Jaime Foces Gil (Rezandovoy)
¿Cómo es que quieres acercarte tú a mi casa?
¿Cómo, si yo apenas te visito?
¿Cómo, si muchas veces no entro siquiera a saludarte?
¿Cómo, si pienso que a nadie, a ti tampoco, le he importado?
Y, sin embargo, estás, día tras día, esperando que quizás hoy cruce tu puerta,
ansioso de que llegue a ti y te mire, con tus brazos en cruz, de par en par abiertos.
Padre, ayúdame a encontrarte,
en la mirada limpia de los niños, en las prisas de este mundo mío,
en los esfuerzos que hacen los hermanos por llevar, cada jornada,
la cultura y el pan hasta su casa.
En tu Casa, Señor, en la penumbra.
En las calles abiertas a la gente.
En la risa y el llanto de mi vida cotidiana.
En la respiración, el aire, el humo de la hoguera
que arde en tu corazón… ya sé que por mi causa.
domingo, 10 de mayo de 2026
Diógenes y Alejandro Magno
Se cuenta que Alejandro Magno, en una de sus campañas guerreras, se encontró con Diógenes, que tomaba el sol tranquilo y medio desnudo a la orilla de un río. Alejandro había oído hablar de Diógenes, el filósofo que vivía en un tonel, y aprovechó la ocasión para acercarse y conversar con él humildemente, volviendo a ser por un rato discípulo en medio de su gloria militar. Pero no podía hacer esperar mucho tiempo a sus tropas, y hubo de despedirse del filósofo. Tal fue la impresión que aquella breve conversación le había causado que dijo al sabio del tonel:
- «Me marcho, pues he de continuar con mis hazañas. Pero desde ahora ruego a los cielos que en la vida que me toque vivir en mi próxima encarnación no sea yo Alejandro, sino Diógenes».
- «¿Y a qué esperar para ello?-contestó Diógenes-. Puedes serlo desde ahora si así lo deseas. El río es amplio, y el sol no escatima sus rayos. Hay sitio de sobra por aquí para otro tonel».
Y volvió a tumbarse al sol, mientras Alejandro montaba en su caballo y continuó su camino
- «Me marcho, pues he de continuar con mis hazañas. Pero desde ahora ruego a los cielos que en la vida que me toque vivir en mi próxima encarnación no sea yo Alejandro, sino Diógenes».
- «¿Y a qué esperar para ello?-contestó Diógenes-. Puedes serlo desde ahora si así lo deseas. El río es amplio, y el sol no escatima sus rayos. Hay sitio de sobra por aquí para otro tonel».
Y volvió a tumbarse al sol, mientras Alejandro montaba en su caballo y continuó su camino
sábado, 9 de mayo de 2026
Por tu gracia
Por tu gracia, Señor, seguiré avanzando.
Aunque me pesen los pies,
aunque me duela la espalda.
Aunque las inclemencias del camino caigan sobre mí,
y el calor del sol me abrase, o el frío me haga tiritar.
Por tu gracia, Señor, seguiré avanzando.
Sabiendo que tú caminas a mi lado
y que, a pesar de las inclemencias,
pronto llegará el siguiente recodo en el camino
en el que tú y yo nos sentaremos a descansar,
y allí, entre bromas y risas, como dos buenos amigos,
degustaremos la satisfacción
de saber que la jornada nos ha llevado
un poco más lejos de donde empezó.
Por tu gracia, Señor… Por tu gracia.
Aunque me pesen los pies,
aunque me duela la espalda.
Aunque las inclemencias del camino caigan sobre mí,
y el calor del sol me abrase, o el frío me haga tiritar.
Por tu gracia, Señor, seguiré avanzando.
Sabiendo que tú caminas a mi lado
y que, a pesar de las inclemencias,
pronto llegará el siguiente recodo en el camino
en el que tú y yo nos sentaremos a descansar,
y allí, entre bromas y risas, como dos buenos amigos,
degustaremos la satisfacción
de saber que la jornada nos ha llevado
un poco más lejos de donde empezó.
Por tu gracia, Señor… Por tu gracia.
El anciano pastor
Antena Misionera
"Había un anciano pastor que pasaba sus tardes sentado en una piedra, observando su rebaño en la ladera de la montaña. A diferencia de otros, no usaba drones para vigilarlas, ni aplicaciones en el móvil para contarlas. Solo permanecía allí, en un silencio que parecía formar parte del paisaje.
Un día, un hombre que hacía senderismo se detuvo a su lado. El excursionista, cargado de gadgets tecnológicos y mirando constantemente su reloj, le dijo con tono de superioridad:
— Debe ser aburrido pasar el día contando ovejas, ¿no? Yo no podría vivir sin saber exactamente cuántos pasos doy o cuántos minutos faltan para llegar a la cima.
El anciano, sin quitar la vista del valle, sonrió con esa calma que solo dan los años y respondió:
— Es que yo no cuento ovejas. Yo las conozco.
El joven frunció el ceño.
— Pero, ¿cómo sabe si le falta alguna si no las cuenta?
El pastor se tomó su tiempo, señaló un rincón vacío del prado y dijo:
— Sé quién falta porque el espacio que esa oveja debería ocupar se siente frío. No busco el número "cien" en mi cabeza; busco el rastro de su presencia en mi corazón. Cuando una no está, el rebaño no es "noventa y nueve", es un rebaño incompleto."
"Había un anciano pastor que pasaba sus tardes sentado en una piedra, observando su rebaño en la ladera de la montaña. A diferencia de otros, no usaba drones para vigilarlas, ni aplicaciones en el móvil para contarlas. Solo permanecía allí, en un silencio que parecía formar parte del paisaje.
Un día, un hombre que hacía senderismo se detuvo a su lado. El excursionista, cargado de gadgets tecnológicos y mirando constantemente su reloj, le dijo con tono de superioridad:
— Debe ser aburrido pasar el día contando ovejas, ¿no? Yo no podría vivir sin saber exactamente cuántos pasos doy o cuántos minutos faltan para llegar a la cima.
El anciano, sin quitar la vista del valle, sonrió con esa calma que solo dan los años y respondió:
— Es que yo no cuento ovejas. Yo las conozco.
El joven frunció el ceño.
— Pero, ¿cómo sabe si le falta alguna si no las cuenta?
El pastor se tomó su tiempo, señaló un rincón vacío del prado y dijo:
— Sé quién falta porque el espacio que esa oveja debería ocupar se siente frío. No busco el número "cien" en mi cabeza; busco el rastro de su presencia en mi corazón. Cuando una no está, el rebaño no es "noventa y nueve", es un rebaño incompleto."
domingo, 3 de mayo de 2026
Oración por las madres
Dios bueno y misericordioso,
hoy me presento ante Ti con un corazón lleno de gratitud,
para darte gracias por el regalo más tierno y generoso que has puesto en mi vida: mi madre.
Gracias, Señor, por su presencia constante,
por su mirada que me comprende sin palabras, por su abrazo que cura el alma,
y por su amor que no conoce límites ni condiciones.
Ella ha sido para mí guía en la oscuridad,
refugio en la tormenta, alegría en los días tristes
y fuerza en los momentos de debilidad.
Gracias por sus manos laboriosas,
que han trabajado incansablemente para cuidar de mí,
por sus pies que han caminado tantos caminos por amor,
y por su corazón que siempre ha estado dispuesto a dar sin esperar nada a cambio.
Señor, te doy gracias por cada noche en vela,
por cada lágrima que derramó en silencio,
por cada oración que elevó por mí cuando yo ni siquiera lo sabía.
Gracias porque a través de ella conocí el significado del amor incondicional.
Hoy quiero elevar mi voz y mi alma para decir: gracias, mamá,
por tu entrega, por tu ternura, por tus palabras sabias y por tu paciencia infinita.
Gracias por no rendirte, por animarme a seguir adelante
y por enseñarme con tu ejemplo a vivir con fe, con honestidad y con esperanza.
Señor, bendice a todas las madres del mundo.
Bendice a las que aún están con nosotros y a las que ya están contigo.
Dales salud a las que envejecen con dignidad, fortaleza a las que crían solas,
esperanza a las que sufren, y paz a las que descansan en Ti.
Bendice también a aquellas mujeres que, sin haber dado vida con el cuerpo,
son madres con el corazón: tías, abuelas, madrinas, maestras y amigas
que han cuidado, guiado y amado con verdadera entrega.
Te pido, Señor, que nunca olvide decirle a mi madre cuánto la amo,
que tenga la sabiduría de valorarla cada día
y que la honre con mis palabras, mis decisiones y mi forma de vivir.
Que no espere ocasiones especiales para demostrarle mi gratitud,
sino que cada día sea una oportunidad para hacerla sentir querida y acompañada.
Señor, si mi madre ya no está en este mundo,
te doy gracias por todo lo que sembró en mí.
Gracias por su memoria que vive en mi corazón,
por sus enseñanzas que siguen guiando mis pasos,
y por el amor que dejó en mi alma, un amor que la muerte no puede borrar.
Te pido que la tengas en Tu paz eterna
y que algún día pueda abrazarla nuevamente en tu Reino.
Gracias, Dios de la vida, por el regalo inmenso de mi madre.
Gracias por su amor que me revela tu amor,
por su entrega que me muestra tu bondad,
y por su vida que ha sido luz en mi camino.
Que ella siempre sienta cuánto la valoro y la amo.
Hoy y todos los días, te doy gracias por ella. Amén.
Dios aprieta pero no ahoga
Había un hombre muy rico que poseía muchos bienes, una gran estancia, mucho ganado, varios empleados, y un único hijo, su heredero.
Un día, el padre, ya avanzado en edad, dijo a sus empleados que le construyeran un pequeño establo. Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito: “Para que nunca desprecies las palabras de tu padre”.
Llamó a su hijo, lo llevó hasta el establo y le dijo:
— ¡Esta horca es para ti! Te conozco muy bien y sé que cuando yo falte dilapidarás toda la herencia viviendo malamente. Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te he dicho, no te suicidarás con veneno o disparándote un tiro sino que te ahorcarás en este establo.
El joven se echo a reír, pensó que era un absurdo, pero para no contradecir a su padre le prometió que así lo haría, pensando que eso jamás sucedería.
El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo, y así como su padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió sus amigos y hasta la propia dignidad.
Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto. Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:
— ¡Ah, padre mío…! ¡Si yo hubiese escuchado tus consejos…! Pero ahora es demasiado tarde. Yo nunca seguí sus palabras, pero esta vez lo haré. No me queda nada más…
Entonces, subió los escalones y se colocó la cuerda en el cuello, y pensó:
— ¡Ah, si yo tuviese una nueva oportunidad…!
Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y, por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta… Sin embargo, el brazo de la horca estaba hueco y se rompió fácilmente, cayendo el joven al suelo. Sobre él cayeron joyas, esmeraldas, rubíes, zafiros y brillantes. La horca estaba llena de piedras preciosas. Entre lo que cayó encontró una nota. En ella estaba escrito:
— Esta es tu nueva oportunidad, no cometas errores. ¡Te quiero mucho! Con amor, Tu padre.
Un día, el padre, ya avanzado en edad, dijo a sus empleados que le construyeran un pequeño establo. Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito: “Para que nunca desprecies las palabras de tu padre”.
Llamó a su hijo, lo llevó hasta el establo y le dijo:
— ¡Esta horca es para ti! Te conozco muy bien y sé que cuando yo falte dilapidarás toda la herencia viviendo malamente. Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te he dicho, no te suicidarás con veneno o disparándote un tiro sino que te ahorcarás en este establo.
El joven se echo a reír, pensó que era un absurdo, pero para no contradecir a su padre le prometió que así lo haría, pensando que eso jamás sucedería.
El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo, y así como su padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió sus amigos y hasta la propia dignidad.
Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto. Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:
— ¡Ah, padre mío…! ¡Si yo hubiese escuchado tus consejos…! Pero ahora es demasiado tarde. Yo nunca seguí sus palabras, pero esta vez lo haré. No me queda nada más…
Entonces, subió los escalones y se colocó la cuerda en el cuello, y pensó:
— ¡Ah, si yo tuviese una nueva oportunidad…!
Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y, por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta… Sin embargo, el brazo de la horca estaba hueco y se rompió fácilmente, cayendo el joven al suelo. Sobre él cayeron joyas, esmeraldas, rubíes, zafiros y brillantes. La horca estaba llena de piedras preciosas. Entre lo que cayó encontró una nota. En ella estaba escrito:
— Esta es tu nueva oportunidad, no cometas errores. ¡Te quiero mucho! Con amor, Tu padre.
domingo, 29 de marzo de 2026
Domingo de Ramos
Papa Francisco
Señor Jesús, Rey humilde
que entras en Jerusalén,
entra también en mi corazón herido.
Hazlo tu morada en esta Semana Santa.
Que mi alma no grite "¡Hosanna!"
solo con los labios,
sino con la entrega, la fe y el amor.
Acompáñame en cada paso hacia la cruz
y enséñame a confiar en la gloria que vendrá. Amén
Oración para colocar las palmas bendecidas en casa:
Bendice, Señor, nuestro hogar.
Que tu Hijo Jesús y la Virgen María reinen en él.
Danos paz, amor y respeto,
para que respetándonos y amándonos
los sepamos honrar en nuestra vida familiar,
sé Tú, el Rey en nuestro hogar. Amén.
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