Antena Misionera
"Había un anciano pastor que pasaba sus tardes sentado en una piedra, observando su rebaño en la ladera de la montaña. A diferencia de otros, no usaba drones para vigilarlas, ni aplicaciones en el móvil para contarlas. Solo permanecía allí, en un silencio que parecía formar parte del paisaje.
Un día, un hombre que hacía senderismo se detuvo a su lado. El excursionista, cargado de gadgets tecnológicos y mirando constantemente su reloj, le dijo con tono de superioridad:
— Debe ser aburrido pasar el día contando ovejas, ¿no? Yo no podría vivir sin saber exactamente cuántos pasos doy o cuántos minutos faltan para llegar a la cima.
El anciano, sin quitar la vista del valle, sonrió con esa calma que solo dan los años y respondió:
— Es que yo no cuento ovejas. Yo las conozco.
El joven frunció el ceño.
— Pero, ¿cómo sabe si le falta alguna si no las cuenta?
El pastor se tomó su tiempo, señaló un rincón vacío del prado y dijo:
— Sé quién falta porque el espacio que esa oveja debería ocupar se siente frío. No busco el número "cien" en mi cabeza; busco el rastro de su presencia en mi corazón. Cuando una no está, el rebaño no es "noventa y nueve", es un rebaño incompleto."
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