martes, 21 de noviembre de 2023

La madera de sándalo

Era un hombre que había oído hablar mucho de la preciosa y aromática madera de sándalo, pero nunca había tenido ocasión de verla.
Había surgido en él un fuerte deseo por conocer la apreciada madera de sándalo.
Para satisfacer su propósito, decidió escribir a todos sus amigos y solicitarles un trozo de madera de sándalo. Pensó que alguno tendría la bondad de enviársela.
Así, comenzó a escribir cartas y cartas, durante varios días, siempre con el mismo ruego: "Por favor, enviadme madera de sándalo".
De pronto un día mientras estaba ante el papel, pensativo, mordisqueó el lápiz -como hacen los niños- con el que tantas cartas escribiera, y de repente olió la madera del lápiz y descubrió que era de sándalo.

domingo, 19 de noviembre de 2023

Himno matinal de alabanza

Señor de nuestras horas, Origen, Padre, Dueño,
que, con el sueño, alivias y, en la tregua de un sueño,
tu escala tiendes a Jacob:
al filo de los gallos, en guardia labradora,
despiertan en los montes los fuegos de la aurora,
y de tus manos sube el sol.
Incendia el cielo en sombras el astro matutino,
y el que pecó en tinieblas recobra su camino
en la inocencia de la luz.
Convoca brazo y remo la voz de la marea,
y llora Pedro, el duro patrón de Galilea,
cimiento y roca de Jesús.
El gallo nos increpa; su canto al sol dispara,
desvela al soñoliento, y al que pecó lo encara
con el fulgor de la verdad;
a su gozosa alerta, la vida se hace fuerte,
renace la esperanza, da un paso atrás la muerte,
y el mundo sabe a pan y a hogar.
Del seno de la tierra, convocas a tu Ungido,
y el universo entero, recién amanecido,
encuentra en Cristo su esplendor.
Él es la piedra viva donde se asienta el mundo,
la imagen que lo ordena, su impulso más profundo
hacia la nueva creación.
Por él, en cuya sangre se lavan los pecados,
estamos a tus ojos recién resucitados
y plenos en su plenitud.
Y, con el gozo nuevo de la criatura nueva,
al par que el sol naciente, nuestra oración se eleva
en nombre del Señor Jesús. Amén.

La pobreza de la soledad

        Madre Teresa de Calcuta

Hay una hermosa historia de una enfermera con exceso de trabajo que acompañaba a un cansado joven hasta la cama de su paciente.
Inclinándose y hablándole en voz alta al anciano paciente, le dijo: “Su hijo está aquí”.
Con gran esfuerzo, abrió sus desenfocados ojos, luego lentamente los volvió a cerrar.
El joven apretó la arrugada mano del anciano con la suya y se sentó junto a la cama. Durante toda la noche estuvo sentado allí, cogiendo la mano del anciano y susurrando palabras de ánimo.
Cuando amaneció, el paciente había muerto. El personal del hospital llegó a la habitación para apagar equipos y dejar la cama libre.
La enfermera se puso al lado del joven para ofrecerle sus condolencias, pero él la interrumpió.
-- ¿Quién era ese hombre? preguntó.
La asombrada enfermera contestó: “Pensé que era su padre!
-- No, él no era mi padre, contestó él. Nunca lo había visto en mi vida.
-- Entonces, ¿por qué no dijo nada cuando le traje a verle?
-- Me di cuenta de que necesitaba a su hijo y que su hijo no estaba aquí, explicó el joven. Y estaba demasiado enfermo para reconocer que yo no era su hijo, pero supe que me necesitaba.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Oración de Azarías

Daniel 3, 26ss

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza y glorioso es tu nombre.
Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros
y todas tus obras son verdad, y rectos tus caminos,
y justos todos tus juicios.
Porque hemos pecado y cometido iniquidad
apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido.
Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia.
Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde.
Que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían no quedan defraudados.
Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos y buscamos tu rostro.

Los monos

Era un aspirante espiritual con mucha motivación, pero tenía una mente muy dispersa. Tuvo noticias de un sabio y no dudó en desplazarse hasta donde vivía y decirle:
-- Respetado maestro, perdona que te moleste, pero mi gratitud sería enorme si pudieras proporcionarme un tema de meditación, puesto que tengo decidido retirarme al bosque durante unas semanas para meditar sin descanso.
-- Me complace tu decisión. Ve al bosque y estate contigo mismo. Puedes meditar en todo aquello que quieras, excepto en monos. Trae lo que quieras a tu mente, pero no pienses en monos.
El discípulo se sintió muy contento, diciendo: ¡Qué fácil es el tema que me ha proporcionado el maestro!; sí, realmente sencillo! Se retiró a un frondoso bosque y preparó una cabaña para la meditación. Transcurrieron las semanas y el aspirante término el retiro. Regresó junto al sabio, y éste, nada más verlo, preguntó:
-- ¿Qué tal te ha ido?
Apesadumbrado, el aspirante repuso:
-- Ha sido agotador. Traté incansablemente de pensar en algo que no fuesen monos, pero los monos iban y venían por mi mente sin poderlo evitar. En realidad, llegó un momento en que sólo pensaba en monos.

Moraleja: La mente es amiga y enemiga; es una mala dueña, pero una buena aliada. Por eso es necesario aprender a contener el pensamiento y poner la mente bajo el yugo de la voluntad.

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Salmo 100: Propósitos de un príncipe justo

Voy a cantar la bondad y la justicia, para ti es mi música, Señor;
voy a explicar el camino perfecto: ¿cuándo vendrás a mí?
Andaré con rectitud de corazón dentro de mi casa;
no pondré mis ojos en intenciones viles.
Aborrezco al que obra mal, no se juntará conmigo;
lejos de mí el corazón torcido, no aprobaré al malvado.
Al que en secreto difama a su prójimo lo haré callar;
ojos engreídos, corazones arrogantes no los soportaré.
Pongo mis ojos en los que son leales, ellos vivirán conmigo;
el que sigue un camino perfecto, ese me servirá.
No habitará en mi casa quien comete fraudes;
el que dice mentiras no durará en mi presencia.
Cada mañana haré callar a los hombres malvados,
para excluir de la ciudad del Señor a todos los malhechores.

La verdad... ¿es la verdad?

El rey durante los últimos días estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que vivía en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, teniendo fama de sabio y objetivo.
Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.
-- Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.
-- He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.
-- La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.
-- A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el rey-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?
-- Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar otras actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la Verdad, que tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria
El rey se quedó pensativo. Luego reaccionó para replicar:
-- De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.
El eremita sonrió levemente, pero no dijo nada. Guardó silencio.
El rey mandó colocar un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Unos soldados a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad.
El rey hizo público lo siguiente: "Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada".
Amanecía. El ermitaño, tras pasar toda la noche en meditación, marchó a la ciudad. Su bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:
-- ¿Adónde vas?
-- Voy camino del patíbulo para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.
-- No lo creo -aseveró el capitán.
-- Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.
-- Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.
-- Así es -afirmó el ermitaño-. Ahora ya sabes lo que es la verdad... ¡tu verdad!

El Maestro dice: El aferrarse a puntos de vista es una dificultad mental y un fuerte obstáculo en el viaje interior.