viernes, 28 de agosto de 2026

Tarde te amé

         San Agustín,    en el día de su fiesta

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba;
y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo.
Me retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían.
Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti;
gusté de ti, y siento hambre y sed;
me tocaste, y me abrase en tu paz.

Leyenda del Baobab


Este árbol tan peculiar se encuentra en las sabanas africanas. Hace miles de años, los dioses llenaron el mundo de vida, plantas y animales por todos lados. Desde su paraíso en el cielo veían una de sus más bellas creaciones, era el baobab.
El baobab era un árbol muy grande y fuerte con flores preciosas en sus copas y por ser el árbol más bello, los dioses decidieron darle el don de la inmortalidad. Gracias a esto, los baobabs podían crecer muchísimo más que el resto de los árboles. Eran plantas fuertes, sus troncos eran enormes y era imposible derribarlos. El baobab era tan grande que con su copa empezó a apropiarse de la luz y dejaba al resto de las plantas y animales bajo su sombra sin poder gozar de la luz solar. Gracias a esto, el baobab crecía más y más fuerte, mientras que las otras plantas apenas crecían con los resquicios de luz que pasaban entre las copas del baobab.
Un día, el baobab, dándose cuenta de su fuerza y su majestuosidad, pensó que era digno de estar junto a los dioses, así que crecería y crecería hasta llegar a su paraíso.
El baobab pensó que era un dios como los que lo habían creado. Pero ese fue su error: la arrogancia y el egoísmo del baobab hizo que los dioses se enfadaran. La furia de los dioses castigaron al baobab para que aprendiera la lección.
A la mañana siguiente el baobab se dio cuenta de que sus flores ya no estaban y que sus copas no eran preciosas como antes. Los dioses habían castigado al grandioso árbol haciendo que creciera al revés, con las raíces hacia el cielo y las flores bajo tierra. Este es el motivo por el cual el baobab tiene esa forma tan peculiar. Y es uno de los árboles más hermosos.


jueves, 20 de agosto de 2026

Oración a la Virgen

             San Bernardo, Abad del Císter

¡Acordaos, oh piadosa Virgen María!, que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que haya acudido a Ti,
implorado tu asistencia y reclamado tu socorro,
haya sido abandonado por Ti.
Animado con esta confianza, a Vos también acudo,
oh Virgen, Madre de la vírgenes,
y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante tu presencia Soberana.
No deseches, oh purísima Madre de Dios, mis humildes súplicas,
antes bien, escuchadlas favorablemente. Amén

El Candado Mágico

Había una vez, en un taller lleno de herramientas y polvillo de madera, un viejo candado de bronce llamado Don Candi, tenía un cuerpo brillante y una argolla fuerte de metal. Pero Don Candi estaba muy triste y pasaba los días colgado de una gran viga, haciendo un ruidito aburrido: clic, clic, clic.
¿Y sabes por qué estaba triste? Porque desde hacía mucho tiempo nadie lo usaba. Todos los cofres del taller se abrían solos y las puertas ya no necesitaban llave.
Una tarde soleada, mientras jugaban al escondite por el taller, dos hermanitos traviesos llamados Sofía y Lucas descubrieron a Don Candi entre unas cajas de juguetes viejos.
— ¡Mira esto! -exclamó Sofía-. ¡Un candado brillante! Parece sacado de un cuento de piratas.
Lucas lo tocó con la punta de su dedo y preguntó:
— ¿Para qué sirve, abuelo? -le preguntó a su abuelo, que pasaba con una taza de chocolate caliente.
El abuelo sonrió, se agachó y les dijo:
— Los candados sirven para cuidar los grandes tesoros y mantener las cosas importantes a salvo, pero este candado es muy especial. Solo se abre con la llave correcta... que es una sonrisa y una buena acción.
Sofía y Lucas se miraron entusiasmados. Querían inventar un gran tesoro que proteger. Así que corrieron a buscar una caja de cartón, la pintaron de azul con estrellas doradas y dentro guardaron su mayor secreto: una colección de dibujos divertidos, piedritas brillantes que encontraron en el jardín y un frasco de hacer burbujas de jabón.
— ¡Listo! Este es nuestro cofre secreto del club de exploradores -dijo Lucas muy orgulloso.
Tomaron a Don Candi, pasaron su argolla brillante por las argollas de la caja y dieron un giro suave: ¡clac! El candado quedó cerrado y seguro.
Pero al segundo, Lucas se dio cuenta de algo:
— ¡Oh no! ¿Y ahora quién tiene la llave? ¡Queríamos enseñarle los dibujos a mamá!
Don Candi, al escuchar la preocupación de los niños, decidió hacer un pequeño truco de magia secreta. Recordó lo que había dicho el abuelo: «Se abre con una sonrisa y una buena acción».
En ese instante, Sofía le regaló un fuerte abrazo a su hermano y le dijo:
— No te preocupes, Lucas, te ayudo a ordenar tus juguetes para que juguemos juntos otra vez.
Al ver ese gesto de amor entre hermanos, Don Candi sintió un calorcillo en su interior. Su cerradura dio un giro mágico por sí sola y... ¡clic, clac! El candado se abrió con un sonido alegre de campanillas.
Los niños aplaudieron emocionados y saltaron de alegría. Aprendieron que los candados cuidan las cosas con llave, pero que los mejores tesoros se guardan con cariño, generosidad y alegría en el corazón.
Desde entonces, Don Candi ya nunca más estuvo triste. Vivió feliz en el cofre de Sofía y Lucas, cuidando sus secretos más hermosos.

domingo, 16 de agosto de 2026

Oración en la fiesta de San Roque

Bendice a todos los pueblos con la paz.
Acompáñanos como peregrinos en nuestro caminar.
Ayúdanos a superar lo que nos divide y a vivir unidos.
Cuando surjan obstáculos en el camino,
danos fuerzas para no rendirnos.
Enséñanos a ser testigos del amor
hasta entregar la vida como tú.
Haznos testigos enviados a anunciar con alegría
la buena noticia de Jesús.
Que toda nuestra vida sea servicio a los demás,
especialmente a los pobres y últimos.
San Roque peregrino, ruega por nosotros
y por toda la humanidad.

El camino

          Mar Pastor

“En aquella época, la sequía había hecho estragos y a las mujeres recolectoras les resultaba muy difícil conseguir comida para la comunidad.
Abhigya, la más anciana del grupo, había localizado un árbol de mango en la frontera, por lo que -pese a que se trataba de un peligroso camino- envió a dos jóvenes y valientes mujeres, Abhaya y Agrata, a recoger sus frutos.
Abhaya, cuyo nombre significa “sin miedo”, caminaba delante, decidida, siguiendo estrictamente las indicaciones del mapa. Agrata la acompañaba sin hacer honor a su nombre, que significa “tomar la iniciativa”.
A los pocos pasos, una tarántula picó a Abhaya. Agrata auxilió a su compañera y, aunque confirmó que no se trataba de una picadura mortal, le sugirió a Abhaya que cambiaran de camino ya que ése estaba plagado de insectos.
— “No, Agrata, este es el camino marcado para llegar al árbol, debemos seguirlo para poder alcanzarlo”, replicó Abhaya disimulando el dolor que todavía le provocaba la picadura.
Las jóvenes prosiguieron la marcha a buen ritmo, hasta que Abhaya se rozó con una ortiga. Agrata ayudó a su compañera extrayendo jugo de las mismas ortigas y extendiéndolo sobre su sarpullido.
— “Vamos a probar otro camino, Abhaya, uno sin ortigas”, propuso de nuevo Agrata.
Abhaya se negó, volvió a recordarle que aquella era la ruta que les llevaba al árbol.
Después de otras cuantas calamidades y la testarudez de Abhaya en su empeño por seguir el mapa, llegaron al árbol de mango. Abhaya estaba agotada y malherida. Agrata se ofreció para cargar con la cesta, a condición de que volvieran por otro camino. Abhaya, casi sin fuerzas, aceptó.
La vuelta se desarrolló sin incidentes, el camino que Agrata iba eligiendo las recibía libre de insectos y ortigas. Cuando por fin le entregaron la cesta de mangos a Abhigya, ésta les preguntó:
— ¿Qué habéis aprendido hoy?
— La terquedad y la rigidez pueden ser peligrosas, respondió Abhaya.
— Quien dibujó el mapa nunca había ido a coger mangos de ese árbol, respondió Agrata.

jueves, 13 de agosto de 2026

Eclipses de Dios

          José María Rodríguez Olaizola sj

Alguna vez se te oculta, encubierto por la duda,
la tristeza o la indolencia.
Se va apagando la fe y el mundo se ve sombrío.
No hay colores que reflejen la belleza.
No hay paisajes que descubran al hermano.
No hay señales que aparezcan en la ruta,
para abrirnos el camino hacia lo eterno.
Los hay parciales,
preguntas que muerden, laberintos interiores,
tiempos de sequía en plegarias y respuestas.
La negrura no es total. Algo brilla en la distancia,
manteniendo los rescoldos encendidos.
Se vislumbra, aun escondida, su presencia.
Cuando el eclipse es total el abismo parece infinito.
Ni destello, ni rescoldo, ni vislumbre.
Se niega la fe, se olvida el amor,
se apaga la esperanza
y la vida es solo un puente entre vacíos.
Aunque no lo vemos, sigue ahí.
Y las lunas interpuestas son ficciones.
Algún día seguirán su trayectoria.
Nuevamente, lo veremos.
Entonces, se encenderá la alegría.