jueves, 24 de septiembre de 2026

Mi equipaje

           José María R. Olaizola, SJ

Mi equipaje será ligero, para poder avanzar rápido.
Tendré que dejar tras de mí la carga inútil:
las dudas que paralizan y no me dejan moverme.
Los temores que me impiden saltar al vacío contigo.
Las cosas que me encadenan y me aseguran.
Tendré que dejar tras de mí el espejo de mí mismo,
el ‘yo’ como únicas gafas, mi palabra ruidosa.
Y llevaré todo aquello que no pesa:
Muchos nombres con su historia, mil rostros en el recuerdo,
la vida en el horizonte, proyectos para el camino.
Valor si tú me lo das, amor que cura y no exige.
Tú como guía y maestro, y una oración que te haga presente:
«A ti, Señor, levanto mi alma, en ti confío, no me dejes.
Enséñame tu camino, Mira mi esfuerzo.
Perdona mis faltas. Ilumina mi vida, porque espero en ti».

Recuperando un neumático

           de Angel Arias

Casi todos los domingos, como todavía no había agua corriente en la casa del pueblo en donde pasábamos los tres meses de vacaciones, mi padre llevaba a los tres mayores al río, para disfrutar de un par de horas de distensión, chapoteando y haciendo aguadillas.
Había generalmente unas jóvenes lavando la ropa y, después de enjabonarla y aclararla bien, tendían las sábanas y ropa blanca sobre los matorrales junto a las piedras de la orilla, para que se secaran al sol.
Aquel día, mi padre trajo un objeto muy especial, con el que nos prometíamos la mejor diversión: una cámara interior de un neumático de camión, que inflamos con una bomba para bicicleta.
Era una gozada y, como era el mayor de mis hermanos, pronto me hice con la posesión del artilugio. Iba de acá para allá, teniéndolo por una barcaza a mi medida.
De pronto, me pareció que, desde la orilla, las mujeres que estaban lavando me gritaban algo. Al fin, entre aspavientos y gritos, entendí lo que querían decirme:
-¡Angelín, ten cuidado con los remolinos! ¡La corriente es muy peligrosa!.
En efecto, estirando el cuello por encima de mis piernas y levantando algo el culo embutido en el neumático para ver mejor, pude comprobar que, en mi estúpida distracción, llevado por la emoción, me había metido de hoz y coz en un fiero remolino, que me estaba llevando rio abajo hacia las rocas contra las que acabaría estrellándome en cuestión de segundos.
Guiado por el miedo más que por la pericia, abandoné de inmediato el flotador y no se si a brincos, brazadas o saltos de gigante sobre las piedras, llegué a la orilla. No pensaba más que en no perder de vista la rueda, por lo que corría, a todo meter, aunque no tardé en percatarme que nunca la alcanzaría.
Así que, resoplando y muy compungido por haber perdido la goma, desanduve el camino río arriba, encontrándome casi de bruces con mi padre que, sin haber visto el final de mi peripecia, temiendo que me hubiera ahogado, no sabía si llorar o reír.
Solo había yo empezado a balbucear mi excusa:
-Perdona, papá. No pude atrapar el neumático…
Me encontré con la bofetada que, sin poder contenerse, mi padre me propinó, al tiempo que explotaba en un exabrupto. Creo que nunca había visto a mi padre tan enfadado y, fue la única vez que me pegó.
-¡Vaya susto me has dado! La rueda no vale nada. Lo que temí rato haberte perdido para siempre.
Nos abrazamos llorando, para reencontrarnos con el resto de la familia y las lavanderas, que se alegraron mucho de volver a verme.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Oración por el Aniversario Sacerdotal

Padre celestial y misericordioso,
te damos gracias por el don del sacerdocio
y por la vida de nuestro sacerdote Santi],
a quien llamaste a servirte con amor y fidelidad.
Hoy, al conmemorar 45 años de su consagración,
te pedimos que lo bendigas con gracia abundante,
paz en el corazón y fortaleza física y espiritual.
Renueva en él la alegría de la primera llamada
y unge sus manos para que sigan bendiciendo,
sus labios para que proclamen tu Palabra
y su corazón para que refleje tu infinita compasión.
Guíalo cada día con tu Espíritu Santo,
sosténlo en los momentos de prueba
y haz que su ministerio dé frutos abundantes en nuestra Parroquia.
Que cada vida que él toque sea transformada por tu amor,
y que él mismo se sienta siempre acompañado y amado por Ti.
Madre María, Reina de los Apóstoles y madre de los sacerdotes,
cuidadora fiel de sus pasos, abrázalo y protégelo hoy y siempre.
Amén

El secreto del zafiro azul

Había una vez, en lo profundo de una montaña de cristal, una pequeña piedra llamada Zafiro. A diferencia de sus hermanos los diamantes, que brillaban con destellos blancos y claros, Zafiro guardaba en su interior un pedacito del cielo nocturno y del mar más hondo.
Un día, una niña llamada Sofía se perdió en el bosque cercano. La noche comenzó a caer, le entró miedo y comenzó a llorar, pues los senderos se apagaron y la oscuridad lo cubrió todo.
Zafiro, desde el fondo de su cueva secreta, sintió la tristeza de la niña. Decidió que ya era hora de salir a la luz. Usando toda su magia, la pequeña piedra comenzó a brillar con un azul intenso y cálido, iluminando las hojas de los árboles como si fueran estrellas fugaces caídas en la hierba.
Sofía vio el destello azul y, guiada por esa luz suave y protectora, encontró el camino de regreso a casa. Desde entonces, se cuenta que quien lleva un zafiro cerca del corazón nunca pierde el rumbo en la oscuridad y siempre encuentra la paz.


sábado, 19 de septiembre de 2026

Porque es eterno su amor

          Salmo 136

Dad gracias al Señor, porque es bueno:
porque es eterno su amor.
Dios perdonó mi debilidad:
porque es eterno su amor.
Y me liberó de la oscuridad:
porque es eterno su amor.
Con mano poderosa, con brazo fuerte:
porque es eterno su amor.
Dios me ofrece su gracia:
porque es eterno su amor.
Dios creó en mí una nueva esperanza:
porque es eterno su amor.
Y me llamó a una nueva vida:
porque es eterno su amor.
En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterno su amor.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterno su amor.
El da alimento a todo viviente:
porque es eterno su amor.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterno su amor.

Otra leyenda del árbol Baobad

En un paraje muy lejano de África, hace muchísimo tiempo, vivía una familia de conejos muy pobres y papá conejo se ganaba la vida como podía para llegar por la noche a casa con solo unas cuantas monedas. Mamá preparaba la comida para sus hijos con unas pocas patatas y en una cocina demasiado vieja. Cierto día, papá conejo se cansó de tanto caminar por el caluroso desierto y se tumbó a descansar bajo la sombra de un árbol grueso y de enormes ramas.
— ¡Oh, qué buena sombra da este árbol! -dijo el conejo- creo que descansaré un rato, hace mucho calor y no he almorzado todavía.
El conejo ahí tumbado comenzó a lamentar su suerte. Empezó por maldecir al sol que tanto le quemaba, a la arena que siempre se le metía entre las patas y a la lluvia por inundar su aldea. Cuando de pronto, el robusto árbol sobre el cual él estaba empezó a hablarle con una voz muy dulce.
— Amigo conejo, ¿Por qué te lamentas de tu suerte?, ¿Acaso no estás contento con cómo eres?- Replicó el árbol
— Vaya, qué triste y desdichada es mi vida. Si tan solo pudiera ser un árbol como tú… ¡Claro!, todo el día quieto, sin tener que trabajar, tan solo estiras tus hojas y recibes el alimento del sol y de la lluvia. ¡Qué más se podría pedir! -se lamentaba el conejo- En cambio yo tengo que trabajar muy duro para darle de comer a mis hijos… ¡Qué triste es mi vida!
El árbol se puso muy triste al escuchar las palabras del conejo y le dijo con su melodiosa voz
— ¿Sabes?, soy un Baobab, y, a pesar de que nunca hablo con los animales, me has conmovido amigo conejo
Al oír estas palabras, el conejo se puso de pie y miró al árbol de arriba abajo. El conejo no se había percatado de que aquel árbol era un baobab, y sabía lo que decían todos sobre el baobab: “El baobab guarda muchas riquezas en su corazón, pero son pocas las personas que logran descubrir tal tesoro”. Por esto, papá conejo se asustó mucho y se arrodilló ante el baobab.
— Perdóneme señor Baobab por maldecir a la naturaleza, le prometo que no volveré a quejarme de mi suerte, solo déjeme ir y seguiré trabajando firme para no tener que lamentarme por lo que soy -dijo el conejo mientras se disponía a seguir con su trabajo.
— Espera un momento amigo conejo, no te vayas aún…
De pronto, el baobab estiró sus ramas y el corazón que tenía entre ellas quedó al descubierto. Papá conejo se quedó asombrado, pero a la vez temeroso de que el baobab le hiciera daño por hablar mal de la naturaleza. El baobab dio un suspiro de gozo y el corazón del baobab se abrió lentamente y comenzó a descubrir todo lo que tenía en su interior: joyas, diamantes, monedas de oro, perlas, rubíes, piedras preciosas, telas finas, etc. Papá conejo se quedó asombrado y el baobab le dijo con voz tierna:
— Coge lo que quieras, acepta esta ayuda que quiero ofrecerte mi buen amigo.
El conejo, muy agradecido, cogió lo que cabía entre sus manos y se marchó muy contento después de darle las gracias al baobab por su generosidad.
Al llegar a su casa, le contó a su familia lo que le había sucedido y, por fin, pudieron cambiar de forma de vida. Papá conejo iba en coche al trabajo, vestía elegantemente. Mamá usaba ropas finas, podía cocinar ricas comidas para sus hijos y llevaba un collar de perlas a las reuniones con sus amigas. En una de esas reuniones la señora hiena sintió mucha envidia las riquezas de mamá conejo y al llegar a casa, le exigió a su marido que también le comprase a ella un collar de perlas, un coche y todas las cosas que el marido de mamá coneja le había comprado a ésta.
El señor hiena le preguntó a papá conejo qué es lo que había hecho. Papá conejo, que tenía un corazón noble, le contó al señor hiena todo lo sucedido con el baobab. El señor hiena se emocionó y sin perder ni un segundo se fue hacia donde estaba el baobab para robarle todos los tesoros que había en su corazón y así llenarse de lujos como los que poseía el conejo. Se tumbó a la sombra de éste, como le había indicado el conejo y empezó a gritar con voz muy fuerte:
— “¡Ay! ¡Qué desdichada es mi vida, qué pobre soy, qué mala suerte la mía, soy tan desdichado!”.
El baobab, empezó a sacudir sus ramas suavemente…
— Mi buen amigo hiena, qué alegría me das con tu visita, ¿por qué te quejas de tu suerte?, ¿es que acaso no eres feliz con lo que eres? -dijo el baobab.
— Pues no, la verdad no soy todo lo feliz que quisiera, si pudiera tener tanta riqueza como el conejo mi vida sería distinta, dijo la hiena.
De pronto, las hojas del baobab se estiraron muy fuertes y éste dio un gran y tierno suspiro. La hiena, impaciente, no podía dejar de caminar de un lado para otro sin dejar de mirar lo que descubrían las hojas del baobab. Entonces, el corazón del árbol apareció y comenzó a abrirlo y mostrar los tesoros. El señor hiena comenzó a sacar sus garras. El baobab dio otro suspiro y dijo con su tranquilo tono de voz :
— Coge lo que creas necesario, acepta esta ayuda que quiero ofrecerte señor hiena.
El señor hiena pensó que si le arrancaba el corazón al baobab no solo se llevaría lo que cabía en sus manos, sino todos los tesoros escondidos en su interior. Así que se lanzó salvajemente sobre el baobab y, con sus afiladas garras, empezó a desgarrar el corazón del árbol, haciéndole mucho daño al baobab.
Fue un momento muy doloroso para el baobab, que lloraba de dolor y de tristeza por la decepción sufrida a causa de la hiena. De repente, el corazón del baobab se cerró bruscamente y se ocultó nuevamente entre sus hojas. La hiena, que no pudo conseguir ningún tesoro comenzó a maldecir al árbol y a rasgar su tronco pero fue inútil, pues el tronco del baobab se había vuelto áspero y duro. El señor hiena dio media vuelta y se fue a su casa sin tesoro por su avaricia.
Cuenta la leyenda que desde entonces nadie ha vuelto a ver jamás el corazón del baobab y que éste ya no deja que se le acerquen los animales porque su áspero tronco emana muy mal olor.

jueves, 17 de septiembre de 2026

¡Enamórate!

          Joseph P. Whelan, SJ –atribuido a Pedro Arrupe, SJ

Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida qué es
lo que te saca de la cama en la mañana,
qué hacer con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces,
lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera.