Había una vez un zapatero que disfrutaba mucho con su trabajo, pese a que solo le alcanzaba para lo justo. Tenía por vecino a un hombre muy rico, al que le sorprendían los cánticos felices del zapatero, pues vivía en una humilde morada, así que un buen día fue a visitarlo.
- «¿Cuánto gana al día?», preguntó.
- «Pues mire, vecino. Por mucho que trabajo solo obtengo unas monedas para vivir con lo justo, por lo que la riqueza no es el motivo de mi felicidad», contestó.
- «Eso pensé y vengo a contribuir a su felicidad».
Dijo el hombre, mientras le extendía una bolsa llena de monedas de oro.
El zapatero no se lo podía creer. Tras agradecer el gesto al hombre rico, guardó con celo su fortuna bajo su cama.
Pero, a partir de entonces, ante el temor de que pudieran robarle, no dormía bien y su trabajo se vio tan resentido por la falta de sueño y energía que dejó de cantar de felicidad. Así que decidió devolver las monedas a su vecino rico.
- «Verá, antes de tener esta fortuna era muy feliz. En cambio, ahora, solo vivo preocupado por proteger mi fortuna y no tengo ni siquiera la tranquilidad para disfrutarla», le dijo al hombre rico, que se quedó muy sorprendido.
No obstante, ambos comprendieron el mensaje: que la riqueza material no es garantía de la felicidad.
martes, 18 de julio de 2023
domingo, 9 de julio de 2023
Salmo 35
Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las nubes;
tu justicia hasta las altas cordilleras,
tus sentencias son como el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;
se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva,
y tu luz nos hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio
que no me eche fuera la mano del malvado.
Han fracasado los malhechores;
derribados, no se pueden levantar.
tu fidelidad hasta las nubes;
tu justicia hasta las altas cordilleras,
tus sentencias son como el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;
se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva,
y tu luz nos hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio
que no me eche fuera la mano del malvado.
Han fracasado los malhechores;
derribados, no se pueden levantar.
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La agonía y el éxtasis
- “Pero yo no soy pintor, protestó Miguel Ángel, soy escultor. Con el pincel he hecho muy poco y ¡quiere usted que pinte 500 metros cuadrados sobre un techo curvo!”
- “Harás un magnífico trabajo, dijo el papa. Mi arquitecto Bramante levantará el andamio.”
El Papa Julio era un hombre muy duro, más parecido a un comandante militar que a un Papa, y no quería oír protestas. En una ocasión llegaría a golpear a Miguel Ángel con su bastón por impertinente.
El Papa Julio II estaba seguro de que el artista era capaz de hacer cualquier trabajo y le ordenó pintar el techo de la Capilla Sixtina.
Miguel Ángel fue a casa con gran preocupación y desánimo. Era un hombre ambicioso pero el Papa le estaba pidiendo que hiciera un milagro. Si fracasaba, sus errores estarían permanentemente a la vista de todos. ¿Cómo iba a pintar mejor que los pintores?
Al rato volvió en sí. Aunque nunca había pintado un fresco y tendría que aprender la técnica, consideraba que estaba a su alcance. Se puso a trabajar. Bocetó su primera idea: los Doce Apóstoles y alguna decoración de relleno. Pero pronto le pareció demasiado simple, que el techo no iba a tener la riqueza que merecía; y obtuvo permiso para un plan más ambicioso.
Lo que entonces concibió fue una pintura enorme con 300 figuras que ilustrarían la pre-historia de la Salvación, es decir, el tiempo del hombre en la tierra antes de la llegada de Jesucristo.
La pintura al fresco requiere un gran esfuerzo físico. Todos los días, igual que lo haría un albañil, el artista tiene que preparar su mezcla de yeso y arena, aplicarla en la pared y luego darse prisa para pintar. Debe acabar la pintura antes de que se seque la mezcla. Y pintar un techo es doblemente difícil, porque todo se hace encima de la cabeza. Sólo los preliminares de ese trabajo, como levantar y sujetar los enormes cartones de sus figuras, mientras trazaba las líneas maestras del boceto en el techo, debieron ser agotadores.
A veinte metros de altura, sobre las tablas movedizas de los andamios, Miguel Ángel pintaba, mirando siempre hacia arriba. A veces echado, la mayor parte de pie. Frotaba su cuello por el dolor que le daba. En una carta a un amigo dibujó una pequeña caricatura de sí mismo mientras pintaba. Tiene la cabeza echada hacia atrás lo que más puede. Dicen sus biógrafos que después de la gran obra, su vista estuvo seriamente alterada durante meses.
A diario se forzó al límite. Prácticamente
hacía casi toda su vida en la capilla, comía cebollas y pan duro. “No tengo amigos y no quiero tenerlos ahora”, escribió a su padre.
Un día, cuando había terminado un tercio de la bóveda, descubrió unas manchas que se extendían sobre sus pinturas. Fue el colmo. Corrió al Papa, rogándole que le permitiera dejar el trabajo.
“Le advertí, Santidad, que yo no era pintor, dijo. Ahora se ha estropeado todo lo que he hecho”.
El Papa envió a un experto para evaluar el daño y éste le explicó a Miguel Ángel que no era para tanto, que las manchas se podían eliminar. Le enseñó cómo quitarlas y le animó a seguir adelante.
El Papa Julio sentía tanta curiosidad por lo que pintaba Miguel Ángel en la capilla, que a menudo le hacía visitas. Se maravillaba de lo que veía y quería mostrar ese gran milagro a sus amigos. Al final perdió la paciencia; no pudo esperar a que Miguel Ángel terminara. Tenía mal genio y nunca toleraba una respuesta negativa a sus órdenes.
Aunque sólo la mitad del techo estaba cubierto, el Papa ordenó a Miguel Ángel que desmontara los andamios y abriera la capilla al público.
- “No puedo, dijo Miguel Ángel. Todavía no he terminado”.
Llevaba trabajando casi dos años, desde 1508 hasta 1510.
- “O quitas el andamio o te arrojamos de allí”, dijo el Papa. No era una broma. Miguel Ángel no tuvo más remedio que obedecer.
La capilla se llenó de gente y corrió la voz que las pinturas eran la cosa más asombrosa jamás vista. Las figuras mostraron un nuevo tipo de belleza y poder. Cada una de ellas era una obra maestra en su concepción y color. La visión de Miguel Ángel fue abrumadora.
Miguel Ángel volvió a montar el andamiaje en enero de 1511. En un esfuerzo titánico logró terminar la otra mitad del techo el 14 de agosto y el Papa Julio, con gran orgullo, celebró la primera Misa en la capilla de su tío Sixto.
Todavía quedaban las pechinas y lunetos por pintar y Miguel Ángel no los terminó hasta octubre de 1512. En total, el techo se pintó durante cincuenta y cuatro meses.
Unos 25 años más tarde, otro Papa le encargaría la decoración de la pared frontal de la misma capilla, donde pintaría su Juicio Final (1537-1541)
- “Harás un magnífico trabajo, dijo el papa. Mi arquitecto Bramante levantará el andamio.”
El Papa Julio era un hombre muy duro, más parecido a un comandante militar que a un Papa, y no quería oír protestas. En una ocasión llegaría a golpear a Miguel Ángel con su bastón por impertinente.
El Papa Julio II estaba seguro de que el artista era capaz de hacer cualquier trabajo y le ordenó pintar el techo de la Capilla Sixtina.
Miguel Ángel fue a casa con gran preocupación y desánimo. Era un hombre ambicioso pero el Papa le estaba pidiendo que hiciera un milagro. Si fracasaba, sus errores estarían permanentemente a la vista de todos. ¿Cómo iba a pintar mejor que los pintores?
Al rato volvió en sí. Aunque nunca había pintado un fresco y tendría que aprender la técnica, consideraba que estaba a su alcance. Se puso a trabajar. Bocetó su primera idea: los Doce Apóstoles y alguna decoración de relleno. Pero pronto le pareció demasiado simple, que el techo no iba a tener la riqueza que merecía; y obtuvo permiso para un plan más ambicioso.
Lo que entonces concibió fue una pintura enorme con 300 figuras que ilustrarían la pre-historia de la Salvación, es decir, el tiempo del hombre en la tierra antes de la llegada de Jesucristo.
La pintura al fresco requiere un gran esfuerzo físico. Todos los días, igual que lo haría un albañil, el artista tiene que preparar su mezcla de yeso y arena, aplicarla en la pared y luego darse prisa para pintar. Debe acabar la pintura antes de que se seque la mezcla. Y pintar un techo es doblemente difícil, porque todo se hace encima de la cabeza. Sólo los preliminares de ese trabajo, como levantar y sujetar los enormes cartones de sus figuras, mientras trazaba las líneas maestras del boceto en el techo, debieron ser agotadores.
A veinte metros de altura, sobre las tablas movedizas de los andamios, Miguel Ángel pintaba, mirando siempre hacia arriba. A veces echado, la mayor parte de pie. Frotaba su cuello por el dolor que le daba. En una carta a un amigo dibujó una pequeña caricatura de sí mismo mientras pintaba. Tiene la cabeza echada hacia atrás lo que más puede. Dicen sus biógrafos que después de la gran obra, su vista estuvo seriamente alterada durante meses.
A diario se forzó al límite. Prácticamente
hacía casi toda su vida en la capilla, comía cebollas y pan duro. “No tengo amigos y no quiero tenerlos ahora”, escribió a su padre.
Un día, cuando había terminado un tercio de la bóveda, descubrió unas manchas que se extendían sobre sus pinturas. Fue el colmo. Corrió al Papa, rogándole que le permitiera dejar el trabajo.
“Le advertí, Santidad, que yo no era pintor, dijo. Ahora se ha estropeado todo lo que he hecho”.
El Papa envió a un experto para evaluar el daño y éste le explicó a Miguel Ángel que no era para tanto, que las manchas se podían eliminar. Le enseñó cómo quitarlas y le animó a seguir adelante.
El Papa Julio sentía tanta curiosidad por lo que pintaba Miguel Ángel en la capilla, que a menudo le hacía visitas. Se maravillaba de lo que veía y quería mostrar ese gran milagro a sus amigos. Al final perdió la paciencia; no pudo esperar a que Miguel Ángel terminara. Tenía mal genio y nunca toleraba una respuesta negativa a sus órdenes.
Aunque sólo la mitad del techo estaba cubierto, el Papa ordenó a Miguel Ángel que desmontara los andamios y abriera la capilla al público.
- “No puedo, dijo Miguel Ángel. Todavía no he terminado”.
Llevaba trabajando casi dos años, desde 1508 hasta 1510.
- “O quitas el andamio o te arrojamos de allí”, dijo el Papa. No era una broma. Miguel Ángel no tuvo más remedio que obedecer.
La capilla se llenó de gente y corrió la voz que las pinturas eran la cosa más asombrosa jamás vista. Las figuras mostraron un nuevo tipo de belleza y poder. Cada una de ellas era una obra maestra en su concepción y color. La visión de Miguel Ángel fue abrumadora.
Miguel Ángel volvió a montar el andamiaje en enero de 1511. En un esfuerzo titánico logró terminar la otra mitad del techo el 14 de agosto y el Papa Julio, con gran orgullo, celebró la primera Misa en la capilla de su tío Sixto.
Todavía quedaban las pechinas y lunetos por pintar y Miguel Ángel no los terminó hasta octubre de 1512. En total, el techo se pintó durante cincuenta y cuatro meses.
Unos 25 años más tarde, otro Papa le encargaría la decoración de la pared frontal de la misma capilla, donde pintaría su Juicio Final (1537-1541)
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jueves, 6 de julio de 2023
Himno de la mañana
En esta luz del nuevo día que me concedes, oh Señor,
dame mi parte de alegría
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.
Dichoso yo, si al fin del día
Dichoso yo, si al fin del día
un odio menos llevo en mí,
si una luz más mis pasos guía
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.
Que cada tumbo en el sendero me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero que mi ojo ruin no supo ver.
Que ame a los seres este día,
Que cada tumbo en el sendero me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero que mi ojo ruin no supo ver.
Que ame a los seres este día,
que a todo trance ame la luz,
que ame mi gozo y mi agonía,
que ame mi gozo y mi agonía,
que ame el amor y ame la cruz. Amén.
El limpiador de aviones
Un limpiador de aviones estaba limpiando la cabina del piloto, cuando vio un libro titulado, "CÓMO VOLAR UN AERONAVE PARA PRINCIPIANTES (Volumen 1)
Abrió la primera página que decía: "Para encender el motor, pulsa el botón rojo..." Lo hizo, y el motor del avión arrancó...
Estaba feliz y abrió la siguiente página...: "Para hacer que el avión se mueva, presiona el botón azul..." Lo hizo, y el avión comenzó a moverse a una velocidad increíble...
Quería volar, así que abrió la tercera página que decía: Para dejar volar el avión, por favor pulsa el botón verde..." Lo hizo y el avión empezó a volar...
¡¡Estaba emocionado...!!
Después de veinte minutos de vuelo, quedó satisfecho y quería aterrizar, así que decidió ir a la cuarta página... y la página cuatro dice: "Para saber cómo aterrizar un avión, ¡por favor compra el volumen 2 en la librería más cercana!"
Lección Moral: Nunca intentes nada sin tener la información completa ¡¡¡La educación a medias no solo es peligrosa sino destructiva!!!
Abrió la primera página que decía: "Para encender el motor, pulsa el botón rojo..." Lo hizo, y el motor del avión arrancó...
Estaba feliz y abrió la siguiente página...: "Para hacer que el avión se mueva, presiona el botón azul..." Lo hizo, y el avión comenzó a moverse a una velocidad increíble...
Quería volar, así que abrió la tercera página que decía: Para dejar volar el avión, por favor pulsa el botón verde..." Lo hizo y el avión empezó a volar...
¡¡Estaba emocionado...!!
Después de veinte minutos de vuelo, quedó satisfecho y quería aterrizar, así que decidió ir a la cuarta página... y la página cuatro dice: "Para saber cómo aterrizar un avión, ¡por favor compra el volumen 2 en la librería más cercana!"
Lección Moral: Nunca intentes nada sin tener la información completa ¡¡¡La educación a medias no solo es peligrosa sino destructiva!!!
domingo, 2 de julio de 2023
Himno al domingo, día del Señor
Es domingo; una luz nueva resucita la mañana
con su mirada inocente, llena de gozo y de gracia.
Es domingo; la alegría del mensaje de la Pascua
es la noticia que llega siempre y que nunca se gasta.
Es domingo; la pureza no solo la tierra baña
que ha penetrado en la vida por las ventanas del alma.
Es domingo; la presencia de Cristo llena la casa:
la Iglesia, misterio y fiesta, por él y en él convocada.
Es domingo; «este es el día que hizo el Señor»,
es la Pascua, día de la creación nueva y siempre renovada.
Es domingo; de su hoguera brilla toda la semana
y vence oscuras tinieblas en jornadas de esperanza.
Es domingo; un canto nuevo toda la tierra le canta
al Padre, al Hijo, al Espíritu, único Dios que nos salva. Amén.
con su mirada inocente, llena de gozo y de gracia.
Es domingo; la alegría del mensaje de la Pascua
es la noticia que llega siempre y que nunca se gasta.
Es domingo; la pureza no solo la tierra baña
que ha penetrado en la vida por las ventanas del alma.
Es domingo; la presencia de Cristo llena la casa:
la Iglesia, misterio y fiesta, por él y en él convocada.
Es domingo; «este es el día que hizo el Señor»,
es la Pascua, día de la creación nueva y siempre renovada.
Es domingo; de su hoguera brilla toda la semana
y vence oscuras tinieblas en jornadas de esperanza.
Es domingo; un canto nuevo toda la tierra le canta
al Padre, al Hijo, al Espíritu, único Dios que nos salva. Amén.
La anciana y los abogados
Los Abogados jamás deberían hacerle una pregunta a una anciana, si no se encuentran preparados para la respuesta.
Dicen que, durante un juicio en un pequeño pueblo, el abogado acusador llamó al estrado a su primera testigo, una mujer de avanzada edad.
El abogado se acerca y para comprobar su estado mental, le pregunta:
- 'Sra. Sánchez: ¿sabe usted quién soy?'
Ella, con la calma que dan los años, le respondió:
- ¡Si señor Vargas! Lo conozco desde que era un niño, y francamente le digo que usted resultó ser una gran decepción para sus padres. Siempre miente, cree saberlo todo, es muy prepotente, abusón, engaña a su esposa y lo peor de todo, manipula a las personas, se cree el mejor de todos cuando en realidad no es nadie. Si señor, lo conozco muy bien...
Un gran silencio invadió la sala... El Abogado se quedó perplejo, sin saber qué hacer.
Reaccionando después del asombro por lo que había escuchado, apuntó hacia la sala y le preguntó a la anciana:
- ¿Conoce Usted al abogado de la defensa?
Nuevamente y con la misma calma, ella le respondió:
- ¡Claro que conozco al Sr. García!, desde que era un niño. Su madre, viuda, tampoco está orgullosa de él; se parece mucho a usted, pero además es un zángano, tramposo y corrupto. Desde chiquillo fue un vago y para, su desgracia, tiene problemas con la bebida. No puede tener una relación normal con nadie y junto con usted, son los peores abogados de la región; sin mencionar que engaña a su esposa con tres mujeres, una de ellas la esposa suya. Sí señor, conozco al Sr. García.
¡El abogado de la defensa casi cae como muerto; indefenso ante la verdad hecha verbo!
Entonces, el Juez llama a los dos abogados para que se acerquen al estrado, y les dice:
- Si alguno de ustedes, par de hijos de su mamá, le pregunta a esta señora si me conoce a mí ¡¡¡Los mando a la Silla Eléctrica!!!
Dicen que, durante un juicio en un pequeño pueblo, el abogado acusador llamó al estrado a su primera testigo, una mujer de avanzada edad.
El abogado se acerca y para comprobar su estado mental, le pregunta:
- 'Sra. Sánchez: ¿sabe usted quién soy?'
Ella, con la calma que dan los años, le respondió:
- ¡Si señor Vargas! Lo conozco desde que era un niño, y francamente le digo que usted resultó ser una gran decepción para sus padres. Siempre miente, cree saberlo todo, es muy prepotente, abusón, engaña a su esposa y lo peor de todo, manipula a las personas, se cree el mejor de todos cuando en realidad no es nadie. Si señor, lo conozco muy bien...
Un gran silencio invadió la sala... El Abogado se quedó perplejo, sin saber qué hacer.
Reaccionando después del asombro por lo que había escuchado, apuntó hacia la sala y le preguntó a la anciana:
- ¿Conoce Usted al abogado de la defensa?
Nuevamente y con la misma calma, ella le respondió:
- ¡Claro que conozco al Sr. García!, desde que era un niño. Su madre, viuda, tampoco está orgullosa de él; se parece mucho a usted, pero además es un zángano, tramposo y corrupto. Desde chiquillo fue un vago y para, su desgracia, tiene problemas con la bebida. No puede tener una relación normal con nadie y junto con usted, son los peores abogados de la región; sin mencionar que engaña a su esposa con tres mujeres, una de ellas la esposa suya. Sí señor, conozco al Sr. García.
¡El abogado de la defensa casi cae como muerto; indefenso ante la verdad hecha verbo!
Entonces, el Juez llama a los dos abogados para que se acerquen al estrado, y les dice:
- Si alguno de ustedes, par de hijos de su mamá, le pregunta a esta señora si me conoce a mí ¡¡¡Los mando a la Silla Eléctrica!!!
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