lunes, 21 de noviembre de 2022

La niña María

La niña María -¡qué gracia es su vuelo!-,
paloma del cielo, al templo subía
y a Dios ofrecía el más puro don:
sagrario y mansión por él consagrada
y a él reservada en su corazón…
¡Oh blanca azucena!,
la Sabiduría su trono te hacía,
dorada patena, de la gracia llena,
llena de hermosura.
Tu luz, Virgen pura, niña inmaculada,
rasgue en alborada nuestra noche oscura.
Tu presentación, princesa María,
de paz y alegría llena el corazón.
De Dios posesión y casa habitada,
eres la morada de la Trinidad.
A su Majestad la gloria sea dada. Amén.

Entradas para el circo



La misma Katharine Hepburn cuenta esta emotiva historia de su infancia.
Una vez cuando era adolescente, mi padre y yo estábamos haciendo fila para comprar entradas para el circo.
Al final solo había otra familia entre nosotros y el mostrador de entradas
Eran ocho niños todos probablemente menores de 12 años. De la forma en que estaban vestidos, se podía decir que no tenían mucho dinero, pero su ropa era limpia, muy limpia.
Los niños eran bien educados, todos ellos parados en la cola, de dos en dos detrás de sus padres, tomados de la mano. Estaban emocionados por los payasos, los animales, y todos los actos que verían esa noche. Sería un día importante en sus vidas. El padre y la madre estaban a la cabeza de la manada de pie orgullosos de sus hijos.
La madre estaba sosteniendo la mano de su marido. Él estaba sonriendo y disfrutando viendo a su familia feliz.
La señora de la taquilla le preguntó al hombre cuántas entradas quería.
El respondió con orgullo, "Me gustaría comprar ocho entradas para niños y dos para adultos, para poder disfrutar con mi familia en el circo. "
La señora de la taquilla le dijo el precio.
La esposa soltó su mano de su marido, el labio del hombre comenzó a temblar. Entonces se inclinó un poco más cerca y preguntó:
- ¿Cuánto ha dicho usted?
La señora de la taquilla volvió a decir el precio.
El hombre no tenía suficiente dinero. Pero…, cómo iba a decir a sus ocho hijos que no tenían suficiente dinero para entrar al circo.
Viendo lo que estaba pasando, mi papá metió su mano en su bolsillo, sacó un billete de 20 dólares, y lo dejó caer al suelo. Mi padre se inclinó, recogió el billete, tocó al hombre en el hombro y dijo:
- Disculpe, señor, esto cayó de su bolsillo.
El hombre comprendió lo que había pasado. No estaba pidiendo una limosna, pero sin duda agradeció la ayuda en una situación desesperada, desgarradora y vergonzosa.
Miró directamente a los ojos de mi papá, tomó la mano de mi padre, apretó fuertemente el billete y con el labio tembloroso y una lágrima cayendo de su mejilla, respondió,
- Gracias, gracias a usted, señor. Esto realmente significa mucho para mí y mi familia.
Mi padre y yo volvimos a nuestro coche y volvimos a casa. Los 20 dólares que regaló mi papá eran con los que íbamos a comprar nuestras propias entradas. Aunque no pude ver el circo esa noche, ambos sentimos una alegría dentro que fue mucho mayor que ver el circo. Ese día aprendí el verdadero valor de dar. 

domingo, 20 de noviembre de 2022

Señor Jesús

       Pedro Casaldáliga

Mi Fuerza y mi Fracaso eres Tú.
Mi Herencia y mi Pobreza.
Tú, mi Justicia, Jesús.
Mi Guerra y mi Paz.
¡Mi libre Libertad!
Mi Muerte y Vida,
Tú, Palabra de mis gritos,
Silencio de mi espera,
Testigo de mis sueños.
¡Cruz de mi cruz!
Causa de mi Amargura,
Perdón de mi egoísmo,
Crimen de mi proceso,
Juez de mi pobre llanto,
Razón de mi esperanza, ¡Tú!
Mi Tierra Prometida eres Tú...
La Pascua de mi Pascua.
¡Nuestra Gloria por siempre, Señor Jesús!

El caballero de la armadura

Érase una vez un terrateniente que deseaba convertirse en caballero.
Quería servir a su rey y ser el más noble y más leal caballero que jamás hubiera tenido. El día de su investidura, abrumado por el honor, hizo un voto solemne. Prometió no arrodillarse ni levantar sus brazos en homenaje a nadie más que a su rey.
Y se le encomendó la guardia de una ciudad en la frontera del reino. Cada día vigilaba la entrada enfundado en su armadura.
Pasó el tiempo. Un día, desde su puesto de guardia vio pasar una campesina con su carro lleno de verduras y frutas. Éste volcó y todo se derramó por el suelo.
Nuestro caballero, para no romper su promesa, no se movió.
Otro día pasaba un señor que tenía sólo una pierna y su muleta se rompió.
- "Buen caballero, ayúdeme a levantarme".
Pero el caballero no dobló las rodillas ni levantó las manos para ayudarle.
Pasaron los años y nuestro caballero ya anciano recibió la visita de su nieto que le dijo:
- "Abuelo cógeme en tus brazos y llévame a la feria".
Pero no se agachó para no quebrantar su promesa.
Finalmente, el rey vino a visitar la ciudad y saludar al caballero que estaba rígido guardando la entrada. El rey observó que estaba llorando.
- Eres uno de mis más nobles caballeros, ¿por qué lloras?
- Majestad, hice promesa de no inclinarme ni levantar mis brazos en homenaje más que para usted, pero ahora soy incapaz de cumplir mi promesa. El paso de los años ha producido su efecto y hasta las junturas de la armadura se han oxidado. Ya no puedo levantar los brazos ni doblar las rodillas.
El rey, como un buen padre, le dijo:
- "Si te hubieras arrodillado para ayudar a todos los que pasaban y hubieras levantado tus brazos para abrazar a todos que acudían a ti, hoy, podrías haber cumplido tu promesa dándome el homenaje que juraste no rendir más que a tu rey.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Himno de agradecimiento

Gracias, Señor, por la aurora;
gracias, por el nuevo día;
gracias, por la Eucaristía;
gracias, por nuestra Señora:
Y gracias, por cada hora
de nuestro andar peregrino.
Gracias, por el don divino
de tu paz y de tu amor,
la alegría y el dolor,
al compartir tu camino.
Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

¿El punto o el papel?

Estábamos en clase de Religión comentando las palabras de Jesús en el Evangelio: "no juzgueis y no seréis juzgados".
- Eso está muy bien profe. Pero después en la vida diaria me resulta muy difícil no criticar y juzgar a los demás. 
- Es que por muy bien que nos caigan no dejamos de ver sus defectos. Y enseguida los aireamos ante los demás.
- Parece fácil cumplir las palabras de Jesús, pero luego la realidad me dice que no es así.
Alcé las manos y mostré una hoja de papel con una marca de lápiz que hice en el centro. Y pregunté a mis estudiantes:
- ¿Qué veis aquí?
Casi al unísono todos respondieron:
- ¡Un punto!
Todos se fijaron en la marca, y nadie reparó en la misma hoja de papel a pesar de tener mayor área en blanco.
- Así actuamos en nuestra vida -dijo el profesor-. Nos fijamos en un pequeño error de los demás e ignoramos el área más grande de sus aciertos. 

Aprende a ver, en los demás, el área blanca de sus aciertos y olvida la pequeña marca que dejaron sus errores.

viernes, 18 de noviembre de 2022

Salmo 32

Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo, 
acompañando vuestra música con aclamaciones:
que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales,
él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.
La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.
El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.