martes, 8 de septiembre de 2026

A la Natividad de la Virgen María

            Liturgia de las Horas

Hoy nace una clara estrella,
tan divina y celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.
De Ana y de Joaquín, oriente
de aquella estrella divina,
sale su luz clara y digna
de ser pura eternamente:
el alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.
No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella
y con luz tan celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.
Gloria al Padre, y gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

La leyenda de la Campana de Plata

            El cofre de las historias

Hace muchísimos años, en la cima de una montaña cubierta por la niebla, existía una pequeña torre de piedra donde colgaba una campana de plata. Los habitantes del valle contaban que aquella campana nunca sonaba por el viento. Solo lo hacía cuando alguien realizaba un acto de verdadera bondad.
Durante años, muchas personas subieron a la montaña intentando hacerla sonar. Algunos llevaban cofres llenos de monedas. Otros ofrecían joyas, coronas o regalos muy valiosos. Pero la campana permanecía en silencio.
Una fría mañana de invierno, una niña llamada Elisa encontró a un anciano que había perdido el camino entre la nieve. Sin pensarlo dos veces, compartió con él su abrigo, su pan y lo acompañó hasta que pudo regresar sano y salvo al pueblo.
Cuando Elisa descendía por el sendero, el aire quedó completamente en silencio. De repente... ¡Dong...! La campana de plata sonó una sola vez. Su sonido recorrió montañas, bosques y ríos. Las flores comenzaron a abrirse antes de la primavera. Los pájaros regresaron a cantar. Y la niebla desapareció por primera vez en mucho tiempo.
Los habitantes comprendieron entonces el verdadero secreto de la campana. No respondía a la riqueza. No respondía al poder. Solo despertaba cuando un corazón hacía el bien sin esperar nada a cambio.
Desde ese día, quienes escuchan una campana sonar en medio de la montaña aseguran que, en algún lugar, alguien acaba de realizar una buena acción que merece ser recordada.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Tú eres perdón, Señor

         Mari Patxi Ayerra

Tú nos perdonas siempre, contigo todo es fácil.
A nosotros, en cambio, nos cuesta perdonar.
Decimos que olvidamos, pero nuestra cabeza guarda,
y se nos escapa el reproche en cualquier ocasión.
Ayúdanos, Señor, a perdonar a tu manera,
sin guardar recuento de ningún mal.
Regálanos tu amnesia, Señor, esa que Tú tienes
y que olvida al momento cualquier cosa que te hagan.
Danos un corazón blando como el tuyo,
que perdona siempre y no guarda rencor.
Danos palabras sabias para corregir a los otros,
disculpa oportuna y caricia tierna,
la discreción y la tolerancia que necesitamos
para vivir unidos y llevarnos mejor.
Eso es vivir tu Amor.

"Ritual del perdón"

Una tribu de África celebra el siguiente ritual para corregir la conducta antisocial de sus miembros.
Si un miembro de la comunidad actúa irresponsablemente se le coloca en la plaza del pueblo. El trabajo cesa, y todos los hombres, mujeres y niños forman un gran círculo alrededor del acusado. Y uno a uno, incluidos los niños van diciendo las virtudes y todas las cosas buenas que el acusado ha realizado. No se puede ni mentir ni exagerar ni inventarse nada. No se puede decir ninguna cosa negativa del acusado.
La ceremonia dura un par de días hasta que todos han tenido la oportunidad de contar sus bondades.
Al final el círculo se rompe, la fiesta comienza y la persona es acogida de nuevo en la comunidad. El acusado se siente fortalecido y animado a vivir de acuerdo con las normas e ideales de la comunidad.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Con el Espíritu

     (Ignacio IV Hazin, patriarca de la Iglesia greco-ortodoxa de Antioquía)

Sin el Espíritu Santo, Dios está lejos,
Cristo permanece en el pasado,
el Evangelio es letra muerta,
la Iglesia una simple organización,
la autoridad sería dominación,
la misión una propaganda,
el culto una evocación
y el actuar cristiano una moral de esclavos.
Pero con la presencia del Espíritu,
el cosmos se eleva y gime en el parto del Reino,
Cristo resucitado está presente,
el Evangelio es potencia de vida,
la Iglesia significa la comunión trinitaria.
la autoridad es un servicio de liberación,
la misión es un Pentecostés,
la liturgia una memoria y anticipación,
el actuar humano se deifica.

El santo que bajó al Niño Jesús a un pozo

Existe una hermosa tradición sobre San Gerardo Majella que ha pasado de generación en generación y nos habla de una confianza extraordinaria en Dios.
En una ocasión, el superior del convento tuvo que salir y dejó a Gerardo al cuidado de las llaves. Mientras sacaba agua del pozo, las llaves resbalaron de sus manos y cayeron hasta el fondo.
Gerardo quedó muy preocupado. No sabía cómo recuperar aquello que le habían confiado.
Entonces fue a la capilla. Allí se arrodilló ante una imagen de la Virgen que sostenía al Niño Jesús y, con la sencillez de un niño, le dijo:
— “Jesús, tú las vas a sacar”.
Tomó cuidadosamente la pequeña imagen del Niño Jesús, la ató con una cuerda y la bajó lentamente al interior del pozo.
Los religiosos que presenciaban la escena no entendían lo que estaba haciendo.
La tradición cuenta que, cuando Gerardo comenzó a subir la cuerda, el Niño Jesús apareció con las llaves en una de sus pequeñas manos.
Más allá del carácter milagroso de esta tradición, su enseñanza permanece viva: San Gerardo confiaba en Dios antes de dejarse dominar por la angustia.
Y nosotros, con frecuencia, hacemos lo contrario. Primero calculamos, nos desesperamos, imaginamos todo lo que puede salir mal… y solo al final recurrimos al Señor.
Hoy quizá tú también tengas unas “llaves” en el fondo de un pozo: una deuda, un problema familiar, una decisión difícil o una preocupación que parece no tener solución.
Confiar en Dios no significa que Él resolverá todo exactamente como nosotros esperamos. Significa algo todavía más grande: que nunca tendremos que afrontar nuestras cargas sin Él.

martes, 1 de septiembre de 2026

Pedir, Buscar, Llamar

               José Mª Rodríguez Olaizola SJ

Sí, Señor, yo te pido el pan de cada día,
la paz en mis fronteras, la luz de tu palabra.
Pido que no me falte sencillez en los gestos,
cordura en el afecto, limpieza en la mirada.
Busco tu voz discreta que ni grita ni abruma,
tu presencia callada que todo lo transforma.
Voy buscando en mi entorno de tu paso las huellas,
de tu cruz las secuelas, de tu amor los reflejos.
Y llamo, sí, te llamo en los días felices
y en las noches oscuras.
Es tu nombre un tesoro que comparto, en voz baja,
sintiendo que al llamarte la bruma se disipa
y enciendes la esperanza.