Ramiro A. Calle
Era un hombre que siempre había gozado de buena fortuna, pero su suerte cambio y comenzó a ser castigado por las adversidades de la vida. Fue a su mentor y le dijo:
– Venerable maestro, estoy desesperado. Desde hace un tiempo todo me sale mal. Mi mujer ha enfermado, mis negocios funcionan mal y mi ánimo esta siempre abatido.
– Así son las cosas –repuso con máxima ecuanimidad el maestro– las cosas vienen, las cosas se van. La ola asciende, la ola desciende. Una estación sigue a otra. Hay vicisitudes, sí. Vienen pero también se van.
– No, no, no creo que sea cosa de los acontecimientos o del azar. Algún conjuro han realizado contra mí, te lo aseguro -respetado maestro.
El hombre estaba obsesionado, pensando que habían conjurado maléficamente contra él, y de ahí todos los acontecimientos le fueron desfavorables y adversos. El maestro por mucho que trató de razonarle, no pudo convencerle ¿Qué hacer entonces? El maestro le dijo:
– Menos mal que todavía tengo el amuleto que mi gran maestro, de una remota gruta del Himalaya, me dejó. Es infalible para todos estos casos:
– ¿Estás seguro?
– Nunca ha fallado. No hay conjuro que no sea neutralizado por su fuerza. Pero hay que llevarlo un mes atado al cuello y dedicarle una plegaria todos los días. Es un amuleto muy poderoso. No vayas a perderlo.
Se lo entregó al hombre y se lo colgó al cuello. Era una piedra de río.
– Está bendecido por mi maestro, y también su maestro lo bendijo, y el maestro de su maestro.
– No sabes cuánto te lo agradezco, gran maestro.
El hombre se marchó aliviado. Todos los días hacía unas plegarias al amuleto. Su ánimo comenzó a reestablecerse; sus negocios empezaron a ir mejor y su mujer comenzó a recuperarse. Pasado un mes volvió ante el maestro, le rindió pleitesía y le dijo:
– ¿Qué gran reliquia! Aquí la tienes señor, es muy valiosa.
– ¡Tírala! –ordenó el maestro– es una simple piedra.
– ¿Por qué has hecho esto?
– Porque estabas tan obsesionado que he tenido que utilizar tu imaginación constructiva para refrenar tu imaginación destructiva. Es como cuando un hombre sueña que le ataca un león, pero encuentra un revólver y lo mata; o sea, que con un revólver ilusorio ha matado un león ilusorio.
Y el maestro estalló en carcajadas.
lunes, 18 de abril de 2022
El amuleto
domingo, 17 de abril de 2022
¡Ha resucitado!
Has resucitado, Jesús,
Tu amor es más fuerte que la muerte.
Venciste a tu muerte y a la nuestra, Jesús.
Creemos en una vida nueva para siempre.
Has abierto de par en par las puertas del futuro, Jesús.
Podemos avanzar con esperanza, pase lo que pase.
Has roto los límites de lo posible, Jesús.
Nada de cuanto podamos imaginar es demasiado para Ti.
Nos has contagiado tu vida plena, Jesús
Podemos empezar una existencia de resucitados, ¡cuanto antes!
Tu Espíritu resucitador aletea en el mundo entero, Jesús,
una nueva sociedad es posible, está en marcha.
Contigo resucitó tu Palabra y tu proyecto, Jesús.
Podemos llamar Padre a Dios y vivir como auténticos hermanos.
Venciste a tu muerte y a la nuestra, Jesús.
Creemos en una vida nueva para siempre.
Has abierto de par en par las puertas del futuro, Jesús.
Podemos avanzar con esperanza, pase lo que pase.
Has roto los límites de lo posible, Jesús.
Nada de cuanto podamos imaginar es demasiado para Ti.
Nos has contagiado tu vida plena, Jesús
Podemos empezar una existencia de resucitados, ¡cuanto antes!
Tu Espíritu resucitador aletea en el mundo entero, Jesús,
una nueva sociedad es posible, está en marcha.
Contigo resucitó tu Palabra y tu proyecto, Jesús.
Podemos llamar Padre a Dios y vivir como auténticos hermanos.
El agujero de la barca
Se le pidió a un hombre que pintara un bote. Trajo su pintura y pinceles y comenzó a pintar el barco de un rojo brillante, como le pidió el dueño.
Mientras pintaba, notó un pequeño agujero en el casco, y lo reparó cuidadosamente. Cuando terminó de pintar, recibió su dinero y se fue.
Al día siguiente, el dueño del barco fue a casa del pintor y le presentó un cheque, mucho más alto que el pago por la pintura. El pintor se sorprendió y dijo:
- Ya me ha pagado por pintar el barco, señor!
- Este cheque no es por el trabajo de pintura. Es por reparar el agujero en el barco.
- Pero fue algo tan pequeño... ciertamente no vale una cantidad tan alta por algo tan insignificante.
- Mi querido amigo, no lo entiendes. Déjame decirte lo que pasó: Cuando te pedí que pintaras el barco, olvidé mencionar el agujero. Cuando el barco se secó, mis hijos tomaron el barco y se fueron a pescar. No sabían que había un agujero. Yo no estaba en casa en ese momento. Cuando regresé y vi que habían tomado el barco, estaba desesperado porque recordé que el barco tenía un agujero.
Imagina mi alivio y alegría cuando los vi regresar de la pesca. Entonces, examiné el bote y descubrí que habías reparado el agujero! ¿Ves, ahora, lo que hiciste? ¡Salvaste la vida de mis hijos! No tengo suficiente dinero para pagar tu "pequeña" buena acción"
Así que no importa a quién, cuándo o cómo, continúa ayudando, sosteniendo, limpiando lágrimas, escuchando atentamente, y reparando cuidadosamente todas las "fugas" que encuentres.
Nunca se sabe cuándo necesitan de nosotros, o cuando Dios tiene una agradable sorpresa para que seamos útiles e importantes para alguien.
A lo largo del camino, es posible que hayas reparado numerosos “agujeros de barco” sin darte cuenta de cuántas vidas has salvado.
Mientras pintaba, notó un pequeño agujero en el casco, y lo reparó cuidadosamente. Cuando terminó de pintar, recibió su dinero y se fue.
Al día siguiente, el dueño del barco fue a casa del pintor y le presentó un cheque, mucho más alto que el pago por la pintura. El pintor se sorprendió y dijo:
- Ya me ha pagado por pintar el barco, señor!
- Este cheque no es por el trabajo de pintura. Es por reparar el agujero en el barco.
- Pero fue algo tan pequeño... ciertamente no vale una cantidad tan alta por algo tan insignificante.
- Mi querido amigo, no lo entiendes. Déjame decirte lo que pasó: Cuando te pedí que pintaras el barco, olvidé mencionar el agujero. Cuando el barco se secó, mis hijos tomaron el barco y se fueron a pescar. No sabían que había un agujero. Yo no estaba en casa en ese momento. Cuando regresé y vi que habían tomado el barco, estaba desesperado porque recordé que el barco tenía un agujero.
Imagina mi alivio y alegría cuando los vi regresar de la pesca. Entonces, examiné el bote y descubrí que habías reparado el agujero! ¿Ves, ahora, lo que hiciste? ¡Salvaste la vida de mis hijos! No tengo suficiente dinero para pagar tu "pequeña" buena acción"
Así que no importa a quién, cuándo o cómo, continúa ayudando, sosteniendo, limpiando lágrimas, escuchando atentamente, y reparando cuidadosamente todas las "fugas" que encuentres.
Nunca se sabe cuándo necesitan de nosotros, o cuando Dios tiene una agradable sorpresa para que seamos útiles e importantes para alguien.
A lo largo del camino, es posible que hayas reparado numerosos “agujeros de barco” sin darte cuenta de cuántas vidas has salvado.
miércoles, 13 de abril de 2022
¿Seré yo?
José María Rodríguez Olaizola, sj
¿Seré yo, Maestro, quien afirme o quien niegue?
¿Seré quien te venda por treinta monedas
o seguiré a tu lado con las manos vacías?
¿Pasaré alegremente del «hosanna» al «crucifícalo»,
o mi voz cantará tu evangelio?
¿Seré de los que tiran la piedra o de los que tocan la herida?
¿Seré levita, indiferente al herido del camino,
o samaritano conmovido por su dolor?
¿Seré espectador o testigo?
¿Me lavaré las manos para no implicarme,
o me las ensuciaré en el contacto con el mundo?
¿Seré quien se rasga las vestiduras y señala culpables,
o un buscador humilde de la verdad?
¿Seré yo, Maestro, quien afirme o quien niegue?
¿Seré quien te venda por treinta monedas
o seguiré a tu lado con las manos vacías?
¿Pasaré alegremente del «hosanna» al «crucifícalo»,
o mi voz cantará tu evangelio?
¿Seré de los que tiran la piedra o de los que tocan la herida?
¿Seré levita, indiferente al herido del camino,
o samaritano conmovido por su dolor?
¿Seré espectador o testigo?
¿Me lavaré las manos para no implicarme,
o me las ensuciaré en el contacto con el mundo?
¿Seré quien se rasga las vestiduras y señala culpables,
o un buscador humilde de la verdad?
El País de las Cucharas Largas
Aquel señor había viajado mucho. A lo largo de su vida, había visitado cientos de países reales e imaginarios. Uno de los viajes que más recordaba era su corta visita al País de las Cucharas Largas. Había llegado a la frontera por casualidad, había un pequeño desvío hacia un país desconocido para él y, explorador como era, tomó el desvío. El sinuoso camino terminaba en una sola casa enorme. Al acercarse, notó que la mansión parecía dividida en dos pabellones: un ala Oeste y un ala Este. Aparcó el coche y se acercó a la casa. En la puerta, un cartel anunciaba: “PAÍS DE LAS CUCHARAS LARGAS”: “Este pequeño país consta sólo de dos habitaciones llamadas negra y blanca. Para recorrerlo, debe avanzar por el pasillo hasta que este se divide y doblar a la derecha si quiere visitar la habitación negra, o a la izquierda si lo que quiere es visitar la habitación blanca”.
El hombre avanzó por el pasillo y el azar le hizo doblar primero a la derecha. Un nuevo corredor de unos cincuenta metros terminaba en una puerta enorme. Desde los primeros pasos por el pasillo, empezó a escuchar los “ayes” y quejidos que venían de la habitación negra. Por un momento las exclamaciones de dolor y sufrimiento lo hicieron dudar, pero siguió adelante. Llegó a la puerta, la abrió y entró.
Sentados alrededor de una mesa enorme, había cientos de personas. En el centro de la mesa estaban los manjares más exquisitos que cualquiera podría imaginar y aunque todos tenían una cuchara con la cual alcanzaban el plato central… se estaban muriendo de hambre. El motivo era que las cucharas tenían el doble del largo de su brazo y estaban fijadas a sus manos. De ese modo todos podían servirse, pero nadie podía llevarse el alimento a la boca.
La situación era tan desesperante y los gritos tan desgarradores, que el hombre dio media vuelta y salió deprisa del salón. Volvió a la entrada y tomó el pasillo de la izquierda que iba a la habitación blanca. Un corredor igual al otro terminaba en una puerta similar. La única diferencia era que, en el camino, no se oían quejidos, ni lamentos. Al llegar a la puerta, el explorador giró el picaporte y entró en la sala.
Cientos de personas estaban también sentados en una mesa igual a la de la habitación negra. También en el centro había manjares exquisitos. También cada persona tenía una larga cuchara fijada a su mano…
Pero nadie se quejaba ni lamentaba. Nadie estaba muriendo de hambre, porque todos… se daban de comer unos a otros… El hombre sonrió, se dio media vuelta y salió de la habitación blanca. Cuando escuchó el “clic” de la puerta que se cerraba se encontró de pronto y misteriosamente en su propio coche, conduciendo hacia su lugar de destino.
El hombre avanzó por el pasillo y el azar le hizo doblar primero a la derecha. Un nuevo corredor de unos cincuenta metros terminaba en una puerta enorme. Desde los primeros pasos por el pasillo, empezó a escuchar los “ayes” y quejidos que venían de la habitación negra. Por un momento las exclamaciones de dolor y sufrimiento lo hicieron dudar, pero siguió adelante. Llegó a la puerta, la abrió y entró.
Sentados alrededor de una mesa enorme, había cientos de personas. En el centro de la mesa estaban los manjares más exquisitos que cualquiera podría imaginar y aunque todos tenían una cuchara con la cual alcanzaban el plato central… se estaban muriendo de hambre. El motivo era que las cucharas tenían el doble del largo de su brazo y estaban fijadas a sus manos. De ese modo todos podían servirse, pero nadie podía llevarse el alimento a la boca.
La situación era tan desesperante y los gritos tan desgarradores, que el hombre dio media vuelta y salió deprisa del salón. Volvió a la entrada y tomó el pasillo de la izquierda que iba a la habitación blanca. Un corredor igual al otro terminaba en una puerta similar. La única diferencia era que, en el camino, no se oían quejidos, ni lamentos. Al llegar a la puerta, el explorador giró el picaporte y entró en la sala.
Cientos de personas estaban también sentados en una mesa igual a la de la habitación negra. También en el centro había manjares exquisitos. También cada persona tenía una larga cuchara fijada a su mano…
Pero nadie se quejaba ni lamentaba. Nadie estaba muriendo de hambre, porque todos… se daban de comer unos a otros… El hombre sonrió, se dio media vuelta y salió de la habitación blanca. Cuando escuchó el “clic” de la puerta que se cerraba se encontró de pronto y misteriosamente en su propio coche, conduciendo hacia su lugar de destino.
domingo, 10 de abril de 2022
Pregón de Ramos
José Mª Rodríguez Olaizola sj
Y ahora, que callen los ruidos y las palabras vacías.
Que calle la cháchara sin sentido y las voces estridentes.
Haced silencio y disponeos a contemplar el misterio.
Que no os distraiga el ruido de los ramos
y la alegría de los ¡Hosannas!
El peligro es real. El mal no descansa.
Jerusalén volverá a ser escenario de amistad y traición,
de pasión y muerte, de desesperación
y de nueva esperanza.
Pero hemos de recorrer el camino. Tras sus huellas.
Tras los pasos del que siendo el mayor se hizo el más pequeño.
Doblad la rodilla, con la toalla en las manos,
para reconocer la verdadera grandeza.
Dejad que en vuestro corazón resuene
el Nombre-Sobre-Todo Nombre.
En este domingo de Ramos, puerta a la Semana Santa,
disponeos, hermanos, a contemplar al amor desnudo.
Y ahora, que callen los ruidos y las palabras vacías.
Que calle la cháchara sin sentido y las voces estridentes.
Haced silencio y disponeos a contemplar el misterio.
Que no os distraiga el ruido de los ramos
y la alegría de los ¡Hosannas!
El peligro es real. El mal no descansa.
Jerusalén volverá a ser escenario de amistad y traición,
de pasión y muerte, de desesperación
y de nueva esperanza.
Pero hemos de recorrer el camino. Tras sus huellas.
Tras los pasos del que siendo el mayor se hizo el más pequeño.
Doblad la rodilla, con la toalla en las manos,
para reconocer la verdadera grandeza.
Dejad que en vuestro corazón resuene
el Nombre-Sobre-Todo Nombre.
En este domingo de Ramos, puerta a la Semana Santa,
disponeos, hermanos, a contemplar al amor desnudo.
Es la hora.
El burro vanidoso
Un burro llegó a su casa muy contento, feliz y orgulloso. . .
Su madre le preguntó
- ¿Por qué estás tan contento, hijo?
- Madre, cargué a un tal Jesucristo y cuando entramos a Jerusalén todos me decían. ¡Viva, viva, salve. . .viva, viva. . .! Y me lanzaban flores y ponían palmas de alfombra.
Su madre le dijo:
- Vuelve a la ciudad, pero esta vez no cargues a nadie.
Al otro día, el burro fue a la ciudad. . . y cuando regresó a su casa, iba llorando y muy triste.
- Madre, no puede ser, pasé desapercibido entre las personas, nadie se fijó en mí, hasta me echaron de la ciudad.
Su madre lo miró fijamente y le dijo:
- "Hijo, tú sin Jesús eres solo un burro"
Moraleja: "sin Dios no somos nada".
Su madre le preguntó
- ¿Por qué estás tan contento, hijo?
- Madre, cargué a un tal Jesucristo y cuando entramos a Jerusalén todos me decían. ¡Viva, viva, salve. . .viva, viva. . .! Y me lanzaban flores y ponían palmas de alfombra.
Su madre le dijo:
- Vuelve a la ciudad, pero esta vez no cargues a nadie.
Al otro día, el burro fue a la ciudad. . . y cuando regresó a su casa, iba llorando y muy triste.
- Madre, no puede ser, pasé desapercibido entre las personas, nadie se fijó en mí, hasta me echaron de la ciudad.
Su madre lo miró fijamente y le dijo:
- "Hijo, tú sin Jesús eres solo un burro"
Moraleja: "sin Dios no somos nada".
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