Señor, ayúdame a escuchar tu voz y a responderte,
con la misma decisión y generosidad de Juan Evangelista.
Cuando lo llamaste, a orillas del lago Tiberiades,
inmediatamente dejo la barca y a su padre y te siguió.
No lo dejó para dentro de un rato, o para mañana.
Casi no te conocía. No sabía qué le esperaba,
pero tu voz resonó en su corazón con tal fuerza
que lo dejó todo y te siguió.
Señor, ayúdame a escuchar tu voz y a responderte,
con decisión y generosidad.
Señor, ayúdame a acercarme a ti cada día
y a dejar que tu cercanía me transforme, como a Juan.
Juan y su hermano Santiago iban en busca de privilegios.
Pero estar a tu lado les fue cambiando.
Entendieron que es menester beber el cáliz del amor,
del servicio y de la entrega hasta la última gota.
Experimentaron que el camino de la gloria
pasa por Getsemaní y por el Calvario.
Señor, ayúdame a acercarme a ti cada día
y a dejar que tu cercanía me transforme.
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