domingo, 2 de agosto de 2026

Sed

            José María R. Olaizola, sj

Danos el agua que colma sin ahogar,
que limpia las entrañas
empapa el corazón,
y acuna en lo yermo la vida.
Danos tu pan, que sacia sin hartar
y restaura las fuerzas gastadas;
pan que alimenta la acogida,
el encuentro y la fiesta
al partirse en mesa de hermanos.
Danos tu espíritu que habla sin grito,
hace audaz al cobarde y libera al cautivo
cuando inspira justicia, libertad, paz.
Danos tu verdad que seduce sin trampa,
que hace sabio al pequeño
y hace sencillo al sabio,
al afirmar un amor invencible.
En agua, pan y amor inquieto,
en espíritu y verdad.
Tenemos sed de ti, Señor.

Gatos del Mundo

Mi padre tiene 68 años. Vive en una pequeña casa de campo en un tranquilo suburbio a las afueras de Cleveland. Tiene el mismo gato desde hace nueve años: un gato atigrado naranja con sobrepeso llamado Clyde, que casi siempre duerme en el sillón reclinable y nunca ha hecho nada extraordinario en su vida.
Un martes por la tarde del pasado marzo, mi padre estaba solo en casa. Mi madre estaba en el supermercado. Él estaba sentado en su sillón reclinable viendo las noticias cuando sufrió el derrame cerebral. Perdió el conocimiento y se desplomó de lado en la silla.
Clyde dormía en el sofá al otro lado de la habitación.
Mi madre encontró a mi padre cuarenta y cinco minutos después, cuando regresó a casa con la compra. Seguía inconsciente en el sillón reclinable. Clyde estaba de pie sobre su pecho, lamiéndole la cara. No con delicadeza. Mi madre contó que el gato le lamía con agresividad: lamidas ásperas, persistentes y centradas en la mejilla, la frente y los ojos cerrados. La cara de mi padre estaba roja e irritada.
El médico que llegó le dijo a mi madre que, en casos de ictus en los que la persona está sola e inconsciente, la estimulación física continua en la cara y la cabeza puede ayudar a mantener cierto nivel de respuesta neurológica. Dijo que no podía hacer una afirmación médica sobre las acciones del gato, pero añadió:
— «Cuarenta y cinco minutos es mucho tiempo estando inconsciente sin estimulación. Una hora más y estaríamos teniendo una conversación muy diferente».
Mi padre pasó cuatro días en el hospital. Tuvo parálisis en el lado izquierdo durante varias semanas. Hizo fisioterapia durante todo el verano. Ahora está recuperado en un 90 %. Conduce. Pasea por el barrio. Ve las noticias en su sillón reclinable todas las tardes.
Clyde sigue durmiendo en el sofá al otro lado de la habitación. No ha vuelto a hacer nada parecido desde entonces. Ha regresado a ser un gato completamente normal que suelta pelo por todas partes y tira las tazas de la encimera.
Pero cuando mi madre entró aquel martes, las patas de Clyde estaban mojadas. El veterinario explicó que las almohadillas de las patas de los gatos pueden producir humedad bajo estrés extremo; es una respuesta de sudoración que solo se produce cuando el organismo del gato está angustiado. Ese gato sabía que algo iba mal. No se estaba acicalando, ni siendo cariñoso. Estaba trabajando durante cuarenta y cinco minutos, sobre el pecho de un hombre que no respondía.
Mi padre no habla mucho de ello. No es sentimental con los animales. Él alimenta a Clyde y lo deja sentarse en el sillón reclinable cuando no lo usa, y ahí termina toda su relación.
Pero la semana pasada lo visité y noté algo que nunca había visto. Mi padre estaba dormido en el sillón reclinable. Clyde estaba sobre su pecho. La mano de mi padre descansaba sobre el lomo del gato.
Le pregunté a mi madre cuándo empezó todo esto. Me dijo que el día que regresó del hospital.
Él no lo admite. Pero lo sabe. Todos lo sabemos.

viernes, 31 de julio de 2026

Himno a San Ignacio de Loyola

        Patrono de Guipúzcoa

Desde el solio do reinas gozoso, mira, Ignacio, a tus hijos guerreros;
De tu nombre y tu celo herederos, solo anhelan vencer o morir.
De Jesús tú les muestras la enseña, a la lid los convidas valiente,
Y tu mano corona su frente que el peligro jamás anubló.
Cada paso les cuesta un combate; cada día encrudece la guerra:
Con su sangre conquistan la tierra do tu voz inmortal los llamó.
Fuerte acero sus diestras empuñan; de Jesús el emblema sagrado
Entre rayos de luz esmaltado brilla, hermoso, en el aúreo broquel.
Gloria cantan sus voces alegres, y la gloria enardece sus almas;
solo ansían ganar nuevas palmas; solo ansían celeste laurel.
Acometen de nuevo con brío; sucumbir en la lid es su gloria;
y al gritar en su campo ¡victoria! se renueva en su pecho el ardor.
Tu escuadrón no abandones, Ignacio; seas siempre su norte y su guía,
En él crezca la noble porfía, que en sus pechos engendra el amor.
Cuando ruja la fiera tormenta, negro el cielo, los astros sangrientos,
ronco el mar, encontrados los vientos, ven ¡oh Padre! tu nave a salvar.
Con tu manto cobija tus hijos, dales fuerza, valor y consuelo;
haz que logren tu triunfo en el cielo victoriosos por siempre cantar.

El árbol de los problemas

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su sierra eléctrica se estropeó y le hizo perder una hora de trabajo y ahora su viejo camión se negó a arrancar.
Mientras le llevaba a su casa, se sentó en silencio. Cuando llegamos, me invitó a conocer a su familia.
Mientras nos dirigíamos a la puerta de su casa, se detuvo brevemente frente a un árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, el rostro de aquel hombre se transformó, sonrió, abrazó a sus dos hijos pequeños y le dio un beso a su esposa. Luego me acompañó hasta el coche.
Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté por lo que había hecho un rato antes.
— "Oh, ese es mi árbol de problemas, contestó. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego, a la mañana siguiente, los recojo otra vez. Lo bueno es -concluyó sonriendo- que cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".

jueves, 30 de julio de 2026

Me llamaste ‘amigo’

          José María R. Olaizola, SJ

Tú me buscabas a mí. Yo buscaba respuestas.
Te pedí un horizonte, huellas en el mapa,
instrucciones claras.
Esperaba plazos, señas, objetivos.
Tenía miedo de no saber,
de no poder, de no llegar.
Reclamaba un equipaje
que me diera seguridad,
una ruta que prometiera llegadas.
Exigía garantías, condiciones tolerables.
Me llamaste 'amigo'.
Y en esa palabra desmontaste agobios,
rompiste exigencias, callaste temores.
Tú eras la respuesta, el plazo, la ofrenda.
Tú eras el camino, y la única meta.
Sin más condiciones. No dándome nada
de lo que pedía, me lo diste todo.

El águila

El águila es una de las aves de mayor vida. Llega a vivir 70 años. Pero a los 40 años, sus uñas se han vuelto tan largas y flexibles que no puede sujetar a las presas de las cuales se alimenta. El pico alargado y en punta, se curva demasiado y ya no le sirve. Apuntando contra el pecho están las alas, envejecidas y pesadas en función del gran tamaño de sus plumas, y para entonces, volar se vuelve muy difícil. Tiene sólo dos alternativas: dejarse estar y morir... o enfrentarse a un doloroso proceso de renovación que le llevará aproximadamente 150 días. Ese proceso consiste en volar a lo alto de una montaña y recogerse en un nido, próximo a un paredón donde no necesita volar y se siente protegida. Una vez encontrado el lugar adecuado, el águila comienza a golpear la roca con el pico... hasta arrancarlo.
Después espera que le nazca un nuevo pico con el cual podrá arrancar sus viejas uñas inservibles. Cuando las nuevas uñas comienzan a crecer, desprende una a una sus viejas plumas. 
Al cabo de esos largos y dolorosos cinco meses de heridas, cicatrices y crecimiento, consigue realizar su famoso vuelo de renovación, renacimiento y festejo para vivir otros 30 años más.

En nuestra vida también nos toca sufrir procesos de reconversión para no sucumbir. Tenemos que resguardarnos un tiempo, meditar, someternos a ciertos sacrificios para llevar a cabo algunos cambios.

martes, 28 de julio de 2026

Himno de Laudes

En esta luz del nuevo día
que me concedes, oh Señor,
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.
Dichoso yo, si al fin del día
un odio menos llevo en mí,
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.
Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.
Que ame a los seres este día,
que a todo trance ame la luz,
que ame mi gozo y mi agonía,
que ame el amor y ame la cruz. Amén.