Hace mucho tiempo, en un valle lleno de montañas doradas, vivía el ave fénix. Sus plumas brillaban como el amanecer y su canto llenaba de esperanza a quienes lo escuchaban. Los niños soñaban al verlo volar y los padres lo señalaban como símbolo de fortaleza y amor.
El fénix sabía que su misión era enseñar a no rendirse. Cuando el cansancio llegaba, descansaba en su nido de ramas aromáticas y contaba historias a los animales más pequeños. Les decía que cada error es una lección y cada caída, una oportunidad para aprender.
Un día, el valle atravesó tiempos difíciles. Los árboles se secaron y muchos perdieron la esperanza. Entonces, el ave fénix se elevó alto y, con valentía, se dejó envolver por el fuego. Todos miraron en silencio, creyendo que era su final.
De las cenizas nació un nuevo fénix, más brillante y fuerte. Su regreso llenó el valle de alegría y fe. Los padres abrazaron a sus hijos y comprendieron que siempre se puede empezar de nuevo, incluso después de los momentos más duros.
Desde entonces, la leyenda del ave fénix se cuenta cada noche. Enseña a las familias que, con amor y perseverancia, los corazones también pueden renacer
Moraleja: Aunque la vida tenga momentos difíciles, siempre podemos levantarnos, aprender y renacer con más fuerza y esperanza
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