domingo, 14 de junio de 2026
Anunciar, proclamar la Buena Noticia
Salir a la plaza pública.
Plantar cara a la ley muerta con fe viva.
Hablar para todos.
Acariciar a los intocables con ternura eterna.
Dejar ir el miedo.
Encender un fuego de esperanza y arrojo.
Azuzar, hasta poner en marcha a otros apóstoles
y con ellos atravesar años, siglos, milenios,
construyendo el Reino,
pintando lo humano con trazos de justicia.
Defender el Amor de embates y agresiones.
Abrir la puerta de la historia
a lo inesperado, lo impensable, lo inmortal.
Ante lo insulso, proponer la Palabra
que hasta en el silencio retumba.
Dejarse guiar por su Espíritu.
El pescador más optimista
de Ángel Arias
Los aficionados a la pesca se cuentan entre los humanos más optimistas (y mentirosos). No importa lo baldía que les haya resultado la jornada anterior, afrontarán la siguiente con una ilusión a prueba de bombas. Y, cuando se trata de contar el resultado de la última pesca no les dolerán prendas para exagerar el número y tamaño de las piezas cobradas, hasta hacerlas alcanzar dimensiones inverosímiles.
Hubo una época en la que los ríos asturianos eran pródigos en truchas y reos, las dos especies de salmónidos más agradecidas para quienes desean cultivar esa afición. Son sagaces, cautas, asustadizas y, cuando se las prende en el anzuelo, luchan desesperadamente por desprenderse, lo que proporciona momentos de emoción en cada lance.
No es la carne de la trucha mi predilecta, por lo que, sin necesidad de apelar a mi sensibilidad, la mayor parte de los peces que conseguía engañar con el señuelo, eran devueltos al agua. Incluso debo admitir que el mayor placer de todo el proceso de pesca, me lo proporcionaba el confeccionar señuelos de moscas, efímeras, ninfas, gusanos y otras imitaciones, para lo que llegué a adquirir cierta práctica.
Los nervios, la agilidad manual y la buena vista deben controlarse, para no acabar con el aparejo, la cesta y los ánimos en el agua.
Andaba yo, al anochecer, dedicado a la pesca del reo, en el Narcea. No estaban picando y, a cada lance, me aventuraba a llevar la mosca algo más lejos. De pronto, noté un fuerte tirón y casi al mismo tiempo, vi saltar, a lo lejos un salmón descomunal. Había tragado una de las moscas y se sentía atrapado por el señuelo. Lleno de emoción, repasé mentalmente los pasos de pescadores para, con destreza y paciencia, traer hasta la orilla a un pez con un sedal. ¿Tendría esa habilidad mi vecino, ensimismado en lo suyo, y a quien no conocía de nada?
— ¡Eh, amigo! -le grité, sin perder de vista las evoluciones del salmón al que no cesaba yo de darle hilo, confiando en que se calmara hasta que un experto ocupara mi posición con la caña- ¡He cogido un salmón, pero mi aparejo es de trucha! ¿Me ayudas a sacarlo?
A pesar de la oscuridad, cada vez más densa, pude intuir la cara de socarronería del interpelado.
— Claro que sí -me contestó-. Tráelo a la orilla, y nos las apañamos con la sacadera.
Fue más o menos en ese momento, cuando sentí la sacudida por la que el salmón se liberaba del sedal, llevándose consigo mi aparejo y mi inocente ilusión de pescador novato
sábado, 13 de junio de 2026
(Hoy celebramos su fiesta
O Inmaculado Corazón de María, camino seguro al Corazón de Cristo;
refugio seguro de nosotros pecadores;
nueva arca donde nos refugiamos en la tempestad.
A tu Corazón Inmaculado, oh Madre Santísima, queremos consagrarnos hoy;
y guarecernos dentro de tu corazón, mientras pasa la tormenta.
Queremos ser tuyos, oh Madre. Te pedimos que nos defiendas, que nos protejas,
que nos guíes, que nos guíes hacia la perfecta comunión con el Corazón de tu Hijo.
Nos acogemos y nos consagramos a tu Corazón Inmaculado,
lugar lleno de gracia y luz, lleno de amor y santidad.
Que dentro de tu Corazón Inmaculado, las fuerzas del Maligno no nos alcancen.
Queremos ser posesión y propiedad tuya, guarda, oh Madre de Amor, lo que es tuyo.
Virgen Santísima, te pedimos que triunfe tu corazón en nuestros corazones,
triunfe en la Iglesia, triunfe en el mundo, para que triunfando tu Corazón,
triunfe la gracia sobre el pecado, la luz sobre la oscuridad, el amor sobre el egoísmo.
Todos nosotros en unidad de corazón entramos hoy en tu Corazón.
Gracias, oh Virgen Santísima, por acogernos con Corazón de Madre.
Lo que damos , regresa
Autor desconocido.
Su nombre era Fleming y era un pobre agricultor inglés. Un día, mientras trataba de ganarse la vida para ayudar a su familia, escuchó a alguien pidiendo auxilio desde un pantano cercano. Inmediatamente soltó sus herramientas y corrió hacia el pantano. Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando y luchando, tratando de liberarse del lodo. El agricultor Fleming salvó al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible.
Al día siguiente, un carruaje muy pomposo llegó hasta el caserío del agricultor inglés. Un noble inglés, elegantemente vestido, se bajó y se presentó como el padre del niño que Fleming había salvado.
— Yo quiero recompensarlo -dijo el noble inglés-. Usted salvó la vida de mi hijo.
— No; yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice -respondió Fleming, rechazando la oferta.
En ese momento el hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia.
— ¿Es tu hijo? -preguntó el noble inglés.
— Sí -respondió el agricultor, lleno de orgullo.
— Le voy a proponer un trato. Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación. Si se parece a su padre, crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso.
El agricultor aceptó.
Con el paso del tiempo el hijo de Fleming el agricultor se graduó en la Escuela de Medicina del St. Mary's Hospital de Londres y se convirtió en un personaje conocido en todo el mundo: el premio Nobel sir Alexander Fleming, descubridor de la penicilina.
Algunos años después, el hijo del noble inglés cayó enfermo de pulmonía. ¿Qué lo salvó? La penicilina.
¿El nombre del noble inglés? Randolph Churchill. ¿El nombre de su hijo? Winston Churchill.
jueves, 11 de junio de 2026
En tu nombre
J. Mª R. Olaizola S.J.
En tu nombre recorreré caminos,
afrontaré tristezas, desvelaré misterios,
veré luz en la niebla, abrazaré motivos,
renunciaré a la guerra.
Pondré a rendir talentos, trabajaré la tierra
donde han de echar raíces tu cruz y tu promesa.
En tu nombre me opondré a la injusticia,
perdonaré las deudas,
palabras de ternura escribiré en la arena
daré la espalda al odio,
cinco panes, dos peces llevaré como ofrenda.
En tu nombre daré un salto al vacío,
amaré sin reservas saldré de laberintos, descubriré tu senda,
reiré como un niño sin miedo a la tormenta,
viviré el evangelio, me sentaré a tu mesa.
La Fabrica de Sueños
Y entonces, soñó la manera de ayudar a la gente a concretar sus sueños, y como lo soñó con todo el corazón, lo hizo realidad. Con todos sus ahorros, construyó así la primera (y única) “Fábrica de sueños”.
Muchos dijeron que estaba loco, otros lo ayudaron a cumplir su meta. Trabajaron mucho y construyeron un edificio con muchas dependencias: “Sueños de grandeza”, “Sueños de gloria”, “Sueños sencillos”, “Sueños de amor”. En el último piso, atendida por su dueño, la oficina de los “Sueños Imposibles”.
A esta última costaba un poco llegar, pero se llegaba siempre porque para Mario, su dueño, no había ningún sueño que no se pudiera hacer realidad. Después de mucho trabajo, muchas críticas y algunos elogios, la fábrica se inauguró. Como de sueños se trataba, de esos que se sueñan despiertos, cada persona que entraba veía a la fábrica de diferente manera.
A quienes tenían sueños de grandeza, la fábrica les parecía el edificio más imponente que hubiesen visto jamás. Por el contrario, los que soñaban una vida simple, veían en ella sólo una simple construcción, cálida y agradable. Dicen que quienes soñaban con ser artistas, podían escuchar, al entrar, música que nadie tocaba y aplausos que nadie brindaba. Los que soñaban con un gran amor, aseguraban haber sido atendidos por un angelito que los guiaba con una flecha a su destino tan ansiado. Y como siempre se dijo que “soñar no cuesta nada”, Mario jamás cobró por sus servicios.
La fábrica trabajaba día y noche buscando amores correspondidos, teatros a sala llena con público que aplaudiera, o logrando –simplemente- un helado de siete sabores. Pero, sin duda, su mayor esfuerzo era enseñarles a las personas que para los sueños, también hay que trabajar y luchar.
Esta era la parte más difícil del trabajo de Mario. La gente llegaba a su fábrica creyendo que, con sólo expresar en voz alta su deseo, el sueño ya podría ser cumplido.
A un sueño, hay que ayudarlo –decía siempre Mario- hay que trabajar para lograr lo que uno desea y a veces, mucho -añadía a sus sorprendidos clientes.
Muchos no lo entendían y se retiraban de la fábrica enfadados y desilusionados. Por el contrario, quienes sí entendían de qué se trataba, trabajaban duramente por lograr su cometido.
Y así podía verse en cada oficina, personas estudiando mucho, entrenando, ensayando, reflexionando sobre sus defectos para poder hacer felices a otros. Magos que aprendían trucos sin trucos, payasos que ensayaban rutinas insólitas por lograr la risa más sonora que se hubiese escuchado jamás.
También había cocineros probando sabores nuevos, recetas locas, combinaciones exóticas, todo por lograr el plato ideal, la comida más rica jamás preparada. Había muchos escritores que borraban, volvían a escribir, hacían bolas de papel y todo en busca de su tan ansiado libro y otros, que soñaban con salvar el planeta, iban recolectando y reciclando todos los residuos que la fábrica generaba.
Fueron tiempos felices, donde la mayoría de la gente empezó a entender que un sueño no sólo se sueña, se construye, se defiende, se sostiene y luego se logra.
Dicen, quienes recuerdan aquellos tiempos, que mientras la fábrica estuvo abierta hubo menos robos y los noticieros daban más noticias buenas que malas. También aseguran que la gente enfermaba menos y médicos y enfermeras dedicaban el tiempo libre que tenían en concretar sus propios sueños.
Los ahorros de Mario se iban acabando, mucho había invertido y nada ganaba, sin embargo él no pensaba en eso y seguía adelante.
— Deberíamos empezar a cobrar ¿no le parece Mario? preguntaba Tomás, fiel colaborador.
— De ninguna manera ¡Cobrar por ayudar a cumplir un sueño! ¡Ni soñando!
— Las reservas se acaban, yo sé lo que le digo, insistió el joven.
Sin embargo, Mario hizo oídos sordos a lo que decía su colaborador. Era consciente que ya casi no había dinero para sostener la fábrica en marcha, pero su deseo de seguir ayudando pudo más.
Tomás trataba de ajustar lo más que podía el presupuesto, pero sabía que más temprano que tarde, el dinero se acabaría por completo.
— ¿Has visto Tomás? Esa joven ha encontrado el amor, comentó entusiasmado, un día Mario.
— No queda dinero en el banco, dijo el joven.
— A propósito, se ha recibido de doctor a Don Julio, a los setenta años.
— Me alegra señor, respondió el joven.
— Pues sonríe entonces ¿dónde está tu alegría?
— No hay dinero señor, no lo hay ¿cómo podremos seguir?
Mario no respondió. No toleraba la idea de perder la fábrica. Pero llegó el día tan temido. La fábrica cerró sus puertas. Mario no fue el único que sufrió la pérdida, pero si fue el que más perdió. Sentado en la puerta del gran edificio ya vacío, pensaba en que no había hecho las cosas bien y se culpaba por no haber escuchado a Tomás.
Comenzó a invadirle una gran sensación de fracaso. Al día siguiente de cerrar la fábrica, Tomás volvió a ella, sabiendo que encontraría a Mario, como siempre, como todos los días. Se sentó a su lado, en el umbral de la puerta. Mario no apartaba la mirada del suelo.
— He fracasado, dijo Mario sin mirar al joven.
— Ya lo veremos, respondió Tomás.
Mario no entendió las palabras de su amigo, pero no tardaría en hacerlo. Con el tiempo comenzó a darse cuenta que la mayoría de las personas habían aprendido que soñar era mucho más que desear algo. Vio que el fruto de su esfuerzo se reflejaba en niños sanos, amores correspondidos, aplausos sentidos y gente feliz. Se dio cuenta que, a pesar de que la fábrica tuvo que cerrar sus puertas, la gente no sólo no había dejado de soñar, sino que trabajaba con ahínco por lograr sus metas. No había sido en vano, no había soñado un sueño imposible. Había abierto en cada persona una puerta que ya no se cerraría.
Y entonces fue feliz, aún más de lo que había sido siempre.
lunes, 1 de junio de 2026
Lo tuyo es darte
Javi Montes, SJ (rezandovoy)
Nos empeñamos en apropiarnos de todo
y nos quedamos solo con la frustración.
Queremos programar cada instante
pero la vida se nos escapa de las manos.
Nos gustaría conocerlo todo
y nos descubrimos los más ignorantes.
Soñamos con triunfar en cada proyecto
pero el fracaso nos devuelve a nuestro sitio.
Lo tuyo es dar, darte, sin calcular.
Lo nuestro es recibir, acoger, sin preguntar.
Solo me conozco al mirarme en Ti.
Eres el manantial del que todo brota,
donde veo la primera luz y empiezo a correr.
Eres el mar, donde todo acaba
hacia allá me dirijo, en Ti quiero descansar.
Los zapatos del jardinero
El alumno dijo al profesor:
— Vamos a gastarle una broma. Escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.
— Querido amigo -le dijo el profesor- nunca debemos divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.
Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre, terminó sus tareas del día, y fue en busca de sus zapatos y su abrigo.
Una vez que se hubo puesto el abrigo, deslizó el pie derecho en un zapato, pero al sentir algo dentro, cogió el zapato con la mano para ver qué era, y encontró una moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. Guardó la moneda en el bolsillo del abrigo y se puso el otro zapato. Su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.
En ese momento cayó de rodillas y levantando los ojos al cielo pronunció una ferviente oración de agradecimiento en voz alta…; en ella se le oía hablar de su esposa enferma y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.
El estudiante quedó profundamente conmovido y se le llenaron los ojos de lágrimas.
— Ahora -dijo el profesor- ¿No estás más complacido que si le hubieras gastado una broma?
El joven respondió:
— Usted me ha enseñado una doble lección que jamás olvidaré: “Nunca es bueno reírse de los demás” y “es mejor dar que recibir”.
sábado, 30 de mayo de 2026
A la Virgen del Yugo
(Aniversario de su Coronación Canónica el 30 de Mayo de 2010)
Santa María, Virgen del Yugo,
acudimos a ti como Madre
para que sigas cuidando a todo el pueblo de Dios
que camina en las tierras de Navarra.
Danos fuerza para vivir la fe con ilusión y alegría.
Danos ardor para ser testigos del amor
de tu Hijo Jesucristo.
Danos ánimo para ser testigos de esperanza
y llevar la luz que Hijo nos concedió
el día de nuestro Bautismo.
Danos paz, unión y fraterna solidaridad.
Te lo pedimos a ti, Virgen del Yugo,
en Jesucristo tu Hijo. Amén.
(Francisco Pérez, Arzobispo Emérito de Pamplona-Tudela)
Las llamadas de mi madre
— ¿Usted es el hijo de la señora…?
— Sí… soy yo.
Hubo un silencio al otro lado de la línea. Un silencio que todavía me persigue.
— Le llamamos del hospital… su madre ingresó anoche. Preguntó varias veces por usted.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
—¿Cómo está? -pregunté con la voz temblando.
La mujer del hospital respiró hondo… y dijo algo que jamás voy a olvidar:
— Antes de cerrar los ojos… dijo su nombre.
Sentí que el mundo se me cayó encima. Porque en ese momento recordé algo que me quemó el alma. Mi teléfono… estaba lleno de llamadas perdidas de ella. Llamadas que no contesté porque “estaba ocupado”. Porque “luego la llamo”. Porque “mañana que tendré tiempo”.
Mensajes que decían: “Hijo, solo quería saber cómo estás.” “Hijo, cuando tengas un momento llámame.” “Hijo, te echo de menos.” Y yo… yo siempre encontraba una excusa. El trabajo. El cansancio. La vida. Qué irónico. Tuve tiempo para todo… menos para la mujer que me dio la vida.
Salí corriendo al hospital con un nudo en la garganta. “Dios… que todavía esté viva… que todavía pueda decirle que la quiero.”
Pero cuando llegué… ya era tarde. Una enfermera me miró con esos ojos que lo dicen todo sin decir nada. Y entendí. Entré a la habitación. Ahí estaba mi madre… en silencio… como si estuviera dormida. Me acerqué… le tomé la mano que ya estaba fría… y por primera vez en mucho tiempo le hablé sin prisa.
— Mamá… ya estoy aquí contigo.
Pero ella… ya no podía escucharme. Y en ese momento entendí una verdad que me partió el alma: Las llamadas de una madre no duran para siempre. Un día… su teléfono deja de sonar. Y ese día… darías lo que fuera por escuchar una vez más su voz diciendo: “¿Hijo… cómo estás?”
Si tu madre todavía vive… no esperes a que el hospital sea quien te llame. Llámala tú primero.
jueves, 28 de mayo de 2026
Himno a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote
los cielos y la tierra:
a ti que por amor te hiciste hombre
y al Padre como víctima te ofrendas.
Tu sacrificio nos abrió las puertas,
de par en par, del cielo;
ante el trono de Dios, es elocuente
tu holocausto en la cruz y tu silencio.
Todos los sacrificios de los hombres
quedaron abolidos:
todos eran figuras que anunciaban
al Sacerdote eterno, Jesucristo.
No te basta el morir, que quieres darnos
alimento de vida:
quedarte con nosotros y ofrecerte
sobre el altar: hacerte eucaristía.
Clavado en cruz nos miras, te miramos,
crece el amor, la entrega.
Al Padre, en el Espíritu, contigo,
eleva nuestro canto y nuestra ofrenda. Amén
Piloto por accidente
Un gran avión bombardero se dirigía a Alemania desde una de las bases inglesas. Iba con una escuadrilla cuando los cazas alemanes los atacaron. Una ráfaga de ametralladora cruzó el avión de parte a parte hiriendo a los dos pilotos y al radiotelegrafista. Solamente un soldado irlandés, católico, que iba en el avión como ayudante, quedó ileso.
El radiotelegrafista avisó a la base que iban a tirar las bombas en el primer objetivo y que regresarían, que prepararan las ambulancias. Al cabo de media hora, tiradas las bombas, giraron para volver a Inglaterra. Quedaban todavía dos horas de vuelo, y los heridos perdían mucha sangre. El segundo piloto se desmayó, y el irlandés lo quitó del asiento y lo tumbó en la suelo del avión. El piloto le indicó que se sentara en el puesto vacío.
— Yo no puedo más. Por favor, dirige tú.
— ¡Pero si yo no he tocado nunca los mandos de un avión…!
— Siéntate. Yo te iré diciendo.
— Da más gas… Sube… Comprueba el altímetro… Estamos bajando demasiado…
Y así continuamente, mientras él rezaba y rezaba a la Virgen. Por fin, estaban sobre Inglaterra.
Se veían las luces del aeródromo y ambulancias que preparadas junto a la pista.
La voz del piloto siguió diciéndole:
— Reduce el combustible… baja el tren de aterrizaje… menos combustible… inclina los alerones, más, más…
El avión dio un suave golpe en el suelo y se deslizó sobre la pista de cemento. El soldado apretó los frenos y el gran bombardero se paró en unos segundos.
Aturdido, el ayudante saltó del asiento para abrir la puerta. Dos doctores y tres enfermeras penetraron en el avión mientras el soldado, nervioso, explicaba la aventura y su emoción de haber guiado un aparato por primera vez.
Un enfermero apareció en la puerta,agarró al soldado por las solapas y le dijo:
— Pero, ¿quién ha dirigido el avión a la vuelta?
— El piloto me llamó al segundo asiento y me decía lo que debía hacer cada momento.
— ¡Imposible!
— Pues así ha sido, doctor.
— Imposible. El primer piloto está ya frío, ha muerto hace al menos hora y media. El segundo piloto ha muerto antes. El radiotelegrafista está también muerto…
— Ahora lo entiendo, -dijo el irlandés despertando de un sueño. Yo iba rezando a la Virgen, y una voz me iba dirigiendo. Yo creía que el piloto perdía mucha sangre y apenas podía hablar. No tuve ni tiempo de mirarlo, siempre había que hacer algo nuevo. Pero esa voz me lo iba diciendo.
Y el soldado irlandés se echó a llorar. Al llevarse las manos a la cara, las cuentas del rosario le acariciaron las mejillas. Entonces lo comprendió todo.
miércoles, 27 de mayo de 2026
Pedí a Dios...
Le pedí a Dios ser yo el centro del mundo. y Él me enseñó que la vanidad me aparta del centro de cualquier cosa.
Le pedí a Dios fama y gloria, y Él me concedió sencillez y comprensión para que mi ego no hiera a los demás.
Le pedí a Dios un auto que viajara veloz, y Él me concedió un paso firme por el sendero correcto para que no atropellara mis sentimientos.
Le pedí a Dios tener una mansión, pero Él me dio una pequeña casa llena de ternura y amor.
Le pedí a Dios poseer mucho dinero para tener muchos amigos... pero Él me concedió algo mejor. me ofreció una amistad, no a cambio de dinero, sino de mi sinceridad.
Le pedí a Dios mucha salud para conquistar mis anhelos... pero Él me concedió enfermedad para que conquistara la paciencia y uno que otro sueño. para que creyera más en Él y mi ego se elevara hasta el cielo.
Le pedí a Dios una bella apariencia física y sin embargo. Él me dio sensibilidad y belleza espiritual para que no me sintiera más que los demás.
Le pedí a Dios ser siempre feliz... pero Él me hizo conocer la tristeza para que comprendiera que la vida no solo está compuesta de cosas bellas, y aprendiera a tener la compasión de todos los demás.
Le pedí a Dios un carácter fuerte... pero Él me concedió un corazón blando y un carácter pasivo para que aprendiera a amar y ayudar a los demás.
Le pedí a Dios nunca llorar y, sin embargo. Él me hizo derramar una lágrima en el corazón al sentirme impotente para ayudar a un ser amado. por no poder transmitirle palabras de aliento. por no poder demostrarle lo mucho que lo quiero.
Le pedí a Dios tener el mundo a mis pies... pero Él me hizo comprender que es mejor tener amigos en el corazón.
Por eso, Dios mío. nunca me concedas todo lo que te pido, solo concédeme lo que Tú, hasta hoy, me has concedido".
La torpeza del abuelo
Poco después, vieron al hijo pequeño rebuscando en el armario. Movido por la curiosidad, su padre le preguntó:
domingo, 17 de mayo de 2026
Ascensión de Jesús al cielo
Florentino Ulibarri
Haced discípulos míos, no maestros; haced personas, no esclavos;
haced caminantes, no gente asentada; haced servidores, no jefes.
Haced hermanos.
Haced creyentes, no gente creída;
haced buscadores de verdad, no amos de certezas;
haced creadores, no copiadores; haced ciudadanos, no extranjeros.
Haced hermanos.
Haced poetas, no pragmáticos;
haced gente de sueños y memoria, no de títulos, arcas y mapas;
haced personas arriesgadas, no espectadores.
Haced hermanos.
Haced profetas, no cortesanos; haced gente inquieta, no satisfecha;
haced personas libres, no leguleyas; haced gente evangélica, no agorera.
Haced hermanos.
Haced sembradores, no coleccionistas; haced artistas, no soldados;
haced testigos, no inquisidores; haced amigos de camino, no enemigos.
Haced hermanos.
Haced personas de encuentro, con entrañas y ternura,
con promesas y esperanzas, con presencia y paciencia,
con misión y envío.
Haced hermanos.
Haced discípulos míos; dadles todo lo que os he dado;
descargad vuestras espaldas y sentíos hermanos.
Nora y el perro Teo
Un vehículo en el paso de cebra. Un segundo que lo cambió todo. Y el mundo tal como lo conocíamos desapareció de golpe. Físicamente fue recuperándose. Pero Nora dejó de hablar. Primero las respuestas se fueron haciendo más cortas. Luego se limitaba a asentir o negar con la cabeza. Y finalmente silencio completo.
Los especialistas lo diagnosticaron de origen traumático: el cerebro a veces construye una muralla para protegerse del daño. Que requería paciencia y podía prolongarse durante meses... Fueron dos años. Durante ese tiempo probamos todo lo que estaba en nuestra mano. Psicólogos, una especialista en trauma infantil, terapia de juego, terapia de expresión corporal, con elementos naturales. Nora participaba en cada sesión. Estaba allí, con una mirada de alguien que ha aprendido a existir en silencio.
En casa acomodamos nuestra forma de vivir. Bajamos el tono de voz, pusimos música suave de fondo, intentamos no ejercer ninguna presión sobre ella. Su hermano mayor Marcos desarrolló con ella un sistema de señas propias que solo entendían los dos. Yo aprendí a interpretar sus gestos: un movimiento de hombros, el ritmo de su respiración, la forma de enlazar sus dedos con los míos cuando algo le agradaba.
Mi hermana Beatriz es voluntaria desde hace años en una fundación de terapia asistida con animales que trabaja en la zona de Granada. Cuando vino a visitarnos lo hizo acompañada de Teo, un labrador de doce años. Tiene ya el morro casi blanco de canas, se mueve despacio, y tiene la serenidad de los perros mayores y sabios. Beatriz me contó que llevaba más de seis años trabajando con niños en hospitales, centros educativos y domicilios particulares.
Le pedí intentarlo. Sin hacernos ilusiones. El primer día Nora lo miró desde el otro extremo de la habitación y no se aproximó. Teo tampoco avanzó hacia ella. Se tumbó en el suelo, en el espacio intermedio entre los dos, y cerró los ojos como diciendo ‘estoy aquí, no tengo ninguna prisa’.
El segundo día Nora se sentó en el suelo, a algo más de un metro de distancia. Sin tocarlo. Solo los dos compartiendo el mismo silencio. Yo los observaba desde el pasillo, conteniendo el aliento.
El tercer día estaba en la cocina cuando percibí una voz. La voz inconfundible de mi hija. Caminé hasta el salón y me detuve en el marco de la puerta, paralizada.
Nora estaba en el suelo con las piernas cruzadas. Teo tenía el morro apoyado sobre sus rodillas. Y ella le hablaba. Sin mirarme a mí. Hablándole a él. Contándole algo que yo no alcanzaba a descifrar — sus palabras eran apenas un murmullo. Tuve que apoyar la espalda contra la pared del pasillo porque las piernas se tambaleaban.
No entré en el salón. Me quedé allí con ambas manos tapándome la boca y llorando. Lloré dos años de silencio, de noches con el grifo abierto, dos años de haber aprendido a entender el mundo a través de gestos porque no existían las palabras.
Ese día no llamé a ningún médico. Llamé a mi madre. Y cuando ella descolgó, fui yo la que no pudo hablar.
Eso fue hace ocho meses. Nora continúa con la recuperación. Todavía hay jornadas duras, instantes en que las palabras se le atascan en la garganta. Pero habla. Le cuenta historias a su hermano. Me pregunta qué hay de cenar. Se ríe, con esa risa suya que creí que no volvería a escuchar.
Teo sigue viniendo los miércoles. Nora lo espera junto a la puerta desde diez minutos antes. No sé qué pasó aquel día entre ellos. Qué le contó ella, qué comprendió él. Solo sé que un perro viejo con el hocico lleno de canas logró en setenta y dos horas lo que dos años de tratamientos no habían podido conseguir.
Hay momentos en que pienso que los animales perciben dimensiones que a nosotros se nos escapan. Que acceden a lugares a los que el lenguaje humano no puede llegar.
viernes, 15 de mayo de 2026
Oración a san Isidro
J. Leoz
Ayúdanos a descubrir el valor de la vida sencilla y oculta
Empújanos a regar, sin medida, no sólo nuestra vida, también las de los demás
Aliéntanos a mantenernos en pie frente a la envidia o la crítica
Anímanos a sembrar valores e inquietudes cristianas
Invítanos a convertir el desazón en sincera y sufrida plegaria
Ábrenos en medio del trabajo a buscar el horizonte de la oración
Empújanos con la tenacidad a ser insistentes en lo bueno
Ayúdanos con la humildad a reconocer nuestras fragilidades
Estimúlanos con la yunta a trabajar nuestro corazón
Refréscanos con el agua para que nuestros sembrados sean cosechados
Confórtanos con la obediencia a dirigir nuestra vida al Señor
Acompáñanos con la fe a tocar con nuestras manos la presencia de Dios
Instrúyenos con la caridad a dar sin mirar cuánto, ni a quién
Condúcenos con el amor a descubrir amigos por los caminos
Rodéanos con la soledad para vivir en la presencia de Dios
Multiplícate con nuestros brazos para trabajar por los demás
Clarifica nuestros ojos para ver la siembra de nuestras manos
Pon en marcha nuestros pies para caminar por los senderos de Jesús
Promueve nuestra paciencia para esperar y no abandonar
Sonríenos con la alegría para vivir en la tierra con aires de eternidad. Amén
El milagro del pozo de San Isidro
Cuenta la tradición que en una ocasión en que el San Isidro se encontraba trabajando el campo, su mujer y el niño quedaron en casa. En un descuido, el pequeño cayó a un pozo seco de 27 metros de profundidad.
Cuando el santo llegó al hogar encontró a su esposa desesperada y lamentándose por la desgracia.
Los padres intentaron sacarlo pero resultaba imposible por la profundidad del pozo. Entonces se arrodillaron y con toda la fe comenzaron a rezar pidiéndole a Dios fortaleza de ánimo para aceptar su voluntad. Creían que el pequeño no había sobrevivido a la caída.
Sin embargo, mientras hacían esto, las aguas del aljibe comenzaron súbitamente a subir hasta que el pequeño quedó al alcance de la mano sano y salvo.
miércoles, 13 de mayo de 2026
Ave María de Fátima
bajó de los cielos a Cova de Iría
Ave, ave, ave, María(bis)
A tres pastorcitos, la Madre de Dios
descubre el misterio de su corazón
Ave, ave, ave, María(bis)
Haced penitencia, haced oración
por los pecadores, implorad perdón.
Ave, ave, ave, María(bis)
El Santo Rosario, constantes rezad
y la paz del mundo el Señor dará.
Ave, ave, ave, María(bis)
De vuestros hijitos ¡oh Madre! escuchad
la tierna plegaria y dadnos la paz
Ave, ave, ave, María(bis)
¡Qué llena de encantos se ofrece María!…
¡qué bella y qué pura en Cova de Iría!
Ave, ave, ave, María(bis)
Habilidades y problemas
Hace mucho no leía una reflexión como está. Te la comparto...
El Buitre: si pones a un buitre en un cajón que mida 2x2m y que esté completamente abierto por la parte superior, está ave a pesar de su habilidad para volar, será un prisionero absoluto. La razón es que el buitre siempre comienza el vuelo desde el suelo con una carrera de tres a cuatro metros. Sin espacio para correr, como es su hábito, ni siquiera intentará volar sino que quedará prisionero de por vida en una pequeña cárcel sin techo...
El Murciélago: el murciélago ordinario que vuela por todos lados durante la noche es una criatura sumamente hábil en el aire, pero no puede elevarse desde un lugar a nivel del suelo. Si se le coloca en el suelo en un lugar plano todo lo que puede hacer es arrastrarse indefenso y sin dudas dolorosamente hasta alcanzar algún sitio ligeramente elevado del cual se pueda lanzar hacia el aire, entonces, inmediatamente despega a volar...
La Abeja: la abeja al ser depositada en un recipiente abierto, permanecerá allí hasta que muera, a menos que sea sacada del mismo. Nunca ve la posibilidad de escapar que existe por encima de ella, sin embargo persiste tratando de encontrar alguna forma de escape por los laterales cerca del fondo. Seguirá buscando una salida donde no existe ninguna, hasta que se agota por completo.
Las Personas: en muchas formas somos como el buitre, el murciélago o la abeja Afrontamos nuestros problemas y frustraciones, sin darnos cuenta que todo lo que tenemos que hacer es mirar hacia arriba. Esa es la respuesta, la ruta de escape y la solución a cualquier problema. ¡Solo mira hacia arriba!
La tristeza mira hacia atrás… la preocupación mira alrededor… la depresión mira hacia abajo... pero la FE siempre mira hacia arriba… porque allá esta el Todopoderoso… la fuerza para superar los problemas, la paz y la felicidad.
domingo, 10 de mayo de 2026
Comunión
¿Cómo es que quieres acercarte tú a mi casa?
¿Cómo, si yo apenas te visito?
¿Cómo, si muchas veces no entro siquiera a saludarte?
¿Cómo, si pienso que a nadie, a ti tampoco, le he importado?
Y, sin embargo, estás, día tras día, esperando que quizás hoy cruce tu puerta,
ansioso de que llegue a ti y te mire, con tus brazos en cruz, de par en par abiertos.
Padre, ayúdame a encontrarte,
en la mirada limpia de los niños, en las prisas de este mundo mío,
en los esfuerzos que hacen los hermanos por llevar, cada jornada,
la cultura y el pan hasta su casa.
En tu Casa, Señor, en la penumbra.
En las calles abiertas a la gente.
En la risa y el llanto de mi vida cotidiana.
En la respiración, el aire, el humo de la hoguera
que arde en tu corazón… ya sé que por mi causa.
Diógenes y Alejandro Magno
- «Me marcho, pues he de continuar con mis hazañas. Pero desde ahora ruego a los cielos que en la vida que me toque vivir en mi próxima encarnación no sea yo Alejandro, sino Diógenes».
- «¿Y a qué esperar para ello?-contestó Diógenes-. Puedes serlo desde ahora si así lo deseas. El río es amplio, y el sol no escatima sus rayos. Hay sitio de sobra por aquí para otro tonel».
Y volvió a tumbarse al sol, mientras Alejandro montaba en su caballo y continuó su camino
sábado, 9 de mayo de 2026
Por tu gracia
Aunque me pesen los pies,
aunque me duela la espalda.
Aunque las inclemencias del camino caigan sobre mí,
y el calor del sol me abrase, o el frío me haga tiritar.
Por tu gracia, Señor, seguiré avanzando.
Sabiendo que tú caminas a mi lado
y que, a pesar de las inclemencias,
pronto llegará el siguiente recodo en el camino
en el que tú y yo nos sentaremos a descansar,
y allí, entre bromas y risas, como dos buenos amigos,
degustaremos la satisfacción
de saber que la jornada nos ha llevado
un poco más lejos de donde empezó.
Por tu gracia, Señor… Por tu gracia.
El anciano pastor
"Había un anciano pastor que pasaba sus tardes sentado en una piedra, observando su rebaño en la ladera de la montaña. A diferencia de otros, no usaba drones para vigilarlas, ni aplicaciones en el móvil para contarlas. Solo permanecía allí, en un silencio que parecía formar parte del paisaje.
Un día, un hombre que hacía senderismo se detuvo a su lado. El excursionista, cargado de gadgets tecnológicos y mirando constantemente su reloj, le dijo con tono de superioridad:
— Debe ser aburrido pasar el día contando ovejas, ¿no? Yo no podría vivir sin saber exactamente cuántos pasos doy o cuántos minutos faltan para llegar a la cima.
El anciano, sin quitar la vista del valle, sonrió con esa calma que solo dan los años y respondió:
— Es que yo no cuento ovejas. Yo las conozco.
El joven frunció el ceño.
— Pero, ¿cómo sabe si le falta alguna si no las cuenta?
El pastor se tomó su tiempo, señaló un rincón vacío del prado y dijo:
— Sé quién falta porque el espacio que esa oveja debería ocupar se siente frío. No busco el número "cien" en mi cabeza; busco el rastro de su presencia en mi corazón. Cuando una no está, el rebaño no es "noventa y nueve", es un rebaño incompleto."
domingo, 3 de mayo de 2026
Oración por las madres
Dios bueno y misericordioso,
hoy me presento ante Ti con un corazón lleno de gratitud,
para darte gracias por el regalo más tierno y generoso que has puesto en mi vida: mi madre.
Gracias, Señor, por su presencia constante,
por su mirada que me comprende sin palabras, por su abrazo que cura el alma,
y por su amor que no conoce límites ni condiciones.
Ella ha sido para mí guía en la oscuridad,
refugio en la tormenta, alegría en los días tristes
y fuerza en los momentos de debilidad.
Gracias por sus manos laboriosas,
que han trabajado incansablemente para cuidar de mí,
por sus pies que han caminado tantos caminos por amor,
y por su corazón que siempre ha estado dispuesto a dar sin esperar nada a cambio.
Señor, te doy gracias por cada noche en vela,
por cada lágrima que derramó en silencio,
por cada oración que elevó por mí cuando yo ni siquiera lo sabía.
Gracias porque a través de ella conocí el significado del amor incondicional.
Hoy quiero elevar mi voz y mi alma para decir: gracias, mamá,
por tu entrega, por tu ternura, por tus palabras sabias y por tu paciencia infinita.
Gracias por no rendirte, por animarme a seguir adelante
y por enseñarme con tu ejemplo a vivir con fe, con honestidad y con esperanza.
Señor, bendice a todas las madres del mundo.
Bendice a las que aún están con nosotros y a las que ya están contigo.
Dales salud a las que envejecen con dignidad, fortaleza a las que crían solas,
esperanza a las que sufren, y paz a las que descansan en Ti.
Bendice también a aquellas mujeres que, sin haber dado vida con el cuerpo,
son madres con el corazón: tías, abuelas, madrinas, maestras y amigas
que han cuidado, guiado y amado con verdadera entrega.
Te pido, Señor, que nunca olvide decirle a mi madre cuánto la amo,
que tenga la sabiduría de valorarla cada día
y que la honre con mis palabras, mis decisiones y mi forma de vivir.
Que no espere ocasiones especiales para demostrarle mi gratitud,
sino que cada día sea una oportunidad para hacerla sentir querida y acompañada.
Señor, si mi madre ya no está en este mundo,
te doy gracias por todo lo que sembró en mí.
Gracias por su memoria que vive en mi corazón,
por sus enseñanzas que siguen guiando mis pasos,
y por el amor que dejó en mi alma, un amor que la muerte no puede borrar.
Te pido que la tengas en Tu paz eterna
y que algún día pueda abrazarla nuevamente en tu Reino.
Gracias, Dios de la vida, por el regalo inmenso de mi madre.
Gracias por su amor que me revela tu amor,
por su entrega que me muestra tu bondad,
y por su vida que ha sido luz en mi camino.
Que ella siempre sienta cuánto la valoro y la amo.
Hoy y todos los días, te doy gracias por ella. Amén.
Dios aprieta pero no ahoga
Un día, el padre, ya avanzado en edad, dijo a sus empleados que le construyeran un pequeño establo. Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito: “Para que nunca desprecies las palabras de tu padre”.
Llamó a su hijo, lo llevó hasta el establo y le dijo:
— ¡Esta horca es para ti! Te conozco muy bien y sé que cuando yo falte dilapidarás toda la herencia viviendo malamente. Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te he dicho, no te suicidarás con veneno o disparándote un tiro sino que te ahorcarás en este establo.
El joven se echo a reír, pensó que era un absurdo, pero para no contradecir a su padre le prometió que así lo haría, pensando que eso jamás sucedería.
El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo, y así como su padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió sus amigos y hasta la propia dignidad.
Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto. Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:
— ¡Ah, padre mío…! ¡Si yo hubiese escuchado tus consejos…! Pero ahora es demasiado tarde. Yo nunca seguí sus palabras, pero esta vez lo haré. No me queda nada más…
Entonces, subió los escalones y se colocó la cuerda en el cuello, y pensó:
— ¡Ah, si yo tuviese una nueva oportunidad…!
Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y, por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta… Sin embargo, el brazo de la horca estaba hueco y se rompió fácilmente, cayendo el joven al suelo. Sobre él cayeron joyas, esmeraldas, rubíes, zafiros y brillantes. La horca estaba llena de piedras preciosas. Entre lo que cayó encontró una nota. En ella estaba escrito:
— Esta es tu nueva oportunidad, no cometas errores. ¡Te quiero mucho! Con amor, Tu padre.
domingo, 29 de marzo de 2026
Domingo de Ramos
Papa Francisco
Señor Jesús, Rey humilde
que entras en Jerusalén,
entra también en mi corazón herido.
Hazlo tu morada en esta Semana Santa.
Que mi alma no grite "¡Hosanna!"
solo con los labios,
sino con la entrega, la fe y el amor.
Acompáñame en cada paso hacia la cruz
y enséñame a confiar en la gloria que vendrá. Amén
Oración para colocar las palmas bendecidas en casa:
Bendice, Señor, nuestro hogar.
Que tu Hijo Jesús y la Virgen María reinen en él.
Danos paz, amor y respeto,
para que respetándonos y amándonos
los sepamos honrar en nuestra vida familiar,
sé Tú, el Rey en nuestro hogar. Amén.
Si no os hacéis como niños...
Pedro quedo solo en el mundo. Tenía apenas seis años, y una vecina caritativa lo acogió, dividiendo con él su pan de cada día. Entretanto, por más que se esforzaba en cuidar del niño, el corazón del pequeño huérfano estaba siempre junto a sus padres ausentes, que ansiaba por reencontrar.
En una de las largas noches que pasaba despierto, fue tomado por un pensamiento:
— ¡Ah, el cielo! Debe de ser un lugar de mucha alegría, porque papá y mamá fueron allí y no pensaron siquiera en volver. Estoy seguro de que en el cielo no debe de faltar nada. Pero… ¿Por qué no me llevaron con ellos? ¡Si yo pudiese ir a su encuentro, los abrazaría y besaría!
Desde aquel día, Pedro se le metió en la cabeza la idea de marchar al cielo en busca de sus padres. Cierta mañana, sin decir nada a nadie, juntó en un fardo la poca ropa que tenía y se puso en camino. Después de mucho andar, llegó a una aldea. Llegó tan exhausto que cayó delante de una puerta donde había una cruz. Era la casa parroquial de la iglesia del pueblo.
El buen sacerdote oyó un gemido y salió para ver qué pasaba, encontrándose al niño echado en el suelo.
— ¿Quién eres tú y de dónde vienes?
— Soy Pedro, mis papas me dejaron solo porque se fueron al cielo. Mamá me dijo que los encontraría un día allá, pero ¿dónde está ese dichoso cielo? ¡Hace mucho que estoy caminando para encontrarlo!
— Ven conmigo, pequeño, dijo el padre compadecido. Vamos juntos a buscar a tus padres.
El huérfano se quedó a vivir con el bondadoso sacerdote, y junto a él se sentía menos infeliz. Sin embargo, su pensamiento continuaba fijo en encontrar el cielo.
— En fin, señor cura, le volvió a preguntar un día. ¿Dónde está el cielo? ¿Por qué usted no me lleva allá, como prometió?
— Reza a Dios, hijo mío. Él es tan dadivoso que nos ayudará a encontrarlo.
Pedro dirigió, entonces, sus oraciones fervorosas al Altísimo. Nada era tan conmovedor como verlo de rodillas delante del altar, con las manos juntas para rezar. Ese era su lugar preferido, donde en el silencio del recinto sagrado sus tristezas se calmaban.
Se aficionó con una imagen de la Virgen que llevaba en los brazos al Niño Jesús. Aquella imagen, de madera, era un trabajo muy antiguo y constituía una verdadera rareza. Tanto la Virgen María como Jesús tenían el rostro exageradamente delgado. Delante de los dos, Pedro se sentía conmovido; se imaginaba que la Virgen estaba tan delgada porque no comía. Y le parecía que la Madre de Jesús pasaba hambre, que sus ojos se llenaban de lágrimas y lloraba de compasión.
Cierta mañana, a la hora del desayuno, guardó para ella un pedazo de pan, y fue a depositarlo a los pies de la imagen, diciendo:
— Come cuanto quieras y sin temor oh, buena Señora, pues yo estoy contento de privarme de este pan para dártelo a ti, que lo necesitas. ¡Come, que cuando hayas acabado este pedazo, te traeré otro!
Después, salió de la iglesia. Cuando volvió más tarde, no encontró el pan donde lo había dejado.
Satisfecho al ver que la Virgen aceptaba su ofrenda, repetía la ofrenda todos los días, y todos los días el pan desaparecía. Sin embargo, después de algún tiempo, Pedro observó que la Virgen continuaba delgada. Buscó al sacerdote y le contó el caso.
— ¡Hace tanto tiempo que llevo mi pan a la Virgen, y ella sigue tan delgada! ¿Qué cree que pasa, padre? A mi me parece que la Virgen está enferma; ¿no sería bueno que la examinara un médico?
— Pero la imagen de la Virgen no puede comer tu pan, explicó sonriendo el cura.
— Pues yo le garantizo que ella come, porque el pan desaparece al poco tiempo de dejarlo.
El párroco, curioso, decidió descubrir el misterio. Le dijo a Pedro que llevase el pan como de costumbre y se escondió en un rincón de la iglesia, para vigilar la imagen y ver lo que pasaba sin ser descubierto.
Pedro acababa de salir de la iglesia y ésta estaba silenciosa y vacía. De pronto, oyó unos pasos muy leves. Un niño, pobremente vestido, se arrodilló delante de la imagen. Sonrió, cogió el pan, lo besó y lo escondió debajo de su ropa. Hizo la señal de la cruz y comenzó sus oraciones con recogimiento y fervor.
El sacerdote salió y puso la mano en el hombro del niño. Sobresaltado éste, le imploró:
— ¡Ah, señor padre! ¡No soy ningún ladrón! Estoy aquí únicamente para buscar el pan que la Virgen me da de regalo todos los días.
— ¿Y cómo sabes que es la Virgen la que te da ese pan? Preguntó el párroco, intrigado.
— Padre, usted mismo enseña en el púlpito que Dios nunca deja de atender nuestras necesidades. Como soy muy pobre, no dejo de venir todas las mañanas a pedir a la Virgen mi pan de cada día. Y todas las mañanas me oye, pues lo encuentro siempre aquí.
El bueno del cura tuvo que esforzarse para no llorar por la conmoción que le invadía por dentro. La sencilla fe que palpitaba en los corazones de aquellos dos niños le dio la ocasión de admirar tan bella obra de la providencia divina. Desde ese momento, el sacerdote comprendió que tanto Pedro como el otro niño pobre habían encontrado el camino del cielo. Y así llegó a entender mejor esas palabras del Señor: “Si nos os hacéis como niños no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18:3).
miércoles, 25 de marzo de 2026
Niña del sí (fragmentos)
Pedro Casaldáliga
Todo estaba pendiente de tu boca.
Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran
con la vida en las manos, detenida,
como un reloj callado y a la espera.
Como si Dios tuviera que esperar un permiso…
Tu palabra sería la segunda palabra
y ella recrearía el mundo estropeado
como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente.
Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.
Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el Verbo,
sin la más leve sombra de no, toda en el Día.
Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos,
la respuesta cabal a su pregunta
sobre la Nada en flor…
Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo.
Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques fabricados,
y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba enteramente.
[…]
Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio
bajo el filo implacable de la Gloria…
Cuanto más cerca de la Luz vivías,
más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz,
y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más lleno!
Tú diste más que nadie, cuando más recibías,
infinita de seno y de esperanza.
¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por todos…!
[…]
Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María.
Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la Gloria de Yahvé.
El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene con el Ungido.
La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el llanto,
y sobre las banderas blancas de los almendros
el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.
Los aprendices de demonio
El primero dijo:
— Yo les diré que no hay Dios.
Satanás le contestó:
— Con eso no vas a engañar a muchos, porque de sobra saben que sí hay Dios.
El segundo demonio dijo:
— Yo les diré que no existe el infierno.
Satanás le respondió:
— Por ese camino sólo engañarás a los que ya son míos. Así que tendrás que buscar otro modo.
El tercero: dijo:
— Yo les diré que no hay prisa; que hay mucho tiempo.
Satanás le contestó:
— ¡Bien dicho! Hazlo así. De esa manera engañarás a muchos.
Cuántas ocasiones la Palabra de Dios nos invita a la conversión y nuestra respuesta se parece a: “Soy todavía joven”; “No me va a pasar nada, pues confío en Dios”; “Tengo toda la vida por delante”; “No necesito confesarme, pues no tengo pecados”. Recuerda las palabras de Jesucristo: “Vosotros estad preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre” (Lc 12:40).
lunes, 23 de marzo de 2026
Levántate y anda
José María R. Olaizola, SJ
Levántate y anda, cuando no encuentres horizonte,
porque siempre hay un camino que recorrer,
y no hay razón para dejar de intentarlo.
Levántate y anda, aunque te rodeen las sombras.
La luz se abre paso por resquicios insospechados,
y al iluminar la realidad la llena de posibilidades.
Levántate y anda, aunque te opriman las vendas.
Puedes quitarte muchos estorbos que te impiden avanzar,
y avanzarás más liviano, más libre, más alegre.
Levántate y anda, aunque te sientas sin fuerzas.
Es Dios el que te impulsa, quien te lleva de la mano,
quien te llena de espíritu.
Deja atrás las sombras y tumbas, los silencios y miedos,
las parálisis y vendas que te aíslan y entristecen.
Deja atrás las pequeñas muertes que adulteran la vida.
Vamos, Lázaro, levántate y anda.
Un tsunami sobre el pueblo de campesinos
Había en las costas de Filipinas a mediados del siglo XX un pequeño pueblo llamado Hinuatán lleno de pescadores y campesinos bastante descreídos. Sus gentes vivían de la pesca y del arroz que cultivaban en los arrozales de las laderas de las montañas cercanas al pueblo.
Casi en lo alto de la montaña vivía un anciano con su nieto. Desde allí contemplaban el ir y venir de los pescadores con sus barcas y de los campesinos cuando iban a sus arrozales. Conocían y querían a todos los vecinos y a éstos les gustaba saber que, desde la altura, el abuelo velaba por ellos con afecto.
Un día, estando ya el arroz casi maduro, el abuelo oteaba a lo lejos preocupado. Había percibido algo extraño. A lo lejos se levantaba una gigantesca cortina de agua, como si el mar y el cielo se hubiesen unido. El abuelo se puso la mano en la frente, a modo de visera, para observar mejor. Al cabo de unos instantes, se volvió hacia la casa y gritó:
— ¡Juan! vete al fuego y trae dos tizones encendidos! ¡Corre!
Juan obedeció al instante. El abuelo, cogió uno de los tizones y salió corriendo hacia el arrozal más cercano; al tiempo que le decía a su nieto que le siguiera con el otro tizón. Juan no entendía nada, hasta que vio, lleno de espanto, cómo el abuelo lanzó el trozo de leña encendido en medio del arroz.
— Pero abuelo, ¿qué hace?
— ¡De prisa, rápido, lanza el tuyo, no te pares, prende fuego!
Juan no entendía nada. Creía que su abuelo se había vuelto loco. Pese a todo, obedeció y lanzó su tizón.
Grandes llamas se extendieron por los campos mientras una negra humareda subía hacia el cielo. Desde abajo, la gente del pueblo vio el incendio de los arrozales y gritando: ¡fuego, fuego! se apresuraron a subir al monte. Nadie quedó en el pueblo. Hasta las madres, con los pequeños al cuello, subían corriendo. A los pocos minutos llegaron a los campos, y cuando vieron quemados sus magníficos arrozales, se dirigieron hasta la casa del abuelo y se pusieron a gritar furiosos:
— ¿Cómo ha podido suceder esto? ¿Sabe quién lo ha hecho?
— He sido yo -contestó el abuelo con calma.
— Y yo le he ayudado -dijo Juan llorando.
Se arremolinaron a su alrededor gritando:
— ¿Por qué lo habéis hecho? ¡Estáis locos! ¡Habéis arruinado toda la cosecha!
Entonces el anciano se volvió hacia el mar y extendiendo la mano señaló el horizonte y dijo:
— Mirad.
Se dieron la vuelta y vieron como se levantaba una enorme cortina de agua, una ola gigantesca. Todos se quedaron en silencio llenos de miedo y asombro. Ni un solo grito se escuchó, sólo temor en todos. Inmediatamente una gran ola llegó a la playa, alcanzó el pueblecito con un estruendo horrible y luego se rompió contra la montaña. Después otra ola; y otra menor y otra… Cuando el mar se calmó sólo quedó una gran extensión de agua. El pueblo había desaparecido bajo las aguas.
Afortunadamente, toda la gente había podido escapar y estaba a salvo en lo alto de la montaña. Ahora ya, más serenos y calmados, entendieron lo que había hecho y le dieron gracias al abuelo, alabando su inteligencia y su rapidez al buscar la única solución posible. Todos se dieron cuenta de que, a pesar de la tristeza de ver arrasados los arrozales, la acción del abuelo había salvado a todos de ahogarse por el furioso e inesperado tsunami.
domingo, 22 de marzo de 2026
Tú eres vida para nuestras muertes
también te duelen las dificultades de la vida.
Tú sabes mucho de malos momentos
y de la fuerza del cariño para suavizarlos.
Y sabes también cómo nos venimos abajo
ante las contrariedades
y ante las situaciones que no entendemos.
Dices que si tuviéramos fe nada nos sería imposible,
pero la muerte no la podemos entender,
nos sobrepasa, nos separa de los nuestros.
Queremos creer que detrás de toda situación dolorosa hay vida,
que nos encontraremos después, en la casa del Padre,
que somos finitos y, por tanto,
debemos ir separándonos unos de otros
y que Tú nos ayudarás a superar el dolor de la distancia.
Contigo la vida es mucho más llevadera.
Tú cercanía saca lo mejor de unos y otros,
pone en circulación el cariño que nos facilita la vida,
que nos hace poder con lo casi imposible.
Pon palabras en nuestra boca para compartir alegrías y penas,
para expresar el amor contigo y como Tú.
¿Qué hay al otro lado?
El médico le dijo que no lo sabía.
- Usted, un hombre cristiano, ¿no sabe lo que hay al otro lado?
El médico tenía el pomo de la puerta en la mano, al otro lado de la puerta se oían los gemidos y patadas de un perro. Cuando abrió la puerta de un salto se plantó en medio de la habitación dando brincos de alegría al ver al doctor.
Éste se dirigió al paciente y le dijo:
- ¿Ha observado a mi perro? Nunca ha estado en esta consulta. Lo único que sabía era que su dueño estaba dentro y cuando la puerta se abrió entró sin miedo.
Yo no sé qué hay al otro lado de la muerte, sí sé una cosa. Sé que mi dueño está ahí, al otro lado de la puerta, y eso me basta.
jueves, 19 de marzo de 2026
Asamblea en la carpintería
El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Pues que hacía demasiado ruido!. Y, además, se pasaba el tiempo golpeando.
El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas, quizás demasiadas, para que sirviera de algo.
Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con el resto de las herramientas.
Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se pasaba la vida midiendo a los demás según su propia medida, como si fuera él la única herramienta perfecta.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un fino mueble.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo:
— "Escuchadme todos, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos".
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto.
Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.
miércoles, 18 de marzo de 2026
El beso de Dios
— Toma, hijo -le decía-. Este beso me lo ha dado Jesús para ti.
Un día, el pequeño, que ya hablaba, al recibir el habitual beso de Jesús se cuelga del cuello de su madre y la besa en su rostro diciéndole:
— Toma, éste es para Él.
¡Qué sencillez! ¡Qué hermosura! Sólo un segundo, pero ¡que hermoso gesto! Y es que cuando se ama a Dios, hasta el más pequeño gesto hecho por amor puede ayudar a que otra persona descubra a Jesús.
Confía en Dios...
Me gustó mucho Proverbios 16:9
Lo que es para ti nunca tendrá que ser forzado.Los planes de Dios no necesitan presión, necesitan confianza.
Él no te está pidiendo que te esfuerces,
te está pidiendo que descanses. Permanece quieto/a.
Dios sabe por lo que estás pasando en este momento.
Cada lucha, cada lágrima, cada momento de duda. Él lo ve todo.
No tienes que explicarle nada, porque Él entiende mejor que nadie.
Y aun cuando sientas que nadie más lo hace,
Él está ahí, listo para sostenerte y cargarte.
No te está pidiendo que tengas todas las respuestas,
te está pidiendo que confíes en Él.
Confía en que está obrando en medio de tu dolor,
que Su plan para ti es bueno
y está contigo en cada paso del camino.
Cuando no tienes respuestas, Él es quien las tiene todas.
Sigue confiando. Él te sostiene.
Muy pronto mirarás atrás y dirás: "Dios, esto es más de lo que recé."
domingo, 15 de marzo de 2026
Quiero ver, Señor
porque me pierdo y camino confundido.
Quiero ver, Señor
para verte y nunca perderte
porque, sin Ti, no soy tan feliz como creo ser.
Quiero ver, Señor
para vivir alegre y abierto a los demás,
agradecer lo mucho que haces por mí,
defenderte cuando algunos te ignoren,
no tropezarme cuando surjan dificultades.
Quiero ver, Señor
para que nadie me confunda con falsas luces,
para que nada me aleje de tu amistad.
Quiero ver, Señor
con ojos agradecidos hacia el cielo.
Quiero ver, Señor
para reconocer lo que eres: ¡Mi Señor y mi Dios!
Quiero ver, Señor
con mirada limpia de egoísmo y apariencias.
Quiero ver, Señor
para descubrir tu amor cada día en mi vida.
Todo lo que hace Dios es para nuestro bien
— Todo lo que hace Dios es para nuestro bien.
Decidió pasar la noche al raso en el bosque. Encendió la lámpara para alumbrarse, pero el viento la apagó al momento.
— Todo lo que hace Dios es para nuestro bien -dijo resignadamente.
Durante la noche, las bestias salvajes devoraron al asno y al gallo. El fraile volvió a repetir:
— Todo lo que hace Dios es para nuestro bien.
A la mañana siguiente, un leñador que pasaba por allí le dio al fraile la noticia de que un destacamento de soldados, formado por varias compañías completas, había atacado la aldea y cruzado el bosque esa noche. El fraile comprendió inmediatamente que, si la lámpara hubiera estado encendida o si el asno hubiera rebuznado o el gallo cantado en la madrugada, los soldados se habrían dirigido hacia allí y le habrían matado con toda seguridad. Dios había cuidado de que las cosas salieran como salieron, para bien del buen fraile.
— Todo lo que hace Dios es para nuestro bien, dijo entonces éste una vez más.
miércoles, 11 de marzo de 2026
Dios no se olvida de tus deseos
Me gustó mucho
“Dios nunca se olvida de los deseos de tu corazón.”
A veces sentimos que sí.
Que el cielo guarda silencio,
que las oraciones se quedan suspendidas en el aire
como cartas sin destinatario.
Pedimos con fe, esperamos con paciencia,
y aun así los días pasan y nada parece cambiar.
Pero Dios no olvida.
Somos nosotros quienes, cansados de esperar,
confundimos el silencio con ausencia
y el tiempo con abandono.
Los deseos del corazón no siempre son cumplidos
cuando los pedimos, ni de la forma en que los imaginamos.
Algunos necesitan madurar, otros transformarse,
y algunos más… descansar un tiempo
para no rompernos antes de llegar.
Hay deseos que nacen del dolor, del vacío,
de una pérdida que aún duele.
Y Dios, que conoce el fondo del alma,
no los concede de inmediato.
Dios no se olvida de ti cuando te toca esperar.
Te está cuidando incluso cuando no lo entiendes.
Porque hay anhelos que llegan
solo después de que aprendemos a soltar, a confiar,
a caminar aun con el corazón cansado.
Tal vez hoy no tienes lo que pediste,
pero sí tienes lo que necesitas para seguir.
Y eso también es una forma de amor divino.
Sigue creyendo, aunque duela.
Sigue esperando, aunque el tiempo pese.
Porque lo que Dios guarda en su memoria no se pierde…
solo llega en el momento exacto
en que tu corazón puede recibirlo sin romperse.
La astucia de la señora mayor
— «La voy a multar por exceso de velocidad, por favor su carnet de conducir».
La señora responde: «No lo tengo, me lo quitaron hace 6 años».
— «Bueno, facilíteme la documentación del coche».
Responde la señora: «Es robado y no tiene documentación. Además, le informo que tengo un cadáver descuartizado en el maletero».
El guardia, asustado, llama a su jefe. El cual se presenta con varios coches y le dicen:
— «Bájese del coche».
La mujer obedece, y se baja del coche.
— «Abra el maletero despacio». La mujer obedece, y dentro no encuentran nada.
Entonces el jefe le dice: «Enséñeme la documentación del coche». La mujer se la da.
— «Está correcta, dice el jefe, pero, muéstreme su carnet de conducir».
Ella se lo da y el jefe dice: «Está correcto».
La mujer entonces dice: «y seguramente también le habrá dicho este agente que llevaba exceso de velocidad».
domingo, 8 de marzo de 2026
Cántaro en Sicar
Florentino Ulibarri
Cántaro roto en mil trozos por los golpes recibidos,
merecidos o fortuitos, en el juego de la vida...
O por olvidos, descuidos, bravatas, tormentas, o desvaríos...
O por mi género, mi cultura, mi país de origen,
mi pobreza económica, mi fe o mis ideas libres...
O por manipulaciones de quienes se erigen en señores,
que me secaron por dentro y fuera y me dejaron con sed de agua
que no sacian los pozos de mi tierra.
Eso es lo que soy en este momento, cántaro roto en mil trozos:
samaritana, marginada, atrapada en los limbos
creados por quienes se creen intérpretes y dueños...
Pero espero, Señor, que vuelvas a fundirme con tu fuego
y hagas de mí, otra vez, con tu aliento y rocío, tus manos y tus sueños,
un cántaro de esperanzas y proyectos lleno.
Dame de tu agua viva para saciar mi sed,
la que me reseca por dentro y fuera;
y lléname hasta desbordar para que otros puedan florecer.
La vieja copa de barro
— Elígeme a mí –gritaba una copa dorada-. Brillo y estoy reluciente. Mi belleza y lustre superan a los de todas los demás. ¡El oro es lo mejor!
El mesonero siguió inspeccionando sin decir una sola palabra.
Se quedó mirando una copa plateada de silueta curvilínea y alta:
— Estaré en tu mesa siempre que te sientes a comer. Mi diseño es elegante. Además, la plata viste much
Sin prestar mayor atención a lo que oía, el mesonero puso sus ojos en una copa de bronce. Estaba pulida, y además era amplia y poco profunda:
— ¡Fíjate, fíjate! –gritaba la copa-; sé que te serviré. Colócame en la mesa para que todos me vean.
— ¡Mírame! –suplicó la copa de cristal-. No oculto nada, soy transparente y clara como el agua de un manantial. Aunque soy frágil estoy segura de que te haré feliz.
El mesonero se acercó después a una copa hecha de madera. Estaba bien pulida y labrada, parecía sólida y robusta:
— Tengo muchos usos, señor –dijo la copa de madera-. Aunque es mejor que me utilices solo para agua, no para el vino.
Por último, el mesonero reparó en una copa de barro cocido. Estaba algo rota, sucia, polvorienta y arrumbada en un rincón de la bodega.
— ¡Aja! Ésta es la copa que andaba buscando. La arreglaré la limpiaré y la utilizaré. No busco una que esté orgullosa de sí misma. Sólo necesito una sencilla copa de barro, resistente y fuerte en la que el continente no distraiga de la calidad de su contenido.
Luego, con cuidado, tomó aquella copa de barro, la limpió, la llenó y se dirigió a ella con simpatía:
— Este es el trabajo que quiero que desempeñes: dar a los demás lo que yo te doy a ti.
Dios elige a quien quiere. Dios no nos necesita, pero nos quiere. Que Dios nos elija es siempre un don suyo. No lo merecemos nunca. El modo que tiene Dios de elegir no coincide muchas veces con el nuestro. Nosotros solemos guiarnos por las apariencias. Él elige mirando la sencillez, la pureza y la generosidad de nuestros corazones.
lunes, 2 de marzo de 2026
Tu programa y el mío
Me has ungido, Señor, para amar y servir,
para cantar tu Palabra, para devolver la esperanza,
para sembrar mi vida, para vivir en tu Espíritu.
Me has enviado a coser heridas,
a caminar con tu pueblo en el gozo y el llanto,
a dejarme transformar por tu modo de amar,
a repartirme en humildad a todos,
a liberar cautiverios y abatimientos.
A veces ando atolondrado y estresado,
envuelto en mil tareas religiosas
y entretenimientos pastorales que me despistan
y distraen del centro de tu Buena Noticia.
Me asusta tu desafío:
hacerme presente en las intemperies
de los que sufren descarte y abandono.
Prefiero seguir mi programa al tuyo.
Prefiero lo seguro y conocido a correr riesgos.
Podrías plantearme salir de mi rutina plácida.
Podrías desmontar mis planes y tren de vida.
Podrías pedirme partir del lugar de falsa paz
en que vivo instalado y me he ido construyendo.
Podrías pedirme que dejara de controlarlo todo
y saltar en tus brazos sin más red que la fe.
Tú me lanzas a ser continuador de tu misión:
anunciar la buena noticia a los pobres,
soltar los candados de los cautivos,
compartir tu luz entre las cegueras de este mundo,
libertar a los oprimidos de grilletes de exclusión,
gritar con fuerza y júbilo desmedido
que contigo hay esperanza para todos.
Este es tu proyecto de vida y acción,
con tus prioridades y sueños para quienes te sigan.
Que no me deje seducir por otros proyectos,
que disfrazan justificaciones, coartadas y excusas
para eludir comprometerme hasta el fondo.
Cuenta conmigo, Señor. Envíame.
Deseo hacer carne en mí tu misma misión,
aunque no esté de moda ni se hable casi
de tu opción preferencial por los pobres.
Triste realidad…
Hace menos de una semana había sufrido la muerte de su amada esposa. Todavía se sentía abatido por la pérdida que cambió el rumbo y el sentido de su vida….
Sentados en la mesa de la sala de una casa sencilla y simple; donde ahora vivía solo, empezaron a hablar, el tema es sobre el futuro de su padre.
Enseguida ellos tratan de convencerle de que lo mejor para él es vivir en un hogar para ancianos….
Sigue contando el padre:
Además, mis hijos y mis nueras viven muy ocupados, así que no tendrían tiempo para verme, eso sin contar con mis nietos, estudian casi todo el día, es imposible.
En mi favor, argumento ya sin mucha convicción que, en ese caso, ellos bien podrían ayudarme a pagar una cuidadora. Frente a mí; el médico y el ingeniero dicen que serían necesarias, en realidad, "tres cuidadoras en tres turnos y todas con contrato". Lo que sería, en tiempos de crisis, mucho gasto al final de cada mes….
Me niego a aceptar la propuesta de vivir en una residencia.
Y aquí viene otra sugerencia: me dicen que debo vender la casa. El dinero servirá para pagar los gastos de la residencia a donde iré, para que nadie se preocupe. Ni ellos, ni yo…
Me rindo ante los argumentos por no tener más fuerzas para enfrentar tanta ingratitud y frialdad. Cierro mis labios y no hablo del sacrificio que hice durante toda mi vida para pagar los estudios de ambos. No digo que dejé de viajar con la familia, de comer en buenos restaurantes, de ir a un teatro o cambiar de coche para que nada les faltara a ellos. No valdría la pena alegar tales hechos a esa altura de la conversación. De ahí, sin decir una sola palabra, decido juntar mis pertenencias. En poco tiempo, veo toda una vida resumida en dos maletas. Con ellas, me embarco hacia otra realidad, mucho más dura. Un hogar para ancianos, lejos de los hijos y los nietos…
Hoy, en los brazos de la soledad, reconozco que pude enseñar valores morales a mis hijos. Pero no pude transmitir a ninguno de los dos una virtud llamada GRATITUD. La culpa es nuestra por cuanto siempre les estamos dando lo que piden, cuando debemos enseñarles que deben "ganárselo"….
¿Cómo? Trabajando con esfuerzo, ayudando a limpiar la casa, cocinar, lavar platos, etc., sintiéndose parte de la familia, desarrollando empatía, haciéndoles sentir que son amados y respetados, para que en su etapa adulta, sepan valorar y aprendan que las cosas se consiguen con esfuerzo y responsabilidad y muestren gratitud y amor a sus padres por haberles enseñado a ser buenos hijos…
La gratitud hay que forjarla, no viene incluida en el corazón de los humanos, a no ser que se le haya inculcado amor y temor a Dios primeramente, deben saber que cuando lleguen a ser "viejos" querrán ser bien tratados por sus hijos y nietos y eso no se consigue con dinero, sino con la bondad sembrada en sus corazones…
sábado, 28 de febrero de 2026
Casa abierta de par en par
dispuesta para el servicio y no replegada sobre sí misma.
Un hogar que enseñe solidaridad y fraternidad,
que no eduque en el egoísmo,
sino en búsqueda responsable de una sociedad más justa.
Queremos que sea nuestra casa, un lugar de creación y no de repetición,
que estimule la sensibilidad y la capacidad de admiración.
Un centro de referencia liberador y no opresor,
donde la alegría sea moneda de cambio,
y la fe y el amor no sean una costumbre, sino algo siempre nuevo,
que nos impulse a vivir la vida y no meramente a soportarla.
Algo, donde se experimente el amor y el quererse,
el encuentro y la relación personal,
el compartir y el vivir en común penas y alegrías.
El descubrir al otro y el ayudarse,
el dialogar y el darse confianza, el pasear con gusto,
y, en definitiva, el vivir la vida con calidad.
Compartiendo el bocadillo
Cuando tenía unos doce años, cargaba con una vergüenza silenciosa. Éramos tan pobres que muchas mañanas iba a la escuela sin haber comido nada. En el recreo, mientras los demás abrían sus taper -manzanas, galletas, sándwiches- yo fingía que no tenía hambre. Me dolía el estómago vacío, pero más la vergüenza de ocultar que tenía hambre.
Y un día, una niña se dio cuenta. No dijo nada. No hizo preguntas. Simplemente se acercó y me ofreció la mitad de su almuerzo. Me sentí avergonzado. Pero la acepté.
Al día siguiente lo volvió a hacer. Y al otro también. Y otra vez.
Por primera vez en mucho tiempo sentí que alguien me veía de verdad.
Pero un día… desapareció. Su familia se mudó a otra ciudad y nunca volvió. Aun así, su bondad se quedó en silencio dentro de mí como un recuerdo imborrable.
Pasaron los años. Crecí. La vida siguió. La recordaba de vez en cuando, siempre con gratitud, aunque sin ninguna posibilidad de volver a decirle “gracias”.
Y ayer ocurrió algo que me dejó completamente inmóvil. Mi hija pequeña llegó de la escuela y me dijo:
— Papá, ¿puedes ponerme mañana dos meriendas?
— ¿Dos? -le pregunté sorprendido. Si a veces ni siquiera te terminas una…
Me miró con esa seriedad que solo los niños pueden tener.
— Es para un niño de mi clase. Hoy no comió nada. Yo compartí la mía con él.
Se me erizó la piel. Porque en ese instante la vi a ella. A la niña de mi infancia. A la que me alimentó cuando nadie más se daba cuenta.
Su bondad no desapareció. Solo viajó en el tiempo. Pasó a través de mí… y ahora vive en mi hija.
Salí afuera y miré al cielo. Sentí una gratitud inmensa por saber que, alguna vez, a alguien sí le importé.
Quizás esa niña ya no me recuerde. Quizás nunca sepa lo que hizo. Pero yo jamás la olvidaré. Ella me enseñó algo que llevo conmigo toda la vida: el gesto más pequeño de bondad puede cambiar a una persona para siempre.
Y ahora sé algo más: mientras mi hija siga compartiendo su merienda con otro niño… la bondad nunca morirá.
jueves, 26 de febrero de 2026
Solo te pido, Señor
Dios, yo no te pido lujos
ni riquezas que se oxidan con el tiempo.
No te pido mansiones
ni cuentas llenas que no saben abrazar.
Solo te pido lo esencial, eso que no se compra
y que cuando falta, duele hasta el alma.
Te pido que en mi hogar nunca falte amor,
del que sostiene cuando todo pesa,
del que perdona cuando hay cansancio,
del que abraza incluso en silencio.
Ese amor sencillo que no hace ruido,
pero mantiene la casa en pie.
Te pido trabajo, no para presumir,
sino para llevar el pan con dignidad,
para acostarme cansado pero tranquilo,
sabiendo que hice lo que estaba en mis manos.
Te pido comida en la mesa, aunque sea sencilla,
aunque no alcance para lujos,
pero que siempre haya algo que compartir
y alguien con quien sentarse.
Te pido salud, Señor, porque cuando el cuerpo falla
el corazón se asusta, y porque sin salud
todo lo demás se vuelve pequeño.
Cuida de mí y de cada persona que amo,
de los que están cerca
y de los que llevo en mis oraciones.
No te pido una vida fácil, sé que eso no existe.
Solo te pido fuerza para resistir los días duros,
fe para no rendirme, y paz para mi hogar
cuando afuera todo parece temblar.
Si tengo eso, Dios, lo demás llega solo.
Porque con amor, trabajo, comida y salud,
ya soy inmensamente rico,
aunque el mundo no lo entienda.
La sombra del sol
Un hombre, cansado y dolido, fue a ver a un sabio y le dijo:
— Maestro, ¿por qué me persiguen las calumnias y la envidia? ¿Por qué distorsionan mis actos y ensucian mis intenciones? ¿Por qué hablan tanto mal de mí, si no les he hecho ningún daño?
El sabio, sentado bajo un gran árbol, le respondió con calma:
— Estás de pie bajo el sol. Ven, ponte aquí, bajo la sombra de este árbol.
El hombre obedeció, confundido. Entonces el sabio le dijo:
— Ya tienes tu respuesta.
El hombre lo miró sin entender, así que el sabio continuó:
— Mira a tu alrededor. ¿Ves? Tu sombra desapareció. Esa sombra oscura que te seguía mientras caminabas bajo el sol, ya no está. Cuando abandonaste la luz, la sombra se fue contigo.
La calumnia, hijo mío, es como esa sombra. Persigue solo a los que caminan bajo la luz: a los que eligen el camino del bien, la claridad, la verdad.
Si decides vivir en la penumbra de la indiferencia o en la oscuridad del mal, la sombra ya no te seguirá. Nadie critica a los que no hacen nada, ni calumnian a los que viven escondidos en la oscuridad.
Los ataques, las injusticias y las palabras venenosas solo caen sobre quienes están del lado de la luz. Si dejas de hacer el bien, si apagas tu propia luz, las críticas desaparecerán.
Las calumnias son la prueba de que caminas bajo el sol. Son el intento de las fuerzas del mal por empujarte a la sombra, donde nada brilla.
Así que si hablan mal de ti, alégrate: significa que sigues del lado luminoso de la vida. Y recuerda: hay una forma muy sencilla de librarte de esa sombra —solo tienes que abandonar la luz. Pero eso es justo lo que la oscuridad quiere que hagas.
El hombre entendió. Dio un paso hacia la calle bañada por el sol. Agradeció al sabio y siguió su camino, decidido a seguir haciendo el bien. La sombra volvió a acompañarlo, pero él ya no le prestó atención.
Moraleja: Mientras camines en la luz, siempre habrá sombras detrás de ti. No te detengas por ellas —significan que sigues avanzando hacia el bien.
domingo, 22 de febrero de 2026
No caigas en la tentación
Florentino Ulibarri
Cuando sea tentado por el hambre,
no me dejes caer en soluciones fáciles.
No a la pereza, no a la vida cómoda y satisfecha.
Dame sólo el pan nuestro de cada día.
Cuando sea tentado por la fama,
no me dejes caer en la soberbia.
No a la imagen, no al orgullo,
no a una vida ambiciosa y fácil.
Dame sólo la grandeza de tener hermanos y Padre.
Cuando sea tentado por el poder,
no me dejes caer en sus redes.
No al uso de su fuerza, no al dominio,
no a una vida arrogante y prepotente.
Dame sólo el gozo del servicio humilde.
Cuando sea tentado por lo que sea,
no me dejes solo con mi pena ni con mi osadía.
Y aunque no te lo pida,
ni haya apreciado tu ejemplo y propuesta,
dame tu segura compañía para andar por la vida.
Y mientras caminemos por el desierto,
que tu Espíritu, sólo tu Espíritu, me empuje
y guíe a los corazones y a los oasis
en los que Tú estás presente, aunque no lo invoque.
¡No me dejes caer en estas
ni en otras tentaciones!
Los tres árboles
"Algún día seré cofre de tesoros. Estaré lleno de oros, plata y piedras preciosas. Estaré decorado con labrados artísticos y tallados finos, todos verán mi belleza".
El segundo árbol dijo: "Algún día seré una poderosa embarcación. Llevaré a los más grandes reyes y reinas a través de los océanos, e iré a todos los rincones del mundo. Todos se sentirán seguros por mi fortaleza, fuerza y mi poderoso casco".
Finalmente, el tercer árbol dijo: "Yo quiero crecer para ser el más recto y grande de todos los árboles en el bosque. La gente me verá en la cima de la colina, mirará mis poderosas ramas y pensarán en el Dios de los cielos, y cuán cerca estoy de alcanzarlo. Seré el más grande árbol de todos los tiempos y la gente siempre me recordará".
Después de unos años de que los árboles esperaran que sus sueños se convirtieran en realidad, un grupo de leñadores vino donde estaban los árboles.
Cuando uno vio al primer árbol dijo: "Este parece un árbol fuerte, creo que podría vender su madera a un carpintero", y comenzó a cortarlo. El árbol estaba muy feliz debido a que sabía que el carpintero podría convertirlo en cofre para tesoros.
El otro leñador dijo mientras observaba al segundo árbol: "Parece un árbol fuerte, creo que lo podré vender al carpintero del puerto". El segundo árbol se puso muy feliz porque sabía que estaba en camino a convertirse en una poderosa embarcación.
El último leñador se acercó al tercer árbol, este muy asustado, pues sabía que, si lo cortaban, su sueño nunca se volvería realidad. El leñador dijo entonces: "No necesito nada especial del árbol que corte, así que tomaré éste", y cortó el tercer árbol.
Cuando el primer árbol llegó donde el carpintero, fue convertido en un cajón de comida para animales, y fue puesto en un pesebre y llenado con paja. Se sintió muy mal pues eso no era por lo que tanto había orado.
El segundo árbol fue cortado y convertido en una pequeña balsa de pesca, ni siquiera lo suficientemente grande para navegar en el mar, y fue puesto en un lago. Y vio como sus sueños de ser una gran embarcación cargando reyes habían llegado a su final.
El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y dejado en la oscuridad de una bodega.
Años más tarde, los árboles olvidaron sus sueños y esperanzas por las que tanto habían orado. Entonces un día un hombre y una mujer llegaron al pesebre. Ella dio a luz un niño, y lo colocó en la paja que había dentro del cajón en que fue transformado el primer árbol. El hombre deseaba haber podido tener una cuna para su bebé, pero este cajón debería serlo. El árbol sintió la importancia de este acontecimiento y supo que había contenido el más grande tesoro de la historia.
Años más tarde, un grupo de hombres entraron en la balsa en la cual habían convertido al segundo árbol. Uno de ellos estaba cansado y se durmió en la barca. Mientras ellos estaban en el agua una gran tormenta se desató y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar a los hombres. Los hombres despertaron al que dormía, éste se levantó y dijo: "¡Calma! ¡Quédate quieto!" y la tormenta y las olas se detuvieron. En ese momento el segundo árbol se dio cuenta de que había llevado al Rey de Reyes y Señor de Señores.
Finalmente, un tiempo después alguien vino y tomó al tercer árbol convertido en tablas. Fue cargado por las calles al mismo tiempo que la gente escupía, insultaba y golpeaba al Hombre que lo cargaba. Se detuvieron en una pequeña colina y el Hombre fue clavado al árbol y levantado para morir en la cima de la colina. Cuando llegó el domingo, el tercer árbol se dio cuenta que él fue lo suficientemente fuerte para permanecer erguido en la cima de la colina, y estar tan cerca de Dios como nunca, porque Jesús había sido crucificado en él.






