sábado, 29 de noviembre de 2025

Ten cuidado

 (REZANDO VOY, adaptación libre de Lc 31,34-36)

Ten cuidado. No te dejes atrapar en cadenas que secuestran la vida
en lugar de hacerla digna y plena.
Ten cuidado, no sea que se atrofie tu corazón y se emboten tus sentidos,
distrayéndote constantemente con ruidos, imágenes, diversiones…
Desconéctate un poco de tanta red, tanto eslogan, tanta inmediatez,
que te entretiene y te ocupa, pero no te alimenta en lo profundo.
No des tanta importancia a inquietudes que son fugaces.
No sea que un día, de repente, caigas en la cuenta de que la vida era otra cosa.
Que a veces se te hace tarde para subir a los trenes importantes de la vida,
y cuando te quieres dar cuenta ya ha pasado.
Despierta, pide poder escapar de todas esas trampas cotidianas,
y mantente en pie ante mí, el Hijo del hombre,
que te daré perspectiva y lucidez para ver el mundo con mis ojos.

El cuervo y el tigre

                Antena Misionera             

Un tigre y un cuervo se encontraban en medio de una acalorada discusión sobre quién de los dos era el más formidable. Con su arrogancia habitual, el tigre proclamó:
— "Soy una bestia salvaje, mi poder es incomparable".
El cuervo, sin inmutarse, replicó:
— "Tus palabras no me afectan, yo soy el verdadero rey del aire".
Justo cuando la disputa alcanzaba su apogeo, un grupo de cazadores apareció, armados y decididos. Con astucia, lanzaron una red que atrapó al tigre, quien fue sedado sin poder resistir. El cuervo, también víctima de un dardo tranquilizante, fue apresado y llevado a una jaula, mientras el tigre era conducido a una oscura mazmorra.
Al abrir los ojos, el tigre se percató de su triste realidad: estaba atrapado en una celda, sin posibilidad de huir. Sus garras nada podían hacer con los fríos barrotes de hierro, pero la libertad se le escapaba como un sueño lejano. Por su parte, el cuervo, al despertar, también se dio cuenta de que su destino era el mismo; su jaula le robaba el vuelo, y a pesar de sus intentos de aletear, no podía elevarse hacia el cielo. Así transcurrieron los meses, y la tristeza se apoderó de ambos, prisioneros de la codicia de los cazadores que los mantenían bajo su control. El tigre, debilitado por la escasa alimentación, compartía su sufrimiento con el cuervo, que también padecía la falta de sustento.
En un día cualquiera, uno de los cazadores se dejó la jaula del cuervo entreabierta. Fue en ese instante cuando el cuervo, sintiendo el aire fresco de la libertad, alzó el vuelo y se alejó a gran velocidad. Sin embargo, mientras surcaba los cielos, un pensamiento cruzó su mente: el tigre, su amigo, aún estaba atrapado. Decidido a ayudarlo, regresó con cautela al lugar donde se encontraban los cazadores. Con sigilo, tomó la llave que abría la mazmorra y llamó al tigre:
— "¡Hola, amigo! He venido a salvarte".
Al asomarse por la ventana, el tigre vio al cuervo sosteniendo la llave con sus garras. Extendió sus patas y el cuervo le entregó la llave. Juntos, escaparon con furia: el cuervo surcando el cielo y el tigre corriendo ágilmente entre los árboles.
Una vez que lograron escapar, el tigre se volvió hacia el cuervo y le dijo:
— Gracias, amigo, por tu valiosa ayuda; sin duda, tú eres superior a mí.
El cuervo, con sabiduría, le respondió:
— No, amigo, no soy mejor que tú, así como tú no eres mejor que yo. La clave está en mantener la humildad, reconocer nuestras fortalezas sin vanidad y ayudar a los demás. La vida es como una ruleta, y nunca sabemos en qué momento nos sorprenderá. No sabemos quién estará dispuesto a extendernos la mano.
El tigre sonrió y dijo:
— Gracias, amigo, te admiro.
Luego continuaron su huida, y los cazadores jamás volvieron a tener noticias de ellos.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Perseverancia

                 José María R. Olaizola, SJ (Rezando voy)

Cuando falten las fuerzas, tú serás el sustento.
Cuando olvide el por qué, tú serás la memoria.
Cuando pierda las ganas, tú serás el aliento.
Cuando vacile la fe, tú serás la respuesta.
Cuando añore la alegría, tú serás el horizonte.
Cuando necesite valor tú serás el escudo.
Cuando tema el rechazo tú serás el abrazo.
Cuando confunda el camino, tú serás la guía.
Cuando quiera rendirme, tú serás el freno.
Cuando me aturda el ruido tú serás el silencio.
Cuando ignore el amor tú serás la pasión.
Cuando derroche los motivos tú serás la última reserva.
Y, siendo tú mi todo, nada más hará falta para seguir adelante.

La vida del jubilado

El día que me jubilé, me sentí el hombre más feliz del mundo, por fin podría vivir sin madrugar.
Pero mi mujer pensaba otra cosa y ya el primer día, subió la persiana a las 8.
- Arriba que tengo que hacer la cama.
!!Vaya!!, las 8 y ya tenía que hacer la cama. Fui hacia el salón, me siento en el sofá y me dice:
- ¡¡¡Qué bien estas sin hacer nada!!! Levanta que tengo que pasar el aspirador. Qué... ¿piensas pasar toda la jubilación “tirao” en el sofá?
Toda la Jubilación?,…. ¡¡Si era el primer día!! Para no discutir me fui a dar un paseo, me junte con más compañeros y ahora somos unos… 23. Vamos todos juntos. A las 9 ya no hay quien ande, “todo lleno” de gente. Así que empezamos a madrugar cada vez más y ahora ya nos levantamos a las 5 y media,… ¡¡pa poder caminar tranquilos !!
Vuelvo a casa, me aseo y al volver a salir, ya desde el primer día, me dice:
- A la vez que vienes tráete el pan, anda.
Luego fueron los tomates, las patatas... Todo lo que se le olvidaba a ella.
Ayer ya me hizo encargado general de compras. Ahora tengo que hacer la compra y quiere que gaste poco, así que: el azúcar voy a comprarlo al Lidel, el aceite en Mercadona, el detergente en Eroski, la fruta al Aldi, y los yogures en el Dia.
A mis amigos les pasó lo mismo y como somos jubilados, que no tontos, nos organizamos en grupos y cada grupo va para un lado, para ganar tiempo, luego repartimos las cosas y hacemos cuentas.
A las 11 nos toca la revisión de obras, tenemos controladas 18. Vamos “payá” y nos apalancamos los 23 en un lado de la obra. En el centro, que es el mejor sitio, no podemos ponernos, eso está reservado para los más antiguos…
Ayer un jubilado de banca dijo que estaban mal puestos unos ladrillos, ¡¡Se armó la de Dios!!
En el grupo mío hay uno que fue albañil y dijo:
- Tú que sabrás..., patoso, si siempre estuviste en el banco calentando la silla. Lo sabré yo, que soy albañil.
Y dijo otro:
- Que soy no..., dirás que fuiste.
- Es lo mismo, eso nunca se olvida. Es como montar en bici.
A las 6 ya me están llamando, la mujer y la hija, para ir de cursillos.
- ¿Qué pasa? ¿Vas a estar jubilado sin hacer nada? ¡¡Se te atrofia la cabeza!!
Así que: lunes y miércoles tengo internet, martes y jueves, encaje de bolillos y el viernes,… el viernes, baile. El sábado a yoga....
A las 10, después de cenar, me siento en el sofá y caigo frito. Es entonces cuando siento un codazo en el hombro…
- ¡¡Venga, vete a la cama que ya estas roncando!! No, ¡¡si debes estar “reventáo” de estar todo día sin hacer nada!!
Vaya con estar jubilado... Como ya soy agente de bolsa (de la compra), ahora estudio 'árabe': Arabe ahí y... arabe allí, árabe y trae...

lunes, 24 de noviembre de 2025

Preguntas a un rey en cruz

             José María R. Olaizola, SJ (Rezando voy)

¿Qué corona es esa que te adorna,
que por joyas tiene espinas?
¿Qué trono de árbol te tiene clavado?
¿Qué corte te acompaña,
poblada de plañideras y fracasados?
¿Dónde está tu poder?
¿Por qué no hay manto real
que envuelva tu desnudez?
¿Dónde está tu pueblo?
Me corona el dolor de los inocentes.
Me retiene un amor invencible.
Me acompañan los desheredados,
los frágiles, los de corazón justo,
todo aquel que se sabe fuerte en la debilidad.
Mi poder no compra ni pisa,
no mata ni obliga, tan solo ama.
Me viste la dignidad de la justicia
y cubre mi desnudez la misericordia.
Míos son quienes dan sin medida,
quienes miran en torno con ojos limpios,
los que tienen coraje para luchar
y paciencia para esperar.
Y, si me entiendes, vendrás conmigo.

El cristal roto

            Antena Misionera

Tenía 10 años cuando rompí la ventana del aula. Estábamos jugando fútbol en el recreo. Le pegué con todas mis fuerzas… Y la pelota salió disparada contra el cristal. Se hizo un silencio seco. Todos se quedaron mirando. Yo también… pero fingí sorpresa. Al rato, llegó el director. Nos miró uno por uno. Y sin levantar la voz, dijo:
—¿Quién fue?
Nadie habló. Yo sentía que el corazón se me salía. Y entonces él dijo:
— No se preocupen. No voy a castigar a nadie. Solo quiero saber quién fue… para enseñarle cómo se arregla una ventana.
Seguí callado. Pero al rato, uno de los niños levantó la mano. Y dijo que había sido él. Era mi mejor amigo. Y yo… lo dejé cargar con mi error. Ese día no lo regañaron. Lo llevaron con el conserje. Le enseñaron a usar herramientas, a limpiar los cristales rotos con cuidado, a poner cinta… Y mientras lo hacía, el director se quedó a su lado. Yo lo miraba desde lejos. Me sentía el peor ser humano del planeta.
Esa noche no pude dormir. Al día siguiente, fui directo al director. Le confesé la verdad. Él no se sorprendió. Solo me dijo:
— A veces, el error más grande… es callar lo que uno ya sabe que debe decir. Pero decirlo, incluso con miedo, es el primer paso para empezar de nuevo.
Luego, busqué a mi amigo. Y le pregunté por qué lo había hecho. Por qué me cubrió. Y él me respondió algo que nunca voy a olvidar:
— Porque sabía que tú no estabas listo. Pero también sabía que un día… sí lo estarías.

Ese día entendí que no todos los errores necesitan castigo. Algunos solo necesitan tiempo. Tiempo para comprender, para tener coraje, para hacer lo correcto.
Y también entendí que un verdadero amigo no siempre te empuja a hablar… A veces te espera en silencio. Hasta que tú solo… encuentras el momento de decir aquello que tenías atorado.