domingo, 18 de octubre de 2026

Himno al domingo, día del Señor

        Liturgia de las Horas

Es domingo; una luz nueva resucita la mañana
con su mirada inocente, llena de gozo y de gracia.
Es domingo; la alegría del mensaje de la Pascua
es la noticia que llega siempre y que nunca se gasta.
Es domingo; la pureza no solo la tierra baña
que ha penetrado en la vida por las ventanas del alma.
Es domingo; la presencia de Cristo llena la casa:
la Iglesia, misterio y fiesta, por él y en él convocada.
Es domingo; «este es el día que hizo el Señor», es la Pascua,
día de la creación nueva y siempre renovada.
Es domingo; de su hoguera brilla toda la semana
y vence oscuras tinieblas en jornadas de esperanza.
Es domingo; un canto nuevo toda la tierra le canta
al Padre, al Hijo, al Espíritu, único Dios que nos salva. Amén.

Todos le llamaban “la tonta”

En un pueblo indio había una niña a la que llamaban “la tonta”. Un visitante extranjero oyó hablar de la niña y quiso averiguar por qué la llamaban así. Un día de mercado, la vio entre un grupito de gente, se acercó y observó en silencio.
Algunos de los presentes, le enseñaban una moneda de 100 rupias en una mano y otra de 5 rupias en la otra, y le daban a elegir. La niña, pensativa, acababa siempre eligiendo la moneda de 5 rupias y con ello causaba grandes risotadas en la concurrencia.
- ¡Es tonta! ¡ja, ja, ja! - Se reían todos.
Con el afán de burlarse de la muchacha, repetían una y otra vez el experimento, acabando siempre con la misma risa.
El extranjero, indignado de la situación, llamó a la niña aparte y le dijo:
- Pero niña, ¿cómo consientes tantas burlas, que se rían de ti y que te llamen tonta? Cuando te ofrezcan las monedas, no seas tonta y elige la de 100 rupias, que tiene veinte veces más valor y así evitarás que se burlen de ti.
La niña entonces, le contestó:
- Señor, yo no soy idiota. Si eligiera la moneda de 100 ganaría una vez, pero no provocaría la risa ni el deseo de repetir la prueba de nuevo; mientras que eligiendo siempre la de 5, he reunido muchísimo más de 100 rupias y ellos siempre tienen ganas de darme 5 más para seguir riéndose.
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Esta muchacha parecía tonta, pero en verdad, era más lista y pilla que todos los demás.

viernes, 16 de octubre de 2026

Sin excusas

          J. Mª R. Olaizola

Te seguiré, aunque a mi modo,
a mi tiempo, con mi equipaje.
No es que no quiera.
Tú vete yendo que ya te alcanzo.
Aún no. Así no.
Excusas y aplazamientos
Mal comienzo para un viaje.
Me miras, firme, y me desarmas.
‘Lo quiero todo’ -dices-.
A mi modo. Ahora. Sin evasivas ni regateos.
Me descolocas. ¿Acaso no entiendes de estrategias?
Mala publicidad es esta que no maquilla la exigencia.
Extraña diplomacia gastas, pidiendo renuncias
y prometiendo intemperies.
Y, sin embargo, hay más verdad y pasión en tu llamada
que en todos los espejismos de este mundo turbulento.
Ahora. Y a tu modo, Señor.

Las apariencias engañan

En una prestigiosa universidad de Sudamérica, el primer día de clase, se encontraba en la biblioteca un hombre vestido de vaqueros, camiseta de cuadros, pelo largo y unas zapatillas muy usadas. En sus manos llevaba varios libros.
– ¿Quién es ese hombre?, era la pregunta general.
– Es un profesor de Física, y viene del extranjero -fue la respuesta, con la siguiente historia:
Caminando por el campus, se dirigió hacia las oficinas de la secretaría de la universidad. Una vez allí, pidió, en un español poco fluido, una entrevista con el decano. Le indicaron que estaba en una reunión con un grupo de profesores. El hombre insistió en verlo. La secretaria lo buscó, y al rato salió el decano a verlo.
Después de saludarlo, el hombre le dijo:
– Vengo a pedir trabajo como profesor de Física.
El decano miró su apariencia de arriba abajo. Su aspecto era la antítesis de un profesor universitario. De pronto, el decano dibujó una leve sonrisa en su rostro y lo invitó a que lo acompañara. Entraron en una sala donde había una media docena de profesores universitarios. El decano le dijo:
– Hace poco recibimos este libro como texto guía. Estamos aquí intentando solucionar unos problemas de Física. Si usted es capaz de resolverlos, lo contrato como profesor.
El hombre tomó el texto, se dirigió a una pizarra y tranquilamente comenzó a resolver uno a uno los problemas que le habían indicado. El resto de profesores cambiaron poco a poco la sonrisa de burla que tenían en sus rostros por una cara de asombro.
Cuando terminó, el decano, atónito, le dijo casi tartamudeando:
– ¿Cómo ha podido hacerlo? ¡Llevamos aquí varios días sin poder resolver estos teoremas!
El hombre, respondió simplemente, con sencillez:
– Yo soy el autor del libro.
Ni que decir tiene que inmediatamente fue admitido como profesor de física en esa universidad.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Oración por la familia

          Me gustó mucho

Que donde hubo lágrimas, Dios ponga consuelo.
Donde hubo enfermedad, traiga fortaleza.
Donde hubo división, nazca el perdón.
Donde faltó esperanza, vuelva a florecer la fe.
Que Dios cuide a tus hijos, proteja a tus padres,
bendiga tu hogar y acompañe a cada ser querido
que llevas dentro del corazón.
Que nunca falte el pan en tu mesa,
la salud en tu familia,
el amor entre vosotros
y la presencia de Dios en cada día.
Señor, bendice mi familia, protégenos de todo mal,
danos salud, paz, unión y fe.
Y si algún día llegan las lágrimas,
no permitas que nos falte la fuerza para seguir.
Que nuestra casa sea refugio,
que nuestra mesa sea bendecida
y que nunca nos alejemos de Ti.

El chino y el caballo

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día su hijo le dijo:

— "Padre, qué desgracia, se nos ha ido el caballo".
— "Veremos lo que trae el tiempo...", respondió su padre
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo. Unos días después, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se rompió una pierna.
— "Padre, qué desgracia, me he roto la pierna".
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
— "Veamos lo que trae el tiempo...".
El muchacho se lamentaba. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Fueron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron buscando. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia, ni la fortuna como absolutas, sino que hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.
La moraleja de este antiguo relato chino es que la vida da muchas vueltas, y su desarrollo es a veces tan paradójico su desarrollo, que muchas veces lo que parece malo luego resulta bueno, y al revés. Hay que saber esperar, y sobre confiar en Dios, porque todo es para bien. ¡Cuántas veces los juicios apresurados, impacientes, impiden ver más alto y más lejos!

domingo, 11 de octubre de 2026

¡Venid a la fiesta!

                 Florentino Ulibarri

Los que a nada sois invitados...
¡Venid a la fiesta!
Los que estáis solos y sin futuro...
¡Venid a la fiesta!
Los que tenéis hambre y no trabajo...
¡Venid a la fiesta!
Todos los despreciados y humillados...
¡Venid a la fiesta!
Los sin nombre y sin historia...
¡Venid a la fiesta!
Los que no sois sino recursos humanos...
¡Venid a la fiesta!
Los que sufrís la risa y la miseria...
¡Venid a la fiesta!
Los nadie de ahora y siempre...
¡Venid a la fiesta!
¡Vamos a tu fiesta, Señor!