lunes, 2 de noviembre de 2026

Nada te turbe

 Santa Teresa de Jesús

Nada te turbe, 
nada te espante,
todo se pasa, 
Dios no se muda;
la paciencia 
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene 
nada le falta:
sólo Dios basta.

El árbol que no sabía quién era

Había una vez, en algún lugar que podría ser cualquiera, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.
Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: “No sabía quién era.”
— Lo que te falta es concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves que fácil es?
— No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y ¿Ves que bellas son?
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
— No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas… Sé tú mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior. Y dicho esto, el búho desapareció.
¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto,… comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
— Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión “Cúmplela”.
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Sólo nosotros podemos saber quiénes somos… ¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer? ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas? ¿Cuántos naranjos que no saben florecer? En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar…

domingo, 1 de noviembre de 2026

Himno a Todos los Santos

Peregrinos del reino celeste,
hoy, con nuestras plegarias y cantos,
invocamos a todos los santos,
revestidos de cándida veste.
Éstos son los que a Cristo siguieron,
y por Cristo la vida entregaron,
en su sangre de Dios se lavaron,
testimonio de amigos le dieron.
Sólo a Dios en la tierra buscaron,
y de todos hermanos se hicieron.
Porque a todos sus brazos se abrieron,
éstos son los que a Dios encontraron.
Desde el cielo, nos llega cercana
su presencia y su luz guiadora:
nos invitan, nos llaman ahora,
compañeros seremos mañana.
Animosos, sigamos sus huellas,
nuestro barro será transformado
hasta verse con Cristo elevado
junto a Dios en su cielo de estrellas.
Gloria a Dios, que ilumina este día:
gloria al Padre, que quiso crearnos,
gloria al Hijo, que vino a salvarnos,
y al Espíritu que él nos envía. Amén.

La nube que aprendió a descansar

            El cofre de las historias 

En lo alto del cielo nocturno flotaba Copito, una pequeña nube suave y esponjosa que pasaba todo el día corriendo de un lado a otro con el viento. Cuando la noche llegaba y las estrellas encendían sus pequeñas luces doradas, Copito seguía pensando en todo lo que tenía que hacer al día siguiente, dando vueltas en el aire sin poder cerrar sus ojitos. Se sentía cansada, pero su mente no paraba de flotar de aquí para allá, contemplando cómo todo el bosque debajo de ella se quedaba en completo silencio.

Al ver su inquietud, la Sra. Luna se acercó despacio, cubriéndola con un cálido manto de luz plateada. Con una voz suave como un susurro, le enseñó un secreto a Copito: para poder descansar, debía soltar el peso del día. Copito cerró los ojos, respiró muy profundo sintiendo el aire fresco de la noche y, al soltar el aire lentamente, dejó ir cada una de sus preocupaciones. Con cada respiración serena, Copito se iba volviendo más y más liviana, sintiendo cómo sus bordes se suavizaban y sus pensamientos se transformaban en dulces sueños de algodón.

Poco a poco, el ritmo del viento la arrulló como una cuna en medio de la tranquilidad de la noche. Copito se acurrucó junto a una estrella brillante, dejó caer sus párpados pesados y se entregó a un sueño profundo y reparador, sabiendo que el mundo entero también descansaba a su alrededor. El cielo estrellado la cuidó durante toda la noche hasta el amanecer.

MORALEJA "Aprender a desacelerar y soltar las cargas del día es un acto de amor hacia nosotros mismos. El descanso es el regalo que nos prepara para brillar mañana con renovada energía."

jueves, 29 de octubre de 2026

Los ingratos

             J. Mª R. Olaizola

Conjugamos la exigencia en presente continuo.
Hemos vuelto derecho lo que siempre fue don.
Danzamos, indiferentes al anfitrión de esta fiesta
que es la vida.
Engullimos sin gustar. Sonreímos sin gozar.
Brindamos sin celebrar.
Ni asumimos compromisos ni queremos condiciones.
Libertad, reivindicamos, es ser el juez de uno mismo.
Ni ley ni costumbre.
No hay más límite que la propia voluntad,
ni más deuda que el propio deseo.
Nos invitas al banquete y te damos largas.
Nos regalas el amor, y lo abrimos con desgana,
como haciéndote un favor,
para luego aparcarlo en el rincón de lo inútil.
¿Cuándo nos volvimos tan ingratos,
convencidos de merecer lo que nunca conquistamos?

La nube que aprendió a descansar

            El cofre de las historias

En lo alto del cielo nocturno flotaba Copito, una pequeña nube suave y esponjosa que pasaba todo el día corriendo de un lado a otro con el viento. Cuando la noche llegaba y las estrellas encendían sus pequeñas luces doradas, Copito seguía pensando en todo lo que tenía que hacer al día siguiente, dando vueltas en el aire sin poder cerrar sus ojitos. Se sentía cansada, pero su mente no paraba de flotar de aquí para allá, contemplando cómo todo el bosque debajo de ella se quedaba en completo silencio.
Al ver su inquietud, la Sra. Luna se acercó despacio, cubriéndola con un cálido manto de luz plateada. Con una voz suave como un susurro, le enseñó un secreto a Copito: para poder descansar, debía soltar el peso del día. Copito cerró los ojos, respiró muy profundo sintiendo el aire fresco de la noche y, al soltar el aire lentamente, dejó ir cada una de sus preocupaciones. Con cada respiración serena, Copito se iba volviendo más y más liviana, sintiendo cómo sus bordes se suavizaban y sus pensamientos se transformaban en dulces sueños de algodón.
Poco a poco, el ritmo del viento la arrulló como una cuna en medio de la tranquilidad de la noche. Copito se acurrucó junto a una estrella brillante, dejó caer sus párpados pesados y se entregó a un sueño profundo y reparador, sabiendo que el mundo entero también descansaba a su alrededor. El cielo estrellado la cuidó durante toda la noche hasta el amanecer.

MORALEJA "Aprender a desacelerar y soltar las cargas del día es un acto de amor hacia nosotros mismos. El descanso es el regalo que nos prepara para brillar mañana con renovada energía."

lunes, 26 de octubre de 2026

Incondicional

           Ximo Cerdà 

Te abrazaré sin preguntas, sin condiciones.
Sin que ni siquiera tengas que pedirlo.
Cuando perciba en ti el dolor, el cansancio, el abandono;
cuando note que flaqueas, que tus pasos trastabillan
y se te quiebra la voz;
cuando la desesperanza se yerga ante ti
y llene tu espacio de visión
de una negrura insondable.
Allí estaré, a tu lado, con los brazos abiertos,
para que encuentres en ellos
la promesa de un nuevo renacimiento.