sábado, 29 de abril de 2017

¿Dónde está la abuelita?

- ¿Por qué vas siempre al cementerio, mamá? -preguntó una niña.
- Para visitar a la abuelita y llevarle flores, mi cielo -explicó cariñosamente la madre.
- ¿Abuelita está en el cementerio? -siguió preguntando la pequeña.
- Sí, mi hijita -respondió tristemente la mamá.
- ¿Y por qué no te la traes a casa entonces? -dijo la niña.
- Bueno, porque está muerta y enterrada -dijo la madre.
- ¡Ah! ¡Cómo me engañaste! -respondió la chiquilla.
- ¿Por qué te engañé? -preguntó la madre.
- Porque cuando la abuelita se fue, me dijiste que estaba con Dios en el cielo -contestó la niña.
- Bueno, en el cielo está la abuelita viva y en el cementerio está la abuelita muerta -intentó explicar un tanto acorralada la madre.
¡Era una abuelita y ahora son dos abuelitas! -pensó extrañada la niña-. Las personas mayores no se aclaran. Y siguió pidiendo explicaciones…
- Y tú, ¿a quién quieres más, mamá? ¿A la abuelita muerta del cementerio o a la abuelita viva del cielo?
Pero la mamá ya no sabía qué decir. Y salió al paso diciendo:
- Después hablaremos, mi amor.

miércoles, 26 de abril de 2017

Del grito a la risa

Inclinó al fin su cabeza, rota en grito la Palabra;
hubo llantos y lamentos de la tarde a la mañana.
¡Qué silencio y qué vacío por la Palabra enterrada!
Todo aquel día de sábado fue silencio y esperanza.
Y a la mañana siguiente, primera de la semana,
la Palabra se convierte en risa resucitada.
Es risa de primavera, es risa que se regala,
es risa que no termina, es risa que vive y habla.
Todo se llena de risa, todo se estremece y canta;
aquel grito del Calvario es ya risa prolongada.
Se acabaron las tristezas, las tristes muertes del alma;
hay un rostro que sonríe y va sembrando esperanzas.
No llores ya, Magdalena, buscando lo que más amas:
es hortelano que ríe: una risa que no acaba.
No llores más, Pedro amigo, recordando las tres faltas:
ahora está junto a ti el que es risa soberana,
y tan sólo te pregunta si le quieres, si le amas,
y solamente te pide reír con todas tus ganas.
No estéis tristes peregrinos de Emaús o de cualquier patria:
Alguien sale a vuestro encuentro y su risa es una llama;
siempre se deja invitar cuando la tarde se acaba,
y cuando parte su pan de risa a todos contagia.
Parte tu pan conmigo, Amigo mío del alma,
colorea con tu risa los rincones de mi casa;
y que la risa florezca y que fluya como el agua;

y los grupos resuciten en risas multiplicadas.

Gotitas de amor

Un gran incendio se desató en un bosque de bambú. Las llamas alcanzaban grandes alturas. Un pequeño picaflor fue al río, mojó sus alas y regresó sobre el gran incendio, agitándolas con la intención de apagar el fuego. Incesantemente iba y venía con sus alas cargadas de agua. Los otros animales observaban sorprendidos la actitud de la pequeña ave y le preguntaron:
- Oye, ¿por qué estás haciendo eso? ¿Cómo es posible? ¿Cómo crees que con esas gotitas de agua puedes apagar un incendio de tales dimensiones? ¡Jamás lo podrás lograr!
El picaflor con una gran ternura respondió:
- El bosque me ha dado todo, tengo un inmenso amor por él. Yo nací en este bosque que me ha enseñado el valor que tiene la naturaleza. Este bosque me ha dado todo lo que soy y tengo. Este bosque es mi origen y mi hogar, por eso y aunque no lo pueda apagar, si es necesario voy a dejar mi vida lanzando gotitas de agua, llenas de amor y agradecimiento.
Los otros animales entendieron el mensaje del picaflor y entre todos le ayudaron a apagar el incendio.

Cada gotita de agua puede apaciguar un incendio. Cada acción que con amor y entusiasmo emprendemos, se reflejará en un mañana mejor.
 “No subestimes las gotas, porque millones de ellas forman un océano. Todo acto que con amor realizamos, regresa a nosotros multiplicado”

martes, 25 de abril de 2017

Salmo 39

Aquí estoy, Señor, ¡mándame!
Haz de mí un testigo de esperanza.
Aquí estoy, Señor. Quiero ir en tu nombre a donde tú quieras.
Me pongo en tus manos como el barro en las manos del alfarero.
Haz de mí un testigo de la fe,
para iluminar a los que andan en tinieblas;
un testigo de esperanza,
para devolver la ilusión a los desencantados;
un testigo de amor,
para llenar el mundo de solidaridad.
Aquí estoy, Señor, mándame.
Pon tu Palabra en mis labios,
pon en mis pies tu diligencia y en mis manos tu tarea.
Pon tu Espíritu en mi espíritu,
pon en mi corazón tu amor,
pon tu fuerza en mi debilidad y en mi duda tu voluntad.
Aquí estoy, Señor, mándame
para que ponga respeto entre los seres,
justicia entre los hombres,
paz entre los pueblos, alegría en la vida,
ilusión en la comunidad, gozo y esperanza en la misión.
Aquí estoy, Señor, ¡mándame!

Haz de mí un testigo de esperanza.

El confeti del cura

Contaba a sus alumnos, el director espiritual de un seminario católico, que en cierta ocasión fue un hombre al confesionario, buscando la absolución. Su pecado consistía en haber dicho en el bar de su pueblo comentarios maledicentes sobre la honestidad de una mujer casada.
El confesor, tras escuchar atentamente al aparentemente contrito pecador, le dio una bolsa con confeti, añadiendo que debía subir a lo más alto del campanario y lanzar su contenido al vacío, advirtiéndole que tuviese cuidado ya que el viento soplaba muy fuerte ese día.
Al terminar su "penitencia", el difamador bajó a la iglesia para que el párroco le diera la absolución, pero cuál fue su sorpresa cuando el clérigo le dijo que antes de darle la absolución debía devolverle la bolsa, con todo el confeti que le había entregado.
El sujeto, contrariado, señaló que lo que le pedía era imposible, ya que el viento había desperdigado los minúsculos y livianos papeles, en mil direcciones. El sacerdote, mirándole a los ojos, le hablo de esta manera:
- "Más fácil es que hagas lo que te he mandado, que puedas reparar el daño que tan frívolamente has hecho a esa buena familia. Ve y averigua hasta dónde el boca a boca ha llevado tu perversa murmuración y desmiente tus palabras. Pero que sepas que - aun así y todo- habrá quien no quiera creerte y esa mujer permanecerá marcada de por vida por el estigma de la deshonra. Posiblemente, a estas alturas, el rumor ya habrá llegado hasta el colegio en donde estudian los hijos de esa mujer, y tan solo es cuestión de tiempo que sus compañeros de clase comiencen a señalarlos con el dedo".

jueves, 20 de abril de 2017

Cristo Jesús, Maestro bueno

Cristo Jesús, Maestro bueno,
Que tu presencia inunde por completo mi ser
 y tu imagen se marque a fuego en mis entrañas,
para que pueda yo vivir reproduciendo tu Imagen en mí…
Quiero pensar como Tú pensabas,
hablar como Tú hablabas,
tener tus sentimientos y compartir tu amor.
Que pueda yo, como Tú, servir y no ser servido;
olvidarme de mí y ser aliento y esperanza para mis compañeros de camino…
Que sea yo, a la luz de tu presencia, sensible y misericordioso;
paciente, manso y humilde; sincero y veraz.
Sé Tú, Maestro Divino en cada uno de los instantes de mi vida

y en cada una de mis acciones:
Mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, mi Camino, mi Vida, mi Maestro.

Cómo cazar jabalíes

Hace unos meses, en una tibia y soleada mañana de invierno, fui a entregarle un encargo de alfalfa al vecino de una finca cercana. Camino a su casa, pasé por uno de los famosos corrales que son origen de los indescriptibles jamones caseros que hacen en la Colonia Rusa, y me llamó poderosamente la atención una cerda que estaba amamantando a su cría y que me pareció muy distinta de las demás.
Una vez que le entregué los fardos de alfalfa, le pregunté:
– Boris, ¿de qué raza son esos lechones?
– Espera un momento, voy a llamar a mi padre, para que te cuente una historia muy especial.
Pocos segundos después llegó Don Iván, un hombre robusto, de piel rojiza y cabellos blancos, que se movía con dificultad apoyado en un bastón. Me invitó a sentarme a la mesa de la galería y mientras me servía una copa de licor de nuez, me preguntó:
– ¿Usted sabe cómo se cazan los jabalíes?
– Bueno, creo que los perros los rodean para que no se escapen y luego se les dispara, -le contesté prudentemente, presintiendo que la historia venía por otro lado y que el hombre tenía otra manera de cazarlos.
– En nuestro caso, no es así, y le voy a explicar cómo lo hacemos para que usted mismo pueda sacar algunas conclusiones acerca de la falta de libertad.
Detrás de nuestra finca y hasta la orilla del río Diamante, comienza un campo virgen, donde solo crecen matorrales. Es un terreno muy poco accesible. Cuando vamos de caza, tratamos de abrir camino unos cien metros; buscamos un buen lugar, quitamos la maleza en unos pocos metros cuadrados y dejamos un poco de maíz en el suelo. Cuando los jabalíes lo descubren, vienen para comer, pero con mucha desconfianza. Repetimos esta operación unos cuantos días y una vez que se han acostumbrado, construimos una cerca en uno de los lados. Durante unos días seguimos alimentándolos de la misma manera y cuando ya se han acostumbrado, construimos la cerca alrededor de la pequeña explanada. Cada vez que construimos algo nuevo, desconfían un poco, pero se acostumbran enseguida.
Llega el momento en el que ya son varios los jabalíes de distinto tamaño que vienen a comer diariamente, entrando y saliendo del cerco con total naturalidad.
Por último, construimos la puerta y cuando la manada está comiendo plácidamente, la cerramos.
Al principio empiezan a correr en círculos porque están asustados, pero ya están sometidos.
Muy pronto se tranquilizan y como ya se olvidaron de buscar alimento por sí mismos, aceptan sin luchar demasiado la esclavitud.
Gracias a esta estrategia, todos pueden saborear los jamones más sabrosos, ya que la carne de un animal que no ha sufrido el stress traumático de los perros acorralándole para que el cazador pueda dispararle, es mucho más deliciosa.

Quedé fascinado con la historia que me contó Don Iván. Pero yo quiero decirte que después de conocer esta historia, pensé que hay muchas personas que son como esos jabalíes. Personas que se deslumbran con cualquier cosa fácil que les ofrece el mundo y que no se dan cuenta, de que a su alrededor se está formando una especie de corral que los atará y los esclavizará. Por supuesto, este corral no lo hace Don Iván. Es otro quien está ahí: nuestro enemigo, el cazador más ágil, creativo, mentiroso, irónico y sarcástico. Si, adivinaste: ¡Satanás! o como quieras llamarle.
Él te va, a hacer creer que todo lo que consumas es bueno… que está de moda… que si todos lo hacen, no puede ser tan malo…
Si piensas así, pronto te encontrarás con algo que no puedes dejar de probar, algo irresistible.
Por probar un poco, no puede hacerte daño… y vuelves al otro día… al otro… y al otro.
Sin darte cuenta, pronto estarás como los jabalíes, en un corral del que te será muy difícil salir, porque te habrás convertido en un esclavo.
Pero tú no eres un jabalí, ¿no? Por lo tanto, tienes la opción de utilizar tu inteligencia y tu sentido común. Si estás atado, esclavizado, a lo que sea, debes saber que hay una persona que tiene en sus manos la llave para que dejes de ser un esclavo y seas libre para siempre; es Jesús y lo que tienes que hacer es pedirle ayuda; para que te libere.
Sí, así de simple. Pon tu vida en las manos de Jesús y tendrás la oportunidad de ser una nueva persona.