viernes, 16 de octubre de 2026

Las apariencias engañan

En una prestigiosa universidad de Sudamérica, el primer día de clase, se encontraba en la biblioteca un hombre vestido de vaqueros, camiseta de cuadros, pelo largo y unas zapatillas muy usadas. En sus manos llevaba varios libros.
– ¿Quién es ese hombre?, era la pregunta general.
– Es un profesor de Física, y viene del extranjero -fue la respuesta, con la siguiente historia:
Caminando por el campus, se dirigió hacia las oficinas de la secretaría de la universidad. Una vez allí, pidió, en un español poco fluido, una entrevista con el decano. Le indicaron que estaba en una reunión con un grupo de profesores. El hombre insistió en verlo. La secretaria lo buscó, y al rato salió el decano a verlo.
Después de saludarlo, el hombre le dijo:
– Vengo a pedir trabajo como profesor de Física.
El decano miró su apariencia de arriba abajo. Su aspecto era la antítesis de un profesor universitario. De pronto, el decano dibujó una leve sonrisa en su rostro y lo invitó a que lo acompañara. Entraron en una sala donde había una media docena de profesores universitarios. El decano le dijo:
– Hace poco recibimos este libro como texto guía. Estamos aquí intentando solucionar unos problemas de Física. Si usted es capaz de resolverlos, lo contrato como profesor.
El hombre tomó el texto, se dirigió a una pizarra y tranquilamente comenzó a resolver uno a uno los problemas que le habían indicado. El resto de profesores cambiaron poco a poco la sonrisa de burla que tenían en sus rostros por una cara de asombro.
Cuando terminó, el decano, atónito, le dijo casi tartamudeando:
– ¿Cómo ha podido hacerlo? ¡Llevamos aquí varios días sin poder resolver estos teoremas!
El hombre, respondió simplemente, con sencillez:
– Yo soy el autor del libro.
Ni que decir tiene que inmediatamente fue admitido como profesor de física en esa universidad.

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