domingo, 3 de mayo de 2026

Dios aprieta pero no ahoga

Había un hombre muy rico que poseía muchos bienes, una gran estancia, mucho ganado, varios empleados, y un único hijo, su heredero.
Un día, el padre, ya avanzado en edad, dijo a sus empleados que le construyeran un pequeño establo. Dentro de él, el propio padre preparó una horca y, junto a ella, una placa con algo escrito: “Para que nunca desprecies las palabras de tu padre”.
Llamó a su hijo, lo llevó hasta el establo y le dijo:
— ¡Esta horca es para ti! Te conozco muy bien y sé que cuando yo falte dilapidarás toda la herencia viviendo malamente. Quiero que me prometas que, si sucede lo que yo te he dicho, no te suicidarás con veneno o disparándote un tiro sino que te ahorcarás en este establo.
El joven se echo a reír, pensó que era un absurdo, pero para no contradecir a su padre le prometió que así lo haría, pensando que eso jamás sucedería.
El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo, y así como su padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió sus amigos y hasta la propia dignidad.
Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto. Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:
— ¡Ah, padre mío…! ¡Si yo hubiese escuchado tus consejos…! Pero ahora es demasiado tarde. Yo nunca seguí sus palabras, pero esta vez lo haré. No me queda nada más…
Entonces, subió los escalones y se colocó la cuerda en el cuello, y pensó:
— ¡Ah, si yo tuviese una nueva oportunidad…!
Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y, por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta… Sin embargo, el brazo de la horca estaba hueco y se rompió fácilmente, cayendo el joven al suelo. Sobre él cayeron joyas, esmeraldas, rubíes, zafiros y brillantes. La horca estaba llena de piedras preciosas. Entre lo que cayó encontró una nota. En ella estaba escrito:
— Esta es tu nueva oportunidad, no cometas errores. ¡Te quiero mucho! Con amor, Tu padre.

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