(su fiesta se celebra hoy, 6 de diciembre)
Nicolás nació en el año 250 d.C., en Myra Turkí (Asia Central). Se le conoce
como San Nicolás de Bari porque sus restos mortales descansan en la ciudad de
Bari en Italia.
Heredó una gran fortuna que la destinó a ayudar a los necesitados. Nicolás era
feliz ayudando a los demás, especialmente a los pobres y a los esclavos. Era
bueno, generoso y tenía un gran sentido del humor. Fue sacerdote y más tarde,
fue consagrado obispo.
Se cuenta que en una ocasión supo de tres jovencitas que pretendían casarse,
pero su padre no podía pagar la dote correspondiente. Al saberlo Nicolás
(pretendiendo realizar la caridad sin ser visto), soltó por la chimenea unas
bolsas de monedas de oro que cayeron en unas medias de lana que las jóvenes
habían dejado secando (por eso se cuelgan en la chimenea los calcetines, que
sirven para que nos deje a nosotros los regalos).
Se narra también que tres niños fueron asesinados en una posada, donde el
posadero los descuartizó y metió en un barril de sal, y por la oración de San
Nicolás los infantes volvieron a la vida. Por ello es patrono de los niños y se
le suele representar con tres pequeños a su costado.
El emperador Diocleciano ordena acabar con los cristianos por la fuerza. Es en
esta época cuando San Nicolás es nombrado Obispo de Myra, Turquía (de ahí el
color rojo de su vestimenta).
Fue encarcelado durante casi 30 años, pero Nicolás no perdió su sentido del
humor y su alegría especialmente al hablar con los niños (de ahí el amor a los
niños y el típico Jo, Jo, Jo).
Al convertirse al cristianismo el emperador de Roma, Constantino, hijo de Santa
Elena, el Obispo Nicolás fue liberado, ya anciano con el pelo largo y la barba
blanca. Regresó a su ciudad dispuesto a empezar otra vez la Iglesia de Cristo.
Su sorpresa fue grande cuando llegando al lugar observa la Catedral que había
sido mantenida por los Cristianos entonaban cánticos de Navidad).
Los cristianos de Alemania tomaron la historia de las tres bolsas de oro
echadas por la chimenea el día de Navidad y la imagen de Nicolás al salir de la
cárcel, para entretejer la historia de Santa Claus, viejecito sonriente y larga
barba, vestido de rojo, que entra por la chimenea el día de Navidad para dejar
regalos a los niños buenos.
Su fiesta se celebra el 6 de diciembre. Por haber sido tan amigo de la niñez y
tan generoso, en algunos países europeos repartían dulces y regalos a los niños.
Ese día empezaban las festividades de diciembre, relacionando así al santo con
las fiestas navideñas. Durante los siglos XVII y XVIII coinciden en Estados
Unidos inmigrantes de distintas culturas como ingleses, holandeses y alemanes:
la tradición católica de holandeses y alemanes, que tenía devoción a San
Nicolás se mezcló con la de “Father Christmas” (el padre de la Navidad) que era
la figura típica de las fiestas navideñas en Inglaterra.
Como derivación del nombre del santo en alemán (San Nikolaus) lo empezaron a
llamar Santa Claus, y fue popularizado en la década de 1820 -a través de un
poema famosísimo en los Estados Unidos del poeta Clement Clark Moore- como un
amable y regordete anciano de barba blanca, al que llama “St. Nick”, que la
noche de Navidad pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los
niños en un trineo volador tirado por renos.
La historia del Santa Claus actual tiene sus raíces en este Santo, que fue muy
querido por los niños y el pueblo de su época. Por eso es bueno recordar hoy,
en la fiesta de san Nicolás, que la Navidad es el cumpleaños de Jesús, por
quien San Nicolás dio su vida con el mejor regalo que le pudo dar, su amor a
Dios en los más necesitados.
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