miércoles, 17 de octubre de 2018

La cajita secreta para mantener un matrimonio fuerte

Un hombre y una mujer estuvieron casados durante más de 60 años. Habían compartido todo, hablaban de todo y no se habían guardado ningún secreto nunca. Lo único que no compartían era una caja de zapatos que la ancianita tenia y le había pedido a su esposo que nunca la abriera y que no le preguntara sobre ella. Durante todos estos años, él nunca pensó en la caja, pero un día la ancianita enfermó de gravedad y el doctor les dijo que no se recuperaría de su enfermedad. El viejito tratando de arreglar todas las cosas de su esposa antes de que muriera, se topó con la caja de zapatos y se la llevó a la ancianita a su cama. Ella le dijo que había llegado el momento de que supiera lo que había dentro. Cuando la abrió encontró dos muñecas de ganchillo y un fajo de billetes, eran 95,000 dólares. El, sorprendido, le preguntó sobre el contenido de la caja y ella le dijo:
- Cuando nos casamos, mi abuela me dijo que el secreto de un buen matrimonio era no discutir nunca y que cada vez que me enfadara contigo, debería guardar silencio y tejer una muñequita de ganchillo'.
El viejito tuvo que contener las lágrimas, ya que solo había dos muñecas en la caja. Así que ella solo se había enojado con él dos veces, en todos esos años llenos de amor y entendimiento.
El estaba que no se lo creía y, conmovido, le dijo.
- 'Oye amor', le dijo el viejito ya entendí lo de las muñecas...'pero ¿y el dinero?, ¿de dónde salió?'
- 'Ah', le dijo la viejita, 'ese dinero es lo que gané con las muñecas que vendí durante todos estos años'.
Plegaria de las esposas: Dios te pido: SABIDURÍA para entender a mi esposo, AMOR: para perdonarlo, y PACIENCIA: por sus estados de ánimo cambiantes, porque si te pido que me des FUERZA: no sé lo que haría ya que no sé tejer muñequitas de ganchillo'. Amén

martes, 16 de octubre de 2018

Oración intima a Jesucristo

¡Señor Jesucristo luz de las naciones!
¡Colma de paz y de esperanza
mi corazón y de dulzura mis labios!
Pon en mis ojos la luz que acaricia
y purifica, en mis manos el gesto que perdona.
Dame valor para la lucha, compasión para las injurias,
misericordia para la ingratitud y la injusticia.
Líbrame de la envidia y de la ambición mezquina,
del orgullo, de la soberbia, del odio y de la venganza.
Y que, al volver hoy nuevamente
al calor de mi hogar, pueda,
en lo más íntimo de mi ser, sentirte a Ti presente.
Dios mío, di a mi alma: ‘Yo soy tu victoria’.
Repite a mis entrañas:
‘No temas, yo estoy contigo’. Amén.

Milagro en una telaraña

Dicen que una vez un hombre, era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre se metió en una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores a la que él se encontraba. Con tal desesperación elevó una plegaria a Dios, de la siguiente manera:
” Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada, para que no entren a matarme”.
En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que estaba escondido, y vio aparecer una araña. La araña empezó a tejer una telaraña en la entrada.
El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado:
“Señor te pedí ángeles, no una araña.”
Y continuó:
”Señor por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme”.
Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observó a la araña tejiendo la telaraña.
Estaban ya los malhechores entrando en la cueva anterior y este se quedó esperando su muerte.
Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva que se encontraba el hombre, ya la araña había tapado toda la entrada, entonces se escuchó esta conversación:
- Vamos, Entremos a esta cueva
- No. No ves que hasta hay telarañas, nadie ha entrado en esta cueva. Sigamos buscando en las demás

Hay una frase muy bella que dice: “Si le pides a Dios un árbol te lo dará, en forma de semilla”.

lunes, 15 de octubre de 2018

Vuestra soy, para Vos nací

                              Santa Teresa de Jesús

Vuestra soy, para vos nací
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana majestad, eterna Sabiduría
Bondad buena al alma mía, Dios, Alteza, un Ser, Bondad,
la gran vileza mirad, que hoy os canta amor así:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criasteis; vuestra, pues me redimisteis;
vuestra, pues que me sufristeis; vuestra, pues que me llamasteis;
vuestra, pues que me esperasteis; vuestra, pues no me perdí;
¿Qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón, yo le pongo en vuestra palma;
mi cuerpo, mi vida y alma; mis entrañas y afición.
Dulce esposo y redención, pues por vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida, dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad, dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida, que a todo digo que sí,
¿Qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza, dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza, dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo, pues del todo me rendí,
¿qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando, quiero por amor holgar,
si me mandáis trabajar, morir quiero trabajando,
decid dónde, cómo y cuándo, decid, dulce amor, decid,
¿qué mandáis hacer de mí?

Las dos semillas

Dos semillas de flores, estaban juntas en el suelo primaveral y fértil. La primera semilla dijo:
- ¡Yo quiero crecer! Quiero hundir mis raíces en la profundidad del suelo que me sostiene y hacer que mis brotes empujen y rompan la capa de tierra que me cubre. Quiero desplegar mis tiernos brotes como estandartes que anuncien la llegada de la primavera. ¡Quiero sentir el calor del sol sobre mi rostro y la bendición del rocío de la mañana sobre mis pétalos!
Y así creció. La segunda semilla dijo:
- Tengo miedo. Si envío mis raíces a que se hundan en el suelo, no sé con qué puedo tropezar en la oscuridad. Si me abro paso a través del duro suelo puedo dañar mis delicados brotes. Si dejo que mis capullos se abran, quizás un caracol intente comérselos. Si abriera mis flores, tal vez algún chiquillo me arrancara del suelo. No, es mucho mejor esperar hasta un momento seguro.
Y así esperó.
Una gallina que, a comienzos de la primavera, escarbaba el suelo en busca de comida encontró la semilla que esperaba y sin pérdida de tiempo se la comió.

Moraleja: A los que se niegan a arriesgarse y a crecer los devora la vida.

domingo, 14 de octubre de 2018

Al cabo de unos años...

             F. Ulibarri

Y al cabo de unos años, más o menos,
tras una buena dosis de aventura y desengaño,
volvemos a encontrarnos cara a cara,
porque queremos y aún soñamos,
con el Maestro que nos miró con cariño
aunque no seguimos su camino.
Y es que sus cuatro palabras
tan claras, suaves e imperativas
-ve, vende, da, sígueme-
se nos quedaron tatuadas en el alma
y no hemos podido borrarlas,
a pesar de sumergirnos en otras ofertas y baños.
Volvemos, nos acercamos, soñamos.
Y el Maestro, que no acostumbra a cambiar,
nos mira con viva esperanza,
y nos presenta nuevamente su alternativa
a contrapelo de la cultura que se estila:
vender, dar, no almacenar, vaciarse...
y seguirle olvidándose de ser héroes.
Y, al fin, le damos crédito y le aceptamos;
empezamos a vivir la vejez,
a pesar de las pérdidas y disminuciones,
como un camino de vida plena,
confiando a fondo perdido en su propuesta.
Y es que, Él no nos salvó por su poderío y fuerza,
sino por su vaciamiento y pobreza.
Por eso le dejamos a Él el volante y la brújula,
el mapa de carreteras y las preguntas,
para ver cumplido nuestro sueño y su promesa.
Hoy, Señor, nos fiamos y no oponemos resistencia.

El zapatero y el millonario

Un millonario pasaba gran parte de su tiempo contando sus monedas de oro. Muy cerca de su mansión vivía un zapatero que pasaba el día arreglando zapatos y cantando bellas melodías. Canciones que irritaban al hombre rico. Un día decidió regalarle unas monedas a cambio de que dejara de cantar.
El zapatero muy feliz dejó de cantar y de trabajar. Ahora pasaba su tiempo escondiendo las monedas, cambiándolas de sitio para que nadie se las robara.
Un buen día cayó en la cuenta de que las monedas le habían robado sus canciones y su paz interior. Se fue a la casa del millonario y le dijo: te devuelvo tus monedas y tú devuélveme mis canciones.