Florentino Ulibarri
Haced discípulos míos, no maestros; haced personas, no esclavos;
haced caminantes, no gente asentada; haced servidores, no jefes.
Haced hermanos.
Haced creyentes, no gente creída;
haced buscadores de verdad, no amos de certezas;
haced creadores, no copiadores; haced ciudadanos, no extranjeros.
Haced hermanos.
Haced poetas, no pragmáticos;
haced gente de sueños y memoria, no de títulos, arcas y mapas;
haced personas arriesgadas, no espectadores.
Haced hermanos.
Haced profetas, no cortesanos; haced gente inquieta, no satisfecha;
haced personas libres, no leguleyas; haced gente evangélica, no agorera.
Haced hermanos.
Haced sembradores, no coleccionistas; haced artistas, no soldados;
haced testigos, no inquisidores; haced amigos de camino, no enemigos.
Haced hermanos.
Haced personas de encuentro, con entrañas y ternura,
con promesas y esperanzas, con presencia y paciencia,
con misión y envío.
Haced hermanos.
Haced discípulos míos; dadles todo lo que os he dado;
descargad vuestras espaldas y sentíos hermanos.
domingo, 17 de mayo de 2026
Ascensión de Jesús al cielo
Nora y el perro Teo
Un vehículo en el paso de cebra. Un segundo que lo cambió todo. Y el mundo tal como lo conocíamos desapareció de golpe. Físicamente fue recuperándose. Pero Nora dejó de hablar. Primero las respuestas se fueron haciendo más cortas. Luego se limitaba a asentir o negar con la cabeza. Y finalmente silencio completo.
Los especialistas lo diagnosticaron de origen traumático: el cerebro a veces construye una muralla para protegerse del daño. Que requería paciencia y podía prolongarse durante meses... Fueron dos años. Durante ese tiempo probamos todo lo que estaba en nuestra mano. Psicólogos, una especialista en trauma infantil, terapia de juego, terapia de expresión corporal, con elementos naturales. Nora participaba en cada sesión. Estaba allí, con una mirada de alguien que ha aprendido a existir en silencio.
En casa acomodamos nuestra forma de vivir. Bajamos el tono de voz, pusimos música suave de fondo, intentamos no ejercer ninguna presión sobre ella. Su hermano mayor Marcos desarrolló con ella un sistema de señas propias que solo entendían los dos. Yo aprendí a interpretar sus gestos: un movimiento de hombros, el ritmo de su respiración, la forma de enlazar sus dedos con los míos cuando algo le agradaba.
Mi hermana Beatriz es voluntaria desde hace años en una fundación de terapia asistida con animales que trabaja en la zona de Granada. Cuando vino a visitarnos lo hizo acompañada de Teo, un labrador de doce años. Tiene ya el morro casi blanco de canas, se mueve despacio, y tiene la serenidad de los perros mayores y sabios. Beatriz me contó que llevaba más de seis años trabajando con niños en hospitales, centros educativos y domicilios particulares.
Le pedí intentarlo. Sin hacernos ilusiones. El primer día Nora lo miró desde el otro extremo de la habitación y no se aproximó. Teo tampoco avanzó hacia ella. Se tumbó en el suelo, en el espacio intermedio entre los dos, y cerró los ojos como diciendo ‘estoy aquí, no tengo ninguna prisa’.
El segundo día Nora se sentó en el suelo, a algo más de un metro de distancia. Sin tocarlo. Solo los dos compartiendo el mismo silencio. Yo los observaba desde el pasillo, conteniendo el aliento.
El tercer día estaba en la cocina cuando percibí una voz. La voz inconfundible de mi hija. Caminé hasta el salón y me detuve en el marco de la puerta, paralizada.
Nora estaba en el suelo con las piernas cruzadas. Teo tenía el morro apoyado sobre sus rodillas. Y ella le hablaba. Sin mirarme a mí. Hablándole a él. Contándole algo que yo no alcanzaba a descifrar — sus palabras eran apenas un murmullo. Tuve que apoyar la espalda contra la pared del pasillo porque las piernas se tambaleaban.
No entré en el salón. Me quedé allí con ambas manos tapándome la boca y llorando. Lloré dos años de silencio, de noches con el grifo abierto, dos años de haber aprendido a entender el mundo a través de gestos porque no existían las palabras.
Ese día no llamé a ningún médico. Llamé a mi madre. Y cuando ella descolgó, fui yo la que no pudo hablar.
Eso fue hace ocho meses. Nora continúa con la recuperación. Todavía hay jornadas duras, instantes en que las palabras se le atascan en la garganta. Pero habla. Le cuenta historias a su hermano. Me pregunta qué hay de cenar. Se ríe, con esa risa suya que creí que no volvería a escuchar.
Teo sigue viniendo los miércoles. Nora lo espera junto a la puerta desde diez minutos antes. No sé qué pasó aquel día entre ellos. Qué le contó ella, qué comprendió él. Solo sé que un perro viejo con el hocico lleno de canas logró en setenta y dos horas lo que dos años de tratamientos no habían podido conseguir.
Hay momentos en que pienso que los animales perciben dimensiones que a nosotros se nos escapan. Que acceden a lugares a los que el lenguaje humano no puede llegar.
viernes, 15 de mayo de 2026
Oración a san Isidro
J. Leoz
Ayúdanos a descubrir el valor de la vida sencilla y oculta
Empújanos a regar, sin medida, no sólo nuestra vida, también las de los demás
Aliéntanos a mantenernos en pie frente a la envidia o la crítica
Anímanos a sembrar valores e inquietudes cristianas
Invítanos a convertir el desazón en sincera y sufrida plegaria
Ábrenos en medio del trabajo a buscar el horizonte de la oración
Empújanos con la tenacidad a ser insistentes en lo bueno
Ayúdanos con la humildad a reconocer nuestras fragilidades
Estimúlanos con la yunta a trabajar nuestro corazón
Refréscanos con el agua para que nuestros sembrados sean cosechados
Confórtanos con la obediencia a dirigir nuestra vida al Señor
Acompáñanos con la fe a tocar con nuestras manos la presencia de Dios
Instrúyenos con la caridad a dar sin mirar cuánto, ni a quién
Condúcenos con el amor a descubrir amigos por los caminos
Rodéanos con la soledad para vivir en la presencia de Dios
Multiplícate con nuestros brazos para trabajar por los demás
Clarifica nuestros ojos para ver la siembra de nuestras manos
Pon en marcha nuestros pies para caminar por los senderos de Jesús
Promueve nuestra paciencia para esperar y no abandonar
Sonríenos con la alegría para vivir en la tierra con aires de eternidad. Amén
El milagro del pozo de San Isidro
Cuenta la tradición que en una ocasión en que el San Isidro se encontraba trabajando el campo, su mujer y el niño quedaron en casa. En un descuido, el pequeño cayó a un pozo seco de 27 metros de profundidad.
Cuando el santo llegó al hogar encontró a su esposa desesperada y lamentándose por la desgracia.
Los padres intentaron sacarlo pero resultaba imposible por la profundidad del pozo. Entonces se arrodillaron y con toda la fe comenzaron a rezar pidiéndole a Dios fortaleza de ánimo para aceptar su voluntad. Creían que el pequeño no había sobrevivido a la caída.
Sin embargo, mientras hacían esto, las aguas del aljibe comenzaron súbitamente a subir hasta que el pequeño quedó al alcance de la mano sano y salvo.
miércoles, 13 de mayo de 2026
Ave María de Fátima
bajó de los cielos a Cova de Iría
Ave, ave, ave, María(bis)
A tres pastorcitos, la Madre de Dios
descubre el misterio de su corazón
Ave, ave, ave, María(bis)
Haced penitencia, haced oración
por los pecadores, implorad perdón.
Ave, ave, ave, María(bis)
El Santo Rosario, constantes rezad
y la paz del mundo el Señor dará.
Ave, ave, ave, María(bis)
De vuestros hijitos ¡oh Madre! escuchad
la tierna plegaria y dadnos la paz
Ave, ave, ave, María(bis)
¡Qué llena de encantos se ofrece María!…
¡qué bella y qué pura en Cova de Iría!
Ave, ave, ave, María(bis)
Habilidades y problemas
Hace mucho no leía una reflexión como está. Te la comparto...
El Buitre: si pones a un buitre en un cajón que mida 2x2m y que esté completamente abierto por la parte superior, está ave a pesar de su habilidad para volar, será un prisionero absoluto. La razón es que el buitre siempre comienza el vuelo desde el suelo con una carrera de tres a cuatro metros. Sin espacio para correr, como es su hábito, ni siquiera intentará volar sino que quedará prisionero de por vida en una pequeña cárcel sin techo...
El Murciélago: el murciélago ordinario que vuela por todos lados durante la noche es una criatura sumamente hábil en el aire, pero no puede elevarse desde un lugar a nivel del suelo. Si se le coloca en el suelo en un lugar plano todo lo que puede hacer es arrastrarse indefenso y sin dudas dolorosamente hasta alcanzar algún sitio ligeramente elevado del cual se pueda lanzar hacia el aire, entonces, inmediatamente despega a volar...
La Abeja: la abeja al ser depositada en un recipiente abierto, permanecerá allí hasta que muera, a menos que sea sacada del mismo. Nunca ve la posibilidad de escapar que existe por encima de ella, sin embargo persiste tratando de encontrar alguna forma de escape por los laterales cerca del fondo. Seguirá buscando una salida donde no existe ninguna, hasta que se agota por completo.
Las Personas: en muchas formas somos como el buitre, el murciélago o la abeja Afrontamos nuestros problemas y frustraciones, sin darnos cuenta que todo lo que tenemos que hacer es mirar hacia arriba. Esa es la respuesta, la ruta de escape y la solución a cualquier problema. ¡Solo mira hacia arriba!
La tristeza mira hacia atrás… la preocupación mira alrededor… la depresión mira hacia abajo... pero la FE siempre mira hacia arriba… porque allá esta el Todopoderoso… la fuerza para superar los problemas, la paz y la felicidad.
domingo, 10 de mayo de 2026
Comunión
¿Cómo es que quieres acercarte tú a mi casa?
¿Cómo, si yo apenas te visito?
¿Cómo, si muchas veces no entro siquiera a saludarte?
¿Cómo, si pienso que a nadie, a ti tampoco, le he importado?
Y, sin embargo, estás, día tras día, esperando que quizás hoy cruce tu puerta,
ansioso de que llegue a ti y te mire, con tus brazos en cruz, de par en par abiertos.
Padre, ayúdame a encontrarte,
en la mirada limpia de los niños, en las prisas de este mundo mío,
en los esfuerzos que hacen los hermanos por llevar, cada jornada,
la cultura y el pan hasta su casa.
En tu Casa, Señor, en la penumbra.
En las calles abiertas a la gente.
En la risa y el llanto de mi vida cotidiana.
En la respiración, el aire, el humo de la hoguera
que arde en tu corazón… ya sé que por mi causa.