domingo, 8 de febrero de 2026

Tiene sólo nuestras manos

 

Jesús, no tienes manos.
Tienes sólo nuestras manos
para construir un mundo donde reine la justicia.
Jesús, no tienes pies.
Tienes sólo nuestros pies
para poner en marcha la libertad y el amor.
Jesús, no tienes labios.
Tienes sólo nuestros labios
para anunciar al mundo la Buena Noticia de los pobres.
Jesús, no tienes medios.
Tienes sólo nuestra acción
para lograr que todos seamos hermanos.
Jesús, nosotros somos tu Evangelio,
el único Evangelio que la gente puede leer,
si nuestras vidas son obras y palabras eficaces.
Jesús, danos tu amor y tu fuerza
para proseguir tu causa
y darte a conocer a todos cuantos podamos.

El sacerdote que fracasó

El párroco de un pequeño pueblo llegó a la iglesia animado y motivado para celebrar la Misa vespertina, pero la hora pasaba y nadie llegaba.
Después de 15 minutos de retraso, entraron tres niños, después de 20 minutos entraron dos jóvenes.
Así que el sacerdote decidió comenzar la Misa con las cinco personas.
Durante la Misa, entró una pareja que se sentó en los últimos bancos de la iglesia. Cuando el sacerdote proclamaba el Evangelio, entró otro señor con la ropa sucia y una cuerda en la mano.
Decepcionado y sin entender la causa de la escasa participación de los fieles, el sacerdote celebró la Misa con amor y predicó con entusiasmo y celo.
Cuando volvía a su casa fue asaltado y golpeado por dos ladrones que se llevaron su carpeta donde estaban su Biblia y otras pertenencias de valor.
Llegando a la casa parroquial, mientras se curaba las heridas, describió ese día como el día más triste de mi vida, un fracaso de mi ministerio, y el día más poco fructífero de mi carrera; pero no importa, todo lo hago con Dios y para Él.
Pasaron cinco años, el sacerdote decidió compartir esta historia con los feligreses en la iglesia. Cuando terminaba de contar la historia, una pareja destacada en esa parroquia lo detuvo y dijo:
— “Padre, la pareja de la historia que se sentó en el fondo éramos nosotros. Estábamos al borde de la separación abrumados por problemas y desacuerdos que había en nuestro hogar. Esa noche acordamos finalmente nuestro divorcio, pero primero decidimos venir a la iglesia para dejar nuestras alianzas y luego cada uno seguiría su camino. Después de escuchar su homilía olvidamos la separación esa misma noche. Como consecuencia, hoy estamos aquí con nuestro hogar y familia restaurados”.
Mientras la pareja hablaba, uno de los empresarios más exitosos que ayudaba en el sostenimiento de esa iglesia saludaba, pidiendo hablar con el sacerdote dijo:
— “Padre, soy el señor que entró medio sucio con una cuerda en la mano. Yo estaba al borde de la quiebra, perdido en las drogas, mi esposa y mis hijos se habían ido de casa a causa de mis maltratos. Esa noche traté de suicidarme, pero la cuerda se rompió, así que salí a comprar otra. Cuando me puse en camino, vi la iglesia abierta, decidí entrar aunque estaba muy sucio y con la cuerda en la mano. Esa noche, su homilía tocó mi corazón y salí de aquí con ánimo de vivir.
Hoy estoy libre de las drogas, mi familia volvió a casa y me convertí en el mayor empresario del pueblo.”
En la puerta de la entrada de la sacristía, el Diácono gritó:
— “Padre, fui uno de los ladrones que lo robaron. El otro murió esa misma noche cuando realizábamos el segundo robo. En su maletín, había una Biblia. La leí cada vez que me despertaba por la mañana. Después de tanto leer, decidí venir a esta iglesia.”
El Padre se quedó paralizado y empezó a llorar junto con los fieles. Después de todo, esa noche que consideraba como una noche de fracaso fue una noche llena de frutos y de vida.

Moraleja - Ejerce tu trabajo, tu misión con dedicación y celo independiente del número de participantes. Da lo mejor de ti todos los días, porque cada día eres un instrumento del bien para la vida de alguien. En los peores días de tu vida todavía puedes ser una bendición en la vida de alguien.