martes, 26 de julio de 2022

Cuando los padres envejecen

Déjalos envejecer con el mismo amor que ellos te dejaron crecer...
déjalos hablar y contar repetidas veces las mismas historias
con la misma paciencia e interés que ellos escucharon las tuyas cuando eras niño...
déjalos vencer, como tantas veces ellos te dejaron ganar....
déjalos disfrutar de sus amigos, de las charlas con sus nietos...
déjalos gozar viviendo entre los objetos que lo han acompañado por mucho tiempo,
pues sufren sintiendo que le arrancas pedazos de su vida...
déjalos equivocarse, como tantas veces te has equivocado tu...
Déjalos vivir y procura hacerlos felices
el último tramo del camino que les falta por recorrer,
del mismo modo que ellos te dieron su mano cuando iniciabas el tuyo.

AÚN PUEDO HIJO...
Llévame a la calle, hijo, que aún tengo buenas piernas; a caminar sin rumbo fijo contigo no me sentiré vieja...
Invítame a tu casa, hijo, a compartir tu mesa y sentirme acompañada...
Háblame con cariño, hijo, no te alteres; los viejos somos como niños nos gusta que nos mimen, nos sonrían sin desaire...
Festeja mis ocurrencias, no critiques mis locuras; trataré de ser valiente aunque surjan amarguras...
No me alejes de tu lado, no me hables enfadado; tengo aún mi mente clara, los recuerdos son de antaño...
Ven a verme a casa, hijo, yo no te pediré nada; solamente tu presencia y contemplar tu cara...
No me dejes triste y sola, no me metas a la cama; los doctores se equivocan, el dolor está en el alma....

Poema a la vejez en una Residencia

 LOBA DE MAR Y REMADORA Manuel Velázquez Martín.
Nunca fuiste una diosa,
ni tampoco una dama inaccesible o distante...
Fuiste sencillamente humana,
concebida por amor, para amar...
Mujer cercana, entrañable... y con Dios en las entrañas...
humilde y desprendida, creyente... y no creída,
despojada de todo ajuar y baratija... y portadora de Vida.
Libre y servidora...
alegre y firme cantautora de los pobres,
que aprendiste a escuchar, en silencio, la Palabra
y a ponerle decibelios a tu voz, cuando hizo falta.
Quisiera sentir hoy, hermana y compañera,
tus pies, junto a los míos, descalzos en la arena,
mientras cruje mi barca, sin timón, en la escollera.



′′
Cranky ′′ - viejo hombre.....

Qué ves, enfermera? Qué ven?
Qué estás pensando mientras me miras?
′′Un pobre viejo′′ No muy sabio...
con la mirada incierta y ojos lejanos...
Que esquiva la comida y no da respuestas....
y que cuando intentas decirles en voz alta:
′′por lo menos, prueba′′!!!
Parece que nada le importa lo que haces por él....
Uno que siempre pierde el calcetín o el zapato;
que se te resiste, no permitiéndote cuidar de él
para bañarlo, para alimentarlo, y el día se hace largo....
***
Qué estás pensando? Y qué ves??
Abre los ojos enfermera!!
Porque no pareces realmente interesada en mí....
Ahora te diré quién soy, mientras todavía estoy sentado aquí para recibir tu atención... dejándome embocar para complacerte.
***
′′Soy un pequeño niño de diez años con un padre
Y una madre, hermanos y hermanas que se quieren....
Soy un chico de dieciséis años con alas en los pies.
que sueña pronto con conocer el amor....
***
A los veinte años ya soy novio... mi corazón late fuerte. Jurando cumplir sus promesas....
A los veinticinco, ya tengo un hijo mío, que me necesita y un techo seguro, de un hogar feliz en el que crecer.
***
Ya soy un hombre de treinta años y mi hijo ha crecido muy rápido, estamos muy unidos uno al otro por un sentimiento que debería durar en el tiempo.
Tengo poco más de cuarenta años, mi hijo ahora es un adulto... Y se va, pero mi mujer está a mi lado.
para consolarme para que yo no llore.
***
A poco más de cincuenta años... los niños juegan a mi alrededor, en las rodillas... Una vez más, tenemos niños con nosotros y mi amada. Pero pronto llegan días oscuros... Muere mi esposa...
Mirando al futuro me estremezco con terror....
Criamos a nuestros hijos y luego ellos criaron a los suyos propios.
***
Y así, pienso en los años vividos... en el amor que conocí y que, ahora, no tengo... Ahora soy un hombre viejo... Pienso, que la naturaleza es cruel. Se trata de enfrentar la vejez, con la mirada de un loco. El cuerpo lentamente se desmorona, gracia y vigor me abandonan. Ahora hay una piedra... donde solía albergar un corazón. Pero dentro de esta vieja carcasa vive un joven con sus recuerdos... Este hombre todavía vive...
***
Y así, de nuevo, mi corazón martirizado se inflama....
Recuerdo las alegrías... recuerdo el dolor.
Yo quisiera amar, amar y vivir más, pero los años que quedan son muy pocos... Todo se resbaló... rápido!!!
Y debo aceptar que nada puede durar.....
Así que abran los ojos, gente.... ábranlos y vean....
′′No un viejo′′ Acérquense mejor y vean como serán!!
*************** (Anónimo)

***********
Salmos 71:18: Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, Y tu potencia a todos los que han de venir
***
Proverbios 19:20: Escucha el consejo, y recibe la corrección, Para que seas sabio en tu vejez.
***
Proverbios 20:29: La gloria de los jóvenes es su fuerza, Y la hermosura de los ancianos es su vejez.
***

Recuerden este poema cuando conozcan una persona mayor, para evitar ponerla a un lado, miren el alma joven que le queda adentro porque todos nosotros algún día, si Dios lo permite, seremos así...

lunes, 25 de julio de 2022

Himno al Apóstol Santiago

Al celebrar tu fiesta, santo Apóstol peregrino,
guíanos por el camino al Pórtico de la gloria.
Camino de Compostela, va un romero caminando
y es el camino de estrellas polvareda de sus pasos.
En el pecho las vieiras, y alto bordón en la mano,
sembrando por la vereda las canciones y los salmos.
LLÉVALE, ROMERICO, LLÉVALE A SANTIAGO,
LLÉVALE, ROMERICO, LLÉVALE UN ABRAZO.
Llegó al corazón de España por el monte y por el llano:
en los anchos horizontes cielo y tierra se abrazaron.
Sube hasta el monte del Gozo y allí, de hinojos postrado,
las altas torres de ensueño casi toca con las manos.
LLÉVALE, ROMERICO, LLÉVALE A SANTIAGO,
LLÉVALE, ROMERICO, LLÉVALE UN ABRAZO.
Romeros, sólo romeros, dile que peregrinamos
con la mirada en el cielo desde la aurora al ocaso.
Camino de Compostela, todos los hombres, hermanos,
construyendo un mundo nuevo en el amor cimentado.
LLÉVALE, ROMERICO, LLÉVALE A SANTIAGO,
LLÉVALE, ROMERICO, LLÉVALE UN ABRAZO.
Ven, Santiago, con nosotros, que tu bordón es un báculo,
el cayado del pastor para guiar el rebaño.
¡Santo apóstol peregrino, llévanos tú de la mano
para ir contigo hasta Cristo, Santiago el Mayor, Santiago!
LLÉVALE, ROMERICO, LLÉVALE A SANTIAGO,
LLÉVALE, ROMERICO, LLÉVALE UN ABRAZO.

Lo más importante en la vida

Cuentan que un taxista de Nueva York llegó a la dirección y tocó el claxon. Después de esperar unos minutos volvió a tocar el claxon. Como esa iba a ser la última carrera de su turno, pensó en marcharse, pero en su lugar, estacionó el automóvil y caminó hacia la puerta y llamó... "Un minuto", respondió una frágil voz de anciana. El taxista oyó algo que se arrastraba detrás de la puerta.
Después de una larga pausa, la puerta se abrió. Una pequeña mujer de unos 90 años estaba de pie ante el taxista. Llevaba un vestido estampado y un sombrero con un pequeño velo, como alguien sacado de las películas de los años 40.
A su lado había una pequeña maleta. Los muebles del apartamento estaban cubiertos con sábanas. No había relojes en las paredes, ni utensilios en la mesa. En un rincón había una caja de cartón llena de fotos.
- ¿Sería tan amable de llevarme la maleta al coche?, dijo.
El taxista llevó la maleta al taxi y regresó para ayudar a la anciana. Ella se agarró a su brazo y lentamente caminaron hacia el taxi.
La anciana no paraba de agradecer la amabilidad del taxista.
- No es nada, le dijo, solo intento tratar a mis clientes del mismo modo en que me gustaría que trataran a mi madre.
- Oh, usted es un buen muchacho, dijo ella.
Cuando se metieron en el taxi, ella le dio una dirección y le preguntó al taxista: "¿Le importaría llevarme por el centro?
- No es el camino más corto, respondió rápidamente el taxista.
- Oh, no me importa, dijo ella, no tengo ninguna prisa. Voy de camino a un asilo.
El taxista miró por el retrovisor. Los ojos de la anciana brillaban.
- No me queda familia, prosiguió con una suave voz, el médico dice que no me queda mucho tiempo.
El taxista extendió el brazo lentamente y paró el taxímetro.
- ¿Qué ruta quiere que tome?, preguntó.
Durante las siguientes dos horas, dieron vueltas por la ciudad. Ella le enseñó al taxista el edificio donde años atrás había trabajado de ascensorista.
Pasaron por el barrio donde ella y su esposo habían vivido de recién casados. La anciana le hizo parar frente a un almacén de muebles que una vez había sido un salón de baile en el que ella había bailado de niña.
Algunas veces, la anciana le pedía que aminorara la marcha enfrente de algún edificio o esquina en concreto y se quedaba mirando fijamente sin decir nada.
Cuando los primeros rayos de sol aparecían por el horizonte, ella dijo de repente:
- Estoy cansada. Vámonos ya al asilo, por favor.
El taxista condujo en silencio hacia la dirección que ella le había dado. Era un edificio bajo, como un pequeño sanatorio, con un camino de entrada que pasaba debajo de un pórtico.
Dos asistentes salieron tan pronto como paramos. Eran solícitos y resueltos, observando cada movimiento de la anciana. Debían estar esperándola.
El taxista abrió el maletero y llevó la maletita hasta la puerta. La mujer ya estaba sentada en una silla de ruedas.
- ¿Qué le debo?, preguntó buscando en el monedero.
- Nada, dijo el taxista.
- Por favor, tiene que ganarse la vida, respondió ella.
- Hay más clientes, respondió el taxista.
Casi sin pensar, el taxista se inclinó y le dio un abrazo. Ella se abrazó a él fuertemente.
- Usted ha dado a una vieja un pequeño momento de alegría, dijo ella. Gracias.
El taxista caminó hacia la tenue luz de la mañana... Detrás de él se cerró la puerta. Fue el sonido del cierre de una vida.
El taxista no recogió ningún cliente más en aquel turno. Condujo sin dirección alguna sumido en sus pensamientos. Durante el resto de aquel día, apenas pudo hablar. ¿Qué hubiera ocurrido si él se hubiera negado a hacer la carrera o si solo hubiese tocado el claxon una vez y se hubiera marchado?
Entonces pensó que no había hecho nada más importante que aquello en su vida.

Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas giran alrededor de grandes momentos. Pero los grandes momentos muchas veces nos pillan desprevenidos y por sorpresa, envueltos maravillosamente en lo que otras personas considerarían un momento sin importancia.

domingo, 24 de julio de 2022

Kairoi - Señor, enseñanos a orar

https://youtu.be/fSTOJg2hic4

SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR, A HABLAR CON NUESTRO PADRE DIOS.
SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR, A ABRIR LAS MANOS ANTE TI.

Orar con limpio corazón, que sólo cante para Ti,
con la mirada puesta en Ti, dejando que hables, Señor.
Orar buscando la verdad. Cerrar los ojos para ver.
Dejarnos seducir, Señor, andar por tus huellas de paz.
ESTRIBILLO.

Orar hablándote de Ti, de tu silencio y de tu voz,
de tu presencia que es calor, dejarnos descubrir por Ti.
Orar también en sequedad, las manos en tu hombro, Señor,
mirarte con sinceridad: aquí nos tienes, háblanos.
ESTRIBILLO.

Orar con el corazón

Un hombre soñó que era llevado al cielo. Paseaba por el cielo cuando se encontró con Jesucristo que le invitó a asomarse y contemplar lo que pasaba en la tierra. 
Enseguida vio la iglesia de su pueblo, donde, en ese momento, se celebraba la Misa del domingo.
El organista tocaba entusiasmado y sus dedos se movían con gran agilidad y las teclas subían y bajaban, pero no podía oír ningún sonido.
Veía el grupo de cantoras, bocas abiertas, pronunciando todas las palabras, pero no podía oír ningún sonido.
Veía al sacerdote y a los fieles que se levantaban y se sentaban y abrían sus bocas para recitar las oraciones, pero no podía oír ningún sonido.
Asombrado, se dirigió a Jesús y le preguntó por qué no podía oír nada. Jesús le contestó:
- Tienes que entender que si no oran y cantan con sus corazones aquí no podemos oírles.

sábado, 23 de julio de 2022

Desde lo hondo

                José Mª Rodríguez Olaizola

Necesito más intemperie.
Para agradecer el pan diario.
Para reconocer tanto obsequio
que llueve sobre mi historia.
Para tener que gastar hasta el último talento,
sin reserva ni demora.
Para sentir, en carne viva,
el dolor o la ternura, el júbilo y el abrazo.
Necesito acoger una incertidumbre
que me saque del eterno deambular
por anhelos estériles.
Necesito la desnudez herida y sincera
que ni camufla incoherencias ni jalea falsedades.
¡Basta de esconderse tras excusas, buscando culpables,
conjugando utopías, adulterando versos!
¡Basta de enarbolar esperanzas sin riesgo!
¡Basta de compadrear con evangelios aparentes, sin prójimo ni Dios!
No hay comodines para suplir la fe. Son solo trampas.
La fe es arriesgarlo todo a Ti. Y a tu Reino