Existe una hermosa tradición sobre San Gerardo Majella que ha pasado de generación en generación y nos habla de una confianza extraordinaria en Dios.
En una ocasión, el superior del convento tuvo que salir y dejó a Gerardo al cuidado de las llaves. Mientras sacaba agua del pozo, las llaves resbalaron de sus manos y cayeron hasta el fondo.
Gerardo quedó muy preocupado. No sabía cómo recuperar aquello que le habían confiado.
Entonces fue a la capilla. Allí se arrodilló ante una imagen de la Virgen que sostenía al Niño Jesús y, con la sencillez de un niño, le dijo:
— “Jesús, tú las vas a sacar”.
Tomó cuidadosamente la pequeña imagen del Niño Jesús, la ató con una cuerda y la bajó lentamente al interior del pozo.
Los religiosos que presenciaban la escena no entendían lo que estaba haciendo.
La tradición cuenta que, cuando Gerardo comenzó a subir la cuerda, el Niño Jesús apareció con las llaves en una de sus pequeñas manos.
Más allá del carácter milagroso de esta tradición, su enseñanza permanece viva: San Gerardo confiaba en Dios antes de dejarse dominar por la angustia.
Y nosotros, con frecuencia, hacemos lo contrario. Primero calculamos, nos desesperamos, imaginamos todo lo que puede salir mal… y solo al final recurrimos al Señor.
Hoy quizá tú también tengas unas “llaves” en el fondo de un pozo: una deuda, un problema familiar, una decisión difícil o una preocupación que parece no tener solución.
Confiar en Dios no significa que Él resolverá todo exactamente como nosotros esperamos. Significa algo todavía más grande: que nunca tendremos que afrontar nuestras cargas sin Él.
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