Señor, dame la valentía de arriesgar la vida por ti,
el gozo desbordante de gastarme en tu servicio.
Dame, Señor, alas para volar
y pies para caminar al paso de las personas necesitadas;
y entrega para “dar la vida” desde la vida, la de cada día.
Infúndenos, Señor, el deseo de darnos y entregarnos,
de dejar la vida en el servicio a los débiles.
Señor, haznos constructores de tu vida, propagadores de tu reino,
ayúdanos a poner la tienda en medio de la humanidad,
para llevarles el tesoro de tu amor que salva.
Haznos, Señor, dóciles a tu Espíritu,
para ser conducidos a dar la vida desde la cruz,
desde la vida que brota cuando el grano muere en el surco.
A veces, también nosotros queremos enseñar a Dios
a hacer las cosas, como Pedro.
No nos dejamos sorprender por Jesús.
domingo, 30 de agosto de 2026
Otras cruces
Enséñale a rugir
Pero en lugar de lanzarse al ataque, la leona se acercó con calma.
— ¿Todo bien, mi chica? -preguntó la leona con una voz firme, pero llena de ternura.
La mujer, sorprendida, dio un paso atrás.
— Estoy embarazada... y tengo un miedo que no me suelta. Quiero proteger a mi criatura, que no sufra, que no le falte nada. Pero no sé si lo estoy haciendo bien.
La leona se sentó a su lado y la miró con esos ojos sabios que solo dan los años.
— Yo también soy mamá -dijo-. Y aunque la naturaleza a veces es pequeña, he aprendido algo muy importante: la sobreprotección solo cría debilidad.
Cuando mis cachorros nacen, los cuido con toda mi alma. Pero en cuanto crecen, dejo que se rocen con el mundo. No es porque no los quiera... al contrario, es porque los amo demasiado como para condenarlos a depender de mí para siempre.
La mujer escuchaba con el corazón en la mano.
— ¿Y si les pasa algo malo? ¿Y si los atacan?
La leona bajó la mirada un segundo.
— A veces pasa. A veces se caen y se dan sus buenos porrazos. Pero yo no puedo rugir por ellos. No puedo pasarme la vida cazando por ellos. Yo solo puedo enseñarles el camino. Pero el zarpazo, lo tienen que dar ellos solitos.
— ¿No te duele eso? -preguntó la mujer bajito.
— Cada vez que los veo fallar, el corazón se me encoge -respondió la leona-. Pero me dolería más verlos crecer sin fuerzas, inseguros, sin saber cómo rascarse con sus propias uñas. Mis cachorros tienen que entender que nada llega gratis. Hay que aprender a esforzarse el lomo y luchar.
— Entonces... ¿tengo que dejar que mi hijo se equivoque?
La leona se puso de pie y, antes de irse, le dijo:
— Deja que aprenda a rugir. No le quites la oportunidad de descubrir su propia fuerza. Quédate ahí cerquita, guíalo... pero no hagas todo por él. Los hijos no necesitan madres que los escondan del mundo, sino madres que los preparen para enfrentarlo.
La mujer se acarició la tripa con ternura. Y por primera vez -en lugar de solo querer proteger- le regaló a su hijo la libertad.
— Gracias, mamá leona.
viernes, 28 de agosto de 2026
Tarde te amé
San Agustín, en el día de su fiesta
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba;
y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo.
Me retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti;
gusté de ti, y siento hambre y sed;
me tocaste, y me abrase en tu paz.
Leyenda del Baobab
Este árbol tan peculiar se encuentra en las sabanas africanas. Hace miles de años, los dioses llenaron el mundo de vida, plantas y animales por todos lados. Desde su paraíso en el cielo veían una de sus más bellas creaciones, era el baobab.
El baobab era un árbol muy grande y fuerte con flores preciosas en sus copas y por ser el árbol más bello, los dioses decidieron darle el don de la inmortalidad. Gracias a esto, los baobabs podían crecer muchísimo más que el resto de los árboles. Eran plantas fuertes, sus troncos eran enormes y era imposible derribarlos. El baobab era tan grande que con su copa empezó a apropiarse de la luz y dejaba al resto de las plantas y animales bajo su sombra sin poder gozar de la luz solar. Gracias a esto, el baobab crecía más y más fuerte, mientras que las otras plantas apenas crecían con los resquicios de luz que pasaban entre las copas del baobab.
Un día, el baobab, dándose cuenta de su fuerza y su majestuosidad, pensó que era digno de estar junto a los dioses, así que crecería y crecería hasta llegar a su paraíso.
El baobab pensó que era un dios como los que lo habían creado. Pero ese fue su error: la arrogancia y el egoísmo del baobab hizo que los dioses se enfadaran. La furia de los dioses castigaron al baobab para que aprendiera la lección.
A la mañana siguiente el baobab se dio cuenta de que sus flores ya no estaban y que sus copas no eran preciosas como antes. Los dioses habían castigado al grandioso árbol haciendo que creciera al revés, con las raíces hacia el cielo y las flores bajo tierra. Este es el motivo por el cual el baobab tiene esa forma tan peculiar. Y es uno de los árboles más hermosos.
jueves, 20 de agosto de 2026
Oración a la Virgen
San Bernardo, Abad del Císter
¡Acordaos, oh piadosa Virgen María!, que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que haya acudido a Ti,
implorado tu asistencia y reclamado tu socorro,
haya sido abandonado por Ti.
Animado con esta confianza, a Vos también acudo,
oh Virgen, Madre de la vírgenes,
y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante tu presencia Soberana.
No deseches, oh purísima Madre de Dios, mis humildes súplicas,
antes bien, escuchadlas favorablemente. Amén
El Candado Mágico
¿Y sabes por qué estaba triste? Porque desde hacía mucho tiempo nadie lo usaba. Todos los cofres del taller se abrían solos y las puertas ya no necesitaban llave.
Una tarde soleada, mientras jugaban al escondite por el taller, dos hermanitos traviesos llamados Sofía y Lucas descubrieron a Don Candi entre unas cajas de juguetes viejos.
— ¡Mira esto! -exclamó Sofía-. ¡Un candado brillante! Parece sacado de un cuento de piratas.
Lucas lo tocó con la punta de su dedo y preguntó:
— ¿Para qué sirve, abuelo? -le preguntó a su abuelo, que pasaba con una taza de chocolate caliente.
El abuelo sonrió, se agachó y les dijo:
— Los candados sirven para cuidar los grandes tesoros y mantener las cosas importantes a salvo, pero este candado es muy especial. Solo se abre con la llave correcta... que es una sonrisa y una buena acción.
Sofía y Lucas se miraron entusiasmados. Querían inventar un gran tesoro que proteger. Así que corrieron a buscar una caja de cartón, la pintaron de azul con estrellas doradas y dentro guardaron su mayor secreto: una colección de dibujos divertidos, piedritas brillantes que encontraron en el jardín y un frasco de hacer burbujas de jabón.
— ¡Listo! Este es nuestro cofre secreto del club de exploradores -dijo Lucas muy orgulloso.
Tomaron a Don Candi, pasaron su argolla brillante por las argollas de la caja y dieron un giro suave: ¡clac! El candado quedó cerrado y seguro.
Pero al segundo, Lucas se dio cuenta de algo:
— ¡Oh no! ¿Y ahora quién tiene la llave? ¡Queríamos enseñarle los dibujos a mamá!
Don Candi, al escuchar la preocupación de los niños, decidió hacer un pequeño truco de magia secreta. Recordó lo que había dicho el abuelo: «Se abre con una sonrisa y una buena acción».
En ese instante, Sofía le regaló un fuerte abrazo a su hermano y le dijo:
— No te preocupes, Lucas, te ayudo a ordenar tus juguetes para que juguemos juntos otra vez.
Al ver ese gesto de amor entre hermanos, Don Candi sintió un calorcillo en su interior. Su cerradura dio un giro mágico por sí sola y... ¡clic, clac! El candado se abrió con un sonido alegre de campanillas.
Los niños aplaudieron emocionados y saltaron de alegría. Aprendieron que los candados cuidan las cosas con llave, pero que los mejores tesoros se guardan con cariño, generosidad y alegría en el corazón.
Desde entonces, Don Candi ya nunca más estuvo triste. Vivió feliz en el cofre de Sofía y Lucas, cuidando sus secretos más hermosos.
domingo, 16 de agosto de 2026
Oración en la fiesta de San Roque
Acompáñanos como peregrinos en nuestro caminar.
Ayúdanos a superar lo que nos divide y a vivir unidos.
Cuando surjan obstáculos en el camino,
danos fuerzas para no rendirnos.
Enséñanos a ser testigos del amor
hasta entregar la vida como tú.
Haznos testigos enviados a anunciar con alegría
la buena noticia de Jesús.
Que toda nuestra vida sea servicio a los demás,
especialmente a los pobres y últimos.
San Roque peregrino, ruega por nosotros
y por toda la humanidad.
