Tomás tenía una pequeña caja de madera. No guardaba monedas. No guardaba juguetes. Guardaba papelitos. En cada uno escribía algo bonito que había ocurrido durante el día: «Hoy mi mamá me abrazó», «Hoy vi un arcoíris», «Hoy mi amigo compartió conmigo», «Hoy aprendí algo nuevo». Cada nota era un pequeño tesoro guardado con inmenso cariño bajo la tapa de su cajita.
Una noche, cuando la luna iluminaba suavemente su habitación, Tomás abrió la caja y encontró cientos de pequeños recuerdos. Al desplegar cada trozo de papel, una calidez especial llenó su pecho. Entonces comprendió algo profundamente hermoso: no necesitaba esperar grandes aventuras para ser feliz. Su vida ya estaba llena de momentos pequeños que merecían ser recordados y celebrados cada día.
ENSEÑANZA: “Quizás hoy también viviste un momento pequeño que algún día será uno de tus recuerdos favoritos. No dejes pasar desapercibidos los instantes cotidianos, porque en la sencillez del día a día se esconden las alegrías más grandes y duraderas de nuestra vida.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario