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Dios, yo no te pido lujos
ni riquezas que se oxidan con el tiempo.
No te pido mansiones
ni cuentas llenas que no saben abrazar.
Solo te pido lo esencial, eso que no se compra
y que cuando falta, duele hasta el alma.
Te pido que en mi hogar nunca falte amor,
del que sostiene cuando todo pesa,
del que perdona cuando hay cansancio,
del que abraza incluso en silencio.
Ese amor sencillo que no hace ruido,
pero mantiene la casa en pie.
Te pido trabajo, no para presumir,
sino para llevar el pan con dignidad,
para acostarme cansado pero tranquilo,
sabiendo que hice lo que estaba en mis manos.
Te pido comida en la mesa, aunque sea sencilla,
aunque no alcance para lujos,
pero que siempre haya algo que compartir
y alguien con quien sentarse.
Te pido salud, Señor, porque cuando el cuerpo falla
el corazón se asusta, y porque sin salud
todo lo demás se vuelve pequeño.
Cuida de mí y de cada persona que amo,
de los que están cerca
y de los que llevo en mis oraciones.
No te pido una vida fácil, sé que eso no existe.
Solo te pido fuerza para resistir los días duros,
fe para no rendirme, y paz para mi hogar
cuando afuera todo parece temblar.
Si tengo eso, Dios, lo demás llega solo.
Porque con amor, trabajo, comida y salud,
ya soy inmensamente rico,
aunque el mundo no lo entienda.
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