En esta luz del nuevo día
que me concedes, oh Señor,
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.
Dichoso yo, si al fin del día
un odio menos llevo en mí,
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.
Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.
Que ame a los seres este día,
que a todo trance ame la luz,
que ame mi gozo y mi agonía,
que ame el amor y ame la cruz. Amén.
martes, 28 de julio de 2026
El niño que guardaba los días felices
El cofre de las historias
Tomás tenía una pequeña caja de madera. No guardaba monedas. No guardaba juguetes. Guardaba papelitos. En cada uno escribía algo bonito que había ocurrido durante el día: «Hoy mi mamá me abrazó», «Hoy vi un arcoíris», «Hoy mi amigo compartió conmigo», «Hoy aprendí algo nuevo». Cada nota era un pequeño tesoro guardado con inmenso cariño bajo la tapa de su cajita.
Una noche, cuando la luna iluminaba suavemente su habitación, Tomás abrió la caja y encontró cientos de pequeños recuerdos. Al desplegar cada trozo de papel, una calidez especial llenó su pecho. Entonces comprendió algo profundamente hermoso: no necesitaba esperar grandes aventuras para ser feliz. Su vida ya estaba llena de momentos pequeños que merecían ser recordados y celebrados cada día.
ENSEÑANZA: “Quizás hoy también viviste un momento pequeño que algún día será uno de tus recuerdos favoritos. No dejes pasar desapercibidos los instantes cotidianos, porque en la sencillez del día a día se esconden las alegrías más grandes y duraderas de nuestra vida.”
Tomás tenía una pequeña caja de madera. No guardaba monedas. No guardaba juguetes. Guardaba papelitos. En cada uno escribía algo bonito que había ocurrido durante el día: «Hoy mi mamá me abrazó», «Hoy vi un arcoíris», «Hoy mi amigo compartió conmigo», «Hoy aprendí algo nuevo». Cada nota era un pequeño tesoro guardado con inmenso cariño bajo la tapa de su cajita.
Una noche, cuando la luna iluminaba suavemente su habitación, Tomás abrió la caja y encontró cientos de pequeños recuerdos. Al desplegar cada trozo de papel, una calidez especial llenó su pecho. Entonces comprendió algo profundamente hermoso: no necesitaba esperar grandes aventuras para ser feliz. Su vida ya estaba llena de momentos pequeños que merecían ser recordados y celebrados cada día.
ENSEÑANZA: “Quizás hoy también viviste un momento pequeño que algún día será uno de tus recuerdos favoritos. No dejes pasar desapercibidos los instantes cotidianos, porque en la sencillez del día a día se esconden las alegrías más grandes y duraderas de nuestra vida.”
lunes, 27 de julio de 2026
En día de mi cumpleaños
Padre amado, gracias por todo lo que me has dado.
Gracias por la vida y poder celebrar un nuevo cumpleaños,
por el regalo de un nuevo amanecer y por cuidar de mí
y de las personas que amo, aun en los momentos
en los que no alcanzamos a ver Tu mano actuando.
Hoy quiero vivir un día especial.
Enséñame a no dejar que las preocupaciones roben la paz
que Tú deseas para mi corazón.
Llévate mi angustia, mi tristeza y todo aquello que inquieta mi alma.
Donde haya miedo, siembra confianza;
donde haya cansancio, regálame nuevas fuerzas;
y donde haya dudas, aumenta mi fe.
Ayúdame a comprender que, aunque muchas veces no entienda lo que sucede,
Tú nunca pierdes el control. Tus tiempos son perfectos
y Tus planes siempre son mejores que los míos.
Dame paciencia para esperar, sabiduría para decidir
y humildad para aceptar Tu voluntad con un corazón agradecido.
Bendice este nuevo día. Acompaña cada uno de mis pasos,
guarda mis entradas y mis salidas, abre las puertas que sean para mi bien
y cierra aquellas que puedan apartarme de Tu propósito.
Llena mi hogar de paz, mi familia y amigos de salud y mi corazón de esperanza.
Permíteme ser luz para quienes hoy necesitan una palabra de aliento,
un gesto de amor o una oración sincera.
Que mi vida refleje Tu bondad y que, pase lo que pase,
nunca me falte la certeza de que Tú caminas conmigo.
Hoy dejo mis cargas en Tus manos y descanso en Tu promesa.
Sé que, mientras Tú seas el guía de mi vida,
siempre habrá esperanza, propósito y bendición. Amén.
Gracias por la vida y poder celebrar un nuevo cumpleaños,
por el regalo de un nuevo amanecer y por cuidar de mí
y de las personas que amo, aun en los momentos
en los que no alcanzamos a ver Tu mano actuando.
Hoy quiero vivir un día especial.
Enséñame a no dejar que las preocupaciones roben la paz
que Tú deseas para mi corazón.
Llévate mi angustia, mi tristeza y todo aquello que inquieta mi alma.
Donde haya miedo, siembra confianza;
donde haya cansancio, regálame nuevas fuerzas;
y donde haya dudas, aumenta mi fe.
Ayúdame a comprender que, aunque muchas veces no entienda lo que sucede,
Tú nunca pierdes el control. Tus tiempos son perfectos
y Tus planes siempre son mejores que los míos.
Dame paciencia para esperar, sabiduría para decidir
y humildad para aceptar Tu voluntad con un corazón agradecido.
Bendice este nuevo día. Acompaña cada uno de mis pasos,
guarda mis entradas y mis salidas, abre las puertas que sean para mi bien
y cierra aquellas que puedan apartarme de Tu propósito.
Llena mi hogar de paz, mi familia y amigos de salud y mi corazón de esperanza.
Permíteme ser luz para quienes hoy necesitan una palabra de aliento,
un gesto de amor o una oración sincera.
Que mi vida refleje Tu bondad y que, pase lo que pase,
nunca me falte la certeza de que Tú caminas conmigo.
Hoy dejo mis cargas en Tus manos y descanso en Tu promesa.
Sé que, mientras Tú seas el guía de mi vida,
siempre habrá esperanza, propósito y bendición. Amén.
"Me gustó mucho"
De una en una
Cierto día, caminando por la playa me fijé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez.
Cuando me aproximé, observé que lo que agarraba eran estrellas de mar que las olas dejaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar. Le pregunté por qué lo hacía, y me respondió:
— "Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves, la marea está baja y estas estrellas han quedado en la orilla. Si no las devuelvo morirán aquí por falta de oxígeno."
— "Entiendo -le dije-, pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa, no puedes lanzarlas todas. Son demasiadas, quizás no te des cuenta que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?"
El hombre sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:
— "¡Para ésta sí lo ha tenido!"
Cuando me aproximé, observé que lo que agarraba eran estrellas de mar que las olas dejaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar. Le pregunté por qué lo hacía, y me respondió:
— "Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves, la marea está baja y estas estrellas han quedado en la orilla. Si no las devuelvo morirán aquí por falta de oxígeno."
— "Entiendo -le dije-, pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa, no puedes lanzarlas todas. Son demasiadas, quizás no te des cuenta que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?"
El hombre sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:
— "¡Para ésta sí lo ha tenido!"
sábado, 25 de julio de 2026
A Santiago Apóstol
Señor Jesús, Tú me llamas, como llamaste a Santiago,
cuando estaba en la barca con su padre y su hermano.Y yo quiero responderte como él, sin excusas, sin dejarlo para mañana;
quiero responder a tus llamadas, a las llamadas de la conciencia y de los hermanos,
con prontitud, inmediatamente.
Señor, tu cercanía, tu amor, tus palabras cambiaron radicalmente la vida del Apóstol.
Aquel hombre violento, hijo del trueno, buscador de grandezas,
dispuesto a pedir fuego del cielo para consumir una ciudad que no te recibió;
no muchos años después, cuando llegó el momento de morir martirizado,
no se echó atrás y lo dio todo.
Ayúdanos a estar cerca de ti, a acoger tu Palabra y tu amor,
para que nuestra vida cambie, como se transforma el barro en manos del alfarero.
Señor, Tú hiciste de Santiago un gran evangelizador.
Con la ayuda de la Virgen, tuvo claro que no se podía guardar para sí el tesoro de su fe
y la anunció con mucho valor a pesar de dificultades y persecuciones,
convencido de que cuantos más reciban la gracia,
mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios Padre.
Qué nuestras palabras y nuestros compromisos, nuestra alegría y nuestra esperanza
anuncien a todos que Tú, Jesús, eres el Amor que siempre nos acompaña y nos salva
y el Camino que nos conduce a la Felicidad más grande.
El fósforo y la vela
Cierto día, el fósforo le dijo a la vela:
— Hoy te encenderé.
— ¡Oh no!, dijo la vela, tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados; no me hagas una maldad como esa.
— ¿Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? ¿Dura, fría y sin haber brillado nunca? preguntó el fósforo.
— ¿Pero tienes que quemarme? Eso duele y además consume todas mis fuerzas, murmuró la vela.
Entonces respondió el fósforo:
— ¡Tienes toda la razón! Pero esa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo como fósforo puedo hacer es muy poco, mi llama es pequeña y mi tiempo es corto. Pero si te paso mi llama, habré cumplido con el propósito de mi vida; yo fui hecho justamente para eso, para comenzar el fuego.
Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformará en luz y calor por un buen tiempo.
Oyendo eso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo:
— ¡Por favor, enciéndeme!
Y así produjo una hermosa y brillante llama.
Así como la vela, a veces, es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento para que lo mejor que tenemos surja, sea compartido y podamos ser LUZ.
— Hoy te encenderé.
— ¡Oh no!, dijo la vela, tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados; no me hagas una maldad como esa.
— ¿Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? ¿Dura, fría y sin haber brillado nunca? preguntó el fósforo.
— ¿Pero tienes que quemarme? Eso duele y además consume todas mis fuerzas, murmuró la vela.
Entonces respondió el fósforo:
— ¡Tienes toda la razón! Pero esa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo como fósforo puedo hacer es muy poco, mi llama es pequeña y mi tiempo es corto. Pero si te paso mi llama, habré cumplido con el propósito de mi vida; yo fui hecho justamente para eso, para comenzar el fuego.
Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformará en luz y calor por un buen tiempo.
Oyendo eso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo:
— ¡Por favor, enciéndeme!
Y así produjo una hermosa y brillante llama.
Así como la vela, a veces, es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento para que lo mejor que tenemos surja, sea compartido y podamos ser LUZ.
domingo, 19 de julio de 2026
Himno de Laudes
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.
Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra;
tú pronuncias el mar como sentencia.
Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.
Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas;
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.
¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.
salimos de la noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.
Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra;
tú pronuncias el mar como sentencia.
Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.
Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas;
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.
¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.
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