lunes, 1 de agosto de 2022

El helecho y el bambú

Un día decidí darme por vencido: renuncié a mi trabajo, a mi relación y a mi vida. Fui al bosque para hablar con un anciano que, según decían, era muy sabio.
– ¿Podría darme una buena razón para no darme por vencido? – le pregunté.
- Mira a tu alrededor, -me respondió- ¿ves el helecho y el bambú?
- Sí. -respondí.
- Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. El helecho rápidamente creció. Sus hojas de un verde brillante cubrían el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo, no renuncié al bambú.
El segundo año el helecho creció más brillante y abundante y, nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
El tercer año, siguió sin brotar nada de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
El cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
El quinto año un pequeño brote de bambú se asomó en la tierra. En comparación con el helecho era muy pequeño e insignificante.
El sexto año, el bambú creció más de 20 metros de altura. Se había pasado cinco años echando raíces que lo sostuvieran. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.
¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? El bambú tiene un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos son necesarios y hacen del bosque un lugar hermoso.

domingo, 31 de julio de 2022

Corazones y corazones

                F Ulibarri

Señor, hay corazones 

que son como castillos, o como palacios, o como cárceles,
o como ciudades inexpugnables, o como cajas de caudales...
Todo lo guardan hasta que envejecen, se desmoronan
y, yermos, mueren.
Y hay corazones
que son praderas, casas solariegas,
oasis confortables, cielos con estrellas...
y no tienen murallas ni llave.
Todo lo comparten y siembran
hasta que nace, florece y fructifica,
y se enriquecen.

La Cueva de los mil Tesoros

                Pedro Pablo Sacristán

Había una vez un hombre que paseando por el monte encontró una cueva increíble. En su interior había almacenadas toda clase de tesoros y piedras preciosas, y cuando lo vio, el hombrecillo no dudó en ocultar la entrada a aquel tesoro, y dedicó todo su tiempo a guardarlo.
Desde aquel día, el hombrecillo aprovechó para ocultar en aquella cueva todas sus cosas de valor, y para evitar que los demás se enteraran de que era rico, abandonó su trabajo, su casa, y sus amigos. Vigilaba constantemente los alrededores de su cueva tratando de evitar que nadie entrara, y por miedo a los ladrones, hacía guardia todas las noches ante la puerta.
Así, el hombre estaba tan dedicado a su cueva que casi no comía ni bebía, y empezó a enfermar, perdiendo todas sus fuerzas, hasta estar a punto de morir.
Y un día, cuando prácticamente no podía moverse, comprendió que para nada le había servido guardar su tesoro, y decidió compartirlo con otros justo antes de morir. Cuando entró en la cueva para coger un buen puñado de aquellas riquezas, descubrió horrorizado que apenas quedaba nada. Tan sólo una pequeña esmeralda de brillo apagado. El hombre la tomó y salió fuera dispuesto a regalársela al primero que pasara por allí. Al poco apareció por allí una mujer, que recibió la piedra con gran alegría, mientras el hombre le decía.
-Te habría entregado muchos más tesoros, mujer, pero no sé dónde han ido y esto es lo único que me queda
- ¿Seguro que no hay nada más? -replicó la mujer.
El hombre negó con la cabeza y le señaló la cueva, en la que vió brillar algunas monedas doradas
- Pues qué suerte, sí quedaba alguna más. Toma llévalas contigo
La mujer tomó la piedra y las monedas, y se fue feliz y contenta. Al rato, apareció un anciano que preguntó al hombre qué hacía allí.
- ¡Qué mala suerte! Justo hace un momento le he dado a una mujer las pocas riquezas que quedaban del fabuloso tesoro que custodiaba
El anciano preguntó:
- ¿Seguro?
Y cuando el hombre le mostró la cueva, descubrió un cofre con joyas y unas bolsas de oro. El hombre no salía de su asombro, y el anciano le explicó:
- ¡Por fin! Por fin alguien libera el encantamiento de esta cueva. Mira, esta es la Cueva de los Mil Tesoros, y eres el primero que supera su gran prueba. Muchos han sido los que han dedicado su vida a esta cueva para terminar comprobando que no había ya nada...
- ¿Y por qué ocurre esto? -dijo el hombre- ¿por qué aparecen y desaparecen las joyas?
Esta cueva mágica tiene tantos tesoros como tenga tu corazón. Cuando alguien la descubre, se llena de los tesoros que trae consigo, pero cuando luego todos ponen el empeño en guardar las riquezas, su corazón se vacía de las cosas importantes para dejar sitio al dinero y a las joyas, y al final se queda vacío, como has visto tú mismo. La única forma de llenarlo es teniendo el corazón repleto de cosas buenas, como has hecho al regalar la última joya a esa mujer. ¿No te sentiste mejor al hacerlo? Eso era porque la cueva se estaba volviendo a llenar...
Y aquel hombre comprendió que era mejor compartir que guardar, y desde entonces se convirtió gracias a su cueva, en un gran señor, noble y generoso.

sábado, 30 de julio de 2022

Soy... pero no vienes

                  Florentino Ulibarri

Dices que soy manantial y no vienes a beber.
Dices que soy vino gran reserva y no te embriagas.
Dices que soy suave brisa y no abres tus ventanas.
Dices que soy luz y sigues entre tinieblas.
Dices que soy aceite perfumado y no te unges.
Dices que soy música y no te oigo cantar.
Dices que soy fuego y sigues con frío.
Dices que soy fuerza divina y estás muy débil.
Dices que soy abogado y no me dejas defenderte.
Dices que soy consolador y no me cuentas tus penas.
Dices que soy don y no me abres tus manos.
Dices que soy paz y no escuchas el son de mi flauta.
Dices que soy viento recio y sigues sin moverte.
Dices que soy defensor de los pobres y tú te apartas de ellos.
Dices que soy libertad y no me dejas que te empuje.
Dices que soy océano y no quieres sumergirte.
Dices que soy amor y no me dejas amarte.
Dices que soy testigo y no me preguntas.
Dices que soy sabiduría y no quieres aprender.
Dices que soy seductor y no te dejas seducir.
Dices que soy médico y no me llamas para curarte.
Dices que soy huésped y no quieres que entre.
Dices que soy fresca sombra y no te cobijas bajo mis alas.
Dices que soy fruto y no me pruebas.

¿Por qué gritamos cuando estamos enfadados?

Cuenta una Historia Tibetana, que un día un viejo sabio preguntó a sus seguidores: 

- ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?
Los hombres, pensaron unos momentos y respondieron:
- Porque perdemos la calma, por eso gritamos, dijo uno.
- Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? – preguntó el sabio, no es posible hablarle en voz baja. ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.
Finalmente él explicó:
- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben de gritar para poder escucharse, cuanto más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar, para escucharse el uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego el sabio continuó:
- ¿Qué sucede cuándo dos personas se enamoran?... Ellos no se gritan, sino que se hablan suavemente porque sus corazones están muy cerca, la distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio sonrió y dijo:
- ¿Cuándo se enamoran más aún, qué sucede?... No hablan, solo susurran y se vuelven aun más cercanos en su amor. Finalmente no necesitan ni siquiera susurrar, solo se miran y eso es todo, así es cuándo están cerca dos personas que se aman...
Luego dijo: ¡¡Cuando discutáis no dejéis que vuetros corazones se alejen, no digáis palabras que os distancien más, puede llegar un día en que la distancia sea tan lejana que no encontreis más el camino de regreso hacia vuestros corazones!!...

miércoles, 27 de julio de 2022

Oración de cumpleaños

Señor, hoy quiero darte gracias por el regalo de la vida.
Gracias porque has trazado mi camino
y me has conducido con amor de Padre,
me has tomado de la mano aunque muchas veces
no he percibido tu presencia a mi lado.
Gracias, Dios mío, por mi nuevo año de vida,
por darme la oportunidad de celebrar este cumpleaños con alegría.
Gracias, Dios mío, por todos los años pasados,
por los éxitos logrados, por las lecciones aprendidas,
gracias porque siempre has estado conmigo.
Gracias por la vida y las bendiciones que me das.
Señor, enséñame a vivir intensamente este tiempo que es don tuyo;
que tu amor esté en mis palabras y actitudes;
que con mi vida pueda proclamar ante el mundo:
¡soy feliz al saber que existo!
¡Soy feliz porque tú me amas!
Señor, te doy gracias por las personas que han pasado por mi vida,
aquellas que me acompañaron en mis tristezas,
que me animaron cuando todo parecía oscuro a mi derredor,
que me estimularon en los éxitos y me ayudaron a ser mejor.
Señor, gracias por las personas que me han aceptado. Amén.

La semilla

Un hombre, dueño de una empresa, estaba buscando un gerente para la misma. Un día reunió a cinco de sus mejores trabajadores (Carlos, Santiago, Pedro, Mauricio, Juan) y les entregó una semilla a cada uno de ellos, anunciándoles que pronto uno sería el gerente de su empresa y les dijo:
- Quiero que siembren esta semilla en un macetero y la rieguen durante un mes; terminado el mes me la traerán con resultados.
Los trabajadores así lo hicieron. Transcurría el tiempo y la semilla no germinaba. Cuatro de los empleados (Juan, Carlos, Pedro y Mauricio) se desanimaron por el resultado y decidieron ir a un vivero y comprar una planta verde y uy frondosa para llevarla a su trabajo cumplido el mes de plazo.
El quinto empleado (Santiago) hizo lo debido, llevó su macetero, pero con su semilla sin germinar. Al ver a sus compañeros con plantas verdes y frondosas, se dijo la tristemente: ¡ya!, está claro que la gerencia no será para mí.
Entraron todos a la sala de juntas, incluido el dueño de la empresa, observó a detenidamente los cinco candidatos y sus maceteros y dijo:
- ¡Santiago! Tú serás el nuevo gerente.
Todos se miraron atónitos. Santiago se levantó de su silla y exclamó:
- ¡Gracias! Pero ¿por qué yo jefe?
Entonces el empresario respondió:
- Porque fuiste el único que trajo la semilla sin germinar; os había entregado a cada uno una semilla seca, imposible de florecer. Y eso solo indica que eres digno para este puesto. Necesito personal honesto y fiable para dirigir este próspero negocio.