viernes, 16 de octubre de 2026

Sin excusas

          J. Mª R. Olaizola

Te seguiré, aunque a mi modo,
a mi tiempo, con mi equipaje.
No es que no quiera.
Tú vete yendo que ya te alcanzo.
Aún no. Así no.
Excusas y aplazamientos
Mal comienzo para un viaje.
Me miras, firme, y me desarmas.
‘Lo quiero todo’ -dices-.
A mi modo. Ahora. Sin evasivas ni regateos.
Me descolocas. ¿Acaso no entiendes de estrategias?
Mala publicidad es esta que no maquilla la exigencia.
Extraña diplomacia gastas, pidiendo renuncias
y prometiendo intemperies.
Y, sin embargo, hay más verdad y pasión en tu llamada
que en todos los espejismos de este mundo turbulento.
Ahora. Y a tu modo, Señor.

Las apariencias engañan

En una prestigiosa universidad de Sudamérica, el primer día de clase, se encontraba en la biblioteca un hombre vestido de vaqueros, camiseta de cuadros, pelo largo y unas zapatillas muy usadas. En sus manos llevaba varios libros.
– ¿Quién es ese hombre?, era la pregunta general.
– Es un profesor de Física, y viene del extranjero -fue la respuesta, con la siguiente historia:
Caminando por el campus, se dirigió hacia las oficinas de la secretaría de la universidad. Una vez allí, pidió, en un español poco fluido, una entrevista con el decano. Le indicaron que estaba en una reunión con un grupo de profesores. El hombre insistió en verlo. La secretaria lo buscó, y al rato salió el decano a verlo.
Después de saludarlo, el hombre le dijo:
– Vengo a pedir trabajo como profesor de Física.
El decano miró su apariencia de arriba abajo. Su aspecto era la antítesis de un profesor universitario. De pronto, el decano dibujó una leve sonrisa en su rostro y lo invitó a que lo acompañara. Entraron en una sala donde había una media docena de profesores universitarios. El decano le dijo:
– Hace poco recibimos este libro como texto guía. Estamos aquí intentando solucionar unos problemas de Física. Si usted es capaz de resolverlos, lo contrato como profesor.
El hombre tomó el texto, se dirigió a una pizarra y tranquilamente comenzó a resolver uno a uno los problemas que le habían indicado. El resto de profesores cambiaron poco a poco la sonrisa de burla que tenían en sus rostros por una cara de asombro.
Cuando terminó, el decano, atónito, le dijo casi tartamudeando:
– ¿Cómo ha podido hacerlo? ¡Llevamos aquí varios días sin poder resolver estos teoremas!
El hombre, respondió simplemente, con sencillez:
– Yo soy el autor del libro.
Ni que decir tiene que inmediatamente fue admitido como profesor de física en esa universidad.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Oración por la familia

          Me gustó mucho

Que donde hubo lágrimas, Dios ponga consuelo.
Donde hubo enfermedad, traiga fortaleza.
Donde hubo división, nazca el perdón.
Donde faltó esperanza, vuelva a florecer la fe.
Que Dios cuide a tus hijos, proteja a tus padres,
bendiga tu hogar y acompañe a cada ser querido
que llevas dentro del corazón.
Que nunca falte el pan en tu mesa,
la salud en tu familia,
el amor entre vosotros
y la presencia de Dios en cada día.
Señor, bendice mi familia, protégenos de todo mal,
danos salud, paz, unión y fe.
Y si algún día llegan las lágrimas,
no permitas que nos falte la fuerza para seguir.
Que nuestra casa sea refugio,
que nuestra mesa sea bendecida
y que nunca nos alejemos de Ti.

El chino y el caballo

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día su hijo le dijo:

— "Padre, qué desgracia, se nos ha ido el caballo".
— "Veremos lo que trae el tiempo...", respondió su padre
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo. Unos días después, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se rompió una pierna.
— "Padre, qué desgracia, me he roto la pierna".
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
— "Veamos lo que trae el tiempo...".
El muchacho se lamentaba. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Fueron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron buscando. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia, ni la fortuna como absolutas, sino que hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.
La moraleja de este antiguo relato chino es que la vida da muchas vueltas, y su desarrollo es a veces tan paradójico su desarrollo, que muchas veces lo que parece malo luego resulta bueno, y al revés. Hay que saber esperar, y sobre confiar en Dios, porque todo es para bien. ¡Cuántas veces los juicios apresurados, impacientes, impiden ver más alto y más lejos!

domingo, 11 de octubre de 2026

¡Venid a la fiesta!

                 Florentino Ulibarri

Los que a nada sois invitados...
¡Venid a la fiesta!
Los que estáis solos y sin futuro...
¡Venid a la fiesta!
Los que tenéis hambre y no trabajo...
¡Venid a la fiesta!
Todos los despreciados y humillados...
¡Venid a la fiesta!
Los sin nombre y sin historia...
¡Venid a la fiesta!
Los que no sois sino recursos humanos...
¡Venid a la fiesta!
Los que sufrís la risa y la miseria...
¡Venid a la fiesta!
Los nadie de ahora y siempre...
¡Venid a la fiesta!
¡Vamos a tu fiesta, Señor!

El leopardo y el fuego

Según un cuento africano, antiguamente el leopardo y el fuego eran amigos. El leopardo vivía, como ahora, en la selva, y el fuego en una caverna. A veces el leopardo hacía largas caminatas para ir a ver a su amigo. Un día le dijo:

— "¿Por qué no me devuelves mis visitas? ¿Y por qué te estás aquí metido siempre en la caverna en compañía de estas piedras negras?"
—  "Es mucho mejor que yo esté aquí –respondió el fuego-. Si salgo, puedo ser muy peligroso."
Pero el leopardo insistió tanto, que al fin su amigo dijo:
— "Bueno, pero primero limpia cuidadosamente la explanada que hay delante de la caverna".
El leopardo era algo perezoso, así que arrancó la hierba, pero dejó alguna que otra hoja seca. Cuando el fuego salió de la caverna, se transformó en seguida en un gran incendio que, impulsado por el viento, llegó hasta la copa de los árboles. El leopardo, aterrorizado, se puso a correr de un lado para otro y se le quemó la piel.
Por eso todavía hoy el leopardo lleva las señales de las quemaduras y, cuando ve a lo lejos a su amigo el fuego, huye como un loco.
Moraleja: los perezosos y los inconstantes pierden hasta los amigos. 

sábado, 10 de octubre de 2026

¡Gracias, Padre! (canción)

        Susana Melero. Álbum Con vosotros estoy

Gracias, Padre, porque das de lo tuyo a los sencillos.
Gracias, Padre, porque das solo a ellos tu verdad.
Porque quieres en tu Reino gente con ojos de niño,
que se asombre de la Gracia que acaricia con tu espíritu
lo pequeño, lo olvidado, lo robado, lo escondido…
Porque quieres en tu Reino gente de corazón limpio.
Porque moldearon tus manos de ternura complacido
a una joven transparente para madre de tu Hijo.
Padre de lo cotidiano, de lo desapercibido,
Dios del honrado y del pobre
¡yo te alabo y te bendigo!