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miércoles, 5 de agosto de 2026

Las dos ranas

Sucedió una vez que dos ranitas salieron a dar un paseo. Como hacían a menudo, recorrían los prados que rodeaban su charca saltando alegremente. Hasta que un día sucedió algo inesperado: tras un salto largo cayeron dentro de un balde que el vaquero había olvidado cerca del establo y que aún guardaba bastante leche.
Al principio las ranitas no comprendían qué había sucedido, incluso encontraban divertida la situación. Pero pronto se dieron cuenta que aquello se estaba convirtiendo en una trampa: por mucho que se esforzaban por salir del cubo, las paredes metálicas eran demasiado lisas y el borde quedaba demasiado alto. Y así lo único que podían hacer era nadar y nadar para no ahogarse en la leche.
Pero el tiempo pasaba y el cansancio se apoderaba de ellas.
— ¿Te has dado cuenta de que nunca vamos a salir de aquí?, le dijo la ranita mayor a la más joven. Nuestras patas no podrán soportarlo mucho tiempo y nunca saldremos de ésta. Moriremos aquí.
— No importa, respondió la otra ranita. No podemos hacer otra cosa que nadar. Nada y no te lamentes. Conserva tus fuerzas.
Y las ranitas siguieron nadando y nadando y nadando sin descanso. Al cabo de un buen rato, la ranita mayor volvió a quejarse:
— Nunca saldremos de aquí, éste será nuestro final. Me duelen las ancas y ya casi me es imposible seguir nadando. En verdad ha llegado nuestro fin.
A lo que la ranita pequeña respondió:
— Nada y calla; no pierdas la esperanza. Simplemente confía y sigue luchando.
Y así siguieron, nadando y nadando; pero el tiempo pasaba y sus fuerzas menguaban, pues no paraban de dar vueltas, una detrás de la otra, concentradas en el movimiento de sus patitas y en mantener la cabeza fuera del líquido.
— No puedo más, volvió a quejarse la ranita mayor, De verdad te digo que ya no puedo más. Ya no siento las ancas, ya no sé si las muevo o no. No veo bien y no sé hacia dónde me muevo. Ya no sé nada.
— Continúa nadando, replicó la otra ranita. No importa cómo te sientas, no pienses siquiera en ello. Sigue adelante, continúa.
Sacaron fuerza de flaqueza y siguieron nadando y nadando. Por poco tiempo, pues la rana mayor pronto cejó en el empeño y con apenas un aliento de voz susurró:
— Es inútil. No tiene ningún sentido seguir luchando. No entiendo qué estamos haciendo, por qué he de seguir nadando. Nunca podremos escapar.
— ¡Sigue nadando! ¡No te rindas!
Y aún reunieron fuerzas para nadar unos instantes más, hasta que la ranita mayor, extenuada, abandonó y murió ahogada. Y también la ranita más joven sintió la tentación de abandonar la lucha, de dejarse vencer y acabar con aquello, pero siguió nadando y nadando mientras se repetía a sí misma: Nada, nada. Un poco más, sólo un poco más. Continúa nadando. ¡Nada! ¡Nada!
Pero el tiempo pasaba y la ranita se sentía cada vez más débil. Le dolían las ancas, todo el cuerpo le dolía, pero ella seguía nadando, nadando, moviendo sin cesar sus pequeñas extremidades.
Y de pronto sucedió algo sorprendente. Bajo sus patitas empezó a notar algo sólido, así que reunió las últimas fuerzas que le quedaban, se apoyó en aquella masa y saltó… justo por encima del borde del balde, para ir a parar a la seguridad del prado.
¡Con el movimiento continuo de sus patas la leche había empezado a convertirse en mantequilla! Y la consistencia de la mantequilla le había ofrecido un punto de apoyo desde el que saltar.

Gracias a la perseverancia en su esfuerzo y a que no se había dejado derrotar por el cansancio o el sin sentido, había sido capaz de transformar una situación terrible en una ocasión de liberación. En los momentos más difíciles lo único que no podemos perder es la esperanza. Si pones tu corazón en tu propósito, ningún esfuerzo te parecerá difícil.

jueves, 30 de julio de 2026

Me llamaste ‘amigo’

          José María R. Olaizola, SJ

Tú me buscabas a mí. Yo buscaba respuestas.
Te pedí un horizonte, huellas en el mapa,
instrucciones claras.
Esperaba plazos, señas, objetivos.
Tenía miedo de no saber,
de no poder, de no llegar.
Reclamaba un equipaje
que me diera seguridad,
una ruta que prometiera llegadas.
Exigía garantías, condiciones tolerables.
Me llamaste 'amigo'.
Y en esa palabra desmontaste agobios,
rompiste exigencias, callaste temores.
Tú eras la respuesta, el plazo, la ofrenda.
Tú eras el camino, y la única meta.
Sin más condiciones. No dándome nada
de lo que pedía, me lo diste todo.

El águila

El águila es una de las aves de mayor vida. Llega a vivir 70 años. Pero a los 40 años, sus uñas se han vuelto tan largas y flexibles que no puede sujetar a las presas de las cuales se alimenta. El pico alargado y en punta, se curva demasiado y ya no le sirve. Apuntando contra el pecho están las alas, envejecidas y pesadas en función del gran tamaño de sus plumas, y para entonces, volar se vuelve muy difícil. Tiene sólo dos alternativas: dejarse estar y morir... o enfrentarse a un doloroso proceso de renovación que le llevará aproximadamente 150 días. Ese proceso consiste en volar a lo alto de una montaña y recogerse en un nido, próximo a un paredón donde no necesita volar y se siente protegida. Una vez encontrado el lugar adecuado, el águila comienza a golpear la roca con el pico... hasta arrancarlo.
Después espera que le nazca un nuevo pico con el cual podrá arrancar sus viejas uñas inservibles. Cuando las nuevas uñas comienzan a crecer, desprende una a una sus viejas plumas. 
Al cabo de esos largos y dolorosos cinco meses de heridas, cicatrices y crecimiento, consigue realizar su famoso vuelo de renovación, renacimiento y festejo para vivir otros 30 años más.

En nuestra vida también nos toca sufrir procesos de reconversión para no sucumbir. Tenemos que resguardarnos un tiempo, meditar, someternos a ciertos sacrificios para llevar a cabo algunos cambios.

sábado, 25 de julio de 2026

El fósforo y la vela

Cierto día, el fósforo le dijo a la vela:
— Hoy te encenderé.
— ¡Oh no!, dijo la vela, tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados; no me hagas una maldad como esa.
— ¿Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? ¿Dura, fría y sin haber brillado nunca? preguntó el fósforo.
— ¿Pero tienes que quemarme? Eso duele y además consume todas mis fuerzas, murmuró la vela.
Entonces respondió el fósforo:
— ¡Tienes toda la razón! Pero esa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo como fósforo puedo hacer es muy poco, mi llama es pequeña y mi tiempo es corto. Pero si te paso mi llama, habré cumplido con el propósito de mi vida; yo fui hecho justamente para eso, para comenzar el fuego.
Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformará en luz y calor por un buen tiempo.
Oyendo eso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo:
— ¡Por favor, enciéndeme!
Y así produjo una hermosa y brillante llama.
Así como la vela, a veces, es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento para que lo mejor que tenemos surja, sea compartido y podamos ser LUZ.


jueves, 11 de junio de 2026

La Fabrica de Sueños

Hace muchos, muchos años, existió un hombre muy bueno que soñaba con realizar sueños ajenos. Desde pequeño, los sueños habían sido muy importantes para él. A medida que fue creciendo, se dio cuenta que a muchas personas les era dificultoso hacer realidad lo que soñaban y, lo que era peor, a muchos otros, les era imposible soñar.
Y entonces, soñó la manera de ayudar a la gente a concretar sus sueños, y como lo soñó con todo el corazón, lo hizo realidad. Con todos sus ahorros, construyó así la primera (y única) “Fábrica de sueños”.
Muchos dijeron que estaba loco, otros lo ayudaron a cumplir su meta. Trabajaron mucho y construyeron un edificio con muchas dependencias: “Sueños de grandeza”, “Sueños de gloria”, “Sueños sencillos”, “Sueños de amor”. En el último piso, atendida por su dueño, la oficina de los “Sueños Imposibles”.
A esta última costaba un poco llegar, pero se llegaba siempre porque para Mario, su dueño, no había ningún sueño que no se pudiera hacer realidad. Después de mucho trabajo, muchas críticas y algunos elogios, la fábrica se inauguró. Como de sueños se trataba, de esos que se sueñan despiertos, cada persona que entraba veía a la fábrica de diferente manera.
A quienes tenían sueños de grandeza, la fábrica les parecía el edificio más imponente que hubiesen visto jamás. Por el contrario, los que soñaban una vida simple, veían en ella sólo una simple construcción, cálida y agradable. Dicen que quienes soñaban con ser artistas, podían escuchar, al entrar, música que nadie tocaba y aplausos que nadie brindaba. Los que soñaban con un gran amor, aseguraban haber sido atendidos por un angelito que los guiaba con una flecha a su destino tan ansiado. Y como siempre se dijo que “soñar no cuesta nada”, Mario jamás cobró por sus servicios.
La fábrica trabajaba día y noche buscando amores correspondidos, teatros a sala llena con público que aplaudiera, o logrando –simplemente- un helado de siete sabores. Pero, sin duda, su mayor esfuerzo era enseñarles a las personas que para los sueños, también hay que trabajar y luchar.
Esta era la parte más difícil del trabajo de Mario. La gente llegaba a su fábrica creyendo que, con sólo expresar en voz alta su deseo, el sueño ya podría ser cumplido.
A un sueño, hay que ayudarlo –decía siempre Mario- hay que trabajar para lograr lo que uno desea y a veces, mucho -añadía a sus sorprendidos clientes.
Muchos no lo entendían y se retiraban de la fábrica enfadados y desilusionados. Por el contrario, quienes sí entendían de qué se trataba, trabajaban duramente por lograr su cometido.
Y así podía verse en cada oficina, personas estudiando mucho, entrenando, ensayando, reflexionando sobre sus defectos para poder hacer felices a otros. Magos que aprendían trucos sin trucos, payasos que ensayaban rutinas insólitas por lograr la risa más sonora que se hubiese escuchado jamás.
También había cocineros probando sabores nuevos, recetas locas, combinaciones exóticas, todo por lograr el plato ideal, la comida más rica jamás preparada. Había muchos escritores que borraban, volvían a escribir, hacían bolas de papel y todo en busca de su tan ansiado libro y otros, que soñaban con salvar el planeta, iban recolectando y reciclando todos los residuos que la fábrica generaba.
Fueron tiempos felices, donde la mayoría de la gente empezó a entender que un sueño no sólo se sueña, se construye, se defiende, se sostiene y luego se logra.
Dicen, quienes recuerdan aquellos tiempos, que mientras la fábrica estuvo abierta hubo menos robos y los noticieros daban más noticias buenas que malas. También aseguran que la gente enfermaba menos y médicos y enfermeras dedicaban el tiempo libre que tenían en concretar sus propios sueños.
Los ahorros de Mario se iban acabando, mucho había invertido y nada ganaba, sin embargo él no pensaba en eso y seguía adelante.
— Deberíamos empezar a cobrar ¿no le parece Mario? preguntaba Tomás, fiel colaborador.
— De ninguna manera ¡Cobrar por ayudar a cumplir un sueño! ¡Ni soñando!
— Las reservas se acaban, yo sé lo que le digo, insistió el joven.
Sin embargo, Mario hizo oídos sordos a lo que decía su colaborador. Era consciente que ya casi no había dinero para sostener la fábrica en marcha, pero su deseo de seguir ayudando pudo más.
Tomás trataba de ajustar lo más que podía el presupuesto, pero sabía que más temprano que tarde, el dinero se acabaría por completo.
— ¿Has visto Tomás? Esa joven ha encontrado el amor, comentó entusiasmado, un día Mario.
— No queda dinero en el banco, dijo el joven.
— A propósito, se ha recibido de doctor a Don Julio, a los setenta años.
— Me alegra señor, respondió el joven.
— Pues sonríe entonces ¿dónde está tu alegría?
— No hay dinero señor, no lo hay ¿cómo podremos seguir?
Mario no respondió. No toleraba la idea de perder la fábrica. Pero llegó el día tan temido. La fábrica cerró sus puertas. Mario no fue el único que sufrió la pérdida, pero si fue el que más perdió. Sentado en la puerta del gran edificio ya vacío, pensaba en que no había hecho las cosas bien y se culpaba por no haber escuchado a Tomás.
Comenzó a invadirle una gran sensación de fracaso. Al día siguiente de cerrar la fábrica, Tomás volvió a ella, sabiendo que encontraría a Mario, como siempre, como todos los días. Se sentó a su lado, en el umbral de la puerta. Mario no apartaba la mirada del suelo.
— He fracasado, dijo Mario sin mirar al joven.
— Ya lo veremos, respondió Tomás.
Mario no entendió las palabras de su amigo, pero no tardaría en hacerlo. Con el tiempo comenzó a darse cuenta que la mayoría de las personas habían aprendido que soñar era mucho más que desear algo. Vio que el fruto de su esfuerzo se reflejaba en niños sanos, amores correspondidos, aplausos sentidos y gente feliz. Se dio cuenta que, a pesar de que la fábrica tuvo que cerrar sus puertas, la gente no sólo no había dejado de soñar, sino que trabajaba con ahínco por lograr sus metas. No había sido en vano, no había soñado un sueño imposible. Había abierto en cada persona una puerta que ya no se cerraría.
Y entonces fue feliz, aún más de lo que había sido siempre.

jueves, 28 de mayo de 2026

Piloto por accidente

El hecho es real y ocurrió en la segunda Guerra mundial.
Un gran avión bombardero se dirigía a Alemania desde una de las bases inglesas. Iba con una escuadrilla cuando los cazas alemanes los atacaron. Una ráfaga de ametralladora cruzó el avión de parte a parte hiriendo a los dos pilotos y al radiotelegrafista. Solamente un soldado irlandés, católico, que iba en el avión como ayudante, quedó ileso.
El radiotelegrafista avisó a la base que iban a tirar las bombas en el primer objetivo y que regresarían, que prepararan las ambulancias. Al cabo de media hora, tiradas las bombas, giraron para volver a Inglaterra. Quedaban todavía dos horas de vuelo, y los heridos perdían mucha sangre. El segundo piloto se desmayó, y el irlandés lo quitó del asiento y lo tumbó en la suelo del avión. El piloto le indicó que se sentara en el puesto vacío.
— Yo no puedo más. Por favor, dirige tú.
— ¡Pero si yo no he tocado nunca los mandos de un avión…!
— Siéntate. Yo te iré diciendo.
— Da más gas… Sube… Comprueba el altímetro… Estamos bajando demasiado…
Y así continuamente, mientras él rezaba y rezaba a la Virgen. Por fin, estaban sobre Inglaterra.
Se veían las luces del aeródromo y ambulancias que preparadas junto a la pista.
La voz del piloto siguió diciéndole:
— Reduce el combustible… baja el tren de aterrizaje… menos combustible… inclina los alerones, más, más…
El avión dio un suave golpe en el suelo y se deslizó sobre la pista de cemento. El soldado apretó los frenos y el gran bombardero se paró en unos segundos.
Aturdido, el ayudante saltó del asiento para abrir la puerta. Dos doctores y tres enfermeras penetraron en el avión mientras el soldado, nervioso, explicaba la aventura y su emoción de haber guiado un aparato por primera vez.
Un enfermero apareció en la puerta,agarró al soldado por las solapas y le dijo:
— Pero, ¿quién ha dirigido el avión a la vuelta?
— El piloto me llamó al segundo asiento y me decía lo que debía hacer cada momento.
— ¡Imposible!
— Pues así ha sido, doctor.
— Imposible. El primer piloto está ya frío, ha muerto hace al menos hora y media. El segundo piloto ha muerto antes. El radiotelegrafista está también muerto…
— Ahora lo entiendo, -dijo el irlandés despertando de un sueño. Yo iba rezando a la Virgen, y una voz me iba dirigiendo. Yo creía que el piloto perdía mucha sangre y apenas podía hablar. No tuve ni tiempo de mirarlo, siempre había que hacer algo nuevo. Pero esa voz me lo iba diciendo.
Y el soldado irlandés se echó a llorar. Al llevarse las manos a la cara, las cuentas del rosario le acariciaron las mejillas. Entonces lo comprendió todo.

domingo, 17 de mayo de 2026

Nora y el perro Teo

Mi hija Nora tenía nueve años cuando la atropellaron.
Un vehículo en el paso de cebra. Un segundo que lo cambió todo. Y el mundo tal como lo conocíamos desapareció de golpe. Físicamente fue recuperándose. Pero Nora dejó de hablar. Primero las respuestas se fueron haciendo más cortas. Luego se limitaba a asentir o negar con la cabeza. Y finalmente silencio completo.
Los especialistas lo diagnosticaron de origen traumático: el cerebro a veces construye una muralla para protegerse del daño. Que requería paciencia y podía prolongarse durante meses... Fueron dos años. Durante ese tiempo probamos todo lo que estaba en nuestra mano. Psicólogos, una especialista en trauma infantil, terapia de juego, terapia de expresión corporal, con elementos naturales. Nora participaba en cada sesión. Estaba allí, con una mirada de alguien que ha aprendido a existir en silencio.
En casa acomodamos nuestra forma de vivir. Bajamos el tono de voz, pusimos música suave de fondo, intentamos no ejercer ninguna presión sobre ella. Su hermano mayor Marcos desarrolló con ella un sistema de señas propias que solo entendían los dos. Yo aprendí a interpretar sus gestos: un movimiento de hombros, el ritmo de su respiración, la forma de enlazar sus dedos con los míos cuando algo le agradaba.
Mi hermana Beatriz es voluntaria desde hace años en una fundación de terapia asistida con animales que trabaja en la zona de Granada. Cuando vino a visitarnos lo hizo acompañada de Teo, un labrador de doce años. Tiene ya el morro casi blanco de canas, se mueve despacio, y tiene la serenidad de los perros mayores y sabios. Beatriz me contó que llevaba más de seis años trabajando con niños en hospitales, centros educativos y domicilios particulares.
Le pedí intentarlo. Sin hacernos ilusiones. El primer día Nora lo miró desde el otro extremo de la habitación y no se aproximó. Teo tampoco avanzó hacia ella. Se tumbó en el suelo, en el espacio intermedio entre los dos, y cerró los ojos como diciendo ‘estoy aquí, no tengo ninguna prisa’.
El segundo día Nora se sentó en el suelo, a algo más de un metro de distancia. Sin tocarlo. Solo los dos compartiendo el mismo silencio. Yo los observaba desde el pasillo, conteniendo el aliento.
El tercer día estaba en la cocina cuando percibí una voz. La voz inconfundible de mi hija. Caminé hasta el salón y me detuve en el marco de la puerta, paralizada.
Nora estaba en el suelo con las piernas cruzadas. Teo tenía el morro apoyado sobre sus rodillas. Y ella le hablaba. Sin mirarme a mí. Hablándole a él. Contándole algo que yo no alcanzaba a descifrar — sus palabras eran apenas un murmullo. Tuve que apoyar la espalda contra la pared del pasillo porque las piernas se tambaleaban.
No entré en el salón. Me quedé allí con ambas manos tapándome la boca y llorando. Lloré dos años de silencio, de noches con el grifo abierto, dos años de haber aprendido a entender el mundo a través de gestos porque no existían las palabras.
Ese día no llamé a ningún médico. Llamé a mi madre. Y cuando ella descolgó, fui yo la que no pudo hablar.
Eso fue hace ocho meses. Nora continúa con la recuperación. Todavía hay jornadas duras, instantes en que las palabras se le atascan en la garganta. Pero habla. Le cuenta historias a su hermano. Me pregunta qué hay de cenar. Se ríe, con esa risa suya que creí que no volvería a escuchar.
Teo sigue viniendo los miércoles. Nora lo espera junto a la puerta desde diez minutos antes. No sé qué pasó aquel día entre ellos. Qué le contó ella, qué comprendió él. Solo sé que un perro viejo con el hocico lleno de canas logró en setenta y dos horas lo que dos años de tratamientos no habían podido conseguir.
Hay momentos en que pienso que los animales perciben dimensiones que a nosotros se nos escapan. Que acceden a lugares a los que el lenguaje humano no puede llegar.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Habilidades y problemas

            Manuel González Bedmar

Hace mucho no leía una reflexión como está. Te la comparto...
El Buitre: si pones a un buitre en un cajón que mida 2x2m y que esté completamente abierto por la parte superior, está ave a pesar de su habilidad para volar, será un prisionero absoluto. La razón es que el buitre siempre comienza el vuelo desde el suelo con una carrera de tres a cuatro metros. Sin espacio para correr, como es su hábito, ni siquiera intentará volar sino que quedará prisionero de por vida en una pequeña cárcel sin techo...
El Murciélago: el murciélago ordinario que vuela por todos lados durante la noche es una criatura sumamente hábil en el aire, pero no puede elevarse desde un lugar a nivel del suelo. Si se le coloca en el suelo en un lugar plano todo lo que puede hacer es arrastrarse indefenso y sin dudas dolorosamente hasta alcanzar algún sitio ligeramente elevado del cual se pueda lanzar hacia el aire, entonces, inmediatamente despega a volar...
La Abeja: la abeja al ser depositada en un recipiente abierto, permanecerá allí hasta que muera, a menos que sea sacada del mismo. Nunca ve la posibilidad de escapar que existe por encima de ella, sin embargo persiste tratando de encontrar alguna forma de escape por los laterales cerca del fondo. Seguirá buscando una salida donde no existe ninguna, hasta que se agota por completo.
Las Personas: en muchas formas somos como el buitre, el murciélago o la abeja Afrontamos nuestros problemas y frustraciones, sin darnos cuenta que todo lo que tenemos que hacer es mirar hacia arriba. Esa es la respuesta, la ruta de escape y la solución a cualquier problema. ¡Solo mira hacia arriba!
La tristeza mira hacia atrás… la preocupación mira alrededor… la depresión mira hacia abajo... pero la FE siempre mira hacia arriba… porque allá esta el Todopoderoso… la fuerza para superar los problemas, la paz y la felicidad.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Confía en Dios...

            Me gustó mucho   Proverbios 16:9

Lo que es para ti nunca tendrá que ser forzado.
Los planes de Dios no necesitan presión, necesitan confianza.
Él no te está pidiendo que te esfuerces,
te está pidiendo que descanses. Permanece quieto/a.
Dios sabe por lo que estás pasando en este momento.
Cada lucha, cada lágrima, cada momento de duda. Él lo ve todo.
No tienes que explicarle nada, porque Él entiende mejor que nadie.
Y aun cuando sientas que nadie más lo hace,
Él está ahí, listo para sostenerte y cargarte.
No te está pidiendo que tengas todas las respuestas,
te está pidiendo que confíes en Él.
Confía en que está obrando en medio de tu dolor,
que Su plan para ti es bueno
y está contigo en cada paso del camino.
Cuando no tienes respuestas, Él es quien las tiene todas.
Sigue confiando. Él te sostiene.
Muy pronto mirarás atrás y dirás: "Dios, esto es más de lo que recé."

domingo, 15 de marzo de 2026

Quiero ver, Señor

Quiero ver, Señor
para sentirte cerca y nunca abandonarte,
porque me pierdo y camino confundido.
Quiero ver, Señor
para verte y nunca perderte
porque, sin Ti, no soy tan feliz como creo ser.
Quiero ver, Señor
para vivir alegre y abierto a los demás,
agradecer lo mucho que haces por mí,
defenderte cuando algunos te ignoren,
no tropezarme cuando surjan dificultades.
Quiero ver, Señor
para que nadie me confunda con falsas luces,
para que nada me aleje de tu amistad.
Quiero ver, Señor
con ojos agradecidos hacia el cielo.
Quiero ver, Señor
para reconocer lo que eres: ¡Mi Señor y mi Dios!
Quiero ver, Señor
con mirada limpia de egoísmo y apariencias.
Quiero ver, Señor
para descubrir tu amor cada día en mi vida.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Dios no se olvida de tus deseos

         Me gustó mucho

“Dios nunca se olvida de los deseos de tu corazón.”
A veces sentimos que sí.
Que el cielo guarda silencio,
que las oraciones se quedan suspendidas en el aire
como cartas sin destinatario.
Pedimos con fe, esperamos con paciencia,
y aun así los días pasan y nada parece cambiar.
Pero Dios no olvida.
Somos nosotros quienes, cansados de esperar,
confundimos el silencio con ausencia
y el tiempo con abandono.
Los deseos del corazón no siempre son cumplidos
cuando los pedimos, ni de la forma en que los imaginamos.
Algunos necesitan madurar, otros transformarse,
y algunos más… descansar un tiempo
para no rompernos antes de llegar.
Hay deseos que nacen del dolor, del vacío,
de una pérdida que aún duele.
Y Dios, que conoce el fondo del alma,
no los concede de inmediato.
Dios no se olvida de ti cuando te toca esperar.
Te está cuidando incluso cuando no lo entiendes.
Porque hay anhelos que llegan
solo después de que aprendemos a soltar, a confiar,
a caminar aun con el corazón cansado.
Tal vez hoy no tienes lo que pediste,
pero sí tienes lo que necesitas para seguir.
Y eso también es una forma de amor divino.
Sigue creyendo, aunque duela.
Sigue esperando, aunque el tiempo pese.
Porque lo que Dios guarda en su memoria no se pierde…
solo llega en el momento exacto
en que tu corazón puede recibirlo sin romperse.

domingo, 22 de febrero de 2026

No caigas en la tentación

               Florentino Ulibarri

Cuando sea tentado por el hambre,
no me dejes caer en soluciones fáciles.
No a la pereza, no a la vida cómoda y satisfecha.
Dame sólo el pan nuestro de cada día.
Cuando sea tentado por la fama,
no me dejes caer en la soberbia.
No a la imagen, no al orgullo,
no a una vida ambiciosa y fácil.
Dame sólo la grandeza de tener hermanos y Padre.
Cuando sea tentado por el poder,
no me dejes caer en sus redes.
No al uso de su fuerza, no al dominio,
no a una vida arrogante y prepotente.
Dame sólo el gozo del servicio humilde.
Cuando sea tentado por lo que sea,
no me dejes solo con mi pena ni con mi osadía.
Y aunque no te lo pida,
ni haya apreciado tu ejemplo y propuesta,
dame tu segura compañía para andar por la vida.
Y mientras caminemos por el desierto,
que tu Espíritu, sólo tu Espíritu, me empuje
y guíe a los corazones y a los oasis
en los que Tú estás presente, aunque no lo invoque.
¡No me dejes caer en estas
ni en otras tentaciones!

viernes, 20 de febrero de 2026

Oración a Jesús Eucaristía

            Monseñor Carlo María Martini 

Jesús, hoy estoy a tus pies,
tengo la dicha de estar ante ti
que estás en la Eucaristía,
Tendría ganas de contarte mis méritos,
pero prefiero reconocer ante Ti,
que tengo errores y pecados.
Señor, no soy siempre como querría ser,
no siempre rezo contento,
a menudo me vencen las distracciones.
Señor, con frecuencia me molesto con mis compañeros,
tengo resentimientos, me irrito,
y expreso mi ira con palabras y gestos.
Señor,
innumerables veces no dejo el primer puesto a los otros,
me pongo yo en el primer lugar,
convencido de que me pertenece.
Señor, ilumina mi vida.
Hazme entender quién soy verdaderamente,
entra en mí como luz,
que ilumina, purifica y alienta,
haz que me deje conocer por ti hasta el fondo.
Señor, quisiera poderte gritar,
que te acuerdes de mí a la hora de mi muerte,
confío en ti…. Amén

miércoles, 18 de febrero de 2026

Oración para el Miércoles de Ceniza

Señor Jesús:

Como tu pueblo elegido recibimos la ceniza
como señal de arrepentimiento, dolor y penitencia,
concédenos que al recibirla hoy en el inicio de la Cuaresma,
exprese nuestro deseo de conversión,
nuestro compromiso para apartarnos del pecado,
reconciliarnos contigo y crecer en la fe, esperanza y amor,
a través de los caminos que ofrece la Iglesia:
 "oración", para dialogar a diario contigo, nuestro amigo,
"caridad," para estar atentos a los otros y ayudarlos en su necesidad,
"ayuno y abstinencia" para aprender a dominarnos
y a privarnos de bienes para compartirlos con los demás.
Que en nuestro camino cuaresmal tu Palabra sea nuestra luz,
y la Eucaristía el alimento que fortalezca nuestro corazón
para acompañarte hasta la cruz
y llegar a la Pascua para celebrar contigo la Resurrección.

viernes, 30 de enero de 2026

Oración por la Paz

              San Juan XXIII

Señor Jesucristo, que eres llamado Príncipe de la Paz,
que eres Tú mismo nuestra paz y reconciliación,
que a menudo dijiste: "La Paz contigo, la paz os doy."
Haz que todos hombres y mujeres den testimonio de la verdad,
de la justicia y del amor fraternal.
Destierra de nuestros corazones cualquier cosa
que pueda poner en peligro la paz.
Ilumina a nuestros gobernantes para que ellos garanticen
y puedan defender el gran regalo de la paz.
Que todas las personas de la tierra se sientan hermanos y hermanas.
Que el anhelo por la paz se haga presente
y perdure por encima de cualquier situación.

sábado, 24 de enero de 2026

Días turbulentos

                  José María Rodríguez Olaizola, SJ (Rezandovoy)

Es parte de la vida
que no encajen las piezas,
que se rompan los sueños.
De poco sirve empeñarnos
en domar la turbulencia de los días.
La palabra no aplaca el desconcierto.
La teoría no abarca la existencia.
La gente es compleja.
Nuestros días, inciertos.
El hombre propone, y Dios dispone,
pero a menudo el caos se impone.
También esto es ser humano.
Desesperarse, viajar sin mapas,
creer pese al estruendo del silencio,
tratar de retener entre los dedos
el agua que se escurre sin remedio,
no entender el idioma del hermano,
no saber responder a lo esperado.
Y en algún arrebato de amargura
destruir a patadas los castillos de arena.
Pero al volver la calma y la esperanza,
comenzaremos, de nuevo,
a poner contrafuertes y reforzar la alegría.

martes, 20 de enero de 2026

En toda ocasión… reza

          Me gustó mucho

Cuando vayas a salir, reza.
No para que nada pase,
sino para tener paz si algo pasa.
Cuando vayas a comer, da gracias.
Aunque sea poco,
aunque no sea lo que esperabas.
La gratitud transforma lo sencillo en bendición
y lo cotidiano en milagro.
Cuando estés a punto de tomar una decisión,
ponla en las manos de Dios.
No siempre para que cambie el camino,
sino para que fortalezca tu corazón al recorrerlo.
Porque hay elecciones
que no se entienden en el momento,
pero se agradecen con el tiempo.
La oración no necesita palabras bonitas
ni discursos largos.
A veces basta un susurro, una lágrima,
un “ayúdame” dicho con fe.
Dios entiende el idioma del alma
cuando ya no sabemos qué decir.
Orar es confiar cuando el miedo aprieta,
es descansar cuando la carga pesa,
es creer cuando todo parece incierto.
La oración puede ser sencilla,
pero jamás deja de ser poderosa
si nace del corazón
y se sostiene en la fe.
Si lo crees…

miércoles, 7 de enero de 2026

En el centro de mi vida

                José María R. Olaizola, SJ

Si acaparo el centro de mi vida
solo habrá música en clave de yo.
Mis anhelos y dudas, mis problemas,
mis tristezas y miedos, mi alegría.
Mis batallas de dentro, mis heridas de fuera.
Hay un ego insaciable reclamando atención.
¿Qué exigencia me mueve? ¿Qué necesito ahora?
¿Qué me duele? ¿Qué falta? ¿Qué me llena?
Siempre hay algo que añadir
a esa lista infinita de desvelos.
Un constante reclamo de mejoras.
Una sordera crónica ante lo ajeno.
Hasta a Ti te intento controlar
para apresarte en mis esquemas.
Si Tú estás en el centro de mi vida
todo encuentra su sitio.
El prójimo aparece en el paisaje.
El amor es historia y no trinchera.
Las tristezas y dichas se comparten.
La fe es la luz que rasga las tinieblas
y descubre horizontes diferentes.
El yo es solo un pronombre entre otros muchos.
La mirada se nutre en la belleza
que se oculta a los ojos de Narciso.
La amistad es regalo y no cadena.
Solo hay que descentrarse
y devolverte a Ti el centro de la vida.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El sembrador de medianoche

La ciudad de Santiago vibraba con una gran energía. Faltaba apenas una hora para la medianoche y el aire olía a pólvora, cena familiar y esa mezcla extraña de nostalgia y ansiedad que solo ocurre cada 31 de diciembre.
Elena estaba en la azotea de su edificio, lejos del bullicio de la fiesta de sus vecinos. Tenía 28 años y sentía que el año que terminaba había sido como un libro leído a medias: muchas páginas pasadas, pero poca historia recordada. Se sentía estancada, como si el calendario avanzara y ella se quedara mirando el segundero.
Justo cuando pensaba en bajar, vio a Don Julián, el vecino del primero, un hombre de ochenta años que siempre llevaba boina y una sonrisa enigmática. Estaba arrodillado frente a una maceta grande, ignorando los fuegos artificiales que ya empezaban a surgir en el horizonte.
— ¿No debería estar adentro brindando, Don Julián? -preguntó Elena acercándose.
El anciano levantó la vista y sonrió. Tenía las manos manchadas de tierra negra.
— Verás, Elena, la gente cree que el Año Nuevo es algo que te "pasa", como si fuera una ola que te arrastra. Yo prefiero pensar que es algo que se siembra.
Don Julián le explicó que cada año, exactamente a las 12:01, plantaba una semilla. No importaba si era una flor, una hierba o un pequeño árbol.
— El año no es nuevo porque cambie el número en el calendario, dijo él con voz suave. Es nuevo porque tú decides poner algo en marcha que antes no existía.
Elena lo miró con curiosidad. Él le extendió un pequeño sobre de papel. Eran semillas de jazmín.
— Toma. El año pasado dijiste que querías volver a pintar, pero no tenías espacio ni luz. El jazmín crece buscando el sol, aunque sea poco. Planta esto hoy. Deja que la tierra sea el primer testigo de tu intención.
El reloj comenzó la cuenta atrás. Los gritos subían desde la calle: ¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho!
Elena sintió un nudo en la garganta. No era tristeza, era la emoción de la posibilidad. Metió sus dedos en la tierra fresca de una maceta vacía, sintiendo el frío y la vida contenida en ese puñado de suelo.
¡Tres! ¡Dos! ¡Uno! ¡Feliz Año Nuevo!
Mientras las luces de colores estallaban sobre sus cabezas y las sirenas sonaban en toda la ciudad, Elena metió las semillas bajo la superficie. En ese momento, entendió que no necesitaba tener todas las respuestas para el próximo año. Solo necesitaba la voluntad de regar algo pequeño y ver qué pasaba.
Se puso de pie, se sacudió la tierra de los pantalones y abrazó a Don Julián. Por primera vez en meses, no tenía miedo del futuro.
Al fin y al cabo, acababa de empezar su propia primavera en medio del invierno.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Escuchar tu voz, Señor

Señor, ayúdame a escuchar tu voz y a responderte,
con la misma decisión y generosidad de Juan Evangelista.
Cuando lo llamaste, a orillas del lago Tiberiades,
inmediatamente dejo la barca y a su padre y te siguió.
No lo dejó para dentro de un rato, o para mañana.
Casi no te conocía. No sabía qué le esperaba,
pero tu voz resonó en su corazón con tal fuerza
que lo dejó todo y te siguió.
Señor, ayúdame a escuchar tu voz y a responderte,
con decisión y generosidad.
Señor, ayúdame a acercarme a ti cada día
y a dejar que tu cercanía me transforme, como a Juan.
Juan y su hermano Santiago iban en busca de privilegios.
Pero estar a tu lado les fue cambiando.
Entendieron que es menester beber el cáliz del amor,
del servicio y de la entrega hasta la última gota.
Experimentaron que el camino de la gloria
pasa por Getsemaní y por el Calvario.
Señor, ayúdame a acercarme a ti cada día
y a dejar que tu cercanía me transforme.