, te estás quedando atrapado en modo de supervivencia.
3ª- Cuando no estás usando tu potencial, lo estás perdiendo.
4ª- Si no tomas las medidas correctas en el momento adecuado, terminarás con lo que tienes y no estarás en condiciones de salir de la dependencia.

viernes, 19 de diciembre de 2025

José, hombre justo y fiel

             José Mª Rodríguez Olaizola, sj

Plantó cara a la prudencia y a los chismes.
Siguió la voz interior que le instaba: ‘confía’.
Enseñó, al Dios niño, la mejor imagen de Dios.
Sin pronunciar palabra labró el ‘hágase’ con su historia:
Carpintero y emigrante, peregrino y maestro,
creyente y siervo.
El hombre discreto sigue siendo, hoy,
testigo humilde de la entrega callada,
del sacrificio radical, de la fe capaz de arriesgarlo todo.
Entre sus manos encallecidas, ponemos las nuestras
y tratamos de asomarnos, en su vida,
a la sabiduría de los justos.

El sueño de la Virgen María

José, anoche tuve un sueño muy extraño, como una pesadilla. La verdad es que no lo entiendo. Se trataba de una fiesta de cumpleaños de nuestro Hijo.
La familia se había estado preparando varios días decorando su casa. Se apresuraban de tienda en tienda comprando toda clase de regalos. Parece que toda la ciudad estaba en lo mismo porque todas las tiendas estaban abarrotadas. Pero algo me extrañó mucho: ninguno de los regalos era para nuestro Hijo.
Envolvieron los regalos en papeles lindísimos y les pusieron cintas y lazos muy bellos. Entonces los pusieron bajo un árbol. Si, un árbol, José, ahí mismo dentro de su casa. También decoraron el árbol; las ramas estaban llenas de bolas de colores y ornamentos brillantes. Había una figura en el tope del árbol. Parecía un angelito. Estaba precioso.
Por fin, el día del cumpleaños de nuestro Hijo llegó. Todos reían y parecían estar muy felices con los regalos que entregaban y recibían. Pero fíjate, José, no le dieron nada a nuestro Hijo. Yo creo que ni siquiera se acordaron de él. En ningún momento mencionaron su nombre. ¿No te parece raro, José, que la gente pase tanto trabajo para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen? Me parecía que Jesús se habría sentido como un intruso si hubiera asistido a su propia fiesta de cumpleaños.
Todo estaba precioso, José y todo el mundo estaba tan feliz, pero todo se quedó en las apariencias, en el gusto de los regalos. Me daban ganas de llorar que esa familia no conocía a Jesús. ¡Qué tristeza tan grande para Jesús - no ser invitado a su propia fiesta! Estoy tan contenta de que todo era un sueño, José. ¡Qué terrible si ese sueño fuera realidad!

lunes, 15 de diciembre de 2025

Preparemos los caminos
ya se acerca el Salvador
y salgamos, peregrinos,
al encuentro del Señor.
Ven, Señor, a libertarnos,
ven tu pueblo a redimir;
purifica nuestras vidas
y no tardes en venir.
El rocío de los cielos
sobre el mundo va a caer,
el mesías prometido,
hecho niño, va a nacer.
De los montes la dulzura,
de los ríos leche y miel,
de la noche será aurora
la venida de Emmanuel.
Te esperamos anhelantes
y sabemos que vendrás;
deseamos ver tu rostro
y que vengas a reinar.
Consolaos y alegraos,
desterrados de Sion,
que ya viene, ya está cerca,
él es nuestra salvación.
Gloria al Padre que nos ama,
gloria al Hijo salvador
y al Espíritu divino
toda gloria y todo honor. Amén.

Solo te afecta si lo permites

Cuando Mahatma Gandhi estudiaba Derecho en Londres, un profesor de apellido Peters le tenía manía. Pero el alumno Gandhi nunca le bajó la cabeza y eran muy comunes sus encuentros.
Un día Peters almorzaba en el comedor de la Universidad, Gandhi venía con su bandeja y se sentó a su lado. El profesor muy altanero le dice:
— Estudiante Gandhi, ¡usted no entiende!, un puerco y un pájaro no se sientan a comer juntos.
Gandhi le contesta:
— Esté usted tranquilo profesor, ¡me voy volando! -y se cambió de mesa-.
El profesor Peters lleno de rabia, porque entendió que el estudiante le había llamado puerco, decidió vengarse en el próximo examen, pero el alumno respondió con brillantez a todas las preguntas. Entonces el profesor le hizo la siguiente interpelación:
— Gandhi, si usted va caminando por la calle y se encuentra dos bolsas, una de sabiduría y otra de dinero, ¿Cuál de las dos se lleva?
Gandhi responde sin titubear:
— Claro que el dinero, profesor
El profesor sonriendo le dice:
— Yo, en su lugar, hubiera agarrado la sabiduría, ¿no le parece?
Gandhi responde:
— Cada uno coge lo que no tiene, profesor.
El profesor ya histérico escribe en la hoja de examen: "idiota" y se la devuelve al joven.
Gandhi toma la hoja y se sienta. Al cabo de unos minutos se dirige al profesor y le dice:
— Profesor Peters, usted solo me firmó la hoja, pero no me puso la nota.

MORALEJA: Si permites que una ofensa te dañe, te dañará. Pero si no lo permites, la ofensa volverá al lugar de donde salió

domingo, 14 de diciembre de 2025

Todo lo ha hecho bien

             José Mª R. Olaizola, SJ (Rezando voy)

Hace oír a los sordos, y hablar a los mudos.
Hace soñar a los escépticos
y aterrizar a los ingenuos.
Hace amar a los indiferentes
y resistir a los frágiles.
Hace ver a los ciegos
y caminar a los paralíticos.
Hace dudar a los intransigentes
y ayuda a encontrar a los que buscan.
Hace reír a los que lloran
y llorar a los que matan.
Hace vibrar a los fríos
y arriesgarse a los cobardes.
Hace estremecerse a los crueles
y pone un canto de esperanza en los corazones tristes.
Hace resucitar a los que mueren.
Y allá donde pone su mano,
deja una huella de vida.

El gusano y el escarabajo

  Una historia que nunca deberíamos olvidar...

El Gusano y el Escarabajo eran amigos. Amigos de verdad. Charlaban durante horas, aunque vivían en mundos distintos.
El escarabajo era veloz, ruidoso, de aspecto fuerte. El gusano era lento, callado y frágil. Pero eso nunca fue un problema…
Hasta que alguien lo hizo ver como un problema. Un día, la compañera del escarabajo le preguntó:
— ¿Cómo puedes ser amigo de alguien tan inferior?
— Ni siquiera te saluda desde lejos…
El escarabajo sabía que el gusano no podía verlo a la distancia. Sabía que le costaba moverse. Pero en vez de defenderlo… se quedó callado. Tanto insistió su pareja, que el escarabajo decidió alejarse.
— “Si realmente me aprecia, vendrá a buscarme…” —pensó.
Y sí… el gusano fue. Todos los días. Lento. Sufriendo. Exponiéndose. Pasando junto a nidos de pájaros. Sobreviviendo ataques de hormigas. Pero nunca lo encontró. Y cada noche, se arrastraba de regreso a su hogar, sin fuerzas. Hasta que un día… ya no volvió.
La noticia corrió: el gusano estaba muriendo. Su cuerpo no resistió más.
El escarabajo, al enterarse, corrió sin decir palabra. Y al llegar, encontró al gusano al pie de un árbol… Esperando su final. Con un hilo de vida, el gusano sonrió y dijo:
— Qué bueno que estás bien… me preocupaba que te hubiera pasado algo.
Y se fue… en paz. Sabiendo que su amigo estaba a salvo.
El escarabajo se quedó en silencio. Llorando. Arrepentido por dejarse llenar de dudas. Por no haber escuchado a su corazón.
Ese día aprendió lo que nunca debió olvidar: La amistad real no entiende de formas, velocidades ni apariencias. Lo que destruye una relación no es la distancia… son las dudas. Quien juzga lo diferente, se pierde la oportunidad de amar algo único.
El escarabajo murió tiempo después. Nunca culpó a nadie. Porque entendió que fue su decisión alejarse.

No sé si tú eres el gusano, o el escarabajo. Pero si esta historia te ha tocado el corazón… no dejes que nadie te aleje de quien te quiere. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos.”