lunes, 5 de octubre de 2026

Himno de Acción de gracias

             Himno de Laudes

Gracias, Señor, por esta agua que llega
del aire hasta los campos, hasta el bosque y el huerto;
gracias por tu palabra que riega este desierto
del alma, prometiendo las horas de la siega.
Gracias por tanta gracia, tanta cuidada entrega,
por el sol que calienta este corazón yerto;
gracias por estas flores primeras que han abierto
ojos de luz a tanta claridad honda y ciega.
Gracias porque te he visto latiendo en los bancales,
favoreciendo, urdiendo los tiernos esponsales
del verdor con la tierra, la rosa con la rama.
Gracias porque nos enseñas a ser en lo que era
al olvidar mis estiajes en esta primavera;
gracias porque es llegado el tiempo del que ama. Amén

El hilo de la vida

         Lucas Prados

Las arañas desde que nacen, sueltan un hilo de seda que segregan en su abdomen; y así, colgadas por el hilo y movidas por el viento, van “volando” de un lugar a otro.
Pues bien, el cuento de hoy va sobre una araña recién nacida que, movida por un fuerte viento, fue a parar a un bosque lejano y el hilito que pendía de su abdomen se enredó en la copa de un árbol muy alto. Como estaba anocheciendo, se acurrucó debajo de la hoja de una rama y allí pasó la noche.
Por fin se hizo de día. Los primeros rayos de sol iluminaron todo el bosque. Nuestra arañita, después de estirar las ocho patas, pensó que era ya hora de tomarse un buen desayuno. Como se encontraba en lo alto del árbol, comenzó a descender soltando un largo hilo de seda; y así, en pocos segundos, llegó al suelo y comenzó a tejer una trampa para cazar algún insecto despistado.
Hecho el marco de su tela de araña, tiró otros hilos empezando desde el centro, como si fueran los radios de una rueda de bicicleta. Y después, dando vueltas y vueltas en espiral fue tejiendo una finísima y preciosa telaraña. Una vez terminada su trampa, fue corriendo a esconderse.
No tuvo que esperar mucho tiempo, enseguida notó que algo vibraba, enredado en la telaraña. Era una mosca casi recién nacida. Con rapidez saltó sobre la mosca, que pasó a mejor vida.
El día pasó rápido. Varios insectos cayeron en la trampa. Antes de que se diera cuenta, el sol desaparecía por el horizonte, y pocos minutos después la oscuridad se apoderó del bosque. Para evitar los peligros nocturnos, usando el hilo maestro por el que había descendido, subió a lo alto del árbol para pasar la noche.
A la mañana siguiente bajó otra vez para cazar y comer. Así estuvo muchos días, hasta que un atardecer, sintiéndose segura y sin miedo, decidió pasar la noche junto a su red y ahorrarse subir al árbol. Como no pasó nada malo, se estableció definitivamente allí. Los días fueron pasando. Nuestra arañita iba creciendo sana y robusta; se sentía muy lista y feliz. Cada día estaba más gorda y peluda.
Vivió tanto tiempo a ras del suelo que olvidó para qué servía el primer hilo que un día había tirado de lo alto del árbol y del que pendía toda la telaraña; así que sin pensárselo dos veces, un día que estaba reparando la telaraña, al ver aquel hilo viejo, fue y lo cortó. En ese mismo momento toda la telaraña se le vino encima, y con ella, los restos de todos los incautos que había comido desde que tendió su tela. Atrapada en la misma tela pegajosa que le había servido a ella misma de trampa para cazar, y agotada por el esfuerzo y el calor, se fue sintiendo cada vez más débil hasta que al final murió.

martes, 29 de septiembre de 2026

Himno a los Arcángeles

         Liturgia de las Horas

Miguel, Gabriel, Rafael, los espíritus señeros
y arcángeles mensajeros de Dios, que estáis junto a él.
A vuestro lado se sienten alas de fiel protección,
incienso de la oración y el corazón obediente.
«¿Quién como Dios?» es la enseña, es el grito de Miguel,
y el orgullo de Luzbel al abismo se despeña.
Gabriel trae la embajada divina, y le lleva al Padre
el «sí» de la Virgen Madre, del Sol de Cristo alborada.
Por la ruta verdadera Rafael nos encamina
y nos da la medicina que cura nuestra ceguera.
Dios que nos diste a los ángeles por guías y mensajeros,
danos el ser compañeros del cielo de tus arcángeles. Amén.

El amor y el tiempo

Había una vez una isla muy linda y de naturaleza indescriptible, en la que vivían todos los sentimientos y valores humanos; El Humor, la Tristeza, la Sabiduría… y también, todos los demás, incluido el AMOR.
Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse.
Todos prepararon sus barcas y partieron. Únicamente el AMOR quedó esperando solo, pacientemente, hasta el último momento.
Cuando la isla estaba a punto de hundirse, el AMOR decidió pedir ayuda
La riqueza pasó cerca del AMOR en una barca lujosa y el AMOR le dijo:
— «Riqueza… ¿me puedes llevar contigo?»
— No puedo tengo mucho oro y joyas dentro de mi barca y no hay sitio para ti, lo siento, Amor…
Entonces el AMOR decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnifica barca.
— «Orgullo te ruego… ¿puedes llevarme contigo?
— No puedo llevarte AMOR…, respondió el Orgullo, aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca y ¿cómo quedaría mi reputación?
Entonces el AMOR dijo a la Tristeza que se estaba acercando:
— «Tristeza te lo pido, déjame ir contigo».
— No AMOR…, respondió la Tristeza, estoy tan triste que necesito estar sola.
Luego el Buen Humor pasó frente al AMOR, pero estaba tan contento que no escuchó que lo estaban llamando.
De repente una voz dijo:
— «Ven AMOR te llevo conmigo».
El AMOR miró a ver quién le hablaba y vio a un viejo.
El AMOR se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre del viejo.
Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El AMOR se dio cuenta de cuanto le debía y le preguntó al Saber:
— «Saber, ¿puedes decirme quien era este que me ayudo?».
— «Ha sido el Tiempo», respondió el Saber, con voz serena.
— ¿El Tiempo?… se preguntó el AMOR, ¿Por qué será que el tiempo me ha ayudado?
Porque solo el Tiempo es capaz de comprender cuán importante es el AMOR en la vida.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Mi equipaje

           José María R. Olaizola, SJ

Mi equipaje será ligero, para poder avanzar rápido.
Tendré que dejar tras de mí la carga inútil:
las dudas que paralizan y no me dejan moverme.
Los temores que me impiden saltar al vacío contigo.
Las cosas que me encadenan y me aseguran.
Tendré que dejar tras de mí el espejo de mí mismo,
el ‘yo’ como únicas gafas, mi palabra ruidosa.
Y llevaré todo aquello que no pesa:
Muchos nombres con su historia, mil rostros en el recuerdo,
la vida en el horizonte, proyectos para el camino.
Valor si tú me lo das, amor que cura y no exige.
Tú como guía y maestro, y una oración que te haga presente:
«A ti, Señor, levanto mi alma, en ti confío, no me dejes.
Enséñame tu camino, Mira mi esfuerzo.
Perdona mis faltas. Ilumina mi vida, porque espero en ti».

Recuperando un neumático

           de Angel Arias

Casi todos los domingos, como todavía no había agua corriente en la casa del pueblo en donde pasábamos los tres meses de vacaciones, mi padre llevaba a los tres mayores al río, para disfrutar de un par de horas de distensión, chapoteando y haciendo aguadillas.
Había generalmente unas jóvenes lavando la ropa y, después de enjabonarla y aclararla bien, tendían las sábanas y ropa blanca sobre los matorrales junto a las piedras de la orilla, para que se secaran al sol.
Aquel día, mi padre trajo un objeto muy especial, con el que nos prometíamos la mejor diversión: una cámara interior de un neumático de camión, que inflamos con una bomba para bicicleta.
Era una gozada y, como era el mayor de mis hermanos, pronto me hice con la posesión del artilugio. Iba de acá para allá, teniéndolo por una barcaza a mi medida.
De pronto, me pareció que, desde la orilla, las mujeres que estaban lavando me gritaban algo. Al fin, entre aspavientos y gritos, entendí lo que querían decirme:
-¡Angelín, ten cuidado con los remolinos! ¡La corriente es muy peligrosa!.
En efecto, estirando el cuello por encima de mis piernas y levantando algo el culo embutido en el neumático para ver mejor, pude comprobar que, en mi estúpida distracción, llevado por la emoción, me había metido de hoz y coz en un fiero remolino, que me estaba llevando rio abajo hacia las rocas contra las que acabaría estrellándome en cuestión de segundos.
Guiado por el miedo más que por la pericia, abandoné de inmediato el flotador y no se si a brincos, brazadas o saltos de gigante sobre las piedras, llegué a la orilla. No pensaba más que en no perder de vista la rueda, por lo que corría, a todo meter, aunque no tardé en percatarme que nunca la alcanzaría.
Así que, resoplando y muy compungido por haber perdido la goma, desanduve el camino río arriba, encontrándome casi de bruces con mi padre que, sin haber visto el final de mi peripecia, temiendo que me hubiera ahogado, no sabía si llorar o reír.
Solo había yo empezado a balbucear mi excusa:
-Perdona, papá. No pude atrapar el neumático…
Me encontré con la bofetada que, sin poder contenerse, mi padre me propinó, al tiempo que explotaba en un exabrupto. Creo que nunca había visto a mi padre tan enfadado y, fue la única vez que me pegó.
-¡Vaya susto me has dado! La rueda no vale nada. Lo que temí rato haberte perdido para siempre.
Nos abrazamos llorando, para reencontrarnos con el resto de la familia y las lavanderas, que se alegraron mucho de volver a verme.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Oración por el Aniversario Sacerdotal

Padre celestial y misericordioso,
te damos gracias por el don del sacerdocio
y por la vida de nuestro sacerdote Santi],
a quien llamaste a servirte con amor y fidelidad.
Hoy, al conmemorar 45 años de su consagración,
te pedimos que lo bendigas con gracia abundante,
paz en el corazón y fortaleza física y espiritual.
Renueva en él la alegría de la primera llamada
y unge sus manos para que sigan bendiciendo,
sus labios para que proclamen tu Palabra
y su corazón para que refleje tu infinita compasión.
Guíalo cada día con tu Espíritu Santo,
sosténlo en los momentos de prueba
y haz que su ministerio dé frutos abundantes en nuestra Parroquia.
Que cada vida que él toque sea transformada por tu amor,
y que él mismo se sienta siempre acompañado y amado por Ti.
Madre María, Reina de los Apóstoles y madre de los sacerdotes,
cuidadora fiel de sus pasos, abrázalo y protégelo hoy y siempre.
Amén