A mi padre que hoy cumple 89 años
Era un día soleado de otoño la primera vez que Bárbara se fijó en que el abuelo tenía muchísimas arrugas, no sólo en la cara, sino en todas partes.
- Abuelo, deberías darte la crema de mamá para las arrugas.
El abuelo sonrió y un montón de arrugas aparecieron en su cara.
- ¿Lo ves? Tienes demasiadas arrugas.
- Ya lo sé, Bárbara. Es que soy un poco viejo... Pero no quiero perder ni una sola de mis arrugas. Debajo de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí.
A Bárbara se le abrieron los ojos como platos, y así los mantuvo mientras el abuelo le enseñaba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los niños...
Desde aquel día a Bárbara su abuelo le parecía cada día más guapo, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña iba corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña:
- ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí?
Bárbara se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo:
- Que no importa lo viejito que llegues a ser, abuelo, porque... ¡te quiero!
lunes, 13 de noviembre de 2017
domingo, 12 de noviembre de 2017
Estad en vela, con la lámpara encendida
Estoy de pie, Señor, decidida, esperando tu llegada.
¿Cómo voy a perderme esta ocasión?
Tardas, no llegas…
La oscuridad me está envolviendo.
Es hermosa la noche cuando tú estás viniendo.
Aunque hace frío, no lo siento, porque te espero a ti.
La noche está plagada de estrellitas.
Tengo la lámpara encendida y la levanto en alto,
apretándola entre mis manos.
El viento sopla fuerte, está a punto de apagar mi luz.
Pero no me la apagará, porque esa luz es de tu fuego
y estás, estás llegando.
A tu lado entraré a la boda, contigo voy a entrar,
aunque helada de frío, pues las estrellas no calientan.
Mas la esperanza que me dan, me caldea por dentro.
No me voy a dormir, aunque ya es media noche.
Sigo de pie,
encendida la lámpara, el corazón alerta,
buscando en derredor a gentes sin abrigo,
para arroparlas cariñosamente
mientras te esperan, como yo.
¿Cómo voy a perderme esta ocasión?
Tardas, no llegas…
La oscuridad me está envolviendo.
Es hermosa la noche cuando tú estás viniendo.
Aunque hace frío, no lo siento, porque te espero a ti.
La noche está plagada de estrellitas.
Tengo la lámpara encendida y la levanto en alto,
apretándola entre mis manos.
El viento sopla fuerte, está a punto de apagar mi luz.
Pero no me la apagará, porque esa luz es de tu fuego
y estás, estás llegando.
A tu lado entraré a la boda, contigo voy a entrar,
aunque helada de frío, pues las estrellas no calientan.
Mas la esperanza que me dan, me caldea por dentro.
No me voy a dormir, aunque ya es media noche.
Sigo de pie,
encendida la lámpara, el corazón alerta,
buscando en derredor a gentes sin abrigo,
para arroparlas cariñosamente
mientras te esperan, como yo.
Construyendo una catedral
Ésta es la historia de un viajero que fue a parar a una gran ciudad. El caminante se admiró de ver la cantidad de canteros, albañiles y carpinteros dedicados a la construcción de un magnífico edificio para la Iglesia. Se acercó a uno de los canteros para interesarse por su trabajo.
– ¿Podría explicarme en qué consiste su trabajo?, le preguntó.
El hombre, molesto por la pregunta, le contestó de malas maneras:
– Estoy picando estos bloques de piedra con el marrón y el cincel, y después los estoy ensamblando tal y como se me ha indicado para hacer un muro. Estoy sudando la gota gorda y además me duele muchísimo la espalda. Y para colmo, este trabajo me aburre y me paso el día soñando con el día en que pueda dejar de trabajar.
Ante tal respuesta, el viajero prefirió marcharse y charlar con otro cantero.
– ¿Podría explicarme en qué consiste su trabajo?, preguntó nuevamente.
Y el segundo cantero le contestó:
– Pues mire usted: como tengo mujer e hijos necesito un trabajo para ganarme un sueldo. Me levanto pronto cada mañana y vengo a picar la piedra, tal y como se me ordena. Es un trabajo en el que hago siempre lo mismo, como se puede imaginar, pero gracias a él puedo alimentar a mi familia, que es lo que me importa; estoy contento con tener este trabajo.”
Más animado por esta segunda respuesta, el forastero se acercó a otro trabajador.
– Y usted, ¿qué está haciendo?
Y el tercer cantero, con los ojos brillantes de emoción y con el dedo índice apuntando hacia el cielo, le contestó:
– Estoy levantando una catedral. ¡Una preciosa catedral! No podría soñar con un trabajo más hermoso al que dedicar mi esfuerzo.
– ¿Podría explicarme en qué consiste su trabajo?, le preguntó.
El hombre, molesto por la pregunta, le contestó de malas maneras:
– Estoy picando estos bloques de piedra con el marrón y el cincel, y después los estoy ensamblando tal y como se me ha indicado para hacer un muro. Estoy sudando la gota gorda y además me duele muchísimo la espalda. Y para colmo, este trabajo me aburre y me paso el día soñando con el día en que pueda dejar de trabajar.
Ante tal respuesta, el viajero prefirió marcharse y charlar con otro cantero.
– ¿Podría explicarme en qué consiste su trabajo?, preguntó nuevamente.
Y el segundo cantero le contestó:
– Pues mire usted: como tengo mujer e hijos necesito un trabajo para ganarme un sueldo. Me levanto pronto cada mañana y vengo a picar la piedra, tal y como se me ordena. Es un trabajo en el que hago siempre lo mismo, como se puede imaginar, pero gracias a él puedo alimentar a mi familia, que es lo que me importa; estoy contento con tener este trabajo.”
Más animado por esta segunda respuesta, el forastero se acercó a otro trabajador.
– Y usted, ¿qué está haciendo?
Y el tercer cantero, con los ojos brillantes de emoción y con el dedo índice apuntando hacia el cielo, le contestó:
– Estoy levantando una catedral. ¡Una preciosa catedral! No podría soñar con un trabajo más hermoso al que dedicar mi esfuerzo.
sábado, 11 de noviembre de 2017
Dónde está la Vida sin límite
José María Rodríguez Olaizola, sj
Me dicen que triunfe a toda costa,
que pise fuerte, sin vacilar jamás,
mostrando siempre dominio
de las situaciones, de las gentes, de mí mismo.
Me dicen que escriba mi nombre
con letras hermosas en tarjeta noble,
que la impresión es lo que cuenta
y hay que lucir estilo, títulos, rango y riqueza.
Me dicen que me cerciore de tener todo bien atado,
de asegurar el futuro, de dominar el presente,
para así vivir al límite.
Pero llegas tú y te ríes de esos consejos,
y me dices que desde arriba no se ve a las personas,
que escriba mi nombre en las horas regaladas,
en las puertas abiertas de mi vida, en las manos ofrecidas
para apoyar al próximo.
Llegas tú y descolocas mi orden,
y me dices que salte al vacío.
Y me recuerdas que es en los sencillos,
los mansos, los pequeños y los pobres
donde está la Vida sin límite.
Me dicen que triunfe a toda costa,
que pise fuerte, sin vacilar jamás,
mostrando siempre dominio
de las situaciones, de las gentes, de mí mismo.
Me dicen que escriba mi nombre
con letras hermosas en tarjeta noble,
que la impresión es lo que cuenta
y hay que lucir estilo, títulos, rango y riqueza.
Me dicen que me cerciore de tener todo bien atado,
de asegurar el futuro, de dominar el presente,
para así vivir al límite.
Pero llegas tú y te ríes de esos consejos,
y me dices que desde arriba no se ve a las personas,
que escriba mi nombre en las horas regaladas,
en las puertas abiertas de mi vida, en las manos ofrecidas
para apoyar al próximo.
Llegas tú y descolocas mi orden,
y me dices que salte al vacío.
Y me recuerdas que es en los sencillos,
los mansos, los pequeños y los pobres
donde está la Vida sin límite.
El barril de vino
Cierto día se organizó en el pueblo una gran fiesta. Todo estaba preparado para el gran evento. En la plaza del pueblo habían construido un gran barril para el vino. Se habían puesto todos de acuerdo en que cada uno iba a llevar una botella de vino para verterla en el gran barril, y así disponer de abundante bebida para la fiesta.
Se acercaba la noche, y Juan, viendo que llegaba la hora de partir hacia la plaza, tomó su botella vacía para llenarla con vino de su barril. Pero de pronto lo asaltó un pensamiento:
- "Yo soy muy pobre, y para mí es un sacrificio muy grande comprar el poco vino que hay en mi casa. ¿Por qué tengo que llevar igual que todos los demás? Voy a hacer una cosa: llenaré mi botella con agua, y cuando llegue a la plaza la verteré en el barril, así todos verán que hago mi aporte, y no vaciaré mi barril de vino. De todos modos somos muchos, y mi poquitito de agua se mezclará con el vino de los demás y nadie notará la falta".
Así lo hizo. Llegada la noche, se acercó ante la vista de todos los vecinos y vació el contenido de su botella en el barril de la plaza. Nadie sospechó nada. Todo el resto del pueblo fue aportando su parte de vino en el gran barril.
Comenzó la fiesta, la música, la danza. Y cuando llegó la hora de servir el vino ¡oh sorpresa! Abrieron la canilla del barril y... ¡salió solamente agua cristalina! ¿Quién iba a pensar que a todos se les iba a ocurrir pensar lo mismo que Juan? Y todos los del pueblo, avergonzados, agacharon la cabeza y se retiraron a sus casas. Y la fiesta se terminó."
En la vida parroquial todos aportamos nuestro granito de arena y, por pequeño que parezca nuestro aporte, es importante. Todos tenemos un papel que jugar en la tarea evangelizadora, pequeño o grande, pero el nuestro, y nadie puede hacerlo por nosotros.
Se acercaba la noche, y Juan, viendo que llegaba la hora de partir hacia la plaza, tomó su botella vacía para llenarla con vino de su barril. Pero de pronto lo asaltó un pensamiento:
- "Yo soy muy pobre, y para mí es un sacrificio muy grande comprar el poco vino que hay en mi casa. ¿Por qué tengo que llevar igual que todos los demás? Voy a hacer una cosa: llenaré mi botella con agua, y cuando llegue a la plaza la verteré en el barril, así todos verán que hago mi aporte, y no vaciaré mi barril de vino. De todos modos somos muchos, y mi poquitito de agua se mezclará con el vino de los demás y nadie notará la falta".
Así lo hizo. Llegada la noche, se acercó ante la vista de todos los vecinos y vació el contenido de su botella en el barril de la plaza. Nadie sospechó nada. Todo el resto del pueblo fue aportando su parte de vino en el gran barril.
Comenzó la fiesta, la música, la danza. Y cuando llegó la hora de servir el vino ¡oh sorpresa! Abrieron la canilla del barril y... ¡salió solamente agua cristalina! ¿Quién iba a pensar que a todos se les iba a ocurrir pensar lo mismo que Juan? Y todos los del pueblo, avergonzados, agacharon la cabeza y se retiraron a sus casas. Y la fiesta se terminó."
En la vida parroquial todos aportamos nuestro granito de arena y, por pequeño que parezca nuestro aporte, es importante. Todos tenemos un papel que jugar en la tarea evangelizadora, pequeño o grande, pero el nuestro, y nadie puede hacerlo por nosotros.
viernes, 10 de noviembre de 2017
Alfarero del hombre
Alfarero del hombre, mano trabajadora
que, de los hondos limos iniciales,
convocas a los pájaros a la primera aurora,
al pasto, los primeros animales.
De mañana te busco, hecho de luz concreta,
de espacio puro y tierra amanecida.
De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta
de los sonoros ríos de la vida.
El árbol toma cuerpo, y el agua melodía,
tus manos son recientes en la rosa;
se espesa la abundancia del mundo a mediodía,
y estás de corazón en cada cosa.
No hay brisa, si no alientas,
monte, si nos estás dentro,
ni soledad en que no te hagas fuerte.
Todo es presencia y gracia.
Vivir es ese encuentro:
Tú, por la luz; el hombre, por la muerte.
¡Que se acabe el pecado!
¡Mira que es desdecirte
dejar tanta hermosura en tanta guerra!
Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte
de haberle dado un día las llaves de la tierra.
que, de los hondos limos iniciales,
convocas a los pájaros a la primera aurora,
al pasto, los primeros animales.
De mañana te busco, hecho de luz concreta,
de espacio puro y tierra amanecida.
De mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta
de los sonoros ríos de la vida.
El árbol toma cuerpo, y el agua melodía,
tus manos son recientes en la rosa;
se espesa la abundancia del mundo a mediodía,
y estás de corazón en cada cosa.
No hay brisa, si no alientas,
monte, si nos estás dentro,
ni soledad en que no te hagas fuerte.
Todo es presencia y gracia.
Vivir es ese encuentro:
Tú, por la luz; el hombre, por la muerte.
¡Que se acabe el pecado!
¡Mira que es desdecirte
dejar tanta hermosura en tanta guerra!
Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte
de haberle dado un día las llaves de la tierra.
El perrito cojo
En el escaparate de un pequeño comercio había el siguiente anuncio: "Se venden cachorros de perro".
Un adolescente entró y preguntó el precio:
- ¿Quieres verlos?, le preguntó el tendero.
El muchacho asintió con la cabeza. El tendero silbó y del fondo del local apareció su perra seguida de cuatro cachorros.
Detrás, rezagado, entró un quinto, cojeando. El dueño dijo:
- El veterinario me dijo que había nacido con un defecto en la cadera y que no sería capaz de correr ni de saltar como los otros perros. Descártalo.
- Señor, quiero comprar el perrito cojo", dijo el niño, a la par que se subía el pantalón de la pierna derecha y mostraba un aparato ortopédico que protegía una pierna maltrecha.
El niño añadió:
- ¿Ve, señor? Yo tampoco puedo correr ni saltar como los demás.
El tendero maravillado y enternecido.., le regaló el perrito cojo.
Moraleja: "En la vida no importa quién eres... sino que alguien te aprecie... Te acepte... Y te quiera... Tal como eres.
Un verdadero amigo es aquel que llega cuando el resto del mundo se ha ido,
No necesitamos personas perfectas, sino que, con nuestras limitaciones; estemos dispuestos a entender..."
Un adolescente entró y preguntó el precio:
- ¿Quieres verlos?, le preguntó el tendero.
El muchacho asintió con la cabeza. El tendero silbó y del fondo del local apareció su perra seguida de cuatro cachorros.
Detrás, rezagado, entró un quinto, cojeando. El dueño dijo:
- El veterinario me dijo que había nacido con un defecto en la cadera y que no sería capaz de correr ni de saltar como los otros perros. Descártalo.
- Señor, quiero comprar el perrito cojo", dijo el niño, a la par que se subía el pantalón de la pierna derecha y mostraba un aparato ortopédico que protegía una pierna maltrecha.
El niño añadió:
- ¿Ve, señor? Yo tampoco puedo correr ni saltar como los demás.
El tendero maravillado y enternecido.., le regaló el perrito cojo.
Moraleja: "En la vida no importa quién eres... sino que alguien te aprecie... Te acepte... Y te quiera... Tal como eres.
Un verdadero amigo es aquel que llega cuando el resto del mundo se ha ido,
No necesitamos personas perfectas, sino que, con nuestras limitaciones; estemos dispuestos a entender..."
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