domingo, 16 de noviembre de 2025

El gorrión y el cuervo

Un cuervo se estrelló contra el suelo por una fuerte tormenta. Una de sus alas sangraba y colgaba. Intentó levantarse, pero el dolor era muy intenso. Desesperado, miró hacia el cielo con los ojos llenos de lágrimas.
— ¡Ayuda… no puedo volar! ¡ayúdame!
Una urraca vio al cuervo y se burló:
— ¡Jaja, te lo mereces por orgulloso! Te reías de nosotros porque podías volar alto y mírate ahora, dando pena...
Otras aves volaron alrededor, pero miraban al cuervo con desprecio e indiferencia. El cuervo agachó la cabeza. Estaba solo, hambriento y herido; perdió la fe. Pero entonces, una vocecita linda surgió de un arbusto:
— Soy pequeño, pero si quieres… puedo ayudarte.
Era un gorrión, diminuto, tímido, tierno. Saltó junto a él, llevando en su pico una migaja de pan seco.
Luego trajo una gota de agua, un poco de hojas secas y preparó un nido junto a las raíces del árbol.
— ¿Por qué haces esto? -preguntó débilmente el cuervo.
— ¡Porque estás vivo! Y porque, si yo hubiera caído, me gustaría que alguien me ayudara.
Pasaron los días. Al principio, el cuervo no podía ni moverse, pero el gorrión no lo abandonó. Lo alimentaba, le contaba cuentos y le trinaba canciones. Y cuando el cuervo pudo extender su ala nuevamente, se sintió feliz de tener a un nuevo amigo, pero tuvo que despedirse y seguir su camino.
La primavera llegó rápidamente. Y un día, mientras el gorrión recogía semillas, un halcón saltó sobre él. El pobre gorrión no pudo escapar. Pero de pronto, una silueta negra apareció en el cielo. El cuervo, fuerte y majestuoso, se lanzó, extendiendo sus alas con fuerza. Se estrelló contra el halcón, se enfrentó a él y logró que se alejara del débil gorrión.
— Me salvaste... -dijo el gorrión, aun temblando de miedo.
— No, ¡fuiste tú! Fuiste tú quien me salvó primero -respondió el cuervo-. Gracias a ti sé que la bondad puede ser enorme incluso en el pecho más pequeño.
Jamás desprecies la ayuda de nadie. “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.” Lo dijo Eduardo Galeano. Hay gente que tiene poco, pero no duda en compartirlo con sus amigos y con quienes ama. Esa gente es de otro nivel, es gente buena. También dicen que a quien da sin esperar nada a cambio, la vida siempre los bendecirá dándoles el doble o el triple, porque la bondad siempre vuelve. En esta vida hay gente malagradecida y mala, pero también hay gente que vale la pena ayudar, porque es gente que sabe ser agradecida y decente. Son nobles y no necesitan que nadie les cobre el favor; les nace del corazón.

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