La nuera comenzó a quejarse de la torpeza de su suegro, diciendo que lo rompía todo, y que a partir de aquel día le darían de comer en una palangana de plástico.
El anciano suspiraba asustado, sin atreverse a decir nada.
Poco después, vieron al hijo pequeño rebuscando en el armario. Movido por la curiosidad, su padre le preguntó:
Poco después, vieron al hijo pequeño rebuscando en el armario. Movido por la curiosidad, su padre le preguntó:
- "¿Qué haces, hijo?"
El chico, sin levantar la cabeza, contestó:
- "Estoy preparando una palangana para daros de comer a mamá y a ti cuando seáis viejos."
El marido y su esposa se miraron y se sintieron tan avergonzados que empezaron a llorar. Pidieron perdón al abuelo y a su hijo, y las cosas cambiaron radicalmente a partir de aquel día.
Su hijo pequeño les había dado una severa lección de sensibilidad y de buen corazón.
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