Ximo Cerdà
Te abrazaré sin preguntas, sin condiciones.
Sin que ni siquiera tengas que pedirlo.
Cuando perciba en ti el dolor, el cansancio, el abandono;
cuando note que flaqueas, que tus pasos trastabillan
y se te quiebra la voz;
cuando la desesperanza se yerga ante ti
y llene tu espacio de visión
de una negrura insondable.
Allí estaré, a tu lado, con los brazos abiertos,
para que encuentres en ellos
la promesa de un nuevo renacimiento.
lunes, 26 de octubre de 2026
Incondicional
El esclavo
Hace tiempo me contaron la historia de Peter, un niño de doce años que vivía en Cody (Wyoming). Durante el verano solía ir con su hermana Sandra, que era dos años menor que él, a visitar a sus abuelos en la granja que tenían a las afueras de Canyon Village, muy cerca del famoso parque de Yellowstone.
Ese verano, como Peter había sido responsable y buen estudiante, su abuelo le ayudó a fabricar un arco. Cuando lo tuvo en sus manos, descubrió una fuente inagotable de entretenimiento.
Por las mañanas solía ir a un pequeño bosque que había detrás de casa para practicar la puntería. Nunca había disparado con un arco, por lo que su puntería era muy mala; aunque tenía la esperanza de que con el tiempo se transformaría en un experto arquero.
Una mañana que había estado practicando hasta alrededor del mediodía y volvía a la granja para comer, vio a la puerta de la casa a Ducky, un pato blanco que era la mascota de la abuela. De pronto se imaginó vestido de cazador, y antes de que se diera cuenta estaba tensando el arco para efectuar un certero disparo. Apuntó y disparó; con tan mala suerte que le dio al pato en la cabeza y lo mató.
Temiéndose una gran reprimenda de los abuelos, escondió el cadáver del pato en el bosque. Cuando lo estaba enterrando, Sandra, lo vio. Sorprendido, y con miedo de que dijera algo a los abuelos le hizo prometer que guardaría silencio.
Peter estuvo toda la comida inquieto y preocupado pensando en la respuesta que le podía dar a la abuela si le preguntaba por el pato. Acabada la comida, la abuela le dijo a Sandra:
–¡Ayúdame a lavar los platos!
Pero Sandra, mirando a Peter con ojos inquisidores, le dijo a su abuela:
– Peter me ha dicho que él quería ayudarte hoy en la cocina. ¿No es cierto, Peter?
Peter se sintió atrapado por el comentario de su hermana; y ante el miedo de que lo delatara, no le quedó más remedio que ayudar a la abuela.
Días después, el abuelo preguntó a los niños si querían ir de pesca al lago. A lo que la abuela salió al paso y dijo:
– Sandra no puede ir porque tiene que ayudarme en el jardín.
Entonces Sandra saltó como un muelle y dijo:
– Yo sí puedo ir con el abuelo, pues Peter me ha dicho que le gustaría ayudar a la abuela en el jardín. ¿Verdad, Peter?
El pobre Peter, después de la tragedia del pato, era continuamente chantajeado por su hermana. Los días de vacaciones seguían pasando y Sandra no perdía la oportunidad para aprovecharse de la situación en su favor.
Con el paso de las semanas, Peter se sentía cada vez peor. La presión de su hermana y su propio remordimiento le mantenían triste y abatido. Llegó un momento en el que decidió contarle a su abuela todo lo que había ocurrido. Una mañana, antes de que Sandra maquinara una nueva acción con la que chantajear a su hermano, Peter decidió abrir su corazón y contarle todo a la abuela.
– Abueli, –dándole un sonoro beso en la mejilla -, ¿te acuerdas de tu pato blanco? Resulta que un día venía de hacer prácticas con el arco que me hizo el abuelo, cuando le disparé con tan mala suerte que le di en la cabeza y murió.
En esto que la abuela, profundamente conmovida se dirigió hacia su nieto y lo abrazó cariñosamente mientras que le decía:
– Peter, ya lo sabía. Estaba en la ventana de la cocina cuando todo ocurrió, pero como me di cuenta que lo habías hecho sin intención, te perdoné en ese mismo instante. Lo que sí me preguntaba era hasta cuándo ibas a permitir que tu hermana te tuviera como su esclavo.
domingo, 25 de octubre de 2026
Himno de alabanza
Himno de Laudes
Somos el pueblo de la Pascua,
Aleluya es nuestra canción,
Cristo nos trae la alegría;
levantemos el corazón.
El Señor ha vencido al mundo,
muerto en la cruz por nuestro amor,
resucitado de la muerte
y de la muerte vencedor.
Él ha venido a hacernos libres
con libertad de hijos de Dios,
él desata nuestras cadenas;
alegraos en el Señor.
Sin conocerle, muchos siguen
rutas de desesperación,
no han escuchado la noticia
de Jesucristo Redentor.
Misioneros de la alegría,
de la esperanza y del amor,
mensajeros del Evangelio,
somos testigos del Señor.
Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.
La semilla debajo de la nieve
Ilyon sembró una pequeña semilla en el jardín solo unos días antes de que comenzara el invierno. Muy pronto, una densa capa de nieve cubrió por completo la tierra, y el niño dejó de salir a cuidarla. «Seguramente murió con el frío», pensó con desilusión, «allí dentro de la tierra no está sucediendo nada».
Al verlo triste, su abuela lo tomó de la mano y le explicó con dulzura que, debajo del hielo, la semilla se mantenía protegida y trabajaba en silencio, esperando las condiciones adecuadas para despertar.
Durante largos meses, Ilyon solo vio un paisaje helado y blanco. No aparecían hojas, flores ni la más mínima señal de vida. Sin embargo, al llegar la primavera y derretirse la nieve, un brote verde y fuerte asomó con firmeza sobre la tierra.
– «¡Pensé que todo este tiempo no estaba pasando nada!», exclamó el niño sorprendido.
Su abuela sonrió y le dijo:
– «No todo progreso ocurre donde podemos verlo. Algunas etapas parecen silenciosas, pero son indispensables para preparar lo que vendrá después».
A partir de ese día, Ilyon comenzó a mirar con más paciencia sus propios aprendizajes. Cuando algo tardaba en dar resultados o parecía no avanzar, ya no pensaba que su esfuerzo había sido en vano. Comprendió que debía seguir cuidando sus sueños y aprendiendo cada día, sin confundir un tiempo de espera con el final del camino.
MORALEJA "Que hoy solamente veas nieve no significa que debajo de ella no exista una semilla preparándose para brotar. Hay procesos que necesitan tiempo y etapas silenciosas donde los resultados aún no se ven, pero están echando raíces muy profundas."
domingo, 18 de octubre de 2026
Himno al domingo, día del Señor
Liturgia de las Horas
Es domingo; una luz nueva resucita la mañana
con su mirada inocente, llena de gozo y de gracia.
Es domingo; la alegría del mensaje de la Pascua
es la noticia que llega siempre y que nunca se gasta.
Es domingo; la pureza no solo la tierra baña
que ha penetrado en la vida por las ventanas del alma.
Es domingo; la presencia de Cristo llena la casa:
la Iglesia, misterio y fiesta, por él y en él convocada.
Es domingo; «este es el día que hizo el Señor», es la Pascua,
día de la creación nueva y siempre renovada.
Es domingo; de su hoguera brilla toda la semana
y vence oscuras tinieblas en jornadas de esperanza.
Es domingo; un canto nuevo toda la tierra le canta
al Padre, al Hijo, al Espíritu, único Dios que nos salva. Amén.
Todos le llamaban “la tonta”
Algunos de los presentes, le enseñaban una moneda de 100 rupias en una mano y otra de 5 rupias en la otra, y le daban a elegir. La niña, pensativa, acababa siempre eligiendo la moneda de 5 rupias y con ello causaba grandes risotadas en la concurrencia.
- ¡Es tonta! ¡ja, ja, ja! - Se reían todos.
Con el afán de burlarse de la muchacha, repetían una y otra vez el experimento, acabando siempre con la misma risa.
El extranjero, indignado de la situación, llamó a la niña aparte y le dijo:
- Pero niña, ¿cómo consientes tantas burlas, que se rían de ti y que te llamen tonta? Cuando te ofrezcan las monedas, no seas tonta y elige la de 100 rupias, que tiene veinte veces más valor y así evitarás que se burlen de ti.
La niña entonces, le contestó:
- Señor, yo no soy idiota. Si eligiera la moneda de 100 ganaría una vez, pero no provocaría la risa ni el deseo de repetir la prueba de nuevo; mientras que eligiendo siempre la de 5, he reunido muchísimo más de 100 rupias y ellos siempre tienen ganas de darme 5 más para seguir riéndose.
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Esta muchacha parecía tonta, pero en verdad, era más lista y pilla que todos los demás.
viernes, 16 de octubre de 2026
Sin excusas
J. Mª R. Olaizola
Te seguiré, aunque a mi modo,
a mi tiempo, con mi equipaje.
No es que no quiera.
Tú vete yendo que ya te alcanzo.
Aún no. Así no.
Excusas y aplazamientos
Mal comienzo para un viaje.
Me miras, firme, y me desarmas.
‘Lo quiero todo’ -dices-.
A mi modo. Ahora. Sin evasivas ni regateos.
Me descolocas. ¿Acaso no entiendes de estrategias?
Mala publicidad es esta que no maquilla la exigencia.
Extraña diplomacia gastas, pidiendo renuncias
y prometiendo intemperies.
Y, sin embargo, hay más verdad y pasión en tu llamada
que en todos los espejismos de este mundo turbulento.
Ahora. Y a tu modo, Señor.