domingo, 11 de octubre de 2026

¡Venid a la fiesta!

                 Florentino Ulibarri

Los que a nada sois invitados...
¡Venid a la fiesta!
Los que estáis solos y sin futuro...
¡Venid a la fiesta!
Los que tenéis hambre y no trabajo...
¡Venid a la fiesta!
Todos los despreciados y humillados...
¡Venid a la fiesta!
Los sin nombre y sin historia...
¡Venid a la fiesta!
Los que no sois sino recursos humanos...
¡Venid a la fiesta!
Los que sufrís la risa y la miseria...
¡Venid a la fiesta!
Los nadie de ahora y siempre...
¡Venid a la fiesta!
¡Vamos a tu fiesta, Señor!

El leopardo y el fuego

Según un cuento africano, antiguamente el leopardo y el fuego eran amigos. El leopardo vivía, como ahora, en la selva, y el fuego en una caverna. A veces el leopardo hacía largas caminatas para ir a ver a su amigo. Un día le dijo:

— "¿Por qué no me devuelves mis visitas? ¿Y por qué te estás aquí metido siempre en la caverna en compañía de estas piedras negras?"
—  "Es mucho mejor que yo esté aquí –respondió el fuego-. Si salgo, puedo ser muy peligroso."
Pero el leopardo insistió tanto, que al fin su amigo dijo:
— "Bueno, pero primero limpia cuidadosamente la explanada que hay delante de la caverna".
El leopardo era algo perezoso, así que arrancó la hierba, pero dejó alguna que otra hoja seca. Cuando el fuego salió de la caverna, se transformó en seguida en un gran incendio que, impulsado por el viento, llegó hasta la copa de los árboles. El leopardo, aterrorizado, se puso a correr de un lado para otro y se le quemó la piel.
Por eso todavía hoy el leopardo lleva las señales de las quemaduras y, cuando ve a lo lejos a su amigo el fuego, huye como un loco.
Moraleja: los perezosos y los inconstantes pierden hasta los amigos. 

sábado, 10 de octubre de 2026

¡Gracias, Padre! (canción)

        Susana Melero. Álbum Con vosotros estoy

Gracias, Padre, porque das de lo tuyo a los sencillos.
Gracias, Padre, porque das solo a ellos tu verdad.
Porque quieres en tu Reino gente con ojos de niño,
que se asombre de la Gracia que acaricia con tu espíritu
lo pequeño, lo olvidado, lo robado, lo escondido…
Porque quieres en tu Reino gente de corazón limpio.
Porque moldearon tus manos de ternura complacido
a una joven transparente para madre de tu Hijo.
Padre de lo cotidiano, de lo desapercibido,
Dios del honrado y del pobre
¡yo te alabo y te bendigo!

Cambio de rostro

A Leonardo Da Vinci le llevo siete años completar su famosa obra titulada "La Última Cena". Las figuras que representan a los 12 apóstoles y a Jesús fueron tomadas de personas reales. La persona que sería el modelo para ser Cristo fue la primera en ser seleccionada. Cuando se supo que Da Vinci pintaría esa obra, cientos de jóvenes se presentaron ante él para ser seleccionados. Da Vinci buscaba un rostro que mostrara una personalidad inocente, pacífica y a la vez bella. Buscaba un rostro libre de las cicatrices y rasgos duros que deja la vida intranquila del pecado. Finalmente, después de unos meses de búsqueda seleccionó a un joven de 19 años de edad como modelo para pintar la figura de Jesucristo.
Durante seis meses trabajó para lograr pintar al personaje principal de esa obra. Durante los seis siguientes años, Da Vinci continuó su obra buscando las personas que representarían a 11 apóstoles, y dejó para el final a aquel que representaría a Judas. Estuvo buscando durante semanas un hombre con una expresión dura y fría. Un rostro marcado por cicatrices de avaricia, decepción, traición, hipocresía y crimen. Un rostro que identificaría a una persona que sin duda traicionaría a su mejor amigo.
Después de muchos intentos fallidos en la búsqueda de este modelo llegó a los oídos de Leonardo Da Vinci que había un hombre con estas características en el calabozo de Roma. Este hombre estaba sentenciado a muerte por haber llevado una vida de robos y asesinatos. Da Vinci vio ante él a un hombre cuyo pelo caía sobre el rostro escondiendo dos ojos llenos de rencor, odio y ruina. Al fin había encontrado a quien modelaría a Judas en su obra.
Gracias a un permiso del rey, este prisionero fue trasladado a Milán al estudio del maestro. Durante varios meses este hombre se sentó silenciosamente frente a Da Vinci mientras el artista continuaba con la ardua tarea de plasmar en su obra al personaje que había traicionado a Jesús. Cuando Leonardo dio la última pincelada se volvió a los guardias y dio la orden de que se llevaran al prisionero. Cuando salía, se volvió hacia Leonardo Da Vinci y le dijo:
— "¡Da Vinci! ¡Obsérvame! ¿No reconoces quién soy?".
El artista lo observó cuidadosamente y respondió:
— "Nunca te había visto hasta aquella tarde en el calabozo de Roma".
El prisionero levantó los ojos y dijo:
— "¡Mírame bien, soy aquel joven cuyo rostro escogiste para representar a Cristo hace siete años...!"

martes, 6 de octubre de 2026

Himno de súplica

 Himno de Laudes

Padre nuestro, Padre de todos,
líbrame del orgullo de estar solo.
No vengo a la soledad
cuando vengo a la oración,
pues sé que, estando contigo,
con mis hermanos estoy;
y sé que, estando con ellos,
tú estás en medio, Señor.
No he venido a refugiarme
dentro de tu torreón,
como quien huye a un exilio
de aristocracia interior.
Pues vine huyendo del ruido,
pero de los hombres no.
Allí donde va un cristiano
no hay soledad, sino amor,
pues lleva toda la Iglesia
dentro de su corazón.
Y dice siempre «nosotros»,
incluso si dice «yo».

Camino del instituto

Iba camino del instituto para un ensayo, cuando pasé delante de la casa de Dave, que había sido mi mejor amigo antes de rechazarme porque yo había dejado el mundo de las drogas. No sé cómo se me ocurrió entrar a saludarle de él, pues estaba a punto de terminar los estudios.
Dave bajaba por la escalera con su abrigo, pero me invitó a subir. Al principio la situación resultó muy tensa, pero después empezamos a hablar y hablar y reír y a contarnos todo tipo de anécdotas. Lo que iba a durar 15 minutos duró más de dos horas. ¡Nunca llegué al ensayo!
— Pero Dave, tú ibas a salir, le dije al fin.
De repente cambió su expresión.
— ¿Por qué has venido esta noche?, me preguntó.
— Sólo para despedirme.
— Pero, ¿por qué esta noche precisamente?
— Pues... no lo sé.
— Iba a ahorcarme. –dijo enseñándome una soga de dos metros con un nudo corredizo-.
Rompió a llorar y me pidió que rezara por él. Nos abrazamos y empecé a rogar por él en aquel mismo instante. De camino a casa le dije a Dios:
— Señor, yo no sabía lo que Dave iba a hacer, pero Tú sí lo sabías, ¿verdad? Si puedes servirte de alguien como yo para ayudar a un pobre chico como Dave..., aquí estoy, Señor, úsame.

(Tomado de Scott y Kimberly Hahn, "Roma, dulce hogar", p.24. [Scott, que después se convertiría al catolicismo, era entonces pastor presbiteriano]).

lunes, 5 de octubre de 2026

Himno de Acción de gracias

             Himno de Laudes

Gracias, Señor, por esta agua que llega
del aire hasta los campos, hasta el bosque y el huerto;
gracias por tu palabra que riega este desierto
del alma, prometiendo las horas de la siega.
Gracias por tanta gracia, tanta cuidada entrega,
por el sol que calienta este corazón yerto;
gracias por estas flores primeras que han abierto
ojos de luz a tanta claridad honda y ciega.
Gracias porque te he visto latiendo en los bancales,
favoreciendo, urdiendo los tiernos esponsales
del verdor con la tierra, la rosa con la rama.
Gracias porque nos enseñas a ser en lo que era
al olvidar mis estiajes en esta primavera;
gracias porque es llegado el tiempo del que ama. Amén