Me gustó mucho
Que donde hubo lágrimas, Dios ponga consuelo.
Donde hubo enfermedad, traiga fortaleza.
Donde hubo división, nazca el perdón.
Donde faltó esperanza, vuelva a florecer la fe.
Que Dios cuide a tus hijos, proteja a tus padres,
bendiga tu hogar y acompañe a cada ser querido
que llevas dentro del corazón.
Que nunca falte el pan en tu mesa,
la salud en tu familia,
el amor entre vosotros
y la presencia de Dios en cada día.
Señor, bendice mi familia, protégenos de todo mal,
danos salud, paz, unión y fe.
Y si algún día llegan las lágrimas,
no permitas que nos falte la fuerza para seguir.
Que nuestra casa sea refugio,
que nuestra mesa sea bendecida
y que nunca nos alejemos de Ti.
miércoles, 14 de octubre de 2026
Oración por la familia
El chino y el caballo
Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día su hijo le dijo:
— "Padre, qué desgracia, se nos ha ido el caballo".
— "Veremos lo que trae el tiempo...", respondió su padre
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo. Unos días
después, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al
jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se rompió una pierna.
— "Padre, qué desgracia, me he roto la pierna".
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
— "Veamos lo que trae el tiempo...".
El muchacho se lamentaba. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados
del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Fueron a la casa del
anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y
siguieron buscando. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la
desgracia, ni la fortuna como absolutas, sino que hay que darle tiempo al
tiempo, para ver si algo es malo o bueno.
La moraleja de este antiguo relato chino es que la vida da muchas vueltas, y
su desarrollo es a veces tan paradójico su desarrollo, que muchas veces lo que
parece malo luego resulta bueno, y al revés. Hay que saber esperar, y sobre
confiar en Dios, porque todo es para bien. ¡Cuántas veces los juicios
apresurados, impacientes, impiden ver más alto y más lejos!
domingo, 11 de octubre de 2026
¡Venid a la fiesta!
Florentino Ulibarri
Los que a nada sois invitados...
¡Venid a la fiesta!
Los que estáis solos y sin futuro...
¡Venid a la fiesta!
Los que tenéis hambre y no trabajo...
¡Venid a la fiesta!
Todos los despreciados y humillados...
¡Venid a la fiesta!
Los sin nombre y sin historia...
¡Venid a la fiesta!
Los que no sois sino recursos humanos...
¡Venid a la fiesta!
Los que sufrís la risa y la miseria...
¡Venid a la fiesta!
Los nadie de ahora y siempre...
¡Venid a la fiesta!
¡Vamos a tu fiesta, Señor!
El leopardo y el fuego
Según un cuento africano, antiguamente el leopardo y el fuego eran amigos. El leopardo vivía, como ahora, en la selva, y el fuego en una caverna. A veces el leopardo hacía largas caminatas para ir a ver a su amigo. Un día le dijo:
— "¿Por qué no me devuelves mis visitas? ¿Y por qué te estás aquí metido
siempre en la caverna en compañía de estas piedras negras?"
— "Es mucho mejor que yo esté aquí –respondió
el fuego-. Si salgo, puedo ser muy peligroso."
Pero el leopardo insistió tanto, que al fin su amigo dijo:
— "Bueno, pero primero limpia cuidadosamente la explanada que hay delante
de la caverna".
El leopardo era algo perezoso, así que arrancó la hierba, pero dejó alguna que
otra hoja seca. Cuando el fuego salió de la caverna, se transformó en seguida
en un gran incendio que, impulsado por el viento, llegó hasta la copa de los
árboles. El leopardo, aterrorizado, se puso a correr de un lado para otro y se
le quemó la piel.
Por eso todavía hoy el leopardo lleva las señales de las quemaduras y, cuando
ve a lo lejos a su amigo el fuego, huye como un loco.
Moraleja: los perezosos y los inconstantes pierden hasta los amigos.
sábado, 10 de octubre de 2026
¡Gracias, Padre! (canción)
Susana Melero. Álbum Con vosotros estoy
Gracias, Padre, porque das de lo tuyo a los sencillos.
Gracias, Padre, porque das solo a ellos tu verdad.
Porque quieres en tu Reino gente con ojos de niño,
que se asombre de la Gracia que acaricia con tu espíritu
lo pequeño, lo olvidado, lo robado, lo escondido…
Porque quieres en tu Reino gente de corazón limpio.
Porque moldearon tus manos de ternura complacido
a una joven transparente para madre de tu Hijo.
Padre de lo cotidiano, de lo desapercibido,
Dios del honrado y del pobre
¡yo te alabo y te bendigo!
Cambio de rostro
Durante seis meses trabajó para lograr pintar al personaje principal de esa obra. Durante los seis siguientes años, Da Vinci continuó su obra buscando las personas que representarían a 11 apóstoles, y dejó para el final a aquel que representaría a Judas. Estuvo buscando durante semanas un hombre con una expresión dura y fría. Un rostro marcado por cicatrices de avaricia, decepción, traición, hipocresía y crimen. Un rostro que identificaría a una persona que sin duda traicionaría a su mejor amigo.
Después de muchos intentos fallidos en la búsqueda de este modelo llegó a los oídos de Leonardo Da Vinci que había un hombre con estas características en el calabozo de Roma. Este hombre estaba sentenciado a muerte por haber llevado una vida de robos y asesinatos. Da Vinci vio ante él a un hombre cuyo pelo caía sobre el rostro escondiendo dos ojos llenos de rencor, odio y ruina. Al fin había encontrado a quien modelaría a Judas en su obra.
Gracias a un permiso del rey, este prisionero fue trasladado a Milán al estudio del maestro. Durante varios meses este hombre se sentó silenciosamente frente a Da Vinci mientras el artista continuaba con la ardua tarea de plasmar en su obra al personaje que había traicionado a Jesús. Cuando Leonardo dio la última pincelada se volvió a los guardias y dio la orden de que se llevaran al prisionero. Cuando salía, se volvió hacia Leonardo Da Vinci y le dijo:
— "¡Da Vinci! ¡Obsérvame! ¿No reconoces quién soy?".
El artista lo observó cuidadosamente y respondió:
— "Nunca te había visto hasta aquella tarde en el calabozo de Roma".
El prisionero levantó los ojos y dijo:
— "¡Mírame bien, soy aquel joven cuyo rostro escogiste para representar a Cristo hace siete años...!"
martes, 6 de octubre de 2026
Himno de súplica
Himno de Laudes
Padre nuestro, Padre de todos,
líbrame del orgullo de estar solo.
No vengo a la soledad
cuando vengo a la oración,
pues sé que, estando contigo,
con mis hermanos estoy;
y sé que, estando con ellos,
tú estás en medio, Señor.
No he venido a refugiarme
dentro de tu torreón,
como quien huye a un exilio
de aristocracia interior.
Pues vine huyendo del ruido,
pero de los hombres no.
Allí donde va un cristiano
no hay soledad, sino amor,
pues lleva toda la Iglesia
dentro de su corazón.
Y dice siempre «nosotros»,
incluso si dice «yo».